No en vano he manchado mis manos con la sangre de mi hijo muerto, ahora me retuerzo en mi soledad como un gusano herido de muerte. Arrastrarse es lo de menos, flores negras en mis ojos, la ceguera es lo de menos, arrastrándome como un animal. Un cielo que arde sin tregua bajo un manto de piedad inmunda que consume todo el oxígeno, no en vano he manchado mis manos... Fuente: http://flores-negras.com.ar/anteriores/27/
La sangre del hijo muerto [Poesía escrita por Dios]
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