InicioApuntes Y MonografiasLa gran odisea,emigración de gallegos (JD)
El autor de este post, ha sido testigo presencial de la labor realizada por los gallegos en la pesca peruana, conociendo a muchos de ellos, ya sea en su trabajo en Caterpillar, en la entrega de sus embarcaciones, como su labor en el sector pesquero durante muchos años. En lo que atañe a Celestino Garrido, mencionado aquí varias veces, tuvo la oportunidad de diseñar su embarcación de 240 Tn "Aurea Garrido" y haber trabajado en su empresa a cargo del mantenimiento de flota. Malpica es la expresión de la lucha del hombre con el mar. Arriba, una asombrosa imagen de una ballena -que los marineros de la villa llegaron a cazar con dornas a vela- rodeada por los habitantes del pueblo en los años 20. Antes de la gran aventura del mar, Chimbote se aburría bajo un verano sin pausa. La anchoa se devolvía al agua si por error se la pescaba. La bahía burbujeaba de bonitos que arrojaba la maremotá. El puerto era un lugar de paso en el que los hombres del mar apenas se detenían brevemente en sus calles de polvo y sus casas de adobe, mientras la tierra sonaba a sus pies como un tambor. Todo cambió cuando llegaron los gallegos. Eran los años que se vivía en una parranda sin fin. Los patrones de los barcos cerraban bares con su gente y la hombría se medía por la cantidad de billetes en el primer puerto pesquero del mundo. Los Garrido, los Alonso, los Pazos, los Penas formaban verdaderas tribus. En el Perú, a Chimbote se le conocía como la ciudad donde la plata brilla como la anchoa y corre como el rayo". Podría ser un pasaje de Cien Años de Soledad, pero es un fragmento del relato del escritor peruano Jaime Guzmán, también referente del realismo mágico como García Márquez, sobre el desconocido Eldorado erigido por los marineros de Malpica en el Perú de los años 50 y 60. "Malpica resulta ser una villa tan increíble que no sabemos si es una lanza que la tierra metió en el mar para conquistarlo o un enorme centollo petrificado, quien sabe por qué encantamiento", escribió también el poeta Manuel María. La mítica orquesta coruñesa Los Satélites toca en las fiestas de Malpica en 1940. La fascinación por este mítico portal de A Costa da Morte eternamente sacudido por el fiero viento Nordés y las tragedias del mar cautivó desde la noche de los tiempos a ilustres viajeros como Sarmiento, Cunqueiro, el historiador inglés Aubrey Bell -para quien A Costa da Morte comprendía desde Malpica a Vigo- o el mismísimo Cosme de Médici, heredero del gran ducado de Florencia, que en 1669 se empeñó en conocer el "más famoso puerto de pesca de las ballenas que llegan desde los lejanos mares norteños de Noruega y Groenlandia". La poética lanza malpicana de Manuel María no se limitó sin embargo a conquistar el indomable Atlántico gallego, sino que clavó su pica en el remoto Pacífico donde los pescadores de esta villa coruñesa irguieron un emporio mundial que el golpe militar del general Velasco Alvarado en 1969 y, sobre todo, el pavoroso terremoto que sepultó ciudades peruanas enteras en 1970, terminaron por echar abajo. A la izquierda, la carrilana que cubría la línea de Transporte de Malpica a Coruña en los años 30. Esta semana se cumplen casi setenta años del arranque de una de las mayores gestas marítimas, que ha dejado en la villa bergantiñana una profunda huella fácil de rastrear en los numerosos rostros de etnia andina asentados actualmente en Malpica como marineros y en la asombrosa sensación que produce escuchar hablar gallego a descendientes de los incas llegados a A Costa da Morte hace ya más de tres décadas. El 29 de agosto de 1938, con la guerra civil enfilando su tramo más sangriento y la represión franquista desatada en una costa coruñesa de enorme tradición anarcosindicalista -un día tras otro, cuerpos de marineros aparecían paseados en las cunetas- una inverosímil aventura se fraguaba en Malpica. El mar estaba