Este post es en homenaje al soldado roberto Tadeo Taddia, asesinado mientras estaba en el porton de la tablada barriendo con su escoba por el grupo guerrillero integrado por el hoy democratico alfredo leuco
23 de Enero de 1989, la guerrilla terrorista en plena democracia
Muchacho del Portón
Hcece exactamente 24 años había puesto en su cunita a mi hija Laura de 3 años hasta que se durmió. Sus hermanos Lisa, Marina y Matías ya dormían. Yo no podía conciliar el sueño. La televisión seguía mostrando imágenes del ataque terrorista a los cuarteles del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 "General Belgrano" del Ejército Argentino en La Tablada, provincia de Buenos Aires.
El soldado clase 1967 Roberto Tadeo Taddía se encontraba de guardia y estaba barriendo las inmediaciones de dicha dependencia. Fue asesinado con la escoba en la mano. Fue el primer muerto de La Tablada.
Entre las 6,15 horas del 23 y las 10,30 horas del 24 hubo 39 muertos, 5 militares, 4 conscriptos, 2 policías y 28 guerrilleros. Y varias decenas de heridos, algunos gravemente mutilados.
El ataque terrorista fue ejecutado por miembros del Movimiento Todos por la Patria (MTP), comandados por Enrique Gorriarán Merlo, miembro del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en la década del 70 y participante en la revolución sandinista que había triunfado en Nicaragua. Querían derrocar el gobierno democrático presidido por el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín.
En 2010, una crónica periodística refiere:
“Lo cierto es que en la mañana del lunes 23, La Tablada fue una carnicería. Los guerrilleros entraron al cuartel con un camión de Coca-Cola y varios autos. Se hicieron fuertes en el casino de suboficiales y en algunas compañías del cuartel. Primero enfrentaron a la Policía. Y luego a las tropas de la X Brigada de Infantería. A la caída del sol había ya treinta y nueve muertos, tres desaparecidos, sesenta heridos, cinco cadáveres que nunca se identificarían y veintiún guerrilleros presos. El cuartel quedó destruido y los cadáveres de los guerrilleros, carbonizados algunos, aplastados por los tanques otros, diseminados en el césped y las ruinas humeantes.”
“Ese panorama de espanto vio Alfonsín la mañana siguiente, mientras caminaba custodiado por comandos con sus caras pintadas, no muy lejos del juez federal de Morón, Gerardo Larrambebere, que hoy integra el tribunal que juzga otro acto de terror: la voladura de la AMIA en 1994”.
“A lo largo de catorce años los presos de La Tablada recuperaron su libertad poco a poco. Los últimos se beneficiaron con una conmutación de penas dictada por Fernando de la Rúa en 2000. El 23 de mayo de 2003, dos días antes de la asunción de Néstor Kirchner, el presidente Eduardo Duhalde liberó a Gorriarán Merlo. El ex jefe guerrillero dijo: "Es un acto de justicia".
Hace 24 años, a esta hora exactamente, como dice Armando tejada Gómez en su poema “Hay un niño en la calle”, me senté en la cocina y recordé mis trece meses de Servicio Militar en el Batallón de Comunicaciones 101 de City Bell, La Plata. Las noches de guardia cerca del portón de entrada, las tácticas para no dormirme mirando las distintas constelaciones en el firmamento con el Fusil Automático Liviano (FAL) colgado en el hombro y apreciando el giro aparente de la Cruz del Sur. Pensé en mi propia vida, en mi propia historia desde las plantas del Cerro Famatina en mi Chilecito, La Rioja, natal hasta esta triste realidad de balas locas, de sangre virgen, otra vez reeditando la nefasta década en nuestro país entre 1973 y 1983.
Y entonces escribí:
MUCHACHO DEL PORTÓN
EN MEMORIA DEL SOLDADO CONSCRIPTO DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA MECANIZADO 3, ASESINADO EL 23 DE ENERO DE 1989 EN LA TABLADA, ASCENDIDO POST-MORTEM A CABO DE INFANTERÍA, ROBERTO TADEO TADDÍA
(Del libro “Entre algarrobos y tilos”. Recital “Afectos”)
Quizá durante la noche mirabas
el giro aparente de la CRUZ DEL SUR.
