En la sociedad, ser desinteresado
termina saliendo muy caro.
Tienes un proyecto en puerta, pero la verdad es que se te fueron las cabras y no has hecho nada. De pronto, un compañero tuyo te informa que salvó el día e hizo tu trabajo y el suyo durante el fin de semana. Que raro, ¿no?
El sociólogo Kyle Irwin nos explica por qué a pesar de que tu compañero te ayudó, tú no puedes más que sentir un poco de incomodidad al respecto. Según su estudio, publicado en la revistaSocial Science Research, castigamos y discriminamos a las personas generosas por ser poco conformistas.
Es un comportamiento enigmático. ¿Por qué castigar a la gente que hace la mayor parte del trabajo, especialmente cuando su trabajo beneficia al grupo? Tal vez para los miembros de un grupo es más importante la conformidad que el éxito”, explica Kyle Irwin, profesor de la Universidad de Baylor.
Irwin y su coléga Christine Horne llevaron a cabo un experimento con 310 participantes. A cada persona se le asignaron cien puntos que podían ser aprovechados para ganar una tarjeta de regalo; ellos tenían que decidir cuántos puntos dar al grupo (conformado por cuatro compañeros virtuales) y con cuántos quedarse – los puntos dados se multiplicaban y posteriormente dividían entre los integrantes. Todas las acciones se efectuaban con una computadora y los integrantes no interactuaron entre ellos. Al final, debían establecer en una escala del 1 al 9 cuánto agrado sentían por cada integrante del grupo virtual.
Los participantes dieron el promedio 50% de sus puntos. El individuo más avaro sólo dio 10% y el más generoso 90%.
Los participantes podían “pagar” para castigar al integrante más generoso del grupo. Es decir, si el participante quería quedarse con los puntos donados por el integrante generoso, debía pagar un punto por cada 3 que hubiera dado el integrante generoso; aprovechando el valor de los puntos y evitando que el generoso se pudiera beneficiar de su valor multiplicado.
Si bien el comunicado de la Universidad de Baylor no especifica la cantidad de participantes que aprovechó esta herramienta, el autor establece que una buena cantidad de los mismos lo hicieron, proveyendo datos concluyentes para su estudio.
Podría haber muchas razones para castigar a un miembro generoso. Quizá este integrante los hacía ver o sentir mal, o quizá los participantes se sentían celosos de que alguien aportara más que ellos”, explica Irwin a la Universidad.