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EL PROYECTO VENUS



El Proyecto Venus es una organización fundada por los estadounidenses Jacque Fresco y Roxanne Meadows. Registrada como The Venus Project Inc.1 y como asociación sin ánimo de lucro,en el estado de Florida.

Pretende eliminar la guerra, la pobreza, el elitismo, la devastación ambiental y otros problemas globales mediante un plan global holístico-sistémico con el fin de crear una civilización mundial pacífica, avanzada y sostenible superando el sistema monetario, aplicando el método científico directamente al sistema social junto con la automatización progresiva de la producción, distribución y reciclaje, para crear abundancia e igualdad en acceso a los bienes y servicios y declarar los recursos de la Tierra como patrimonio común de todos los habitantes de la misma.

El plan incluye un diseño técnico de la ciudad basada en energías renovables, en la automatización industrial de la producción, la distribución y el reciclaje para el beneficio de todas las personas del planeta, eliminando progresivamente el paradigma de trabajar para sobrevivir o para acceder a los recursos, bienes y servicios en la sociedad, eliminando también el sistema monetario y de mercado para poder conseguir una gestión eficiente de los recursos y conseguir una transición gradual y global hacia lo que llama Economía Basada en Recursos. Esta organización considera la política, el sistema monetario y el sistema de mercado como métodos obsoletos de solventar problemas, dado que en la nueva situación mundial -señala- han quedado reducidos a generar y perpetuar escasez artificial, desperdiciar recursos y dividir a la población mediante métodos ideológicos que no tienen relación con las leyes naturales ni son relevantes para la realidad física del mundo, sino que parten de filosofías, creencias o hipótesis. Las ideologías también implicarían tomar acciones y organizar la sociedad al servicio de esa ideología, y no necesariamente se tendría en cuenta en cada momento si la situación de la realidad física o social ha cambiado. En su lugar, propone la aplicación del método científico, la ciencia y la tecnología directamente en el sistema social para analizar cuál es la situación en cada momento y elaborar una respuesta científica con el objetivo del beneficio humano y medioambiental para finalmente lograr el beneficio de todas las personas del planeta y el medio ambiente con abundancia, equidad, sostenibilidad y eficiencia.

Asegura que el método científico y el estado actual de la ciencia y la tecnología han superado las posibilidades del sistema monetario y de mercado, y pueden utilizarse para permitir la abundancia y la eficiencia dentro del sistema social y solventar los nuevos problemas globales; eliminando de raíz el elitismo, el desempleo, la pobreza estructural, la mayor parte de los crímenes, la negligencia medioambiental, las guerras, la estratificación social, la escasez y otros problemas sociales y medioambientales.6

Debe su nombre al hecho de que su centro de investigación de 8.7 hectáreas está localizado en Venus (Florida), EE. UU.


Proyecto Venus ¿Una posible utopía planetaria?


Si las ciencias de la conducta estudian la capacidad de adaptación del comportamiento humano, la ingenería social es el resultado de la aplicación de la leyes de la conducta con el objetivo de moldear la sociedad, en función de las interacciones de sus individuos, en una dirección concreta: buena o mala.

El objetivo humanista del conductismo, dentro de la corriente iniciada por del filósofo social B. F. Skinner, es la creación de un sistema -político, económico, social- basado en decisiones científicas, tratando de eliminar el sufrimiento humano adaptando su comportamiento a un modelo sostenible donde la tecnología se convierte en un elemento esencial para crear una condiciones óptimas de felicidad.

Según la teoría del refuerzo, existen tres tipos de acciones: las que nos gustan, las que nos disgustan y las que nos causan indiferencia. El objetivo de las utopías sociales inspiradas en las ciencias de la conducta consiste en el refuerzo de las primeras.

Sin embargo, la ciencia ficción nos ha mostrado el camino del control radical de la conducta. Aunque no de un modo tan extremo, lo que ocurre en Un mundo feliz -donde los seres humanos son condicionados para ser felices, evitando genéticamente el sufrimiento; o el Estado suministra a los ciudadanos drogas legales está ocurriendo en Occidente.

Tecnología y felicidad


Las versiones blandas de la ingeniería social aspiran, por contra, a una organización equilibrada de la vida, de tal forma que el ser humano sea capaz de aplicar de forma racional los conocimientos y tecnologías a su alcance para generar un modelo de felicidad. Fue ése el pensamiento que inspiró la novela Walden Dos, donde el propio Skinner imaginó una red de ciudades de 1.000 habitantes donde la existencia, sin ningún tipo de hipérbole sospechosa de ciencia ficción, se tornaba perfecta gracias al método científico.

"La disyuntiva es clara: o nos quedamos sin hacer nada y dejamos que nos devore un futuro nefasto, tal vez catastrófico, o nos servimos de nuestros conocimientos sobre la conducta humana para crear un ambiente social en el que podamos llevar una vida productiva y creadora sin malbaratar las posibilidades que los que han de seguirnos puedan tener para hacer lo mismo que nosotros", escribía en 1976.