Quizá con alegre ilusión pensabas
en esa niña que compartió tu luz.
Quizá ansiabas el regreso a casa,
tu cama limpia, la voz de tu papá,
tus amigos, las charlas en la Plaza,
la inigualable comida de mamá...
Recién nacías cuando la impaciencia
cambió palabras por tiros de fusil:
poco a poco perdimos la conciencia
y hoy lloramos nuestros muertos por mil.
Mientras tú crecías hubo una guerra,
distinta, con una única bandera,
la celeste y blanca de nuestra tierra
atacada de una extraña manera.
Para unos buenos, para otros malos,
se sembraron odios y creció el rencor;
nuestros cielos limpios fueron poblados
de sangre virgen, de gritos de dolor...
Perdimos el respeto por la vida,
los afectos murieron con la pasión,
el horror de una guerra fraticida
poco a poco dividió nuestra Nación.
Quizá en la secundaria estabas
cuando arribamos a la senda vieja...
del diálogo franco, de las miradas,
de LA LEY SUPREMA, ... y bien pareja.
Quizá Joven Soldado de la Patria,
mirabas la luz de un nuevo amanecer
cuando, súbitamente, la desgracia
de las balas locas te impidió crecer.
Quizá hermano mío te debamos
un nuevo esfuerzo para construir
el ansiado suelo donde podamos
como Argentinos felices convivir...
Y hoy 23 de enero de 2013 leí un texto de Víctor Eduardo Scarafiocco escrito en octubre de 2009, CRONICA DE UN OLVIDO, que comienza con unos versos de María Elena Walsh: “Señora de ojos vendados, con la espada y la balanza / A los justos humillados no les robes la esperanza / Dales la razón y llora… porque ya es hora” y dice:
“ Caminar por Bernal un domingo en horario de tarde temprana, momentos en que los barrios duermen o se someten a las muchas veces interminables sobremesas familiares, tiene su encanto. La calma es total, e invita a la observación minuciosa de los detalles que el devenir diario no permite apreciar; como contemplar un árbol añoso, una obra en construcción que deriva de la demolición de algún viejo edificio histórico del lugar, y demás yerbas que el progreso trae bajo su ala”.
“La calle Don Bosco en su intersección con Chacabuco, es un buen ejemplo. Una pequeña plaza, como irregular franja verde, ocupa media cuadra por Chacabuco al norte siendo el espacio preferido por los perros del barrio. Despreocupados vecinos del lugar sacan a pasear los ejemplares para que a libre albedrío hagan sus necesidades, a tal efecto sirven los troncos de viejos y orgullosos árboles, sus frondosidades ofrecen agradables y permanentes frescores en forma de sombra; algunas hamacas despintadas completan el paisaje”.
“Semioculto por las ramas de uno de esos árboles, atacado por el olvido, graffittis y perros, apenas recortado sobre una medianera que alguna vez estuvo pintada de blanco a la cal, se erige una estructura de curiosa forma. Es una construcción irregular de ladrillos a la vista, que alguna vez fueran pintados de marrón, de metro y medio por lado, custodiada por cuatro pilotes de la misma altura distribuidos caprichosamente en un estrecho cerco. En la estructura principal, casi buscando el centro, un rectángulo blanco con algunas palabras escritas en letra de molde reza: “Homenaje del pueblo y la municipalidad de Quilmes al soldado conscripto Roberto T. Taddía.”
Tomé el tren en La Plata y fui hasta Bernal. La plaza no tiene el cartel con el nombre de Roberto Tadeo Taddía. La placa de bronce fue robada. Elevé una plegaria por ese changuito al que la violencia irracional le cortó la vida. Por él y por todos los militares, policías y conscriptos muertos en esas horas terribles. Y también por los violentos e irracionales. Su padre Tadeo y su hermana viven en el barrio. Cuando escribí "Muchacho del Portón" se lo envié. Él me llamó para agradecerlo. No quise revivir su dolor visitándolos.
Memoria verdad y justicia ¡Sí! Pero para todos los que murieron para defender nuestra Patria.
