InicioApuntes Y Monografias¿Dónde está el pueblo? 25/5/1810
En el Acta del día 22 de Mayo, al transcribirse los votos de los asistentes al Cabildo Abierto, el actuario registró el sufragio del Comandante del Batallón de Infantería nº4 Cántabros Montañeses, D. Pedro Andrés García, quien mencionó: “los conocimientos que en los días de antes de ayer, ayer y anoche ha tocado por sí mismo tranquilizando los ánimos de los que con instancia en el pueblo así lo piden”. El Dr. Francisco Seguí (posteriormente, morenista) es el único que habló de una “notoria conmoción popular”. Los demás que emplearon esa palabra lo hicieron en el sentido intemporal de la “salud del pueblo” o expresiones parecidas. El 23 de Mayo, el Acta describió la intención del Cabildo Ordinario de velar por “la quietud pública y la salud del pueblo”, además de la “seguridad de todos los pueblos y provincias”. A tal efecto, resolvió convocar a “los Señores Comandantes de los cuerpos. Y habiendo estos apersonándose en la Sala… significaron que lo que ansiaba el pueblo era que se hiciese pública la cesación del Virrey”. En consecuencia, el Cabildo hizo publicar un Bando con esa noticia. Por supuesto, que lo destacable de ella es que los Comandantes se convirtieron en voceros populares. Al día siguiente, 24 de Mayo, el Cabildo tornó a “explorar la voluntad de los Sres. Comandantes de los Cuerpos de Guarnición”, para ver si sostendrían la susodicha Junta. Al comparecer, como antes dijimos, otorgaron el apoyo solicitado. Segunda conferencia con los uniformados, “representantes del pueblo”, dueños de la “voluntad popular”. Para el Cabildo, al menos, si se quería saber qué opinaba el “pueblo”, lo mejor era llamar y consultar a los Comandantes. El pueblo, el famoso “pueblo” de la mitología escolar, no estuvo presente en la plaza de la Victoria por un muy simple motivo: no se necesitaba para nada su presencia (esto, para el caso de que los revolucionarios hubieran podido contar con una masa grande de población). Lo que se avecinaba era un mero paso burocrático, sin otras instancias, ni populares ni de ninguna especie. En cualquier caso, los diputados enviados y los “chisperos” adjuntos bastaba por si los cabildantes se ponían pesados. Empero, también es cierto que hubo alguna demora, algún rodeo. Que es del cual se han prevalido los mitólogos del 25 de Mayo. Cuando uno se aproxima a los hechos reales, enseguida advierte que la culpa de tales dilaciones le cupo toda entera al Síndico Procurador del Cabildo, Doctor Julián de Leiva. Este criollo, culto y astuto, considerado como el político más inteligente de Buenos Aires, fue el que anduvo a las vueltas, con vistas a atenuar la definición militar, manejando la conducta de los alcaldes y regidores. El Acta capitular del día 25 de Mayo da buena cuenta de esos escarceos del Síndico Procurador General. El principal de esos diferimientos es narrado de la forma que sigue. Para tomarse un desahogo, Leiva pidió que los reclamos alborotados de “algunos individuos del pueblo”, que pretendían actuar “a nombre de este”, tomaran un carril más burocrático. Los cabildantes, les significados a los “Diputados” que: “Para proceder con mejor acuerdo, representase aquello mismo por escrito, sin causar el alboroto escandaloso que se notaba; con lo que se retiraron… Después de un largo intervalo de espera, presentaron los individuos el escrito que ofrecieron, firmado por un número considerable de vecinos, religiosos, comandantes y oficiales de los cuerpos, vaciando en él las mismas ideas que manifestaron de palabra”. Primera consideración. Ahí está presente la clásica “chicana” ibérica. “Vuelva mañana”, diría Larra. “Preséntelo por escrito”; la santa reverencia a la letra impresa. Ningún descendiente de españoles, ni entonces, ni ahora, se podía oponer a una traba burocrática semejante. Segunda reflexión. Anota Enrique Corbellini: “La referencia del Cabildo a “un número considerable de gentes”, es idéntica a la que efectuará posteriormente, cuando se le presente el petitorio del 25 de Mayo “firmado por un número considerable de vecinos”. Es decir, el Ayuntamiento juzgaba considerable la cantidad de 411 personas… Buenos Aires tenía en