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“Venga conmigo, y revisaremos una vida física en la que usó una
forma femenina en Francia, en la cual fue una cantante de gran éxito,
con una voz de exquisita belleza y poder”.
Inmediatamente, sin el más mínimo esfuerzo por parte mía, estuve fuera
de mi cuerpo físico, viéndolo claramente mientras reposaba sobre el
suelo. Me pregunté si estaría a salvo allí sobre la ladera de la montaña, y
en contestación a mi pensamiento, replicó Saint Germain:
“No se preocupe. Nada en el mundo puede dañar su cuerpo mientras
estemos fuera. ¡Observe!”.
Instantáneamente vi mi cuerpo rodeado por una Llama Blanca, formando
un círculo de unos quince metros de diámetro.
Él colocó su brazo derecho alrededor mío, y vi como nos elevábamos
rápidamente del suelo, mientras me ajustaba con prontitud a su acción
vibratoria. No hubo un definido sentimiento de movimiento a través del
espacio, pero de pronto vimos hacia abajo, un pueblo en el Sur de
Francia, y Él continuó:
“Aquí nació usted como hija única, la hija de una bella mujer, cuya
vida fue un ejemplo de idealismo muy adelantado con relación a la
mayoría de aquel periodo. Su padre fue un marido y compañero muy
devoto, de alta cultura, e inspirado por el primitivo Espíritu Cristiano”.
“El éter atmosférico de cada entorno registra todo lo que ha ocurrido
en esa localidad. Reviviré estos Registros Etéricos y podrá ver imágenes
vivientes, dando cada detalle de su vida”.
“Usted cantó en la iglesia de esta localidad y estudió con una maestra
que persuadió a sus padres para que le permitieran que la entrenara.
Hizo rápidos progresos, y entonces recibió todavía mayores ventajas al
trasladarse ellos a París. Después de un año de intenso estudio, llegó
una oportunidad para cantar ante la Reina de Francia, y a través de su
patrocinio tuvo actuaciones en muchos de sus salones. Esto le aseguró
una carrera musical exitosa. Francia y el éxito prodigaron sus dones
sobre usted durante los cinco años siguientes, y acumuló mucha
riqueza”.
“De pronto ambos padres pasaron a través del cambio llamado muerte,
y el impacto fue muy grande para usted, seguido por varias semanas de
seria enfermedad. Cuando se recuperó y retornó de nuevo a los
conciertos, una nueva cualidad compasiva se había incorporado a su
voz, a través de la reciente experiencia del dolor”.
“Un hombre, que había guiado mucho de su estudio musical, llegó a
ser director de su trabajo público, y usted llegó a depender de él como
alguien que parecía ser digno de confianza. A continuación siguieron
catorce años de brillante éxito, al final de los cuales usted enfermó
repentinamente y ‘pasó’ (falleció) en el plazo de una semana. Sus joyas
y sus riquezas las dejó a cargo del director para ser usadas en ayudar a
otros, y para cumplir ciertos planes para los cuales había trabajado
toda su vida. Apenas habían finalizado los ritos funerarios, cuando
tuvo lugar un completo cambio dentro de él. La codicia tomó
enteramente posesión de él. Ahora le mostraré este hombre a quien
conoció hace algunos años aquí en América en su vida presente. Estoy
bastante seguro de que recordará claramente el incidente de negocios”.
A continuación me mostró una relación comercial en la cual yo pretendía
ayudar a diversa gente, mientras estaba en el Oeste, hacía unos diez años,
en conexión con un representante del gobierno Belga.
“A este hombre,” -continuó Él-, se le dio una oportunidad aquí para
corregir la equivocación cometida con usted en Francia. Se le mostró la
condición, y supo perfectamente bien la situación por la cual se lo
mostramos, pero no era aún lo suficientemente fuerte para dejar operar
la Gran Ley Cósmica de Justicia, y saldar esa deuda. Si lo hubiese
hecho de propia voluntad, hubiera obtenido la libertad en muchos
modos y le hubiese permitido progresar mucho más rápidamente en
esta encarnación”.
