RELATA: Mayor DAVILA (Ingeniero Aeronáutico de la Fuerza Aérea Argentina)
Los Argentinos (y muchos que no lo son) se preguntan por qué no explotaron muchas de las bombas lanzadas por nuestros aviones sobre la flota inglesa en la guerra de las Malvinas. El enemigo se encargó, a su vez de alimentar estas mismas dudas alegando "desconocimiento de los técnicos argentinos, material fallado, vencido u obsoleto", etcétera. Esto no es cierto. Incluso adujo que, si todas las que hicieron impacto sobre sus buques hubieran estallado, muy distinto hubiese sido el resultado de la guerra. Y esto si' es cierto. Lo que ocurrió es que éste material fue empleado por la Fuerza Aérea Argentina (FAA) de un modo y forma tal que escapaba a todas las previsiones modernas de la guerra aeronaval y en base a las cuales habían sido diseñados los medios de combate empleados.
El Problema inicial
Ante la gran efectividad de las defensas antiaéreas modernas se han adecuado las armas a las técnicas de ataque, empleándose, en general, las siguientes:
a) Misiles guiados (Tipo AS-30, EXOCET, etc.)
b) Armas de dispersión de submunicioncs o granadas (Tipo BELUGA)
c) Bombas frenadas por paracaídas.
Respecto de los primeros, la mayoría de las disponibles en el mercado internacional de armas obligan a un excesivo acercamiento del avión al blanco. Respecto a las otras dos alternativas, los ataques se realizan cada vez a menor altura y pasando horizontalmente (en vuelo rasante) sobre el blanco. Para evitar el rebote de la bomba (estas hacen "patito" ) en el suelo o agua y para separarla más del avión, se le adosan en la cola dispositivos de frenado (paracaídas) que permiten que el avión esté lo suficientemente lejos en el momento de la explosión. Estos dos últimos sistemas fueron los empleados por los aviones ingleses sobre las Malvinas en los primeros días de combate. La bomba con paracaídas fue la que inicialmente lanzaron nuestros aviones sobre la flota. Y ambos contendientes se encontraron con el mismo problema: la artillería antiaérea destruía a los aviones que volaban a mayor altura y las bombas desde menos de 50 metros no tenían tiempo para armar sus espoletas y no estallaban.
La Solución inglesa
Ante esto, los siguientes ataques ingleses a partir del tercer día se realizaron lanzando las bombas desde grandes alturas por encima del alcance de la artillería (a varios miles de metros) o directamente desde el mar en un procedimiento de tiro similar al empleado para lanzar bombas atómicas.
Resultado: lanzaron desde lejos y sin puntería cientos de bombas que convirtieron a la zona de costas y la península adonde está el aeropuerto en un campo lunar; pero la pista de aterrizaje siguió operable y los C-130 continuaron llegando con sus cargas vitales casi todas las noches hasta el último día. Las pérdidas de vidas argentinas, en esa área; en esa área se encontraban unos 1.200 hombres, increíblemente para los ingleses considerando la gran cantidad de bombas (600 de 250 y 500 kgs.) y misiles de aviación de todo tipo lanzados cada día y pese a los constantes bombardeos navales nocturnos, (1.300 proyectiles), fueron mínimas (cuatro hombres de la FAA, uno de ARA y ninguno del Ejército). Los ingleses (ni los de la Royal Navy al comienzo, ni los de la RAF después) no encontraron solución al problema de sus bombas. Por lo menos en su empleo contra las posiciones de Puerto Argentino.
La Solución Argentina
Por el lado argentino la solución se encaró de forma diametralmente opuesta; mientras los ingleses buscaban la altura para proteger a sus aviones a riesgo de no dar en el blanco (pese a que éste —el aeropuerto— cubría una gran superficie de terreno y estaba inmóvil en una zona perfectamente ubicado), los argentinos volaron cada vez más bajo, buscando asegurarse el impacto sobre un blanco pequeño, móvil y en medio del mar, —los buques-). El mundo contempló azorado cómo, pese a las sucesivas barreras impuestas por los más modernos radares, aviones, misiles y cañones, luego de un largo vuelo rasante sobre el mar y con los parabrisas cubiertos de sal, los ya no tan modernos aviones argentinos llegaban hasta los buques y pasaban rozando sus mástiles.
Solo el coraje los impulsaba, ya que estallaron muy pocas de las bombas con paracaídas empleadas en los dos primeros días, debido a que la escasa altura de lanzamiento no dio tiempo para que se armaran sus espoletas. Pero los aviones llegaban, y ese dato era fundamental. De inmediato, los técnicos de la FAA se abocaron a la tarea de modificar las bombas existentes y disponibles en sus arsenales para proveer un arma eficaz, apta para completar lo que el puro valor de sus hombres conseguía. A nadie antes se le había ocurrido hacerlo y por ello no había ninguna bomba en ningún arsenal del mundo que permitiera ser lanzada a tanta velocidad desde tan baja altura, impactando sobre un buque instantes después. Nadie previo, después de la Segunda Guerra Mundial, que los veloces aviones a reacción podrían atacar con bombas convencionales (tan antiguas casi como la aviación) a las tan modernas y sofisticadas fragatas misilísticas. Pero tampoco se disponía en nuestro país cantidad suficiente de misiles adecuados para ser lanzados desde distancias seguras y escapar, salvo unos pocos EXOCET (5).
