InicioApuntes Y MonografiasEncuentra al hostigador de su infancia, 40 años después

Encuentra al hostigador de su infancia, 40 años después

Allen Kurzweil, fue victima de bullying en un internado infantil Reconocido escritor de EEUU encuentra al acosador de su infancia 40 años después Allen Kurzweil es un escritor estadounidense reconocido, cuyas novelas se han traducido a más de 10 idiomas; ha obtenido premios literarios y se ha hecho de un nombre en la literatura infantil. Nada en su carrera revela, sin embargo, su obsesión de los últimos 40 años: encontrar a Cesar Augusto Viana, el compañero que de niño lo hostigó en un internado. Kurzweil relata su fijación con Cesar y la búsqueda de su antiguo compañero de cuarto en su libro de memorias, Whipping Boy: My Forty-Year Search for My Twelve-Year-Old Bully, que ha puesto nuevamente sobre la mesa el debate sobre el acoso infantil. En un artículo en la revista The New Yorker, Kurzweil detalla los abusos que sufrió a manos de Cesar en la escuela Aiglon de Suiza. César convirtió a Kurzweil en una de sus víctimas favoritas. En una ocasión, ayudado por otro niño, le hizo tragar bolitas de pan saturadas con salsa picante. En otra, quiso representar el musical de Broadway “Jesucristo Superestrella”, en el cual Kurzweil debía representar a Jesús, mientras Cesar lo azotaba con un cinturón. “Cada vez que me estremecía, el rostro de Cesar se contorsionaba en una mueca de éxtasis. El látigo apenas hizo contacto, pero el punto era humillarme y degradarme. Tan pronto como me soltaron, corrí fuera de la habitación y me escondí en un sótano lleno de papas y ratones. Me quedé allí hasta la hora de cenar, conteniendo las lágrimas, escuchando el tic-tic-tic de mi reloj de pulsera”, recordó Kurzweil. El reloj Omega Seamaster era un legado de su padre, cuya muerte había impulsado a la madre de Kurzweil a enviarlo al internado suizo. En sus días difíciles de Aiglon, Kurzweil encontraba consuelo en la prenda, hasta que día uno de los amigos de Cesar se lo robó y lo lanzó por un balcón. Años después, el escritor reflexionó sobre la importancia que tenía el Omega en su vida. "César se me puso entre ceja y ceja debido a un reloj", escribió en The New Yorker. "El Omega de mi padre resultó ser más que un talismán. Era una máquina del tiempo que me había transportado a un momento en que mi familia estaba intacta y yo estaba feliz". Finalmente los cómplices de César dejaron la escuela y él mismo salió de ella durante meses por estar enfermo de sarampión. Su partida le sirvió a Kurzweil para terminar en paz los últimos meses en Aiglon, antes de regresar a Nueva York. Pero la experiencia le dejó cicatrices para toda la vida. Foto tomada por Allen Kurzweil que muestra la ilustración del bully dibujada tomando como modelo una foto de Cesar. En 1999, cuando el hijo de Kurzweil le pidió consejo sobre cómo tratar a los abusadores en la escuela, el escritor decidió empezar a buscar a Cesar. En su artículo, Kurzweil detalla una serie de intentos fallidos por encontrarlo, hasta que en el 2005 supo que el objeto de su obsesión había sido condenado a la cárcel unos años antes por su participación en un fraude bancario internacional. Kurzweil reveló cada paso de su obsesión: desde revisar documentos de la corte hasta saber todo lo posible de la estafa: el perfil de los acusados, sus metodologías y sus víctimas. "Fue en ese momento que comencé a reconocer lo obvio: Cesar se había apoderado de mi vida", reflexionó. "Traté de convencerme de que mi interés -mi déformation professionnelle, como mi esposa lo llamó- era periodístico. Era una gran historia, y que yo sabía que iba a escribir. Pero también tenía una conexión emocional con las víctimas del fraude. Sus historias desesperadas desataron recuerdos de mi propia humillación en la infancia". Cesar salió en libertad antes de lo previsto. Paso a paso, calculadoramente, Kurzweil se conectó con él a través de Facebook y lograron reunirse en San Francisco, donde el hombre reside. No era como lo recordaba el escritor. “Llevaba pantalones caqui plisados y una camisa deportiva de negro desteñido. No era el niño gordo que recordaba, sin embargo, como yo, podría haber perdido unas cuantas libras. Tenía una barba incipiente, tez cetrina y ojos marrones somnolientos. Y no llevaba reloj. (Había alimentado la fantasía de que estaría usando Omega de mi padre.)”