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Cosas interesantes que pasan mientras no vemos Tinelli.

Info4/22/2012




Un crimen en el Chaco
Monstruos perfectos comienza en un punto definido del Chaco: Puerto Barranqueras. El término, acaso, sea
algo pretencioso: pocos sabrán de ese pequeño pueblo a la orilla del río Paraná. Pero pronto ese punto
medianamente definible, perdido en el mapa provincial, se extiende en otro Chaco, que no se encuentra en
las rutas y que sin embargo es una condensación de la llanura chaqueña, donde gringos, indios y criollos
alargan sus días bajo el sol inmenso y el trabajo bruto de la tierra seca. En aquel mundo algodonero, hay un
pueblo que se desarrolla como Macondo o Santa María: Estero del muerto.

Un tal Molfino
Durante casi diez años Miguel Ángel Molfino (1949) escribió Monstruos perfectos. (México, Buenos Aires,
Resistencia son algunos de los lugares donde pulió su mejor obra hasta que finalmente la publicó en 2010.)
Yo me atrevería a decir, sin embargo, que Monstruos perfectos empezó a ser escrita mucho antes: mientras
Miguel gastaba sus días en una cárcel de la ciudad de La Plata y su mundo cotidiano se estrechaba dentro y
fuera de los barrotes. Pero me adelanto; por lo pronto me alcanza decir que Monstruos perfectos es uno de
los policiales negros más cerrados del género.  



Justamente, la crisálida es un estado de transición, un proceso de gestación, de metamorfosis, ¿cuándo y cómo se gestó esta novela?
La inicié y la terminé en 2006, no bien acabé mi primera novela, “Punto de fuga”. La gestación de una novela es algo misterioso, yo al menos nunca sé por qué en un determinado momento siento la necesidad de escribir ciertas cosas, y de dedicarme por entero a un proyecto que sé que me va a insumir un tiempo prolongado. Lo que sí tengo claro es que la novela nació desde la necesidad de seguir escribiendo algo de largo aliento, ocupar mi tiempo placenteramente, saber que me iba a levantar a la mañana siguiente y seguiría conectado con una historia. Por suerte, este deseo de creatividad me sigue acompañando. Además, siempre quiero escribir sobre la demencia, las alteraciones mentales y sus consecuencias, y un contexto como el manicomio, que ya lo tenía presente como posibilidad de ficción, me sirvió de disparador para lo que quería decir.


Augusto Porporato es cordobés; nació 1973 y desde la infancia se dedicó a la música. Se ha presentado en muchos escenarios del país como concertista de piano. Estudió el traductorado de alemán hasta descubrir la pasión por la literatura. Es corrector del diario La Voz del Interior, en el que realiza comentarios de manera esporádica. Con su primera novela “Punto de fuga” resultó finalista los premios Planeta (2005) y Emecé (2007). Tiene un par de novelas que aparecerían próximamente.



Con todos o casi todos los guiños a la cultura popular y con aires de comic y de western conurbano, Kryptonita es la biografía polifónica de Nafta Súper (Pinino), cuya historia se va develando a lo largo de la novela para reconstruir vida y obra de este singular personaje a través de las diferentes voces de la banda que lidera, mientras agoniza en la camilla de la sala de emergencias del hospital Paroissien, en Isidro Casanova.

Allí, mientras su jefe y compañero sufre por la herida que le han infringido con un pedazo de vidrio verde, Lady Di –la travesti enamorada–, Ráfaga, Juan Raro, el Faisán, el Hombre de la Noche (como diría Alejandro Soifer en Página 12: “Los Super Amigos en versión ‘mala vida’”) van tratando de explicar, de hacer entender al médico de guardia (el “doctor González”) por qué debe salvarlo y por qué, finalmente, no se trata de un delincuente sino de una especie de héroe o, más bien, de antihéroe que una serie de causalidades colocaron donde está, en el oeste del Gran Buenos Aires.

Se trata de mantenerlo vivo hasta que salga el sol para que así pueda resurgir de su agonía y rechazar a la Policía Bonaerense que ha rodeado el hospital con el único objetivo de aniquilar a la banda, cueste lo que cueste.

Y es a través de ellos, de las voces que construyen el relato, la biografía apócrifa, que inclusive uno, el lector, va tomando conciencia de que nadie es quien es por haber nacido como y donde nació (aunque, en este caso, tengamos en cuenta las particularidades de Pinino), sino que la personalidad –las personalidades de los diversos personajes– se va construyendo con el devenir casual y causal de tiempo y espacio. Nafta Súper, como cualquier hijo de vecino y aún siendo un ser especial, es hijo del contexto, fue condicionado por él, por el sitio y la circunstancia que la suerte le deparó: La Matanza.

Oyola nació en La Matanza (Buenos Aires, Argentina) en 1973. Escribe policiales y le guiña un ojo a lo fantástico. Colabora en la edición argentina de la revista Rolling Stone. Sus cuentos han sido seleccionados en varias antologías y medios gráficos de nuestro país, Francia y España. Tiene publicadas las novelas Santería y Sacrificio para la colección Negro Absoluto que dirige Juan Sasturain, además de Siete y el Tigre Harapiento, Hacé que la noche venga, Bolonqui, Gólgota (traducida al francés) y Chamamé (Premio Dashiell Hammett al mejor policial en la XXI Semana Negra de Gijón).

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