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HEGEMONÍA Y RELEVOS AUTORITARIOS: COMIDA DE ZONZOS (ensayo)



Escrito por: Lic Ramón D. Peralta






En la Cámara del Senado de la Nación de Argentina, el Jefe de Gabinete de Cristina, Abal Medina expuso y respondió una serie de preguntas hechas por los bloques opositores. Cada bloque presentó una lista de senadores, quienes interrogaron al Jefe de Ministros acorde un sistema muy particular. Luego de que todos terminaron de preguntar, Abal Medina respondió al mejor estilo K, sin dar la concesión de la repregunta, dicho de otra manera, lejos de ser una interpelación, el Jefe de Gabinete se quedó con la última palabra; como si se tratase de un acto propagandista mas, y la cesión fuera una de las típicas conferencias de prensa K, donde los funcionarios responden como quieren , cuando quieren y a quien quieren. Si bien nunca tuvimos un Congreso "Honorable", hoy estamos en el extremo de lo execrable. Es lamentable ver a la cámara alta de este país, ofreciendo tan patético y triste espectaculo. Y no me refiero al kirchnerismo, so no soy amante de la perogrullada, en este caso hablo de la oposición.







Para que haya un totalitarismo con todas las de la ley (como el que tenemos) es menester que la cultura moral y ética de la dirigencia política en su conjunto, haya sucumbido a la degradación en privilegio de la corrupción. Porque esta mutación viciosa, rapaz y oprobiosa de la política no es patrimonio exclusivo del oficialismo, so de hecho es una enfermedad endémica que afecta a toda la sociedad argentina (y porque no latina). Es como si todos hubiéramos pactado tácitamente hacer de estos tiempos un recreo ante la moralidad exigida. Es tan amoral lo que hace el gobierno, como lo que hace la oposición. Claro que hoy el término "oposición" se las rebusca en sus horas libres, oficiando de eufemismo "picaresco". En la Argentina la oposición a veces se opone, pero siempre haciendo gala del histrionismo gardeliano que nos distingue en el resto del mundo. El resto del tiempo (casi todo), la oposición solo llena espacios de vacío (perdón por el oxímoron). Explicado en criollo new age, la oposición partidaria profesional de hoy, es el placebo de los argentos antidogmáticos, ávidos de una esperanza, de una ilusión, de una acaricia en forma de consuelo.





Algunos en Movimiento Copia Oculta Argentina, seres hidalgos y gallardos por excelencia, me sugirieron que trate de no ser tan "sincero" para con la oposición, y en eso estoy. Ser duro con la oposición sería tratarlos de inservibles, inútiles y mercenarios, cosa que no haré jamás en mis escritos. Todo me lleva a pensar en términos jurídicos, ergo para que haya un corrupto debe haber un corruptor (ambos culpables de la misma acción criminal), tal el caso del delito de cohecho (o coima para el vulgo). O sea, para que exista este estado totalitario, debe haber un autoritario activo y otro pasivo. El autoritario pura cepa, ama someter mediante su poder a los demás, pero también ama ser sodomizado. Freud si estuviera al lado de mi teclado, seguramente estaría oficiando de exégeta sexológico, reduciendo la filosofía política a una mera expresión gnoseólogica.




Parece que pasaron 1.000 años desde que radicales y peronistas se disputaran el poder.Tiempos donde la hegemonía se repartía entre dos doctrinas claramente diferenciadas.Unos decían ser de centro izquierda, y el otro solía decir que eran los mejores del mundo, sin precisar mayores detalles, aunque mas allá de la liturgia, siempre significaron la extrema derecha argentina. Los radicales siempre fueron traviesos adolescentes, afectos a jugar el "ring-raje" en los cuarteles del Ejército. Los peronistas en cambio, siempre tan "democráticos", usaron el despotismo sin ilustración, para someter a sus enemigos hasta limites asfixiantes. En el medio de esta historia, siempre estuvieron los militares, que hacían las veces de los idiótas útiles de la izquierda antiperonista (radicales incluidos). Y vaya curiosidad, hoy los izquierdosos pasionales K, usan el termino "gorila" para describir a una derecha aperonista exigua o simplemente inexistente, cuando el término gorila fue concebido para describir a la coalición de izquierda enfrentada a Juan Domingo.




No obstante, radicales y peronistas fueron (y son) cara y seca de la misma moneda, el autoritarismo. Esto explica porque es tan difícil hacer madurar la democracia, y también explica porque tuvimos tantos gobiernos de facto. La síntesis sería: la sociedad argentina es autoritaria.






Con el arribo de kirchner al poder, luego del desmadre del 2001 y 2002, vimos nacer esperanzados, el concepto de transversalismo, que en un principio sonó lindo. Pues invitaba a todos los partidos, sectores y bandos a consagrar la unidad nacional en pos de una causa superior, la república. A este llamado "patriótico", acudieron seres de las mas diversas latitudes. Girodinos y Jacobinos compartieron oficinas, secretarias y hasta el Clarín. Todo parecía la antesala del edén,...hasta que nuevamente el maldito autoritarismo genealógico, nos vuelve a jugar una mala pasada. Para cuando nos dimos cuenta de que se trataba realmente el transversalismo K, ya no quedaban partidos políticos sobre las pampas del sur. Fue una especie de "politicidio", donde no quedó ni un solo espíritu republicano en pié.