Es de este modo cómo la vida externa mantiene al individuo atado a la
rueda de la necesidad, renacimiento, continuada lucha, y dolor, hasta que
permitimos que la “Luz del Cristo Interno” nos ilumine y purifique,
para que podamos responder solamente al Plan de Dios -Amor, Paz, y
Perfección para Su Creación-. Esta es la clase de lección que uno nunca
olvida, porque la enseñanza objetiva registra la experiencia en la visión,
lo mismo que en la mente. El registro en la vista es más profundo, y
necesariamente recibe más atención desde la actividad externa del
intelecto.
La esencia de esta experiencia olvidada hace tiempo, se fijó ciertamente
ella misma en mi memoria permanentemente, porque puedo recordar cada
detalle de ella hasta hoy día, tan claramente como cuando la observé con
Él.
“Ahora,” -prosiguió Él-, “recordaremos otra de sus encarnaciones
-una ocurrida en Egipto-”.
Nos elevamos del suelo y proseguimos rápidamente hacia adelante. Yo
era muy consciente del Mar Mediterráneo, según pasábamos sobre sus
bellas aguas. Nos dirigíamos a Karnac y Luxor, cuando tomamos de
nuevo contacto con la Tierra.
“Observe atentamente,” -dijo Él-. “Este registro es de un templo muy
antiguo en Luxor -no de esos cuyas ruinas están explorando hoy los
arqueólogos, sino uno que es anterior a cualquier otro que haya sido
descubierto hasta el presente-. Si ellos supiesen dónde buscar,
encontrarían templos magníficos en un estado de conservación casi
perfecta”.
Indicándome un cierto lugar lleno de ruinas, que es todo lo que los
viajeros pueden ver hoy, la escena fue reemplazada por la actividad en el
éter, tal como había sido originalmente en toda su belleza y esplendor,
mucho más magnífica que cualquier cosa de la cual tenga idea la presente
generación.
Los jardines y estanques estaban rodeados por grandes pilares de mármol
blanco y granito rosa. La localidad entera llegó a ser viviente -real y
vibrante-, y justo tan tangible como cualquier ciudad física actual de la
Tierra. Se veía tan perfectamente natural y normal que pregunté de qué
modo hacía Él tan vívidas estas experiencias.
“El hombre y su creación,” -replicó Él-, “como también la Naturaleza,
tienen una contraparte etérica -un patrón- que hace su impresión
eterna sobre la atmósfera alrededor de él, dondequiera que se mueve.
El patrón de la actividad del individuo y de la experiencia de la vida
está dentro de su propia aura todo el tiempo. Un registro similar existe
en el aura de cada localidad. Un Maestro Ascendido puede, si así lo
elige, revivificar o revestir el registro de las actividades anteriores del
individuo, dondequiera que esta persona ocurra que se halle, porque el
patrón sobre el cual reúne el Maestro Ascendido la estructura atómica,
está siempre en el aura de ese individuo. Cuando el Maestro reviste el
registro de una localidad, debe hacerlo en el mismo y específico lugar;
porque tal registro, cuando se reviste, llega a tener la misma forma y
estructura viviente que tenía antes, cuando se construyó por primera
vez en la sustancia física”.
“De este modo es posible agrupar de nuevo la estructura física de un
edificio completo y de sus alrededores, cuando así lo desea el Maestro
Ascendido, para lograr algún buen propósito. Cuando uno ha obtenido
este Dominio dado por Dios, él puede revestir y reanimar cualquier
Registro Etérico que desee hacer visible para enseñanza y beneficio de
los estudiantes y de otros”.
“Cuando hace esto -es tan real como la realidad misma-, y los
objetos revestidos se pueden fotografiar, manipular y hacer tangibles a
los sentidos físicos de aquel que los observe”.
