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Brasil, ¿detrás de la bomba atómica?

Por Creusa Muñoz

A cinco años de la Declaración Conjunta entre Argentina y Brasil de febrero de 2008, que promueve la integración bilateral en el terreno nuclear, surgen sospechas sobres los posibles planes atómicos latentes en Brasilia. Temores fundados en el creciente poderío del complejo militar-industrial del emergente Estado sudamericano.

Reto al oligopolio nuclear.



El 20 de octubre de 2009, la influyente revista estadounidense Foreign Policy difundió una reducida lista de países vaticinando las futuras potencias nucleares pasibles de utilizar la energía atómica para fines militares. En esa lista faltaba, según afirmo Hans Ruhle, ex jefe de Planificación del Ministerio de Defensa alemán, el miembro más importante de ese selecto club nuclear: Brasil.


Ahora bien, si Brasilia realmente se estuviese armando con la bomba atómica, ¿Por qué no podría hacerlo?

Después de todo, las grandes potencias poseedoras del arma de destrucción masiva y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que paradójicamente están encargadas de velar por la paz y la seguridad internacional, han realizado magros avances hacia el desarme y siguen imponiendo una política de doble rasero respecto a la no proliferación nuclear. Pretenden aferrarse así a un statu quo que resulta anacrónico frente a la gestación de un nuevo orden internacional en el que Brasil como potencia emergente tiene un papel destacado.

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La asimetría en el orden nuclear, sin embargo, no es nueva. Fue legitimada por todos los signatarios del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) a partir de 1968, cuando la mayoría de los Estados se comprometieron a no diseminar armamento nuclear a cambio de que el resto de los países que estaban dotados de la bomba (EE.UU., Rusia, Reino Unido, Francia, China) avanzaran hacia el desarme y se garantizara el derecho al desarrollo pacífico de la energía nuclear. Estos tres pilares hoy se encuentran en crisis.


El panorama internacional en materia de desarme y no proliferación de armas nucleares parecía francamente promisorio con el fin de la Guerra Fría. Sin embargo, el cambio en la estructura de poder del sistema internacional no deparo más que estancamiento al orden nuclear. Así lo explicito el ex Alto Representante para Asuntos de Desarme de Naciones Unidas, Sérgio de Queiroz Duarte, cuando al ser consultado sostuvo que “la parálisis en la que hoy se encuentra sumido el orden nuclear se debe a que los países poseedores de armas nucleares siguen mostrándose desinteresados en desarmarse y apuntan cada vez más al establecimiento de medidas más restrictivas para el desarrollo y el uso pacífico de la energía nuclear. Y por otro lado, a que los países que renunciaron a la opción nuclear bélica reclaman pasos concretos hacia el desarme de los Estados nucleares y garantías firmes de que no serán blanco de amenazas o ataques con armas atómicas para poder aceptar nuevos compromisos de restricción y control de sus actividades nucleares para fines no militares”.


Este escenario, en el que las grandes potencias son claras beneficiarias, prevalece desde inicios del regimen nuclear, con la diferencia de que la erosión de su legitimidad ha despertado el cuestionamiento de los más débiles, que no plantean patear el tablero internacional sino tan solo que se cumpla con lo prometido: la destrucción completa y definitiva de los arsenales atómicos.


Pero la crisis que atraviesa el orden nuclear, sin desmerecer los beneficios de los progresos en la no proliferación, no solo se debe a que el único desarme que se ha logrado ha sido el de los desarmados sino tambien a que las potencias poseedoras del arma de destrucción masiva sujetas al TNP han bastardeado los cimientos mismos del regimen al aplicar una politica discrecional respecto a terceros Estados. En este sentido, la cooperación entre EE.UU. e India resulta elocuente.


Poco ayuda a este escenario de por si corroído, la existencia de Estados que, por fuera del regimen o renunciando a él, han sabido dotarse de la bomba atómica (Pakistán, India y Corea del Norte) o cuyos programas nucleares se encuentran aún bajo sospecha (Israel e Irán).