ese tiempo más de 50.000 habitantes; y las mil personas que resultaban de las 411 firmas más los 600 convocados por French y Berutti, no eran una parte importante de la población”. Domingo French Antonio Luis Berutti Tercer aspecto. Sobraban 10 firmas repetidas en el petitorio. Roberto H. Marfany sometió el documento al examen de los peritos calígrafos, para determinar letras idénticas, que, unidas a las repeticiones, dejan la solicitud con 401 firmantes. De ellas, 290 eran militares, 95 de civiles (en su mayor parte, paramilitares, integrantes de los regimientos disueltos y que de inmediato volvieron a congregarse en el batallón “América” o de “la Estrella”, cuyo jefe fue Domingo French y su subjefe Antonio Luis Berutti, los famosos “civiles” de la Plaza del 25, y 16 frailes. Es el Acta capitular la que da pie al equívoco, ya que la petición es tajantemente clara al anunciar: “Los vecinos, comandantes y oficiales de los Cuerpos Voluntarios de esta Capital de Buenos Aires que abajo firmamos y a nombre del pueblo, etc”. Y a continuación, en la foja primera, del primer cuadernillo, aparecen las firmas de estos “Vecinos Principales”: 1. Francisco Antonio Ortiz de Ocampo; Comandante del batallón de Infantería nº3 Arribeños. 2. Esteban Romero: Comandante del batallón de Infantería Patricios. 3. Bernabé de San Martín: Sargento Mayor del Batallón de Artillería Volante de la Unión. 4. Martín Rodríguez: Comandante del Escuadrón de Caballería Húsares del Rey . 5. Florencio Terrada: Comandante del Batallón de Infantería Granaderos de Fernando VII. 6. Juan José Viamonte: Sargento Mayor del primer Batallón de Patricios. 7. Vicente de Carballo y Goyeneche: Capitán del Regimiento de Dragones. 8. Esteban Hernández: Comandante del Cuerpo de Blandengues de la frontera de Buenos Aires. 9. Gerardo Esteve y Llac: Comandante del Batallón de Artillería Volante. 10. Pedro Ramón Núñez: Comandante del 3º Escuadrón de Húsares. 11. José Merelo: Comandante de Batallón de Infantería Nº5 Andaluces. 12. Juan Ramón Balcarce: Sargento Mayor del Escuadrón de Húsares. Y del mismo tenor continúan las firmas. ¡Como para que el Cabildo no las tuviera por “considerables”! ¡Resulta que esos cuadernillos contienen los nombres de los actores y protagonistas fundamentales de Mayo, que algunos andaban buscando por la “jabonería de Vieytes” (que, de paso, era de Rodríguez Peña). Nicolás Rodríguez Peña Estos señores son los que, “a nombre del pueblo”, exigen la elección de una Junta de Gobierno, con la nómina antes elevada, para evitarle al Cabildo el trabajo de ponerse a buscar candidatos… Ha sido el Subteniente del Regimiento de Patricios, Nicolás Pombo de Otero, quien ha redactado el “Petitorio”, que respalda la lista elaborada por el Capitán Chiclana. La cosa estaba clara. Empero, los cabildantes –de seguro azuzados por Leiva- piden otra corroboración: <>. ¡Admirable la paciencia de los “Diputados del Pueblo” (encabezados por Martín Rodríguez)! Es la tercera piedra que esos capitulares quieren poner en el camino de la Revolución… Último acto. Serían las 12 del mediodía, y los delegados, al parecer, no pudieron cumplir con su ofrecimiento. Entonces, dice el Acta: <>. Acá terminó el drama, que iba adquiriendo ribetes de comedia. La pregunta de Leiva fue la gota de agua que rebalsó el vaso de la paciencia revolucionaria. Anotemos eso de la “hora inoportuna”, justificativa de la ausencia popular. Que el pueblo se había retirado a sus casas, era un argumento baladí y risible. ¿Era esta una Revolución con intervalos entre acto y acto, para ir a merendar…? La realidad es que los que “asistían en calidad de simples espectadores y los militares que actuaban en la Plaza… volvieron a sus cuarteles”. Quedan esas decenas de personas, a las que Leiva impugna en su hipotética representación. No serían muchos. El hermano del caudillo “chispero”, Juan Manuel Berutti, afirma que se hizo presente “un número corto de gentes”, y que ese 25: “a la Plaza no asistió más pueblo que los convocados para el caso”. Digamos también al pasar, de acuerdo con las actas, que allí el único demócrata fue Julián de Leiva. “Él lanzó con visos de reto (dice Marfany) desde el balcón de las