Es evidente que todo tiene una explicación, solo que a veces nos merecemos algo de tiempo y reflexión. Muchos argentinos, fiel a su amnesia colectiva, ya se han olvidado del "que se vayan todos". Pues no solo que están todos, sino que encima están unidos y amurallados detrás de uno de los mas deleznables dogmas políticos que haya aportado latinoamérica a la historia universal. Nadie como el latino, para hacer del dogmatismo una moda, ergo en una década somos todos neoliberales (siempre autoritarios), y en la otra somos revolucionarios populistas (mas autoritarios todavía). El sosiego, la templanza, la moderación, el equilibrio, el sentido común, la coherencia y la racionalidad no forman parte de nuestro diccionario cívico.







No hay duda que las diferentes doctrinas humanistas que han alimentado a la oposición política, han sido cruciales para la formación de la cultura política de nuestra época, influyendo de manera normal a la forma de gobierno, a la adopción de los derechos que los estados reconocen a los gobernados y a la forma y organización de cada uno de los estados.


La forma más elaborada y efectiva de oposición, es la de los partidos políticos en los estados democráticos, pues en este caso la oposición no pretende la destrucción del Estado, cosa que ha sido refutada en nuestra comunidad. El mensaje que hemos dado al cosmos, es que nosotros no queremos partidos ni nada de esas cosas "raras", nosotros queremos caudillos e ideologías envasadas (lista para servir y digerir sin masticar) . Hoy los golpistas de antaño en el poder, ven como golpistas a cualquiera que se eleve como oposición y la concepción absolutista del poder es asumida como voluntad popular. Y tan equivocados no están, las masas argentas no soportan vivir en libertad, pues tampoco están dispuestas a ser artífices de su propio destino, ... es mas fácil vivir en el desatino de que alguien piense por ellos.







Los pueblos no son victimas de sus políticos. Los políticos son hijos bastardos de su pueblo. Y somos tan insufribles como subcultura, que ni para socialistas servimos. No funcionamos con el capitalismo, y mucho menos con el comunismo. En definitiva, no se ha inventado aun una filosofía política a la medida de los latinoamericanos. Que obviamente deberá tener en cuenta nuestra proclividad al individualismo negado, contemplar nuestro autoritarismo flagelario, considerar nuestra romántica inmadurez sociológica, aceptar nuestra nula tradición del trabajo en equipo, y por sobre todo, entender que somos extremos y exagerados en plenitud, por ende todo esto debe venir en forma de dogma. Nos cuesta mucho separar prácticas religiosas de ejercicio político. Una filosofía hecha para sentimentales del honor.


Schopenhauer describiría este tipo de honor como: "objetivamente, la opinión de otros acerca de nuestro valor, y, subjetivamente, nuestro temor a dicha opinión". El origen de tal sentimiento lo localiza Schopenhauer en la precariedad de la existencia humana, que hace muy ventajosa la vida en comunidad: de ahí surge el deseo de ser tenido como un miembro útil a la sociedad. Pronto se da uno cuenta de que lo que aquí importa no es que uno crea ser útil de ese modo, sino que lo crean los demás, y entonces se esfuerza en conseguir lo segundo. De ahí, pues, el sentimiento del honor así como el de vergüenza o pudor, que tiene su correlato fisiológico en el rubor. Los latinos somos seres extrovertidos que simbolizamos cosas y quienes igual que cualquier otro homo sapiens, pero de manera desmedida, histrionizada e idealizada. Si bien sabemos que vinimos a este mundo para ser felices, no tenemos muy en claro que es la felicidad, menos en estos tiempos.









Alguien dijo una vez: que es sumamente fácil ser infeliz; en cambio, ser muy feliz no sólo es difícil, sino enteramente imposible. Schopenhauer cita la famosa "aurea mediocrita" de Horacio y recuerda que, según su filosofía, "toda nuestra existencia es algo que sería mejor que no existiese" y la suma sabiduría consiste en negarla. Así, según la segunda máxima, para juzgar la felicidad de un hombre no hay que fijarse en lo que le complace, sino en lo que le aflige.




"Ni amar ni odiar" contiene la mitad de toda mundología; "no decir nada y no creer nada", la otra mitad. Desde luego a un mundo que hace necesarias reglas como éstas, a las siguientes se le da la espalda con gusto. "Concernientes a nuestra conducta con el curso del mundo y el destino". El mundo se rige, según dice Schopenhauer recogiendo el pensar de los antiguos, por tres poderes: la astucia, la fuerza y la fortuna. El más importante y poderoso de ellos es el tercero. O sea, la vida aceptada como azarosa. Esto nos permitiría liberarnos de estúpidas conceptualizaciones, como el triunfo o el fracaso, ambos conceptos invasivos, triviales y antihumanistas. Nadie nació para hacerse rico ni pobre, y ni una cosa ni la otra significan nada. El éxito y el fracaso no existen como entidad filosófica, y solo obran como simbologías para frágiles espíritus y mentes.




Para finalizar, solo diré que no hay victimas y vitimarios, por lo menos no creo en ello. El kirchnerismo así como el chavismo, el castrismo y otros, no son fenómenos aislados y caprichosos, como tampoco lo es la oposición. Para que exista un poder dominante así de malo, debe haber una oposición igual de mala. Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, y aunque duela, es así, no nos merecemos mas que esto,....hasta que maduremos,...hasta que aprendamos. Pedir un cambio verdadero, significa construir otro tipo de oposición y de filosofía. Cambiar un autoritarismo por otro, es comida de zonzos.-
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