HISTORIA Y ORIGEN DEL PROTESTANTISMO. (Editado por Rafael Medina)
Cuando en una familia hay algún problema, generalmente no se puede establecer claramente quién tiene la culpa y quién no. Casi todos tienen parte de culpa.
Es lo que pasa con la actual división entre los que creen en Cristo. Si nos preguntamos: « ¿Quiénes tienen la culpa de esta triste situación?» Resulta difícil dar una respuesta tajante: «La Iglesia Católica», «Martín Lutero», «Tal o cual fundador de alguna secta». La respuesta, que tal vez más responda a la realidad, puede ser la siguiente: «Todos, mediante nuestros pecados, somos los responsables de este desgarramiento del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia».
En efecto, cuando uno se sale de la verdadera Iglesia de Cristo, puede ser por orgullo, por ambición, por ignorancia, por los escándalos recibidos, etc. De hecho, donde hay más pecado e incumplimiento de parte de los católicos, más sectas se forman y más católicos se agregan a ellas. Y es precisamente lo que pasó en la grande separación de los cristianos que tuvo lugar con Lutero.
Ambiente de corrupción:
Al terminar la Edad Media, la Iglesia Católica se encontraba en una triste situación moral que alcanzaba hasta las más altas jerarquías eclesiásticas. Buscar honores, diversiones y dinero era la aspiración de muchos sacerdotes, obispos, cardenales y papas.
Hubo uno que otro predicador que trató de poner remedio a esta situación, pero sin conseguir ningún resultado importante, hasta que intervino la separación protestante, llamada Reforma, que sacudió a la Iglesia, la despertó del largo sueño y la lanzó hacia una renovación general, que se llamó Contrarreforma.
Rebelión de Lutero:
La chispa que dio inicio al incendio fue el permiso, que el Papa León X concedió al Príncipe Alberto de Maguncia (Alemania), de predicar las indulgencias con el objeto de sacar fondos para la construcción de la basílica de San Pedro en Roma (año 1517).
Fray Martín Lutero (1483-1546), sacerdote agustino, se levantó indignado contra los abusos que se cometían en este campo. Publicó 95 proposiciones acerca de la doctrina de las indulgencias, llenas de ataques en contra de la autoridad eclesiástica. Muchos se adhirieron a su posición.
Lutero siguió adelante, afirmando que la Iglesia es una sociedad invisible, de la cual puede apartar solamente el pecado y no el castigo de la autoridad eclesiástica. El Papa ordenó que se hiciera un juicio contra Lutero, que fue presidido por el cardenal Cayetano (1518).
No obstante que Lutero fuera reconocido culpable, no se pudo proceder en contra de él, por la protección que gozaba de parte de Federico, príncipe de Sajonia. Esto dio alas a Lutero, que llegó a negar el Primado Pontificio y la infalibilidad de los concilios.
Juan Eck, uno de los más destacados teólogos de la época, polemizó con el agustino rebelde (1519). Pero este no se retractó. Al contrario, radicalizó más su posición, afirmando la igualdad entre sacerdotes y laicos, y la libertad de todo cristiano para interpretar la Biblia.
Dirigió sus ataques contra el celibato, las misas de difuntos y la legislación eclesiástica. Negó la misa como sacrificio. Rechazó los sacramentos, excepto el bautismo y la cena del Señor, pidió el matrimonio para los sacerdotes y el establecimiento del divorcio. Luchó en contra del culto a la Virgen y los santos, e introdujo el uso de la lengua popular en el culto, rechazando el latín.
En la Libertad del Hombre Cristiano, afirmó que la fe en Jesucristo, que consiste en una ilimitada confianza en su misericordia, no las obras ni los sacramentos, nos dan la salvación.