Recelos hacia el gigante sudamericano

Brasil tradicionalmente ha mantenido una postura crítica frente a la asimetría del regimen y, consecuentemente, se ha mostrado renuente a someterse a vinculaciones jurídicas que pudieran socavar su desarrollo autónomo.

Pero la politica exterior de Itamaraty en el área nuclear en la década de los 90 sufrió un cambio de forma –aunque no de fondo- ya que se orientó a continuar la lucha contra el carácter discriminatorio del orden nuclear dando batalla esta vez dentro del regimen.


El compromiso jurídico en el desarrollo pacífico de la energía nuclear fue transversal a todos los ámbitos: en el doméstico, la Constitución de 1988 proscribió en su artículo 21 la utilización de energía nuclear para fines que no fueran exclusivamente pacíficos; en el bilateral, creo en 1991 la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC), un mecanismo conjunto de verificación mutua para evitar que los materiales sensibles sean desviados para usos bélicos; en el regional, ratifico el Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares en America Latina y el Caribe (Tlatelolco) en 1994, y finalmente, en el multilateral, renuncio al derecho a efectuar explosiones nucleares de carácter pacífico en 1991 y adhirió al TNP en 1998.

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Las sospechas que recaen sobre el programa nuclear brasileño contemplan justamente esta última orientación politica a la hora de evaluar negativamente el rechazo de Brasil a firmar el Protocolo Adicional, que promueve un nivel más amplio y sin previo aviso de las inspecciones de los agentes del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) sobre toda actividad e instalación nuclear declarada o no por los Estados para evitar el tráfico ilícito del material nuclear.



UNASUR


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Las declaraciones de altos funcionarios del gobierno de Brasilia, como el general José Moreira o el ex vicepresidente José Alencar, no hicieron más que profundizar la desconfianza sobre los planes futuros del gigante sudamericano. El primero, afirmaba en noviembre de 2007: “Si el gobierno está de acuerdo, necesitamos tener la capacidad en el futuro para desarrollar un arma nuclear”. Dos años más tarde, el 24 de septiembre de 2009, el ultimo agregaba en el mismo sentido: “El arma nuclear utilizada como instrumento disuasorio es de gran importancia para un país que tiene 15000km de fronteras al oeste y tiene un mar territorial y, ahora, un mar del pre-sal de 4 millones de km2. Nosotros los brasileños a veces somos muy tranquilos, dominamos la tecnología de energía nuclear pero nadie aquí tiene una iniciativa para avanzar en eso. Tenemos que avanzar”.

Pero más allá de las dudas sobre los fines de la politica nuclear brasileña que despiertan estas declaraciones y la no adhesion al Protocolo, lo que realmente desvela el sueño de aquellos que aseveran que Brasil posee planes latentes para dotarse del arma de destrucción masiva, es la planta de enriquecimiento de uranio de Resende (Rio de Janeiro) y el proyecto Prosub, dirigido por la armada brasileña, de fabricar un submarino de propulsión nuclear.

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planta de enriquecimiento de uranio de Resende






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Proyecto PROSUB







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Brasil es el sexto país con más reservas de uranio del mundo y uno de los once que posee la capacidad para enriquecer el mineral a nivel comercial. La planta de Resende lo hace al 3,5-4% requerido para alimentar reactores del país. Se piensa en un futuro podría proveer de combustible al proyectado submarino (para lo que sería necesario enriquecer al 20%, limite que separa al uranio pobremente enriquecido del altamente enriquecido). Este es uno de los puntos que causa mayor inquietud, ya que si pretendiese usar la energía nuclear para fines bélicos podría hacerlo más rápidamente con el uranio enriquecido al 20% que con el uranio natural. Más aun cuando fue negado a los inspectores del OIEA y de la ABACC el acceso irrestricto a la planta de Resende en 2004.