en calma esa noche de verano, cuando un grupo de 26 marineros con ropa de faena y sacos con provisiones para dos días, burlan entre las sombras la vigilancia de los guardianes franquistas y consiguen embarcarse en tres lanchas. Patrones, armadores y marineros malpicanos en las instalaciones del Casino Español de Chimbote. En aquellos "vaporciños" -el Rocío, Ciudad de Montevideo y San Adrián- que nunca se habían aventurado más allá de ocho millas del puerto malpicán, los intrépidos 26 se proponen cruzar el océano y Francia. Celestino Garrido, uno de Los 26 que estaban llamados a convertir a Perú en una potencia pesquera mundial en directa competencia con Japón y Estados Unidos, disponía de una escueta hoja de ruta para semejante singladura: "Trinta e seis horas ó norte, e despois hai que tirar á dereita". Sabían que era una locura, pero atrás sólo le quedaban dos opciones: el paredón o el presidio. La travesía duró tres días. Sin radio, sin radar, sin cartas de navegación. Finalmente, sin víveres ni agua. Irónicamente, sus enemigos fueron sus salvadores. Un destructor nazi que apoyaba el bloqueo del Cantábrico por la flota franquista les confundió con náufragos y les facilitó comida, combustible y la orientación necesaria para llegar a Brest. De ahí, pasan a la zona republicana y combaten en el frente de Aragón hasta que la derrota los obliga a exiliarse por segunda vez en Francia. Los rigores de la guerra y las vilezas de los campos de concentración -tres de ellos pasarán por el campo de exterminio de Auchswitz- diezman al grupo. Sólo han sobrevivido 12 de los 26 originales y se reencuentran la noche del 5 de agosto a bordo del buque Winnipeg, la vía de escape que les ofrece el escritor Pablo Neruda -que no ignoraba la hazaña de sus compañeros de misión pedagógica que durante la República mostraron cuadros del Prado en Malpica-, entonces cónsul honorario de Chile en el país galo. El Nobel legó un testimonio del momento en su libro de memorias Confieso que he vivido: "Eran marineros, una muestra de la fuerza, del heroísmo y del trabajo". Celestino Garrido, el malpicano que desde 1941 y hasta su muerte no abandonaría a pesar de todo el Perú que ayudaría a levantar de la miseria y que acabó por despojarlo de su patrimonio, tiene su propio recuerdo de aquella odisea, como confesó en los años 80 al periodista gallego Luis Menéndez, que lo visitó en Perú. "Nosotros sabíamos que Chile tenía mucho mar y no dudamos en embarcar. Además de que eran los pasajes más baratos. Entre los exiliados había diferencias: los dirigentes políticos fueron a Rusia pagados por el gobierno de Stalin; los intelectuales y los republicanos de clase media se fueron, pagándolo de su bolsillo, a México. A Chile fuimos los más pobres: los marineros", relató Garrido. Los malpicanos del Winnipeg -los Garridos, Verdes, Chouciño, Alfeiráns...- pronto descubrirían que Chile no era su tierra prometida. Un paisano de Corcubión que andaba a la caza del lobo marino tras años de emigración en Argentina -Benigno Lago- les puso en la pista de un paraíso pesquero: en Perú había "farturentas" mareas de bonito que arrastraban las cálidas corrientes del Pacífico. Y nadie las pescaba. Años más tarde, la ciudad de Chimbote se convertía en el vértice de un emporio pesquero que asombraba al mundo. Y con ello, la vida de Malpica se desplazó once mil kilómetros al oeste, en las costas del Pacífico. A finales de los 50, más de cien familias malpicanas se habían instalado en Chimbote, acudiendo a la llamada de sus pioneros. Otro Celestino Garrido -Garrido Pose-, hijo de Bernardino Garrido, uno de los 12 del Winnipeg apodado cabeza rota, abrió la primera fábrica de harina de pescado del Perú en 1957. La experiencia marinera gallega multiplicó por tres el porcentaje de la pesca en el producto interior bruto peruano en sólo quince años, de 1950 a 1964. Garrido Pose producía en 1963 dos mil toneladas diarias de