Según Lutero, antes del pecado original, el hombre era libre y sano. Después del pecado, su naturaleza quedó profundamente afectada, sin equilibrio, ni fuerza, ni libertad para resistir frente al mal. Por lo tanto, todos sus actos son manchados por el pecado y son pecaminosos. Solamente una fuerte fe en Cristo lo puede salvar, permitiéndole que sus actos pecaminosos no le sean imputados.
Excomunión:
El año 1521 el Papa León X excomulgó a Lutero. Para evitar la división del imperio, Carlos V lo invitó a Worms para que aclarara su pensamiento. No hubo ningún resultado favorable. Algunos príncipes alemanes se pusieron del lado de Lutero, para quedarse con los bienes de la Iglesia.
En 1524 los campesinos se levantaron en armas, pidiendo reivindicaciones sociales y económicas. Los ricos, apoyados por Lutero, los vencieron y sometieron con la fuerza. Ni modo. Una vez que los dominadores apoyaron a Lutero, era lógico que también Lutero apoyara a ellos, aunque se tratara de algo injusto. Liberándose de la autoridad del Papa, cayó bajo el yugo de los príncipes, para poder sobrevivir.
En 1530 el emperador Carlos V citó a la conferencia de Augsburgo para recomponer la unidad. No tuvo éxito. Al contrario, se formó la Liga Esmalkalda o unión de los ejércitos protestantes para luchar en contra del emperador católico. El año 1546 murió Lutero. Con la Paz de Augsburgo (1555) se aceptó definitivamente el hecho de la división religiosa.
Multiplicación de las divisiones:
Basándose en el principio de la libre interpretación de la Biblia, pronto empezaron a surgir un sinfín de opiniones diferentes, que dieron origen a otras tantas divisiones.
Thomas Münzer, muerto en 1525, desconociendo la validez del bautismo impartido a los niños, dio origen al grupo de los anabaptistas (= rebautizantes) y encabezó el levantamiento de los campesinos (1522- 1525), que fue sofocado en la sangre.
Ulrico Zwinglio (1484-1531) negó la presencia de Cristo en la Eucaristía y el sacramento del bautismo. En lo demás aceptó completamente la posición luterana. Sus ideas se impusieron en Zürich, Suiza pero sus partidarios tuvieron que pelear contra los cantones católicos y fueron vencidos en la batalla de Kappel (11 de octubre de 1531), en la que fue mortalmente herido.
En el año de 1532, Calvino fundó un grupo aparte en Ginebra (Suiza), aceptando el luteranismo y desarrollando la doctrina de la predestinación. Véase: «Calvinistas».
Juan Knox en 1560 fundó en Escocia el presbiterianismo, acep¬tando las posiciones calvinistas. Véase «Presbiterianos».
Enrique VIII, rey de Inglaterra del 1509 al 1547, no consiguiendo del papa la anulación del matrimonio con Catalina de Aragón, proclamó la independencia de la Iglesia anglicana (1534), declarándose como su jefe espiritual. Véase: «Anglicanos».
Una vez rota la unidad con la única Iglesia que fundó Cristo, cada uno, por interés, orgullo o buena intención, se sentía libre de seguir «su» camino, dando origen a un sinfín de divisiones, que hasta la fecha siguen surgiendo y desapareciendo. Y todo esto naturalmente está en contra de la unidad querida por Cristo. Así es cuando el pecado se apodera de las mentes y del corazón. Cada cual ve las cosas como quiere, olvidándose de la expresa voluntad de Cristo, aunque proclama con los labios ser su discípulo.
El escándalo de la cristiandad:
Los mismos fundadores del protestantismo estaban conscientes del escándalo representado por el problema de las divisiones. En una carta dirigida a Philip Melanchthon (1497-1560), así se expresaba el mismo Calvino:
«Es de gran importancia que las divisiones que subsisten entre nosotros no sean conocidas en los futuros tiempos. Nada puede ser más ridículo que el hecho de que quienes fueron impulsados a separarse de la totalidad, no hayan podido lograr sino un tan precario acuerdo en el principio mismo de la Reforma.» (Carta No. 141).
