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Un cordobés en el Titanic

Info4/11/2012

Mientras se hallaba estudiando en Londres, Edgard Andrew, cordobés riocuartense, 17 años, recibió una carta de su hermano mayor, Alfred (ingeniero de la Armada Argentina), quien se encontraba en Nueva Jersey, supervisando la construcción de buques destinados a nuestro país. Alfred lo invitó a su casamiento con Harriet Fisher, una viuda millonaria.

El único incoveniente era que la novia de Edgard -la porteña Josefina Cowan- viajaba en esos días a Londres. Por ese motivo, el cordobés resolvió partir en el vapor Oceanic el día 17, lo que le permitiría ver antes a su Josey, quien estaría arribando el 14 o 15. Al menos, esa era la idea hasta que una huelga de carboneros lo obligó a cambiar sus planes. Debido a la falta de provisión de carbón, la compañía White Star tuvo que cancelar la partida de tres de sus barcos: el Majestic, el New York y el Oceanic. Prefería emplear todo el carbón del que disponía para el viaje inaugural de la flamante estrella de la compañía, el majestuoso trasatlántico Titanic, de 269 metros de eslora.


Edgard Andrew no tuvo más remedio que aceptar su mala suerte y canjear su pasaje del Oceanic por uno en el Titanic, que partiría una semana antes y que no le permitiría ver a su novia Josey (a quien se ve a la izquierda de Edgard en la foto). Optó por un camarote compartido de la Segunda Clase, cuyo valor correspondía a unos 650 dólares actuales.

Dos días antes de partir rumbo al naufragio más conocido de la historia universal, dejó una carta –escrita en inglés– para su novia:

Debes saber, Josey, que debía partir el día 17 de este mes a bordo del Oceanic, pero debido a la huelga de carboneros el vapor no hará el viaje, así que debo salir una semana antes a bordo del Titanic. Realmente parece increíble que deba irme unos días antes de tu arribo, pero no hay solución para eso: debo partir. Estaré embarcado en el mayor vapor del mundo, pero no me siento para nada orgulloso: ahora mismo desearía que el Titanic estuviera en el fondo del océano.

A las 12:05 del viernes 10 de abril de 1912, en el puerto de Southampton, se embarcaba en el Titanic el cordobés Andrew, uno de los argentinos que participó del fatídico viaje. Ese mediodía, luego de acomodar su valija en el camarote, compartió la mesa del elegante comedor de Segunda Clase con los integrantes del grupo de compañeros de travesía que le tocó en suerte: la maestra Winnie Troutt (27 años), el empresario Jacob Milling (48), Bertha Illet, el matrimonio de Charles y Alice Louch y el único Andrew, además de él, que había en todo el barco. Nos referimos a Frank Andrew, minero, con quien no tenía ningún parentesco.

En su primera tarde a bordo, mientras el gigantesco vapor cruzaba el Canal de la Mancha, Edgard escribió dos postales, una para su hermano Wilfred y otra para su amigo Pancho Despósito, quien se hallaba estudiando reproducción lechera en Turín. El 11 al mediodía tocaron el último puerto, Queenstown, en Irlanda. Edgard, como tantos otros, aprovechó para despachar correspondencia. Abordaron los nuevos pasajeros, bajaron siete y el gigante se lanzó al Mar del Norte.

A las 23:40 del martes 14 de abril de 1912, el coloso del mar se topó con un iceberg que surgió de entre la espesa niebla. Fue divisado a 450 metros de distancia y la reacción de la tripulación fue rápida, pero ya era demasiado tarde. El impacto por el choque se sintió mucho más en la Tercera Clase (ubicada en los niveles inferiores) y en la Segunda (situada en los niveles intermedios), donde viajaba Edgard Andrew. En la Primera, apenas lo notaron.

Andrew salió de su camarote y se encontró con Milling. Los hombres especulaban acerca del sacudón que sintieron cuando se sumó Winnie Troutt, quien venía de la cubierta. La maestra se mostraba preocupada. Les contó que había oído que el Titanic había embestido a un iceberg. “Vamos a hundirnos”, les dijo. Edgard sonrió y le aseguró que no había motivo para preocuparse. El empresario Milling también intentó tranquilizarla. Le explicó que era fácil comunicarse con otros barcos que navegaban por la zona, que él mismo había enviado un mensaje telegráfico esa tarde y que, en caso de estar en peligro, eso haría el capitán.

Regresaron a sus camarotes. Pero más tarde, fueron advertidos por tripulantes que recorrían los pasillos golpeando las puertas, que debían salir a cubierta con sus chalecos salvavidas puestos. En medio del caos el cordobés Edgard Andrew se topó con una angustiada Winnie Troutt en la cubierta. La gran preocupación de ella no era conseguir un lugar en un bote; lo que lamentaba era no tener su correspondiente chaleco salvavidas. Edgard se quitó el suyo de inmediato y se lo entregó.

Esa noche, el océano se quedó con los sueños de 1522 víctimas. Incluso, los de Edgard Andrew.

- Wilfred Andrew recién se enteró de que su hermano menor viajaba en el Titanic cuando recibió la carta en la estancia de Córdoba varias semanas después de la tragedia.
- Josey Cowan arribó a Londres el 21 de abril. Esperaba encontrarse con Edgard, pero sólo estaba la carta, aquella en la que él maldecía la existencia del Titanic porque no le permitiría verla.
- Winnie Troutt murió cinco meses después de cumplir los 100 años de edad, en 1985.
- La valija del cordobés que se embarcó en el Titanic fue recuperada en agosto de 2000.

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