casas consistoriales”, palabras que no importaban un agravio, sino “un severo juicio de la realidad”. De seguro, eso fue lo que le costó una exoneración permanente de todos los cargos públicos, hasta su muerte. Como sabía del juego populista de los militares, los corrió por el mismo camino por donde disparaban. Pero se pasó de agudo; no supo detenerse a tiempo. Además, hay que tener presente que Leiva, al fin de cuentas, era un abogado, que creía en la supremacía de los argumentos teóricos verbales. Mas, cuando el Mayor Juan Ramón Balcarce le dio aquella respuesta contundente, “de tocar generala en los cuarteles”, dejó de exigir presencias populares. En ese orden, es de toda justicia recordar el apellido de la persona que, en nombre del pueblo, puso fin al debate con Leiva. En sus “Memorias”, relató Juan Ramón Balcarce: <>. De inmediato, el Cabildo entendió la antífona. Pero Leiva –que no podía con su genio- interpuso una última y precaria chicana. Les planteó a los peticionantes cuatro exigencias, amén del mantenimiento de la seguridad pública. Tal vez, pensaría el Síndico que con eso iba a ganar tiempo, como para dar vuelta alguna situación militar. Los reclamantes, sin demora alguna, allí mismo dieron contestaciones satisfactorias a lo pedido. Entonces: <>. Fin del proceso revolucionario. A raíz de lo cual, Baltasar Hidalgo de Cisneros le manifestará al Rey (Fernando VII estaba preso desde 1808 por Napoléon Bonaparte, por lo que América quedaba a su suerte. Al ser descubierta, por bula papal, América pertenecía solamente al rey de España, no a España) que: <>. El brigadier Francisco Orduña coincide con su apreciación. Dice que: <>. En realidad, la violencia fue virtual, potencial; una finta de esgrima. Bastó con la vaina del sable. Eso, porque el sable estaba efectivamente desenvainado a la vuelta de la esquina, en el cuartel de las “Temporalidades”, para ser más exactos. Los “Patricios” se limitaron a “chairear”, a la vista y paciencia del Cabildo. La conclusión obligada ya la había adelantado Roberto H. Marfany en el primero de sus sólidos trabajos. Está probado, dijo, que el Cabildo: <>. Revolución militar. El 12 de Septiembre de 1810 –sin que nadie discutiera sus asertos-, se presentaron ante el Congreso Constituyente los generales Cornelio de Saavedra, Martín Rodríguez, Juan Florencio Terrada, Juan Martín de Pueyrredón, Marcos Balcarce y Juan Ramón Balcarce. Peticionaban que se hiciera extensiva a ellos la distribución de premios dispuesta por el Congreso, por acciones militares. Su fundamento radicaba en que: <>. Veinticinco de Mayo: Revolución Militar. ¿La registró la historiografía clásica? No, por supuesto. La conclusión heurística obligada es que, si se hubiera consultado el Registro Oficial –desde 1879, al menos no habría habido ningún equívoco acerca del protagonista principal de la Semana de Mayo. En su lugar, se prefirió leer la novela de Vicente Fidel López (civilista, diríamos ahora), con la obvia intencionalidad de sacar al Ejército de su lugar histórico y reemplazarlo por un extra o personaje secundario, como lo fue el pueblo de Buenos Aires, o, con mayor propiedad, como dicen las Actas: “alguna parte del pueblo” (a propósito de ese tal civilismo, digamos que no es más que una estulticia generada por la anarquía de los gobiernos hispanoamericanos, imitadores, malos imitadores, de la Democracia Puritana de USA. Aquellos, con su anti-autoritarismo visceral, contrarían las tendencias profundas de nuestra natural sociabilidad y producen y conducen necesariamente al caos. Entonces, alguien debe hacer cesar tal calamidad, y ese “alguien”, ha sido el Ejército. Por esto, la historia argentina se jalona o anuda de golpe a golpe, con los respectivos lapsos caóticos intermedios. Esa es una descripción objetiva de lo acontecido; no su justificación. FUENTES: 1) MAYO REVISADO TOMO II, Dr. Enrique Díaz Araujo 2) EL CABILDO DE MAYO, Horacio Marfany, 1961 ----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- SI TE GUSTÓ, RECOMENDALO LOS INVITO A PASAR POR MIS POSTS ANTERIORES, GRACIAS A TODOS POR PASAR POR ESTE! http://www.taringa.net/alientina/posts
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