La reticencia a mostrar plenamente las centrifugas de la planta (tapadas con paneles) se debe a que Brasil considera que su diseño es de vanguardia y, por lo tanto tiene derecho a preservar el secreto industrial. En 2009, sin embargo, Brasil y el OIEA llegaron a un acuerdo por el cual se reduciría el tamaño de los paneles pero, según Federico Merke, el acceso de los inspectores continuo siendo, por lo menos, deficiente. Esto explica tambien las razones de la presión a Brasilia para que adhiera finalmente al Protocolo Adicional.


Se desconoce actualmente si el nivel de las inspecciones a la planta de la ABACC es satisfactorio. En reiteradas ocasiones intente contar con la perspectiva de las cancillerías de Argentina y Brasil, y no tuve respuesta. Off the record un especialista en la materia aseguro que probablemente el Palacio San Martin e Itamaraty se encuentren en negociaciones y la negativa a hablar a la prensa sea por temor a entorpecerlas.


El velo de las grandes potencias


El escepticismo acerca de los fines pacíficos de la politica nuclear brasileña no advierte que no existe en el ámbito doméstico una coalición hegemónica de carácter politica, militar, industrial y científico pro-nuclear favorable a la obtención del arma atómica. Tampoco que el rechazo al Protocolo Adicional se fundamenta en justificaciones de origen consuetudinario. Y, menos aún, que la planta de enriquecimiento de uranio de Resende así como la iniciativa de construir un submarino nuclear desafían tanto los intereses geoestratégicos como económicos de las potencias extra-regionales.


La marina brasileña acuño el concepto de Amazonia Azul a la hora de fundamentar la necesidad de fabricar un submarino nuclear, ya que la protección del Atlántico Sur, como la defensa de la autonomía del país sobre la Amazonia, es hoy uno de los objetivos de la politica exterior de Itamaraty.

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Proyecto Amazonia Azul



La extensión que Brasilia reivindica sobre su plataforma continental involucra no solo cuestiones de soberanía (su territorio aumentaría unos 963000 km2, lo que sumado a la franja de mar que se encuentra actualmente bajo su dominio equivaldría a casi la mitad de su espacio terrestre), sino tambien colosales intereses económicos (gas y petróleo).

El acuerdo de cooperación militar entre Paris y Brasilia (2008) que posibilita la transferencia de tecnología del país europeo al sudamericano para crear el proyectado submarino contempla otros potenciales beneficios: la posibilidad de crear joint ventures para competir contra los rivales de EE.UU. y China con un socio estratégico ya consolidado en la arena internacional. La planta de Resende tambien pretende instalarse, como proveedora de uranio enriquecido, en el mercado global. Así, Brasil estaría cada vez más cerca de su anhelado sueño, explicitado en la Estrategia Nacional de Defensa de 2008, de erigirse como potencia militar-industrial.


Carlos Feu Alvim, ex secretario de la agencia brasileño-argentina de control mutuo en el campo nuclear, formula en este sentido una pregunta retórica certera: ¿Por qué, siendo más complicado inspeccionar una planta militar que una civil, el OIEA pone tantos reparos en Resende cuando el mismo proceso hace años que está siendo aplicado en instalaciones de la marina brasileña? La respuesta, sugiere, puede encontrarse en la idea lanzada por el entonces presidente George Bush en un artículo publicado por The New York Times en el que proponía “instalar una nueva politica de no proliferación que limitaría el acceso al enriquecimiento de uranio a países que ya dominan el ciclo de combustible nuclear. Un criterio para establecer esta distinción podría ser el de poseer o no una usina comercial”.


Las sospechas sobre el programa nuclear de Brasilia encubrirían entonces una realidad bastante opuesta a la sugerida. No sorprende, por lo tanto, que surjan casualmente al mismo tiempo que los recelos de las grandes potencias por los posibles sismos que podría provocar sobre el oligopolio nuclear la emergencia del complejo militar-industrial de la potencia sudamericana.




¿Uso civil o militar?

“No creo que Brasil cree la bomba atómica. Pero si busca, por si fuese necesario establecerse como potencia global, al tener a punto las capacidades requeridas para hacerla”, asegura Rut Diamint, recientemente designada miembro de la Junta Consultiva en Asuntos de Desarme de las Naciones Unidas.