El embargo europeo y americano nos impedía obtener más. Ante esto, se analizaron las experiencias de los primeros días de combate, se estudiaron las técnicas empleadas en la Segunda Guerra Mundial, las características constructivas de los buques ingleses y sus medios defensivos. Se necesitaba que las espoletas se armaran apenas lanzadas las bombas y que no estallaran hasta cierto tiempo después del impacto, para permitir el escape del avión lanzador sin ser alcanzado por la explosión. La única espoleta disponible en nuestros arsenales que, convenientemente modificada, permitiría su empleo en estas condiciones, era la correspondiente a una bomba precisamente inglesa, de 500 Kgs.; idéntica a la lanzada por los Harriers, pero que esta vez iría sin el paracaídas de frenado. Sin embargo, la energía de esta bomba lanzada a 1.000 Km/h sería tan tremenda que atravesaría de lado a lado cualquier buque del tamaño de las fragatas y destructores, estallando varios segundos después de haberlo atravesado (o sea en la profundidad del mar y lejos del buque). Pero se consideró que la posibilidad de hacer impacto en alguna zona pesada, tal como el motor o depósito de municiones, podía retener a alguna bomba en su interior (la cual al estallar tenía potencia suficiente para hacer desaparecer al buque) o, por lo menos, en su pasaje provocaría una serie de daños y las consiguiente servidumbre a la flota (puesta fuera de combate, remolque, reparaciones, etc.. Aunque no era mucho más que volver a las antiguas balas de cañón, lanzando un gran trozo de acero con tremenda fuerza, allá fueron pilotos Argentinos, con su coraje sin igual y una sola gran bomba (apodada "la bombóla" ) en el vientre de sus máquinas, encomendándose a Dios, para atacar nada menos que al más moderno y peligroso de los objetivos de superficie. Sólo una cosa sabían: su pericia les aseguraría que casi todas las bombas que lanzaran harían blanco en un buque enemigo.
Así se hundieron por lo menos a las fragatas Ardent y Antelope y se hicieron impactos en otras 14 fragatas y buques de desembarco (sólo se mencionan los nombres y daños de aquellos reconocidos por Inglaterra ya que, al producirse la explosión varios segundos después del pasaje del avión, los pilotos no siempre vieron sus efectos, aun- que sí se viese algunas veces el impacto inicial de la bomba en el casco. De cualquier modo resulta improbable que, por lo menos por cierto tiempo, conozcamos cuales fueron las restantes, dado el obstinado interés demostrado por el gobierno inglés para ocultar las verdaderas pérdidas y daños sufridos).
De algo si estamos seguros: si esas bombas hubiesen quedado dentro de los buques y estallado, todos ellos estarían reducidos a astillas, y difícilmente podrían haberse mantenido ocultos. Otro podría haber sido el fin de la guerra. Mientras tanto, apremiados por el tiempo y conscientes de la limitación de esas bombas, los técnicos de la Fuerza Aérea Argentina continuaron los estudios para reemplazar modificando a otras bombas y espoletas, desarrollando, ensayando y fabricando con la Industria Argentina, nuevos retardos, detonadores y piezas mecánicas a ritmo febril. Al cabo de 15 días, las nuevas bombas estaban provistas a las Unidades de combate y se emplearon por primera vez el día 25 de mayo, en el ataque al destructor Coventry (gemelo del famoso SHEFFIELD) el cual desapareció instantáneamente de la superficie ante el impacto de tres bombas (recordemos que el desembarco inglés en San Carlos fue el 21 de mayo). Su empleo se repitió en el ataque de Bahía Agradable, a los buques transporte de desembarco "SIR GALLAHAD" (alcanzado con toda la tropa en su interior). "SIR TRISTAN"y a la Fragata "PLYMOUTH", el portaaviones "INVINCIBLE" y a otras dos fragatas y buques menores de desembarco (no reconocidos). Ahora si la totalidad de los impactos implicaba la destrucción o el fuera de combate del blanco.
Hoy, cuanto todos asisten asombrados a la tremenda capacidad ofensiva que los sofisticados misiles de gran alcance tipo EXOCET confieren a los aviones en su lucha contra los buques, los argentinos, con aviones relativamente antiguos, llegaron sobre la tercera flota más moderna y poderosa del mundo e impactaron sobre más de 25 de sus buques de guerra con las antiguas, sencillas y baratas bombas convencionales y, en poco más de dos semanas, encontraron la forma de emplearlas con éxito de un modo como a nadie se le había ocurrido antes. Y lo hicieron con entusiasmo, con imaginación, con conocimientos y capacidad, pero sobre todo con verdadero amor a la Patria, con increíble coraje. .. y fe. Como se debe construir una Gran Nación. Aparte de si las bombas explotaron o no, nadie se ha sorprendido al comprobar el altísimo porcentaje de ellas que dieron en el blanco, de acuerdo a lo que las estadísticas de guerras anteriores indicaban. Evidentemente una causa muy justa y unos ideales muy elevados los empujaban.
Con esto cierro mi último post del año 2014. Una imagen vale más que mil palabras. Feliz año nuevo a todos!
Si te gustó comparti! Gracias!
Gracias a todos!

