El disparate anticoqueo en el Noroeste Argentino
Nada sabe la ONU, acerca de las costumbres ancestrales de los pueblos originarios de nuestra región; constituye por así decirlo una marca registrada, un símbolo...
La reciente resolución de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la Organización de las Naciones Unidas, cuya sigla es ONU, ha levantado nuevamente una intensa polvareda especialmente en las provincias del noroeste argentino, en las que están involucradas preponderantemente, las provincias de Salta, Jujuy, Tucumán y Catamarca.
El informe en cuestión en su punto 137, menciona que la legislación argentina, no cumple con los tratados firmados en la Convención de 1961, que fuera enmendada por el Protocolo de 1972. Allí nuestro país se comprometía en acabar con todos los usos de la hoja de coca, ya sea para la masticación, para su uso en infusión y en definitiva también su tenencia.

Nada sabe la ONU, acerca de las costumbres ancestrales de los pueblos originarios de nuestra región; constituye por así decirlo una marca registrada, un símbolo de su propia identidad, un hábito tan arraigado en nuestras costumbres, que ninguna resolución de la Organización de las Naciones Unidas podrá cercenar.
Hay en esto una desinformación inexplicable, que nuestros representantes deben conocer. Además desde todo punto de vista, no existe ningún fundamento coherente, que pueda vincular la práctica del coqueo, con los efectos altamente letales de la cocaína.
Una declaración de las Naciones Unidas implementada en septiembre de 2007, insta a respetar los derechos de los pueblos indígenas, de su historia y de su filosofía.
Esta declaración se contradice abiertamente con lo expuesto anteriormente, donde la ONU implementa lo que pareciera ser una conversación de sordos, donde nada se entiende. Pienso que debe enfáticamente rechazarse esta medida que afecta a miles y miles de practicantes del coqueo.
Acaso sea necesario, recordar al Dr. Carlos Alberto Alvarado (1904-1978), profesor de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, en 1942, y de la de Tucumán en el período (1943-1945). Hizo importantes estudios clínicos sobre la coca y el coqueo, habiendo llegado a la conclusión, que esta práctica no produce “estado de necesidad” y avalado por estudiosos extranjeros como Janes A. Duke y Andrew T. Weill de la Universidad de Harvard, hoy considerada una de las cuatro Universidades más importantes del mundo.

La palabra coca proviene del quichua Kuka, cuya hoja conforma el acullico, cuando se la coloca hoja por hoja, a veces con primorosas elaboraciones. Fue considerada por los Incas, una planta sagrada, aceptada y buscada por los españoles durante la conquista, por sus propiedades terapéuticas, que permitían soportar estoicamente la rudeza demandada en las luchas por el predominio español.
Durante la Independencia Americana, su uso fue diríamos casi obligatorio y recomendado por los más importantes generales, especialmente, para soportar la puna o mal de altura, la falta de sueño y de alimentos.
Se hacía una sentida necesidad, para el cruce de las montañas andinas y para la manipulación de los pesados armamentos en tan tremendas alturas.
Esta misteriosa planta despertó el interés de prestigiosos investigadores que estudiaron sus efectos, de gran interés en las sociedades científicas del mundo.
Los primeros escritos acerca de la coca aparecen hacia el año 1500, según la licenciada Florencia Cornejo en su trabajo La Historia de la Coca, en el libro “Décadas del Nuevo Mundo” del padre Pedro Mártir de Anglecía.
El Inca Gracilaso de la Vega describe en su libro “Comentarios Reales”, como Manco Cápac, para testimoniar la grandeza de su padre, mandó a su pueblo las hojas de Coca que consolaba a los afligidos, calmaban la sed, saciaba el hambre, y daba vigor y fuerza a los que trabajaban.
Su uso dentro de la organización incaica estaba reservado a la clase privilegiada de los nobles. La Coca estuvo contemplada en las Leyes de Indias y en las Cédulas Reales, e implantada en nuestro noroeste por los Incas, que entraron a sangre y fuego en nuestros territorios trayendo sus costumbres y su cultura, entre ellas el uso de la Coca.
En nuestros días, su uso se ha extendido a todos los estamentos sociales, al punto que nos se conciben asados ni sobremesas sin su presencia. Es por tanto disparatado, acatar la resolución de las Naciones Unidas.
En nuestro medio, es decir en nuestra provincia, distinguidos profesionales del Instituto del Bocio, luego llamado Instituto de Patología Regional, resolvió realizar los estudios médicos de la Coca.
En el libro Historia de la Coca, donde intervino todo el plantel del Instituto, firmado por los doctores José A. Cornejo, Lucio Cornejo, Jorge González Diez, Mario Moya, O. Del Val, Jorge Albrecht, y la ya mencionada Licenciada Florencia Cornejo, resumen los valores nutricionales de la coca, concluyendo que al tener altos valores especialmente de calcio y de fósforo, como así también de proteínas, hidratos de carbono etc. es necesario revaluar el concepto de que la coca no tiene valor nutritivo.
Por no ser esta una nota médica, diremos que se hicieron exhaustivos estudios, con determinaciones clínicas diarias en los distintos aparatos de que está constituido el ser humano. Quién esto escribe, Ricardo Federico Mena, participó de los mencionados estudios en su calidad de Odontólogo, en lo que respecta a la cavidad bucal en su conjunto.

Del total de los estudios realizados, en los diferentes aparatos que hemos mencionado se concluye: “…que el coqueo crónico, no produce alteraciones físicas ni psíquicas detectables en el ser humano. También queda demostrado que la práctica del coqueo no es causal de desnutrición. Los estudios de la Universidad de Harvard demuestran que la coca es un poderoso nutriente, y que no es capaz de estimular ni deprimir considerablemente el sistema nervioso central o perturbar la percepción, el estado de ánimo, el pensamiento, la conducta o la función motriz y por ende incapaz de plantear problemas individuales, sanitarios o sociales”.
Al no poderse constatar el menor indicio de dependencia, tolerancia, euforia, fármacodependencia, dependencia psíquica, dependencia física, ni síndrome de interrupción o abstinencia, parámetros esenciales, definir una toxicomanía o adicción, podemos descartar de plano esta situación.
Por lo tanto teniendo en cuenta tan prolijos estudios, debemos rechazar enfáticamente la mencionada resolución. Tal vez pueda achacársele de ser socialmente desagradable, pero comparada con los estragos del cigarrillo, el coqueo se cubre de un manto de inimputabilidad.
LA HISTORIA DE LA COCA - ESTUDIOS MÉDICOS -
Publicación del Círculo Médico de Salta - Premio de la Academia Nacional de Medicina.
DR. RICARDO FEDERICO MENA
Para:
Una noticia buena para los coqueadores:
Ley 23.737
Sancionada el 21 de Septiembre de 1989, promulgada el 10 de Octubre de 1989 por aplicación del artículo 70 de la Constitución Nacional y publicada en Boletín Oficial el 11 de Octubre de 1989.
Art.15: La tenencia y el consumo de hojas de coca en su estado natural, destinado a la práctica del coqueo o masticación, o a su empleo como infusión, no será considerada como tenencia o consumo de estupefacientes.
