El sexo es una trampa para no extinguirse
-Una noche calurosa, se despertó sobresaltada, empapada en sudor, tan sola en su cama, tan vacía, no podía concebir de nuevo el sueño, decidió levantarse a por un vaso de agua. Pensó en llamar a ese chico, pero era ya tarde.
Cogió el coche, suspirando de deseo salió en busca de ese hombre, sabía que al llegar lo encontraría acostado en su cama, respirando profundamente, le gustaba verlo dormido, y su deseo por acariciarlo besarlo aumentaba cada segundo, ansiando encontrárselo.
Cogió una copia de la llave, justo debajo del felpudo del chico se albergaba, con sigilo entro, como hace varias noches en un fortuito encuentro. Estaba excitada y su deseo de poseerle era cada vez más mayor.
Lo vio acostado sin ropa, la sabana le cubría media cintura, que no pudo resistir llevarse la mano a su entrepierna, y notar como su miembro iba creciendo a cada paso que ella le hacía.
Sonrió al notarle que estaba eréctil como una piedra, sintiendo su respiración, él se puso a gemir de placer, abrió sus ojos, hay estaba ella, en su expresión albergaba deseo y excitación.
El empezó a tocarla entre sus piernas, deslizándose suavemente, no dejaba de mirarle, lo único que podría hacer era gemir, sentir el tacto de su piel, desnudándola mientras la besaba, su respiración era más agitada, estaba demasiado humedecida cada vez más, solo quería que el la poseyera.
Ella lo tenía donde quería, deseando que él se la metiera, pero le aria sufrir, esperar a que disfrutase el momento. La cogió bruscamente, empezó a besarla como si fuera su última vez, la echo sobre la cama, poniéndose sobre ella.
Ella no podía dejar de mirar su erecto pene, salivaba, suspiraba, estaba cachonda esperando a que la penetrara con fuerza. El empezó a besarla por su abdomen hasta llegar a su vagina, empezó a lamerla hasta llegar a su clítoris, absorbiéndola, ella cada vez más mojada, con ganas de él, no podía hablar solo le salían gemidos constantes cada vez más fuertes.
El esperando que ella llegara al clímax, cuando parecía que ella llegaba el freno en seco, se incorporó a su mismo nivel, la beso con deseo, abriendo sus piernas, insertando su pene, cada vez más rápido, embistiéndola con fuerza, más profundo, más intento, una y otra vez, cada vez más rápido, sus gemidos se podían oír en todas partes de la casa.
Cuando no podían más explotaron ambos a la vez, el apretaba su pene, y ella hacia el con fuerza, para que ella sintiera como su corrida entraba en su interior y a su vez el notara sus contracciones. Ambos se les transportaban sus cuerpos hacia las estrellas, una vez terminado ambos en la cama se echaron a reír, por la felicidad de sus orgasmos. El la beso dulcemente, y de ella salió una palabra.
Gracias.