Los Argentinos (y muchos que no lo son) se preguntan por qué no explotaron muchas de las bombas lanzadas por nuestros aviones sobre la flota inglesa en la guerra de las Malvinas. El enemigo se encargó, a su vez de alimentar estas mismas dudas alegando "desconocimiento de los técnicos argentinos, material fallado, vencido u obsoleto", etcétera. Esto no es cierto. Incluso adujo que, si todas las que hicieron impacto sobre sus buques hubieran estallado, muy distinto hubiese sido el resultado de la guerra. Y esto si' es cierto. Lo que ocurrió es que éste material fue empleado por la Fuerza Aérea Argentina (FAA) de un modo y forma tal que escapaba a todas las previsiones modernas de la guerra aeronaval y en base a las cuales habían sido diseñados los medios de combate empleados.

Pintura de Ezequiel Martinez
El Problema inicial
Ante la gran efectividad de las defensas antiaéreas modernas se han adecuado las armas a las técnicas de ataque, empleándose, en general, las siguientes:
a) Misiles guiados (Tipo AS-30, EXOCET, etc.)
b) Armas de dispersión de submunicioncs o granadas (Tipo BELUGA)
c) Bombas frenadas por paracaídas.
Respecto de los primeros, la mayoría de las disponibles en el mercado internacional de armas obligan a un excesivo acercamiento del avión al blanco. Respecto a las otras dos alternativas, los ataques se realizan cada vez a menor altura y pasando horizontalmente (en vuelo rasante) sobre el blanco. Para evitar el rebote de la bomba (estas hacen "patito" ) en el suelo o agua y para separarla más del avión, se le adosan en la cola dispositivos de frenado (paracaídas) que permiten que el avión esté lo suficientemente lejos en el momento de la explosión. Estos dos últimos sistemas fueron los empleados por los aviones ingleses sobre las Malvinas en los primeros días de combate. La bomba con paracaídas fue la que inicialmente lanzaron nuestros aviones sobre la flota. Y ambos contendientes se encontraron con el mismo problema: la artillería antiaérea destruía a los aviones que volaban a mayor altura y las bombas desde menos de 50 metros no tenían tiempo para armar sus espoletas y no estallaban.

Los pilotos de Argentinos de A4 Skyhawk debajo de uno de sus aparatos, son fotografiados junto a una bomba AN-M65 con una modificación hibrida, su cola pertenece a una bomba Mk.17 británica tambien de 1000lb. Pilotos de la foto: Izquierda a Derecha; Alferez Schwind, Alferez “Toba” Nieto, Capitán Carballo y Teniente “Tom” Lucero