FIN.
Dios le bendiga!
Cuando en una familia hay algún problema, generalmente no se puede establecer claramente quién tiene la culpa y quién no. Casi todos tienen parte de culpa.
Es lo que pasa con la actual división entre los que creen en Cristo. Si nos preguntamos: « ¿Quiénes tienen la culpa de esta triste situación?» Resulta difícil dar una respuesta tajante: «La Iglesia Católica», «Martín Lutero», «Tal o cual fundador de alguna secta». La respuesta, que tal vez más responda a la realidad, puede ser la siguiente: «Todos, mediante nuestros pecados, somos los responsables de este desgarramiento del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia».
En efecto, cuando uno se sale de la verdadera Iglesia de Cristo, puede ser por orgullo, por ambición, por ignorancia, por los escándalos recibidos, etc. De hecho, donde hay más pecado e incumplimiento de parte de los católicos, más sectas se forman y más católicos se agregan a ellas. Y es precisamente lo que pasó en la grande separación de los cristianos que tuvo lugar con Lutero.
Ambiente de corrupción:
Al terminar la Edad Media, la Iglesia Católica se encontraba en una triste situación moral que alcanzaba hasta las más altas jerarquías eclesiásticas. Buscar honores, diversiones y dinero era la aspiración de muchos sacerdotes, obispos, cardenales y papas.
Hubo uno que otro predicador que trató de poner remedio a esta situación, pero sin conseguir ningún resultado importante, hasta que intervino la separación protestante, llamada Reforma, que sacudió a la Iglesia, la despertó del largo sueño y la lanzó hacia una renovación general, que se llamó Contrarreforma.
Rebelión de Lutero:
La chispa que dio inicio al incendio fue el permiso, que el Papa León X concedió al Príncipe Alberto de Maguncia (Alemania), de predicar las indulgencias con el objeto de sacar fondos para la construcción de la basílica de San Pedro en Roma (año 1517).
Fray Martín Lutero (1483-1546), sacerdote agustino, se levantó indignado contra los abusos que se cometían en este campo. Publicó 95 proposiciones acerca de la doctrina de las indulgencias, llenas de ataques en contra de la autoridad eclesiástica. Muchos se adhirieron a su posición.
Lutero siguió adelante, afirmando que la Iglesia es una sociedad invisible, de la cual puede apartar solamente el pecado y no el castigo de la autoridad eclesiástica. El Papa ordenó que se hiciera un juicio contra Lutero, que fue presidido por el cardenal Cayetano (1518).
No obstante que Lutero fuera reconocido culpable, no se pudo proceder en contra de él, por la protección que gozaba de parte de Federico, príncipe de Sajonia. Esto dio alas a Lutero, que llegó a negar el Primado Pontificio y la infalibilidad de los concilios.
Juan Eck, uno de los más destacados teólogos de la época, polemizó con el agustino rebelde (1519). Pero este no se retractó. Al contrario, radicalizó más su posición, afirmando la igualdad entre sacerdotes y laicos, y la libertad de todo cristiano para interpretar la Biblia.
Dirigió sus ataques contra el celibato, las misas de difuntos y la legislación eclesiástica. Negó la misa como sacrificio. Rechazó los sacramentos, excepto el bautismo y la cena del Señor, pidió el matrimonio para los sacerdotes y el establecimiento del divorcio. Luchó en contra del culto a la Virgen y los santos, e introdujo el uso de la lengua popular en el culto, rechazando el latín.
En la Libertad del Hombre Cristiano, afirmó que la fe en Jesucristo, que consiste en una ilimitada confianza en su misericordia, no las obras ni los sacramentos, nos dan la salvación.
Según Lutero, antes del pecado original, el hombre era libre y sano. Después del pecado, su naturaleza quedó profundamente afectada, sin equilibrio, ni fuerza, ni libertad para resistir frente al mal. Por lo tanto, todos sus actos son manchados por el pecado y son pecaminosos. Solamente una fuerte fe en Cristo lo puede salvar, permitiéndole que sus actos pecaminosos no le sean imputados.