Jesús Matías Filomeno Ocampo. DNI 4640262. [email protected]. La Plata, 23/01/2013

23 de Enero de 1989, la guerrilla terrorista en plena democracia
Muchacho del Portón
Hcece exactamente 24 años había puesto en su cunita a mi hija Laura de 3 años hasta que se durmió. Sus hermanos Lisa, Marina y Matías ya dormían. Yo no podía conciliar el sueño. La televisión seguía mostrando imágenes del ataque terrorista a los cuarteles del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 "General Belgrano" del Ejército Argentino en La Tablada, provincia de Buenos Aires.
El soldado clase 1967 Roberto Tadeo Taddía se encontraba de guardia y estaba barriendo las inmediaciones de dicha dependencia. Fue asesinado con la escoba en la mano. Fue el primer muerto de La Tablada.
Entre las 6,15 horas del 23 y las 10,30 horas del 24 hubo 39 muertos, 5 militares, 4 conscriptos, 2 policías y 28 guerrilleros. Y varias decenas de heridos, algunos gravemente mutilados.
El ataque terrorista fue ejecutado por miembros del Movimiento Todos por la Patria (MTP), comandados por Enrique Gorriarán Merlo, miembro del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en la década del 70 y participante en la revolución sandinista que había triunfado en Nicaragua. Querían derrocar el gobierno democrático presidido por el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín.
En 2010, una crónica periodística refiere:
“Lo cierto es que en la mañana del lunes 23, La Tablada fue una carnicería. Los guerrilleros entraron al cuartel con un camión de Coca-Cola y varios autos. Se hicieron fuertes en el casino de suboficiales y en algunas compañías del cuartel. Primero enfrentaron a la Policía. Y luego a las tropas de la X Brigada de Infantería. A la caída del sol había ya treinta y nueve muertos, tres desaparecidos, sesenta heridos, cinco cadáveres que nunca se identificarían y veintiún guerrilleros presos. El cuartel quedó destruido y los cadáveres de los guerrilleros, carbonizados algunos, aplastados por los tanques otros, diseminados en el césped y las ruinas humeantes.”
“Ese panorama de espanto vio Alfonsín la mañana siguiente, mientras caminaba custodiado por comandos con sus caras pintadas, no muy lejos del juez federal de Morón, Gerardo Larrambebere, que hoy integra el tribunal que juzga otro acto de terror: la voladura de la AMIA en 1994”.
“A lo largo de catorce años los presos de La Tablada recuperaron su libertad poco a poco. Los últimos se beneficiaron con una conmutación de penas dictada por Fernando de la Rúa en 2000. El 23 de mayo de 2003, dos días antes de la asunción de Néstor Kirchner, el presidente Eduardo Duhalde liberó a Gorriarán Merlo. El ex jefe guerrillero dijo: "Es un acto de justicia".
Hace 24 años, a esta hora exactamente, como dice Armando tejada Gómez en su poema “Hay un niño en la calle”, me senté en la cocina y recordé mis trece meses de Servicio Militar en el Batallón de Comunicaciones 101 de City Bell, La Plata. Las noches de guardia cerca del portón de entrada, las tácticas para no dormirme mirando las distintas constelaciones en el firmamento con el Fusil Automático Liviano (FAL) colgado en el hombro y apreciando el giro aparente de la Cruz del Sur. Pensé en mi propia vida, en mi propia historia desde las plantas del Cerro Famatina en mi Chilecito, La Rioja, natal hasta esta triste realidad de balas locas, de sangre virgen, otra vez reeditando la nefasta década en nuestro país entre 1973 y 1983.
Y entonces escribí:
MUCHACHO DEL PORTÓN
EN MEMORIA DEL SOLDADO CONSCRIPTO DEL REGIMIENTO DE INFANTERÍA MECANIZADO 3, ASESINADO EL 23 DE ENERO DE 1989 EN LA TABLADA, ASCENDIDO POST-MORTEM A CABO DE INFANTERÍA, ROBERTO TADEO TADDÍA
(Del libro “Entre algarrobos y tilos”. Recital “Afectos”)
Quizá durante la noche mirabas
el giro aparente de la CRUZ DEL SUR.