Esta es la cuestion. La tecnologia para enriquecer uranio es de uso dual porque un nivel de enriquecimiento menor sirve para alimentar reactores y uno mayor para crear la bomba atomica; de este modo, en última instancia, la humanidad depende de la objetividad de los mecanismos de control como el OIEA o, en este caso, la ABACC para determinar los fines benéficos o no de un programa nuclear.

La agencia bilateral, creada para superar la desconfianza mutua en el área nuclear, constituye un claro ejemplo de un mecanismo de control ad hoc que logro no solo desactivar las hipótesis de conflicto entre países vecinos, sino tambien introducirlos al regimen nuclear.


Irma Arguello, presidente de la Fundación No-proliferación para la Seguridad Global, sin desmerecer la importancia de la Agencia, aclara que “faltaría encontrar un mecanismo mutuo que permita la inspección de potenciales instalaciones no declaradas ya que su mera existencia ofrecería solidas garantías para Argentina y Brasil, y para la comunidad internacional en su conjunto”. Es decir, una suerte de Protocolo Adicional pero de carácter bilateral y, por lo tanto, sin injerencia de las grandes potencias.

Sin embargo, Juan Gabriel Tokatlian –profesor e investigador del Departamento de Ciencia Politica y Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella- enfatiza otro aspecto de la relación bilateral en el área nuclear: “La cooperación, si no se sustenta en intereses convergentes, realmente efectivos, con el tiempo se puede tornar retórica. Y, por lo tanto, hoy no se trata de buscar tener posiciones comunes. Tampoco de tener un mecanismo común de verificación, sino de que en la dimensión productiva haya nexos e interrelaciones más intensas”.


Progrese o no esta cooperación, está claro que la avanzada brasileña en el terreno nuclear deberá lidiar con el cerco oligopólico nuclear que tras el velo de las instituciones internacionales suele ocultar e imponer sus intereses.

Los miembros de este club nuclear casualmente no son otros que aquellos que se encuentran entre los primeros exportadores de armas convencionales. Pero es en el terreno del átomo donde pueden desplegar con mayor facilidad su discrecionalidad para determinar si un país vulnera o no las reglas del sistema internacional y sancionarlo en consecuencia, ya que pocas dudas caben sobre el destino bélico de la transferencia de armas convencionales de un país a otro, lo que no suele suceder desafortunadamente con la cooperación nuclear por el uso dual de su tecnologia.

No todo estado dotado con material fisible desea producir la bomba atomica. Alemania y Japón, dos países que aspiran a tener un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, cuentan con cantidades apreciables de plutonio y uranio enriquecido pero no lo utilizan con fines militares.

Brasil, que tambien está interesado en integrarlo, bien podría emular esta politica, distanciándose así de la conducta seguida por India, otra de las potencias emergentes del escenario internacional. Pero la orientación de la politica exterior de brasileña, al centrarse en la protección de sus recursos estratégicos, indefectiblemente requiere estar dotada de la capacidad defensiva para contraatacar una eventual ofensiva externa. Lo que no necesariamente se traduzca en que el Estado sudamericano se esté armando con la bomba nuclear.


En última instancia, como señala Etel Solingen –presidenta de International Studies Association y profesora de la Universidad de California (Irvine)- “la viabilidad del regimen y su efectividad se verán afectadas por el modo en que se resuelven dos enigmas: Corea del Norte e Irán. Pero la resolución de estos tambien tendrá que encarar el problema de cómo se pueden reconciliar las presumibles ventajas de la difusión de energía nuclear para fines civiles con sus posibles derivaciones para fines bélicos”. Un problema que parece irresoluble frente a la parálisis del regimen nuclear, la politica de doble rasero de las grandes potencias y los Estados nucleares dotados de la bomba atomica que no están sujetos al TNP. Mientras persista el interés de las grandes potencias en ejercer su yugo cuasi colonial sobre el regimen nuclear en lugar de respetarlo, el escenario futuro no deja de ser, por lo menos, inquietante
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