harina de pescado -en su práctica totalidad para la exportación- y tenía una flota de 24 barcos de 250 toneladas. Chimbote se había convertido en el primer puerto pesquero del mundo. "Había muchas fábricas y armadores de todas las nacionalidades. Corría el capital extranjero. En Chimbote vivíamos separados por colonias: los peruanos, los italianos, los norteamericanos, los malpicanos... había hasta armadores yugoslavos. Hay que vivirlo para saber lo que fue aquello. Había muchísimos barcos. El tráfico era incesante todos los días. Pescando, desembarcando y volviendo a pescar. Era un río de pescado", recuerda Manuel Suárez, hija del patrón de pesca malpicano Manuel Suárez Santiago Pejas, que comandó en Chimbote el buque estadounidense Richard T. "El pescado venía ya desde los muelles por tuberías hasta las fábricas y pasaba directamente al horno. Medían una tonelada y adentro, venga harina de pescado", relata José Luis Otero, propietario del popular bar Humboldt de Malpica, cuya hermana nació en Chimbote. "Mi padre trabajaba allí para el malpicano Garrido, que era el tercer armador del Perú. Cuando llegamos, yo tenía 14 años, los barcos eran de 130 toneladas, pero poco después los construyeron de 280, una barbaridad". "Salvo los pioneros, que escaparon de la guerra, la gran emigración de malpicanos a Chimbote fue por razones económicas -precisa Manuel Suárez, que tenía 9 años cuando llegó a Chimbote-. Emigraron muchísimas familias, pero no todos se quedaban. Muchos no soportaban el calor. Había algunos -más de uno, en todo caso- que se llevaron a Perú en sus maletas garrafas de agua de la fuente del pueblo. Eso delata el gran amor que le tenían". La increíble riqueza pesquera de Perú en aquellos años se debía a la proximidad de la corriente cálida de El Niño y a la actividad sísmica de las zonas. "Los frecuentes tsunamis, la maremotá, cumplía la misma función que aquí el mar de fondo y nos traía el pescado", explica Secundino Cuevas, que también pescó de joven en el Pacífico. La edad de oro de Chimbote comenzó a declinar en 1969, cuando el golpe militar del general Velasco Alvarado nacionalizó la pesca. "Ya no se podía mandar dinero fuera y expropiaron las fábricas y los barcos. La corriente ya había empezado a cambiar y el pescado se alejó. Cuando la tierra se abrió bajo nuestros pies en 1970, fue la señal para irse", señala Manuela Suárez. El pavoroso terremoto de 1970 destruyó ciudades enteras como Huaraz -35.000 habitantes-, capital administrativa de la que dependía Chimbote, que registró 12.000 muertos. El éxodo malpicano retornó a su origen. "Algunos se quedaron allá, pocos, la mayoría se vino y algunos tuvieron barcos del Gran Sol o bacas del día, sobre todo en el puerto de A Coruña, pero en general no les fue demasiado bien", cuenta Manuela Suárez. El diputado coruñés de Izquierda Republicana Emilio González López durante la colocación de la primera piedra del puerto de Malpica en 1931. Entre los que se quedaron se cuenta Garrido Pose, que llegó a ser uno de los hombres más influyentes del Perú con acceso directo a Belaúnde Terry, el presidente anterior al golpe. Al día siguiente de la asonada, el ejército ocupó su fábrica y se quedó con sus barcos por un precio irrisorio. El periodista Luis Menéndez escuchó sus confesiones entre tragos de pisco en 1985 frente a las ruinas de lo que un día fue la mayor factoría mundial de harina de pescado y al paisaje desolado de los barcos varados o semihundidos que fueron la flota pesquera más poderosa del Pacífico. "Sólo quedamos los que teníamos la vida más asegurada, el resto escapó como si hubieran visto al demonio". La nueva generación de Garridos -como Lucho o Tino- viven en Lima dedicados a negocios distintos de la pesca, sus hijos estudian en la universidad y los fines de semana se divierten en los locales de Miraflores sin olvidar jamás su colt 45 en el bolsillo interior de la chaqueta. En el Hogar del