Quizá con alegre ilusión pensabas
en esa niña que compartió tu luz.
Quizá ansiabas el regreso a casa,
tu cama limpia, la voz de tu papá,
tus amigos, las charlas en la Plaza,
la inigualable comida de mamá...
Recién nacías cuando la impaciencia
cambió palabras por tiros de fusil:
poco a poco perdimos la conciencia
y hoy lloramos nuestros muertos por mil.
Mientras tú crecías hubo una guerra,
distinta, con una única bandera,
la celeste y blanca de nuestra tierra
atacada de una extraña manera.
Para unos buenos, para otros malos,
se sembraron odios y creció el rencor;
nuestros cielos limpios fueron poblados
de sangre virgen, de gritos de dolor...
Perdimos el respeto por la vida,
los afectos murieron con la pasión,
el horror de una guerra fraticida
poco a poco dividió nuestra Nación.
Quizá en la secundaria estabas
cuando arribamos a la senda vieja...
del diálogo franco, de las miradas,
de LA LEY SUPREMA, ... y bien pareja.
Quizá Joven Soldado de la Patria,
mirabas la luz de un nuevo amanecer
cuando, súbitamente, la desgracia
de las balas locas te impidió crecer.
Quizá hermano mío te debamos
un nuevo esfuerzo para construir
el ansiado suelo donde podamos
como Argentinos felices convivir...
Y hoy 23 de enero de 2013 leí un texto de Víctor Eduardo Scarafiocco escrito en octubre de 2009, CRONICA DE UN OLVIDO, que comienza con unos versos de María Elena Walsh: “Señora de ojos vendados, con la espada y la balanza / A los justos humillados no les robes la esperanza / Dales la razón y llora… porque ya es hora” y dice:
“ Caminar por Bernal un domingo en horario de tarde temprana, momentos en que los barrios duermen o se someten a las muchas veces interminables sobremesas familiares, tiene su encanto. La calma es total, e invita a la observación minuciosa de los detalles que el devenir diario no permite apreciar; como contemplar un árbol añoso, una obra en construcción que deriva de la demolición de algún viejo edificio histórico del lugar, y demás yerbas que el progreso trae bajo su ala”.
“La calle Don Bosco en su intersección con Chacabuco, es un buen ejemplo. Una pequeña plaza, como irregular franja verde, ocupa media cuadra por Chacabuco al norte siendo el espacio preferido por los perros del barrio. Despreocupados vecinos del lugar sacan a pasear los ejemplares para que a libre albedrío hagan sus necesidades, a tal efecto sirven los troncos de viejos y orgullosos árboles, sus frondosidades ofrecen agradables y permanentes frescores en forma de sombra; algunas hamacas despintadas completan el paisaje”.
“Semioculto por las ramas de uno de esos árboles, atacado por el olvido, graffittis y perros, apenas recortado sobre una medianera que alguna vez estuvo pintada de blanco a la cal, se erige una estructura de curiosa forma. Es una construcción irregular de ladrillos a la vista, que alguna vez fueran pintados de marrón, de metro y medio por lado, custodiada por cuatro pilotes de la misma altura distribuidos caprichosamente en un estrecho cerco. En la estructura principal, casi buscando el centro, un rectángulo blanco con algunas palabras escritas en letra de molde reza: “Homenaje del pueblo y la municipalidad de Quilmes al soldado conscripto Roberto T. Taddía.”
Tomé el tren en La Plata y fui hasta Bernal. La plaza no tiene el cartel con el nombre de Roberto Tadeo Taddía. La placa de bronce fue robada. Elevé una plegaria por ese changuito al que la violencia irracional le cortó la vida. Por él y por todos los militares, policías y conscriptos muertos en esas horas terribles. Y también por los violentos e irracionales. Su padre Tadeo y su hermana viven en el barrio. Cuando escribí "Muchacho del Portón" se lo envié. Él me llamó para agradecerlo. No quise revivir su dolor visitándolos.
Memoria verdad y justicia ¡Sí! Pero para todos los que murieron para defender nuestra Patria.
Jesús Matías Filomeno Ocampo. DNI 4640262. [email protected]. La Plata, 23/01/2013