“Fíjese”, -me recordó Él-, “usted está experimentando estas actividades
en su cuerpo más sutil, pero no son menos reales a causa de esto,
porque su cuerpo físico es solamente una vestidura que usted, el Ser
Consciente, pensante, y experimentador, lleva puesta”.
“Es lo mismo que si llevara un grueso abrigo en el frío invierno y
solamente un traje ligero en un día del caluroso verano. Las
experiencias en el traje ligero no serían seguramente menos reales
que las vividas cuando lleva puesto el abrigo grueso. Traigo esto a su
atención para que pueda entender las actividades mayores y menores de
la Vida”.
Examinamos entonces los terrenos, el entorno y la arquitectura.
“Venga y entremos”, -dijo Él-, “y mientras hablaba avanzamos unos
pasos y atravesamos la entrada principal, entrando dentro del mismo
templo. Nosotros entonces nos volvimos actores vivientes y al mismo
tiempo observadores de la experiencia siguiente. Pasamos dentro de
la parte principal del templo, y proseguimos hacia el Santuario Interno.
El Sumo Sacerdote vino directamente en nuestra dirección, y pareció
reconocerme”.
“Este sacerdote de tiempos antiguos”, -explicó Saint Germain-, “es
ahora su hijo”. Apareció entonces un sacerdote menor a quien
inmediatamente sentí que conocía, y el Maestro señaló: “El sacerdote
coadjutor era usted mismo”.
Entramos al Santuario Interno y vi la virgen vestal guardando el Fuego
Sagrado. Ella, a la que ahora observaba, era Lotus, mi bienamado Rayo
Gemelo, a quien conocí y con quien me casé hace algunos años, y es la
madre de nuestro hijo.
La escena cambió y vimos a un príncipe visitante de una distante
provincia que planeaba apresar a la virgen vestal para hacerla su esposa.
Todo parecía ir bien, hasta que el Sumo Sacerdote tuvo una visión de lo
que iba a ocurrir. Eso le perturbó pero se contuvo.
Se puso en guardia cuando vio entrar a los esclavos del príncipe y los
observó al aproximarse éstos al Santuario. Cuando se acercaron más, él
avanzó unos pasos y pronunció tan sólo una palabra que significaba,
¡Parad!
Un esclavo más atrevido que el resto entró. El Sumo Sacerdote le advirtió
que retrocediera, pero él todavía se acercó más. Cuando alcanzó un cierto
Círculo Sagrado de fuerza, que emanaba del Altar, el sacerdote no lo
dudó por más tiempo. Avanzó hasta el borde externo de esa Radiación
Protectora, elevó su mano derecha y apuntó directamente al esclavo.
Una ráfaga Llameante salió disparada como un rayo y el esclavo cayó sin
vida al suelo. El príncipe, que estaba observando, se adelantó con insano
furor.
“¡Para!,” ordenó el sacerdote de nuevo en un tono de voz similar a un
trueno. El príncipe dudó por un momento, aturdido por el mismo poder de
la palabra, y el sacerdote continuó:
“¡Escúchame!, tu no profanarás el mayor de los Dones de Dios al
Templo de la Vida. ¡Márchate! Antes de que sigas la misma suerte de
tu descarado y atrevido esclavo”.
El Sumo Sacerdote era totalmente consciente del poder que podía
manejar, y mientras vigilaba al príncipe era la misma encarnación del
autocontrol de ilimitada fuerza, conscientemente mantenida en obediencia
a su voluntad. Se veía Majestuoso, coronado con Poder Eterno.
La voluntad del príncipe era también poderosa, pero no tenía control
sobre sí mismo y, cuando le envolvió otra oleada de ciega rabia al verse
contrariado, se lanzó hacia adelante, dando rienda suelta a su lujuria.
El sacerdote, rápido como un relámpago elevó su mano. La Llama se
disparó una segunda vez y el príncipe siguió la misma suerte de su
anterior esclavo.
Saint Germain se dirigió a mí, y explicó la experiencia todavía más
ampliamente.
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