Pescador de Malpica sobreviven milagrosamente unos fantásticos murales modernistas de Urbano Lugrís que ilustran con abismales monstruos marinos la brava historia de este puerto. Mar dos avós, dos fillos e dos netos, dános decote a mantenza da túa entraña, dice uno de sus versos. Junto a ellos pasan la tarde marineros jubilados cuya vista gastada se pierda en la brumosa línea del horizonte. Por allí pasó la noche del 5 de agosto de 1939 el buque Winnipeg camino de su entonces incierto destino con los 12 pioneros malpicanos a bordo. Celestino Garrido -el otro Celestino, uno de los huidos, que tampoco regresó- comentó ese momento mágico antes de su muerte: "Esa noche nos asomamos a la varanda del barco. A muchas millas adivinamos las luces de Malpica. Fue la última vez que vi mi tierra, pero esas luces jamás se borraron de mi retina". Cuando Chimbote era el primer puerto pesquero del mundo, allí trabajaban un montón de malpicanos. Ahora, curiosamente, eso se dio la vuelta. Ahora hay gente peruana trabajando en Malpica o en barcos de la mercante. Mi marido, por ejemplo, cuando se jubiló, dejó en su sitio a un peruano, que va y viene, la familia la tiene todavía allá, como nosotros entonces. La historia dio la vuelta, como si las aguas cambiaran de movimiento", reflexiona Manuel Suárez, hija de un patrón pesquero que pescó en los años 60 en Eldorado peruano. Si uno se para a observar cualquier domingo la gente que pasea por los muelles de Malpica, se encontrará con muchos ojos rasgados, teces cobrizas y fuertes y anchas complexiones. Máxima Zúñiga López, Lola, Juana-Alejandrina o Aliana Huertas fueron de las primeras descendientes de los incas que se asentaron en la villa bergantiñana hace ya más de tres décadas. "Yo conocí a mi marido, Domingo Suárez, un patrón de pesca malpicano el mismo día del terrible terremoto de 1970", recuerda Aliana Huertas. Trabajaba como enfermera en el Hospital Obrero de Chimbote y le confió a Domingo, su vecino, unas pertenencias rescatadas de su casa derruida por el dantesco seísmo. "Una cosa es contarlo y otra vivirlo. Yo iba caminando por la calle principal y de pronto la tierra se abrió bajo mis pies. El agua caliente salía furiosa de las tuberías y las casa se caían una sobre otra. Fue un infierno, creo que hubo más de doce mil muertos sólo en Chimbote", cuenta Aliana. Pocos meses después se casaron. "Las cosas ya estaban muy mal y Domingo quería venirse. Yo me casé con la condición de que teníamos que venirnos para Malpica. Domingo compró aquí un bote y poco después una motora de cuatro personas para la pesca del día, hasta que se jubiló". Victor Rául Alfaro Chiquilín, de 48 años, pertenece a una nueva y creciente comunidad peruana que comenzó a asentarse en Malpica para trabajar en la pesca a partir del año 2000. "Fuimos reclamados a Chimbote por armadores de Malpica que saben bien cómo trabajamos", comenta Victor Raúl, que espera para el mes de diciembre la llegada de su esposa y de sus dos hijas desde Chimbote. "Al principio sólo estábamos hombres, pero poco a poco se han traído a sus esposas. Ahora hay una media docena de familias peruanas en Malpica, pero la comunidad está creciendo", explica el pescador peruano, que vivió a los 11 años el terrible terremoto de 1970. "Un pueblo de veinte mil habitantes desapreció sepultado por las aguas de una laguna. Sólo quedó en pie una palmera. Cuando se produjo este último reciente seísmo en Perú que afortunadamente se sintió muy poco en nuestra zona, en el norte, yo le decía a los amigos de Malpica que vi otros mucho peores. Malpica nos ha tendido la mano y es una villa tranquila en la que estamos muy a gusto", afirma Victor Raúl. Saludos de JD
Datos archivados del Taringa! original
81puntos
299visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

j
jesusdalmau🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts399
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.