Varias bombas de origen británico Mk.17 “Bombola” de 1000lb con diferentes leyendas sobre ellas, esperando para la colocación de sus espoletas , Guerra de Malvinas 1982.
La Solución inglesa
Ante esto, los siguientes ataques ingleses a partir del tercer día se realizaron lanzando las bombas desde grandes alturas por encima del alcance de la artillería (a varios miles de metros) o directamente desde el mar en un procedimiento de tiro similar al empleado para lanzar bombas atómicas.
Resultado: lanzaron desde lejos y sin puntería cientos de bombas que convirtieron a la zona de costas y la península adonde está el aeropuerto en un campo lunar; pero la pista de aterrizaje siguió operable y los C-130 continuaron llegando con sus cargas vitales casi todas las noches hasta el último día. Las pérdidas de vidas argentinas, en esa área; en esa área se encontraban unos 1.200 hombres, increíblemente para los ingleses considerando la gran cantidad de bombas (600 de 250 y 500 kgs.) y misiles de aviación de todo tipo lanzados cada día y pese a los constantes bombardeos navales nocturnos, (1.300 proyectiles), fueron mínimas (cuatro hombres de la FAA, uno de ARA y ninguno del Ejército). Los ingleses (ni los de la Royal Navy al comienzo, ni los de la RAF después) no encontraron solución al problema de sus bombas. Por lo menos en su empleo contra las posiciones de Puerto Argentino.
La Solución Argentina

Un A4C Skyhawk durante la instalación de bombas BRP-250Kg Expal, en la hoy desaparecida Base San Julian, Guerra de Malvinas 1982
Por el lado argentino la solución se encaró de forma diametralmente opuesta; mientras los ingleses buscaban la altura para proteger a sus aviones a riesgo de no dar en el blanco (pese a que éste —el aeropuerto— cubría una gran superficie de terreno y estaba inmóvil en una zona perfectamente ubicado), los argentinos volaron cada vez más bajo, buscando asegurarse el impacto sobre un blanco pequeño, móvil y en medio del mar, —los buques-). El mundo contempló azorado cómo, pese a las sucesivas barreras impuestas por los más modernos radares, aviones, misiles y cañones, luego de un largo vuelo rasante sobre el mar y con los parabrisas cubiertos de sal, los ya no tan modernos aviones argentinos llegaban hasta los buques y pasaban rozando sus mástiles.
Solo el coraje los impulsaba, ya que estallaron muy pocas de las bombas con paracaídas empleadas en los dos primeros días, debido a que la escasa altura de lanzamiento no dio tiempo para que se armaran sus espoletas. Pero los aviones llegaban, y ese dato era fundamental. De inmediato, los técnicos de la FAA se abocaron a la tarea de modificar las bombas existentes y disponibles en sus arsenales para proveer un arma eficaz, apta para completar lo que el puro valor de sus hombres conseguía. A nadie antes se le había ocurrido hacerlo y por ello no había ninguna bomba en ningún arsenal del mundo que permitiera ser lanzada a tanta velocidad desde tan baja altura, impactando sobre un buque instantes después. Nadie previo, después de la Segunda Guerra Mundial, que los veloces aviones a reacción podrían atacar con bombas convencionales (tan antiguas casi como la aviación) a las tan modernas y sofisticadas fragatas misilísticas. Pero tampoco se disponía en nuestro país cantidad suficiente de misiles adecuados para ser lanzados desde distancias seguras y escapar, salvo unos pocos EXOCET (5).

Armeros haciendo una "dedicatoria" en una bomba de tipo BR 250 Kg
El embargo europeo y americano nos impedía obtener más. Ante esto, se analizaron las experiencias de los primeros días de combate, se estudiaron las técnicas empleadas en la Segunda Guerra Mundial, las características constructivas de los buques ingleses y sus medios defensivos. Se necesitaba que las espoletas se armaran apenas lanzadas las bombas y que no estallaran hasta cierto tiempo después del impacto, para permitir el escape del avión lanzador sin ser alcanzado por la explosión. La única espoleta disponible en nuestros arsenales que, convenientemente modificada, permitiría su empleo en estas condiciones, era la correspondiente a una bomba precisamente inglesa, de 500 Kgs.; idéntica a la lanzada por los Harriers, pero que esta vez iría sin el paracaídas de frenado. Sin embargo, la energía de esta bomba lanzada a 1.000 Km/h sería tan tremenda que atravesaría de lado a lado cualquier buque del tamaño de las fragatas y destructores, estallando varios segundos después de haberlo atravesado (o sea en la profundidad del mar y lejos del buque). Pero se consideró que la posibilidad de hacer impacto en alguna zona pesada, tal como el motor o depósito de municiones, podía retener a alguna bomba en su interior (la cual al estallar tenía potencia suficiente para hacer desaparecer al buque) o, por lo menos, en su pasaje provocaría una serie de daños y las consiguiente servidumbre a la flota (puesta fuera de combate, remolque, reparaciones, etc.. Aunque no era mucho más que volver a las antiguas balas de cañón, lanzando un gran trozo de acero con tremenda fuerza, allá fueron pilotos Argentinos, con su coraje sin igual y una sola gran bomba (apodada "la bombóla" ) en el vientre de sus máquinas, encomendándose a Dios, para atacar nada menos que al más moderno y peligroso de los objetivos de superficie. Sólo una cosa sabían: su pericia les aseguraría que casi todas las bombas que lanzaran harían blanco en un buque enemigo.
Así se hundieron por lo menos a las fragatas Ardent y Antelope y se hicieron impactos en otras 14 fragatas y buques de desembarco (sólo se mencionan los nombres y daños de aquellos reconocidos por Inglaterra ya que, al producirse la explosión varios segundos después del pasaje del avión, los pilotos no siempre vieron sus efectos, aun- que sí se viese algunas veces el impacto inicial de la bomba en el casco. De cualquier modo resulta improbable que, por lo menos por cierto tiempo, conozcamos cuales fueron las restantes, dado el obstinado interés demostrado por el gobierno inglés para ocultar las verdaderas pérdidas y daños sufridos).

