¿ QUE SON LAS BACTERIAS?
Las bacterias son microorganismos procariotas que presentan un tamaño de unos pocos micrómetros (por lo general entre 0,5 y 5 μm de longitud) y diversas formas incluyendo filamentos, esferas (cocos), barras (bacilos), sacacorchos (vibrios) y hélices (espirilos). Las bacterias son células procariotas, por lo que a diferencia de las células eucariotas (de animales, plantas, hongos, etc.
Las bacterias son los organismos más abundantes del planeta.
En el cuerpo humano hay aproximadamente diez veces tantas células bacterianas como células humanas, con una gran cantidad de bacterias en la piel y en el tracto digestivo. Aunque el efecto protector del sistema inmunológico hace que la gran mayoría de estas bacterias sea inofensiva o beneficiosa, algunas bacterias patógenas pueden causar enfermedades infecciosas, incluyendo cólera, difteria, escarlatina, lepra, sífilis, tifus, etc. Las enfermedades bacterianas mortales más comunes son las infecciones respiratorias, con una mortalidad solo para la tuberculosis de cerca de dos millones de personas al año.
PARA COMBATIRLAS…
En todo el mundo se utilizan antibióticos para tratar las infecciones bacterianas. Los antibióticos son efectivos contra las bacterias ya que inhiben la formación de la pared celular o detienen otros procesos de su ciclo de vida. También se usan extensamente en la agricultura y la ganadería en ausencia de enfermedad, lo que ocasiona que se esté generalizando la resistencia de las bacterias a los antibióticos. En la industria, las bacterias son importantes en procesos tales como el tratamiento de aguas residuales, en la producción de mantequilla, queso, vinagre, yogur, etc., y en la fabricación de medicamentos y de otros productos químicos.
LA GUERRA DE LAS BACTERIAS
En la batalla contra las bacterias, los antibióticos han sido armas formidables. Hemos estamos utilizándolos ampliamente durante sólo 80 años. El problema es que los antibióticos no duran por siempre, y la razón de eso es la evolución: las bacterias desarrollan resistencia. Las drogas que habrían matado a sus ancestros rebotan en las más nuevas generaciones.
Si ésta fuera una guerra convencional, estaríamos cortando rieles para fabricar tanques, aeronaves de combate y paracaídas. En cambio, lo que estamos haciendo es sentarnos sobre nuestros laureles y esperar. Estamos siendo increíblemente despilfarradores disparando nuestro limitado arsenal, y estamos coqueteando peligrosamente con el enemigo.
Estrategias erróneas
Cada vez que usamos antibióticos, les mostramos a poblaciones de bacterias las armas que vamos a utilizar contra ellas. Si los antibióticos se prescriben con excesiva frecuencia, se acelera el problema. Las prescripciones podrían ser reducidas en forma significativa sin efectos adversos: los antibióticos no hacen mucho por la secreción nasal, el dolor de garganta, la bronquitis, la sinusitis, o incluso por las infecciones del oído medio.
El uso excesivo y la resistencia de los antibióticos es un problema enorme, pero nuestros “fabricantes de armas” también nos están fallando: las compañías farmacéuticas no están inventando las nuevas armas que necesitamos.
No se han descubierto nuevas clases de antibióticos desde 1987. Descubrir nuevos antibióticos es un inmenso desafío; si nos volcamos a los "antibióticos naturales” fabricados por otras bacterias, plantas u hongos, es probable que ya haya resistencia a aquellos compuestos.
Descubrir drogas completamente nuevas para matar bacterias también es complicado. Los antibióticos semi-sintéticos, fabricados mediante la modificación o combinación de moléculas antibacterianas de forma natural parecen promisorios. Para las compañías farmacéuticas, no obstante, tratar de encontrar nuevos antibióticos es un desafío que no resulta rentable.
El enemigo invisible
Hemos eliminado o controlado a la mayoría de nuestros depredadores naturales. Pero no es a los lobos, leones y tigres a quienes verdaderamente tenemos que temer. Son estos enemigos minúsculos que todavía nos hacen daño hoy como siempre lo han hecho. Nunca ganaremos la batalla rotundamente, pero necesitamos asegurarnos de que ganamos terreno.
De algún modo, necesitamos convencer a las compañías farmacéuticas de que apoyen el esfuerzo en esta guerra. Tal vez también serían de ayuda más colaboración entre el sector académico y las compañías privadas y un intercambio de ideas más abierto. Re-examinar antiguos antibióticos podría ser útil, pero también necesitamos ver otros modos de controlar la infección: expandir nuestro arsenal mediante el uso de vacunas, probióticos y cosas que ni siquiera se nos han ocurrido todavía.

