Seguid mi enseñanza, nunca repetir sin conocimiento, mis palabras
By
Gabriel Castll
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Gabriel Castll
Jesús detuvo sus pasos y dirigió su mirada a aquellos que le seguían, por brillar con luz propia y ser la lampara de sabiduría que iluminaba su diminuto mundo. Regaló unas palabras a los desafortunados para que tuvieran el alimento del día:”a dos individuos Dios les habló, pero solo uno llegó a conocerle bien. Aquel que resuelva bien el acertijo de mis palabras el cielo les espera, pero aquellos que sean oscuridad y no resuelvan nada, ¡olvido!, el destino les depara... Un individuo escuchó la voz de Dios y corrió a buscar a los suyos y ante ellos celebró una conferencia, les mostró todo aquello que hizo para que Dios le bendijera con sus palabras y Dios nunca apareció, de charlatán le trataron y ridículamente se mostraba ante los suyos, presumiendo su único encuentro con Dios... el otro escuchó a Dios, dudó que fuera Dios quien se expresaba, así que trató por todos los medios de descubrir el secreto, mas nunca descubrió la verdad absoluta, vagó y vagó en busca de la verdad, pero solo se encontró así mismo, supo que Dios le había hablado dando motivo a su viaje y en su mucho andar por el mundo, descubrió una y mil verdades. Nunca creía todo lo que veía, escuchaba decir o leía, siempre se cuestionaba donde radicaba la mentira de aquello y descubría la verdad, por cuenta propia”.
Muchos se acercaron a Jesús a pedirle que les explicara que significaba aquello y el solía decir a los que le seguían:”muertos entierren a sus muertos y hagan de sus propios cadáveres, una ofrenda a dios; porque de no ser así, jamás conocerán el reino de los cielos, reinó que abre las puertas del conocimiento y a donde solo llegan los que no abandonan el difícil camino cuesta arriba y abandonan la estupida costumbre de preguntar, dando a entender con ello, quien es el maestro y quien el discípulo”.