Siendo las 7 y pico de la mañana, y ante lo inevitable, mi sagrado, acostumbrado y cuasi sacro café con leche, se me ocurrió que bien se merecía dedicarle un post. He aquí el fruto de este sentido homenaje al CAFÉ CON LECHE Y SUS MEDIALUNAS, señera infusión and delicatessen para los latinos y algunos mas (digamos unos 4000 millones mas). "Sin café con leche el homo sapiens no arranca",...olvidate.
El origen de la medialuna y el café con leche, ineludibles en el desayuno de millones de personas, se remonta a finales del siglo XVII y no se sitúa en Francia, como suele creerse, sino en la Viena asediada por el Imperio Otomano.
Una historia de Arabia del siglo VIII cuenta que un camellero yemenita caía en el más profundo sueño cada vez que intentaba poner su vista en el Sagrado Corán, luego de su agobiante jornada de labor. Pensando en su desgracia, mientras observaba a los dromedarios comprobó que cuando éstos comían los frutitos colorados del café, comenzaban a padecer una intensa agitación. Decidió entonces probar los misteriosos frutos que resultaron un éxito para sus veladas nocturnas. Y así lo convirtió en costumbre, imaginando que se trataba de un mensaje divino para que no se durmiera a la hora de leer el Corán.
La noticia se divulgó por toda la península arábiga y especialmente en la vecina ciudad de Moja o Mokha, a orillas del Mar Rojo, cuyo manera de preparar el café se hizo célebre. De allí partirían las primeras exportaciones hacia todas partes del mundo.
La voz árabe qahwa, a través del turco kahvé, originó la palabra «café», que en los siglos XVII-XVIII fue incorporada al castellano y a otras lenguas europeas: caffé en italiano, café en francés; coffee en inglés; kaffee en alemán.
El cafeto (Coffea arabica) comenzó a cultivarse en el Yemen y en los asentamiento árabes de las altiplanicies de Etiopía, en la otra orilla del Mar Rojo. Ya en el siglo X, el gran médico musulmán Razes señaló las virtudes profilácticas de la infusión.
En el Yemen, a fines del siglo XIII, los sufíes ingerían una cocción de vainas de cafeto cuando necesitaban mantenerse despiertos por la noche para llevar a cabo sus súplicas y jaculatorias. A finales del siglo XV, los peregrinos musulmanes que regresaban de Arabia difundieron el café por todo el Medio Oriente y el Magreb.
En Irán, en la época safaví, se hicieron una costumbre las qahvéjaneh ("cafeterías"

. Los historiadores otomanos dan cuenta que su introducción en Estambul tuvo lugar hacia 1555 por obra de dos sirios, que abrieron las primeras cafeterías, establecimientos que de inmediato tuvieron un éxito sensacional.
En el año 1683, hacía más de un siglo y medio que los turcos otomanos eran dueños de Hungría y de las tierras regadas por el Danubio. Su segundo avance sobre Viena (el primero había sido en 1529) parecía imparable. La antigua Vindabona de los romanos, que se había hecho célebre en los tiempos de Marco Aurelio, era el último baluarte oriental de la cristiandad (no es casual que el nombre alemán de Austria, “Osterreich” signifique “marca oriental”).
antigua Vindabona
Cabe señalar aquí que un experimentado viajero, Evliya Çelebi (1611-1682), fue enviado a Viena veinte años para realizar una misión de espionaje y relevamiento de las defensas de la ciudad. Sorprenden sus juicios sobre la sociedad austriaca. Además de ingeniosos, son altamente favorables e incluso halagadores. Sobre las mujeres vienesas dice que «gracias a la pureza del agua y al buen aire son hermosas, altas, de esbelta figura y rasgos nobles». También pondera las excelencias de la vasta y bien cuidada biblioteca de la catedral de San Esteban (Véase Evliya Çelebi: Narrative of Travels in Europe, Asia and África, 2 vols., traducción parcial de Joseph von Hammer-Purgstall, Oriental Translation Fund, Londres, 1834).
Así fue como los guerreros otomanos al mando del gran visir Kara Mustafá sitiaron la capital austriaca, pero después de varios intentos de asalto no lograron vencer la celosa resistencia vienesa. Decidieron entonces emplear el factor sorpresa: con sus esforzados zapadores socavarían el terreno hasta formar un corredor que pasase bajo las murallas, para así acceder al centro de la ciudad. Para evitar ser descubiertos trabajaban exclusivamente de noche, sin tener presente que a aquellas horas intempestivas unos pocos vieneses estaban despiertos. Se trataba de los panaderos que, al oír el sonido de picos y palas, dieron la voz de alarma. Así fue como se dio vuelta la tortilla y fueron los vieneses quienes sorprendieron a los asaltantes con las manos en la masa, obligándolos a replegarse a su campamento. La caballería del rey Juan III Sobieski de Polonia se encargó de completar la tarea, empujando a los soldados del sultán Mehmet IV más allá del Estado Habsburgo. Tal derrota marcó el principio del largo declive otomano que no pararía hasta 1918.
rey Juan III Sobieski de Polonia
En reconocimiento a su labor, el emperador de Austria Leopoldo I concedió a los panaderos algunos honores, entre ellos el derecho a portar espada. Éstos, agradecidos por dichos privilegios, inventaron dos panes que conmemorasen el triunfo cristiano. A uno le pusieron el nombre de “emperador”; al otro, al que le dieron la forma del emblema de la bandera del enemigo derrotado, lo llamaron “medialuna” (Halbmonden alemán, que en francés se traduce como croissant).
Como no podía ser de otro modo dada la gran tradición y diversidad de la pastelería vienesa, pronto aparecieron nuevas versiones de la medialuna, aunque siempre manteniendo la forma original: laVanillekipfert, a la que añadieron vainilla, la Mandelbögen, aromatizada con almendra, la Mohnbeugel, a base de semillas de amapola, o la Nassbeugel, enriquecida con nueces y miel. Desde entonces la medialuna invadió Europa y el mundo entero, como jamás imaginara el sultán otomano más ambicioso...
Y los franceses, siempre primeros en las modas y exquisiteces, se la apropiaron otorgándole su denominación universal: croissant.
Los turcos, en su precipitada huida dejaron tras de sí generosas provisiones de semillas de café. Los atónitos vencedores al revisar la gran cantidad de bolsas repletas con los desconocidos granos imaginaron que se trataba de un tipo de “forraje” utilizado por los “excéntricos invasores”. Pero, un comerciante polaco apellidado Kolschitzky, sabía muy bien de qué se trataba. Como retribución por su valiosa labor como espía durante la contienda se le permitió quedarse con aquel extraño botín. En 1685 Kolschitzky inauguró el primer café de la ciudad, llamado «La Botella Azul» (en alemán Die blaue Flasche) en la Singerstrasse, en el que solía servir la revitalizante y humeante bebida mezclada con nata y azúcar, y lo hacía disfrazado de turco lo que acrecentó la popularidad del local.
Pronto a esa nueva infusión vienesa se la comenzó acompañar con el último grito de la pastelería y así fue como se puso de moda “el café con leche y medialunas”. Todo gracias a los turcos otomanos ausentes. Y pensar que los millones de consumidores que se llevan a la boca estas delicatessen todos los días, no tienen la más pálida idea de lo que estamos hablando.
Enciclopedia del Islam (Edición 1995)
http://semanarioislamico.blogspot.com
http://www.webislam.com
omerfreixa.blogspot.com