Excomunión:
El año 1521 el Papa León X excomulgó a Lutero. Para evitar la división del imperio, Carlos V lo invitó a Worms para que aclarara su pensamiento. No hubo ningún resultado favorable. Algunos príncipes alemanes se pusieron del lado de Lutero, para quedarse con los bienes de la Iglesia.
En 1524 los campesinos se levantaron en armas, pidiendo reivindicaciones sociales y económicas. Los ricos, apoyados por Lutero, los vencieron y sometieron con la fuerza. Ni modo. Una vez que los dominadores apoyaron a Lutero, era lógico que también Lutero apoyara a ellos, aunque se tratara de algo injusto. Liberándose de la autoridad del Papa, cayó bajo el yugo de los príncipes, para poder sobrevivir.
En 1530 el emperador Carlos V citó a la conferencia de Augsburgo para recomponer la unidad. No tuvo éxito. Al contrario, se formó la Liga Esmalkalda o unión de los ejércitos protestantes para luchar en contra del emperador católico. El año 1546 murió Lutero. Con la Paz de Augsburgo (1555) se aceptó definitivamente el hecho de la división religiosa.
Multiplicación de las divisiones:
Basándose en el principio de la libre interpretación de la Biblia, pronto empezaron a surgir un sinfín de opiniones diferentes, que dieron origen a otras tantas divisiones.
Thomas Münzer, muerto en 1525, desconociendo la validez del bautismo impartido a los niños, dio origen al grupo de los anabaptistas (= rebautizantes) y encabezó el levantamiento de los campesinos (1522- 1525), que fue sofocado en la sangre.
Ulrico Zwinglio (1484-1531) negó la presencia de Cristo en la Eucaristía y el sacramento del bautismo. En lo demás aceptó completamente la posición luterana. Sus ideas se impusieron en Zürich, Suiza pero sus partidarios tuvieron que pelear contra los cantones católicos y fueron vencidos en la batalla de Kappel (11 de octubre de 1531), en la que fue mortalmente herido.
En el año de 1532, Calvino fundó un grupo aparte en Ginebra (Suiza), aceptando el luteranismo y desarrollando la doctrina de la predestinación. Véase: «Calvinistas».
Juan Knox en 1560 fundó en Escocia el presbiterianismo, acep¬tando las posiciones calvinistas. Véase «Presbiterianos».
Enrique VIII, rey de Inglaterra del 1509 al 1547, no consiguiendo del papa la anulación del matrimonio con Catalina de Aragón, proclamó la independencia de la Iglesia anglicana (1534), declarándose como su jefe espiritual. Véase: «Anglicanos».
Una vez rota la unidad con la única Iglesia que fundó Cristo, cada uno, por interés, orgullo o buena intención, se sentía libre de seguir «su» camino, dando origen a un sinfín de divisiones, que hasta la fecha siguen surgiendo y desapareciendo. Y todo esto naturalmente está en contra de la unidad querida por Cristo. Así es cuando el pecado se apodera de las mentes y del corazón. Cada cual ve las cosas como quiere, olvidándose de la expresa voluntad de Cristo, aunque proclama con los labios ser su discípulo.
El escándalo de la cristiandad:
Los mismos fundadores del protestantismo estaban conscientes del escándalo representado por el problema de las divisiones. En una carta dirigida a Philip Melanchthon (1497-1560), así se expresaba el mismo Calvino:
«Es de gran importancia que las divisiones que subsisten entre nosotros no sean conocidas en los futuros tiempos. Nada puede ser más ridículo que el hecho de que quienes fueron impulsados a separarse de la totalidad, no hayan podido lograr sino un tan precario acuerdo en el principio mismo de la Reforma.» (Carta No. 141).
FIN.
Dios le bendiga!