En esa misma filosofía se basa el Proyecto Venus, aunque con un componente radicalmente tecnológico. Su ideólogo, Jacque Fresco, un gurú a medio camino entre la filosofía y la tecnología, ha alcanzado notable fama en los últimos años. Si bien los defensores de sus ideas se cuentan por millones, también sus detractores, sobre todo a raíz de la difusión del movimiento a través del último documental de Zeitgeist, considerado por muchos el primer culto surgido de internet.





Los defensores de Venus creen al pie de la letra en el proyecto: la abundancia, el pleno empleo y la felicidad condicionada son posibles. En contra, sus enemigos tachan las ideas de Fresco ideas de pura superchería new age, de engañabobos.

¿Son viables las propuestas tecnológicas del Proyecto Venus para sus ciudades modelo? Como veremos, sus innovaciones, por separado, no están demasiado lejos de la realidad. A nuestro alrededor existen indicios que apuntan en esa dirección, pero para alumbrar una utopía semejante tendrían que aplicarse multitud de tecnologías al mismo tiempo. Y aún así, todavía no sería posible. El cambio de paradigma propuesto por Venus implica la transformación del sistema monetario en una economía basada únicamente en los recursos.


Ciudades concéntricas y rascacielos


En cuanto al urbanismo, proponen el diseño de las ciudades en forma de círculos concéntricos. En el centro de la urbe, fácilmente accesibles, estarían los espacios públicos de afluencia masiva -escuelas, centros de salud, instituciones-, para canalizar el tránsito urbano de forma eficiente.

La idea de no es nueva. Una de las tres ciudades utópicas de Platón, la Atlántida, era, de hecho, circular. La teoría de los tres imanes, formulada por el urbanista Ebenezer Howard -concibió las ciudades jardín, que con el tiempo han terminado siendo ciudades satélite- tambien es un antecedente claro del proyecto, aunque con diferencias. Más cercano en el tiempo, el proyecto urbanístico para la reconstrucción de Londres tras la segunda guerra mundial, el Greater London Plan, estructuró la ciudad en una serie de anillos concéntricos, aunque sus objetivos eran diferentes a los de Venus: entre otros, bloquear la inmigración.

tierra


Materiales con Memoria de forma


Si hablamos de materiales, los rascacielos de Venus estarían construídos de hormigón reforzado, vidrio y acero. Nada nuevo. Arquitectónicamente, con una estructura en forma de trípode, estarían preparados para resistir seismos y tornados, algo a lo que ya están acostumbrados en Tokio desde hace años. Sus rascacielos han soportado sacudidas de terremotos de 8,9 grados en la escala Richter.

La novedad la hallamos en los materiales con memoria de forma. Venus propone un modelo constructivo basado en un tipo de materiales capaces de recuperar, tras su exposición a un determinado tipo de estímulo físicos o químicos, su forma original. Fresco pone el ejemplo de la cúpula de un edificio, que tras volverse plana al aplicarle una corriente eléctrica recupera su forma original, permitiendo así múltiples reparaciones y recambios.


La energía geotérmica


Aunque el Proyecto Venus combina todas las energías limpias, cobra especial importancia la energía geotérmica, una fuente renovable basada en el aprovechamiento del calor interior de la tierra.

En teoría, se trata de una fuente ilimitada de energía en cuyo uso Islandia es un caso de éxito que tratan de imitar otros países. A día de hoy, más del 85% de su energía procede del agua volcánica subterránea.

Gracias a la energía geotérmica, Islandia abastece la mitad de las necesidades de electricidad del país, a un precio dos tercios inferior a la media europea.


Automatización de las decisiones


Uno de los puntos fuertes de Venus consiste en dotar a las ciudades de inteligencia propia, de tal forma que pueda gestionar automáticamente el consumo, los recursos energéticos, las materias primas y la producción.

En Venus, los edificios también estarán dotados de inteligencia. Proponen una serie de tecnologías que no distan demasiado de las innovaciones propuestas hoy en día por el internet de las cosas para nuestros hogares: control remoto, automatización y eficiencia. Las nuevas reglas de la arquitectura avanzan, también, hacia los edificios energéticamente autosuficientes, y las innovaciones a nuestro alcance ya están a la altura de los objetivos de Venus.

energia


Distribución de los recursos


En las ciudades Venus nada está monetarizado, ni los bienes de consumo ni el ocio. La sostenibilidad del sistema se basa en la producción y utilización de los recursos en comunidad.

Por ejemplo, si alguien necesita un coche -por supuesto, eléctrico- tendrá que solicitarlo a un centro de distribución encargado de gestionar los recursos. En lugar de una ciudad atestada de coches, Venus propone un parque móvil común, del que puedan hacer uso los ciudadanos cuando lo precisen.

En la actualidad, el consumo colaborativo está avanzando en esa dirección. No sólo están proliferando en las grandes ciudades los grupos de consumo, por ejemplo con huertos donde los ciudadanos tienen acceso a una serie de materias primas de forma directa. Las aplicaciones para compartir coche o para intercambiar una vivienda son, a pequeña escala, tecnologías propuestas por Venus.

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