. A través de varias conversaciones con Cesar pudo descubrir que el hombre apenas lo recordaba. Y que la infancia de su torturador fue poco feliz –tuvo que ir a terapia porque se sintió abandonado por su madre cuando esta lo envió al internado- y también había sido víctima de abuso escolar. “Allí estaba el "cleptómano" de Finlandia que robó sus navajas. Los dos estudiantes de escuela superior que trataron de darle una paliza. ("no pudieron", dijo Cesar con orgullo. "Yo había estudiado judo" ). Los chicos que golpearon sus piernas con ortigas durante un juego (…). Los prefectos de servicio [de la escuela] que le obligaron a someterse a una "lluvia de castigo" helada hasta que su "piel se puso roja", o le golpearon" por decir palabrotas,"a pesar de que acababa de ser picado por avispas.”, relató Kurzweil. Luego de una de esas reuniones, el escritor recibió un mensaje de voz de Cesar en la madrugada. “Me doy cuenta de que lo más importante no se ha dicho. Y es que le pido disculpas por cualquier dolor que puedo haber causado... Realmente no me di cuenta hasta que me dijo que usted ha estado buscándome, y lo importante que es para usted. (…) Puede parecer que pasó hace mucho tiempo, pero aun así es perfectamente válido y muy importante... Porque no hay nada como el tiempo”. Kurzweil no está de acuerdo. “Sin el tiempo no podemos aprender”, opina. Una foto de Kurzweil del dormitorio que compartió con Cesar en Suiza. Uno de los efectos sorprendentes de su confesión a The New Yorker fue la cantidad de mensajes que recibió narrando historias similares. Hombres y mujeres, muchos de ellos de mediana edad, le agradecieron por compartir su historia, diciendo que también fueron intimidados cuando eran niños, en otras ciudades y países. "No hay duda de que Internet ha exacerbado los medios por los cuales las personas pueden acechar, acosar, hostigar," dijo Kurzweil a Yahoo News. "Sin embargo, la buena noticia en todo esto es que el mismo medio que hace que sea más fácil intimidar también junta a la gente para lidiar con esos traumas compartidos. Si no existiera Internet, yo nunca habría sabido de otros tres chicos que fueron intimidados por Cesar. El problema también contiene la solución". Pero Kurzweil apenas se preparó para los tipos de conexiones emocionales que su proyecto de pasión rendiría. A raíz de lo publicado en The New Yorker -dos meses antes de la aparición de su libro-, el escritor dice que su bandeja de entrada se inundó de mensajes de correo electrónico. Hombres y mujeres, muchos de ellos de mediana edad, le agradecieron por compartir su historia, diciendo que también fueron intimidados cuando eran niños. Kurzweil asegura haber leido correos de cientos de personas de todo el mundo, pero tres hombres en particular se destacaron del resto. Para estos hombres, todos de 50 años, la historia de Kurzweil era su propia historia. Ellos también habían ido a la escuela con Cesar y llevado las cicatrices de su acoso durante sus vidas adultas. "Ese fue el aspecto más inesperado", dijo el escritor a Yahoo News. "Es clásico. Al llegar abusado, te culpas. Pensé que era el único. Ahora todos estos chicos de mediana edad eran capaces de procesar el dolor que sentían. Uno de ellos dijo que nunca antes había hablado de ello."
Datos archivados del Taringa! original
2puntos
124visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

R
RamiFede4🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts98
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.