Skyhawk A-4C de la Fuerza Aérea Argentina

Bombas BR 250 Kg
De algo si estamos seguros: si esas bombas hubiesen quedado dentro de los buques y estallado, todos ellos estarían reducidos a astillas, y difícilmente podrían haberse mantenido ocultos. Otro podría haber sido el fin de la guerra. Mientras tanto, apremiados por el tiempo y conscientes de la limitación de esas bombas, los técnicos de la Fuerza Aérea Argentina continuaron los estudios para reemplazar modificando a otras bombas y espoletas, desarrollando, ensayando y fabricando con la Industria Argentina, nuevos retardos, detonadores y piezas mecánicas a ritmo febril. Al cabo de 15 días, las nuevas bombas estaban provistas a las Unidades de combate y se emplearon por primera vez el día 25 de mayo, en el ataque al destructor Coventry (gemelo del famoso SHEFFIELD) el cual desapareció instantáneamente de la superficie ante el impacto de tres bombas (recordemos que el desembarco inglés en San Carlos fue el 21 de mayo). Su empleo se repitió en el ataque de Bahía Agradable, a los buques transporte de desembarco "SIR GALLAHAD" (alcanzado con toda la tropa en su interior). "SIR TRISTAN"y a la Fragata "PLYMOUTH", el portaaviones "INVINCIBLE" y a otras dos fragatas y buques menores de desembarco (no reconocidos). Ahora si la totalidad de los impactos implicaba la destrucción o el fuera de combate del blanco.

Corredor de Bombas BRP-220 (Expal) de cola lisa (Izquierda) y de cola frenada por paracaidas (Derecha) junto al los caza polivalentes Mirage 5 “Dagger” de la Fuerza Aérea Argentina, Guerra de Malvinas 1982

Bombas BR-250KG Expal de cola lisa junto a un Mirage 5 “Dagger” de la Fuerza Aérea Argentina, Guerra de Malvinas 1982

Bombas MK-17 para ser utilizadas en los bombarderos MK62 Canberra Argentinos.Guerra de Malvinas 1982
Hoy, cuanto todos asisten asombrados a la tremenda capacidad ofensiva que los sofisticados misiles de gran alcance tipo EXOCET confieren a los aviones en su lucha contra los buques, los argentinos, con aviones relativamente antiguos, llegaron sobre la tercera flota más moderna y poderosa del mundo e impactaron sobre más de 25 de sus buques de guerra con las antiguas, sencillas y baratas bombas convencionales y, en poco más de dos semanas, encontraron la forma de emplearlas con éxito de un modo como a nadie se le había ocurrido antes. Y lo hicieron con entusiasmo, con imaginación, con conocimientos y capacidad, pero sobre todo con verdadero amor a la Patria, con increíble coraje. .. y fe. Como se debe construir una Gran Nación. Aparte de si las bombas explotaron o no, nadie se ha sorprendido al comprobar el altísimo porcentaje de ellas que dieron en el blanco, de acuerdo a lo que las estadísticas de guerras anteriores indicaban. Evidentemente una causa muy justa y unos ideales muy elevados los empujaban.
Con esto cierro mi último post del año 2014. Una imagen vale más que mil palabras. Feliz año nuevo a todos!

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Gracias a todos!