Las bacterias son microorganismos procariotas que presentan un tamaño de unos pocos micrómetros (por lo general entre 0,5 y 5 μm de longitud) y diversas formas incluyendo filamentos, esferas (cocos), barras (bacilos), sacacorchos (vibrios) y hélices (espirilos). Las bacterias son células procariotas, por lo que a diferencia de las células eucariotas (de animales, plantas, hongos, etc.
Las bacterias son los organismos más abundantes del planeta.
En el cuerpo humano hay aproximadamente diez veces tantas células bacterianas como células humanas, con una gran cantidad de bacterias en la piel y en el tracto digestivo. Aunque el efecto protector del sistema inmunológico hace que la gran mayoría de estas bacterias sea inofensiva o beneficiosa, algunas bacterias patógenas pueden causar enfermedades infecciosas, incluyendo cólera, difteria, escarlatina, lepra, sífilis, tifus, etc. Las enfermedades bacterianas mortales más comunes son las infecciones respiratorias, con una mortalidad solo para la tuberculosis de cerca de dos millones de personas al año.
PARA COMBATIRLAS…
En todo el mundo se utilizan antibióticos para tratar las infecciones bacterianas. Los antibióticos son efectivos contra las bacterias ya que inhiben la formación de la pared celular o detienen otros procesos de su ciclo de vida. También se usan extensamente en la agricultura y la ganadería en ausencia de enfermedad, lo que ocasiona que se esté generalizando la resistencia de las bacterias a los antibióticos. En la industria, las bacterias son importantes en procesos tales como el tratamiento de aguas residuales, en la producción de mantequilla, queso, vinagre, yogur, etc., y en la fabricación de medicamentos y de otros productos químicos.
LA GUERRA DE LAS BACTERIAS
En la batalla contra las bacterias, los antibióticos han sido armas formidables. Hemos estamos utilizándolos ampliamente durante sólo 80 años. El problema es que los antibióticos no duran por siempre, y la razón de eso es la evolución: las bacterias desarrollan resistencia. Las drogas que habrían matado a sus ancestros rebotan en las más nuevas generaciones.
Si ésta fuera una guerra convencional, estaríamos cortando rieles para fabricar tanques, aeronaves de combate y paracaídas. En cambio, lo que estamos haciendo es sentarnos sobre nuestros laureles y esperar. Estamos siendo increíblemente despilfarradores disparando nuestro limitado arsenal, y estamos coqueteando peligrosamente con el enemigo.
Estrategias erróneas
Cada vez que usamos antibióticos, les mostramos a poblaciones de bacterias las armas que vamos a utilizar contra ellas. Si los antibióticos se prescriben con excesiva frecuencia, se acelera el problema. Las prescripciones podrían ser reducidas en forma significativa sin efectos adversos: los antibióticos no hacen mucho por la secreción nasal, el dolor de garganta, la bronquitis, la sinusitis, o incluso por las infecciones del oído medio.
El uso excesivo y la resistencia de los antibióticos es un problema enorme, pero nuestros “fabricantes de armas” también nos están fallando: las compañías farmacéuticas no están inventando las nuevas armas que necesitamos.
No se han descubierto nuevas clases de antibióticos desde 1987. Descubrir nuevos antibióticos es un inmenso desafío; si nos volcamos a los "antibióticos naturales” fabricados por otras bacterias, plantas u hongos, es probable que ya haya resistencia a aquellos compuestos.
Descubrir drogas completamente nuevas para matar bacterias también es complicado. Los antibióticos semi-sintéticos, fabricados mediante la modificación o combinación de moléculas antibacterianas de forma natural parecen promisorios. Para las compañías farmacéuticas, no obstante, tratar de encontrar nuevos antibióticos es un desafío que no resulta rentable.
El enemigo invisible
Hemos eliminado o controlado a la mayoría de nuestros depredadores naturales. Pero no es a los lobos, leones y tigres a quienes verdaderamente tenemos que temer. Son estos enemigos minúsculos que todavía nos hacen daño hoy como siempre lo han hecho. Nunca ganaremos la batalla rotundamente, pero necesitamos asegurarnos de que ganamos terreno.
De algún modo, necesitamos convencer a las compañías farmacéuticas de que apoyen el esfuerzo en esta guerra. Tal vez también serían de ayuda más colaboración entre el sector académico y las compañías privadas y un intercambio de ideas más abierto. Re-examinar antiguos antibióticos podría ser útil, pero también necesitamos ver otros modos de controlar la infección: expandir nuestro arsenal mediante el uso de vacunas, probióticos y cosas que ni siquiera se nos han ocurrido todavía.
