El Titanic, bautizado paradójicamente 'el insumergible', colisionó, durante su viaje inaugural desde Southampton (sur de Inglaterra) a Nueva York, contra un iceberg y se hundió el 14 de abril de 1912 al sur de Terranova (Canadá).
El buque, el más lujoso de la época y protagonista de uno de los mayores desastres marinos de la historia, naufragó sin la llave que abría el armario donde se guardaban los binoculares, instrumento clave en la detección de obstáculos durante la navegación. Desafortunadamente para el Titanic y sus 1.522 víctimas mortales, el responsable de la llave, el segundo oficial David Blair, fue relevado de la tripulación por un cambio de mando a última hora, pero olvidó entregarla a su sustituto, Charles Lightoller.
Blair se quedó en tierra y con la llave en el bolsillo, pese a conocer bien el buque, pues había viajado en él desde Belfast, en Irlanda del Norte y cuna del transatlántico, hasta Southampton para poner rumbo a Nueva York el 10 de abril de 1912.
"Éste es un barco magnífico. Me siento muy decepcionado por no participar en su primer viaje", llegó a lamentar el oficial en una postal que envió a su cuñada.
David Blair
Blair sólo se dio cuenta de la llave, de hierro y con una pequeña placa colgante dorada, después de que el Titanic partiera de Southampton, de ahí que "pudiera hacer poco aparte de quedársela como recuerdo". Sin la llave que permitía el acceso a los prismáticos, los vigías del transatlántico dependían de su vista y, por esa razón, sólo atisbaron el iceberg cuando ya era demasiado tarde.
El vigía Fred Fleet, uno de los supervivientes del desastre, declaró años más tarde ante una comisión estadounidense que investigó la tragedia que, de haber dispuesto de los binoculares, la tripulación podría haber reparado a tiempo en la masa de hielo.
Preguntado por el senador Smith, presidente de la investigación del naufragio, si se podría haber divisado el iceberg de haber contado con prismáticos, Fleet respondió: "Podríamos haberlo oteado un poco antes" con la antelación "suficiente para apartarnos del camino". Ante la posibilidad de culpar a Blair del siniestro, Aldridge dijo en su defensa que, "en términos de culpabilidad, habría que mirar al capitán, Edward John Smith", dado que "el buque iba demasiado rápido sobre una superficie helada de la que le habían advertido".
Blair, que años más tarde llegó a ser condecorado con una medalla por salvar en una ocasión a un marinero en el Atlántico, regaló la llave a su hija, Nancy, que acabó donándola en los años ochenta a la Sociedad Internacional de Marinos del Reino Unido. Este es "uno de los artefactos más importantes del Titanic en ver la luz".
Charles Lightoller, substituyó a Blair y a quien debería haber dado la llave.
La buena estrella de David Blair también persiguió a su sustituto, Charles Lightoller, quien se convirtió en el oficial de más alto rango del transatlántico en sobrevivir al desastre, para en 1940 ayudar en la Operación Dynamo, el rescate de las fierzas británicas en Dunkerque.
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