El viento, responsable de la virulencia de la tormenta Para los especialistas se trató de un fenómeno poco común. La virulencia con la que la tormenta de anteayer sorprendió a los bonaerenses y los porteños se debió a un fenómeno poco común para esta época. Se trató de un violento descenso de los vientos de una tormenta anunciada desde temprano por una masa de aire caliente, húmedo e inestable que hizo de la jornada un día típico de verano. "Treinta grados de temperatura, como la que llegamos a tener (anteayer) no se suele ver en esta época del año", comentó Carlos Nadale, asesor de la Dirección General de Red Pluvial de la Ciudad de Buenos Aires y uno de los dos meteorólogos que siguieron paso a paso los detalles de este fenómeno. Cuando media hora antes del mediodía se dio la alerta meteorológica los especialistas observaron que a la masa de aire caliente del Norte y la zona pampeana se acercaba, por el Sur, un frente de aire frío. Entre las 15 y las 16, según precisó Nadale, comenzaron a aparecer las tormentas . "Esas tormentas, llamadas supercelulares, se alinearon delante del frente frío en el nordeste de la provincia -comentó-. A veces, esas tormentas se organizan en familias y forman un arco de tormenta que puede abarcar 150 kilómetros o más, con vientos de la misma intensidad en ambos extremos." Y agregó: "Es muy probable que por los destrozos observados hayamos tenido uno desde Moreno hasta Dock Sud. Ese arco de tormenta demoró entre 10 y 15 minutos en cruzar la ciudad". Juan Manuel Horler, presidente del Centro Argentino de Meteorólogos, explicó que el aire cálido generado durante todo el día "generó una energía en la atmósfera que cuando pasó el frente frío provocó una tormenta de mucha altura. Toda tormenta es aire que asciende; por los costados y por delante se van dando ráfagas descendentes, que anteayer iban en cualquier dirección. Esas fueron justamente las que causaron los desastres". Con velocidad inusitada Habitualmente, las tormentas fuertes llegan con ráfagas de viento que pueden alcanzar los 60 u 80 kilómetros por hora. Sin embargo, las ráfagas transportadas anteayer rápidamente desde el nivel medio de la atmósfera hasta el nivel más bajo llegaron con una velocidad inusitada: 111 km/h en Mataderos, por ejemplo, y 113 km/h en Palomar. "La tormenta era muy grande y movía mucho más rápido los vientos que lo que ocurre habitualmente -señaló Nadale-. Anteayer estaban dadas todas las condiciones para que ocurriera un fenómeno con tanta virulencia." La buena noticia, según coincidieron los especialistas consultados, es que este tipo de tormenta no es tan habitual. "Se da cada tanto", sostuvo Horler. Para el especialista, que aclaró no contar aún con los detalles de la magnitud del fenómeno, que irán surgiendo a medida que se avance con el análisis de los datos recolectados, las secuelas de esta tormenta deberían alertar sobre algunas fallas en el sistema de alerta. "Desde el momento en que se acerca y se produce la tormenta hasta que pasa por un lugar, transcurre alrededor de media hora -indicó-. Con un radar, un observador ve avanzar el frente con estas tormentas. En el último tramo, que es cuando la tormenta está arriba, la gente que está en la calle no recibe el aviso. Por eso sería necesario ajustar bien el período que transcurre entre que se ve en el radar el avance de las nubes y la comunicación para que la gente pueda recibir esa información." Un servicio que no atiende Por su parte, el Servicio Meteorológico Nacional no pudo responder ayer las consultas de LA NACION por falta de personal. Inexplicablemente, respondieron: "Lamentablemente, no tenemos ningún difusor de guardia para poder explicar qué sucedió". De acá en adelante, con la información reunida, los especialistas comenzarán a estudiar la tormenta. "Estas tormentas pueden tener tres o cuatro kilómetros de diámetro. Si no pasa por una estación de medición, habitualmente no se registran", comentó Horler. "Por lo que escuché -resumió-, diría que fueron vientos de muchísima intensidad, que pudieron haber alcanzado quizá los 150 km/h, pero básicamente por el descenso muy violento de la tormenta. El análisis dirá cuál fue su magnitud." Tormentas trágicas * 31 de mayo de 1985 Para Buenos Aires pasó a ser el séptimo día más lluvioso en lo que iba del siglo XX y marcó un récord: en 25 horas, la inusitada precipitación totalizó 308,5 mm, una muerte por electrocución, 150.000 teléfonos inutilizados y el suministro de gas interrumpido. * 15 de abril de 1990 En casi seis horas de lluvia cayeron 117 mm y la ciudad quedó bajo el agua; hubo siete muertos y 20.500 usuarios de Segba sin energía eléctrica. * 16 de mayo de 2000 Hubo cuatro muertos y 40 heridos, más de 26.000 evacuados en la Capital y el conurbano y en Santa Fe cayeron 345,2 mm durante varios días, el viento llegó a 90 km/h. * Febrero de 2010 Se acumularon lluvias por 370,2 mm, apenas por debajo del pico de 403,3 mm producido en 2003 y por encima del promedio mensual de 117 mm. Más de 600 fueron a los CGP en busca de subsidios. Tormentas recientes * 1° de febrero de 2012 Un fuerte temporal trajo no sólo 50 milímetros de agua en 45 minutos sino también un caos en varios barrios de la ciudad y la zona norte del conurbano: interrupción de los servicios de subterráneo, cortes de tránsito y automóviles arrastrados por la corriente y pérdidas millonarias. * 25 de julio de 2011 Tres fueron los muertos y al menos 15 heridos fue el saldo que dejó por el fuerte temporal que afectó a la Capital y a varias provincias. Hubo caída de decenas de árboles, derrumbe de carteles publicitarios, voladuras de techos e interrupciones en las líneas de trenes. UNA ALERTA QUE NO LOGRÓ EVITAR EL CAOS El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) había emitido anteayer por la mañana una alerta meteorológica por probables tormentas fuertes en el sudeste, centro y norte de la provincia de Buenos Aires, sudeste de Córdoba, sur de Santa Fe, sur de Entre Ríos y el Río de la Plata. Esa información había sido difundida durante toda la jornada. Sin embargo, esa alerta no fue suficiente para evitar las víctimas mortales y el caos provocados por los fuertes vientos, el granizo y la lluvia intensa. La imagen de radar de Ezeiza muestra los desarrollos convectivos aislados que se formaban en las primeras horas de la mañana al extremo Noreste de Buenos Aires. Este pequeño sistema desorganizado produjo precipitaciones en forma de lluvia y granizo pequeño en algunas zonas. Hacia la tarde, el sistema de tormentas comenzaba a desarrollarse sobre el norte y centro de Buenos Aires. Varios sistemas supercelulares se desarrollaban en el norte de la provincia de Buenos Aires
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