Una taza de magnesio, 1 taza de silicio, 2 tazas de hierro, 2 tazas de oxígeno, 1/2 cucharadita de aluminio, 1/2 cucharadita de níquel, 1/2 cucharadita de calcio, 1/4 de cucharadita de azufre y un chorrito de agua procedente de un cometa o asteroide.
Estos son los ingredientes necesarios para fabricar otra Tierra, según una investigación dirigida por Courtney Dressing, del Centro de Astrofísica Harvard Smithsonian (CfA). Y es que, en su opinión, "nuestro Sistema Solar no es tan único como habíamos pensado. Parece que todos los exoplanetas rocosos utilizan los mismos ingredientes básicos".
Una vez obtenidos estos –los anteriormente citados–, hay que mezclarlos en un bol grande, amasar hasta obtener una bola redonda y colocarla con cuidado en la zona de habitabilidad alrededor de una estrella joven. Luego, calentar hasta que la masa se convierta en una bola brillante y ardiente de color blanco. Hornear durante unos cuantos millones de años. Enfriar hasta que el color pase del blanco al amarillo y después al rojo y se forme una costra de color marrón con tonos dorados. En este punto, la masa ya no debería emitir luz alguna.
Por último, sazonar con un poco de agua y compuestos orgánicos. La masa encogerá un poco a medida que el vapor escape, formando nubes y océanos. Ahora hay que esperar unos cuantos millones de años más para ver qué ocurre. Con suerte, una fina capa de vida aparecerá, como un glaseado, sobre la superficie del nuevo mundo.
Lo que Dressing y su equipo han descubierto es que esta "receta" para fabricar un planeta habitable resulta válida también para otros mundos en órbita de otras estrellas. Aunque no para cualquiera al azar, sino para los que reúnen una serie de condiciones específicas.
Los investigadores se valieron para este trabajo del instrumento HARPS-North del Telescopio Nazionale Galileo, de 3,6 metros, instalado en las islas Canarias. HARPS (High-Accuracy Radial velocity Planet Searcher) significa "Buscador de Alta Precisión de Velocidad Radial de Planetas", y está diseñado para medir con precisión las masas de mundos pequeños, de tamaño parecido a la Tierra. Esas medidas resultan de la máxima importancia para determinar las densidades y la composición de los exoplanetas detectados.
El equipo de Dressing se fijó en Kepler 93b, un cuerpo celeste que tiene 1,5 veces el tamaño de la Tierra y cuya orbita alrededor de su estrella dura 4,7 días. Su masa fue determinada por HARPS-North como 4,02 veces la terrestre, lo que significa que se trata de un mundo rocoso. Luego los investigadores compararon los datos con los de diez exoplanetas con diámetros inferiores a 2,7 veces el de la Tierra y calcularon con precisión sus masas.
El resultado fue que cinco planetas con diámetros menores a 1,6 veces el terrestre guardaban una estrecha relación entre masas y tamaños, lo que era probaba que todos ellos tenían una composición de hierro y rocas muy similar, y parecida también a la de nuestro planeta.
En cambio, los que eran más grandes tenían densidades significativamente menores. Por eso, según Dressing, "para encontrar un mundo verdaderamente similar al nuestro, deberíamos centrarnos en los planetas con menos de 1,6 veces el tamaño de la Tierra, porque esos son los mundos rocosos".
Planetas muy parecidos a la Tierra
Un equipo de astrónomos del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics (EEUU) ha localizado un total de ocho nuevos planetas en la zona conocida como “Goldilocks” (Ricitos de oro) dentro del espacio de habitabilidad estelar, de los que dos de ellos son muy similares a la Tierra; de hecho, se trata de los exoplanetas que actualmente más se parecen a la Tierra de entre todos los identificados hasta el momento.
Los dos exoplanetas candidatos son: Kepler-438b y Kepler-442b, que se encuentran a 470 y 1.100 años luz de distancia, respectivamente y cuya presión atmosférica podría soportar agua líquida en su superficie. Ambos orbitan alrededor de estrellas enanas rojas que son más pequeñas y también más frías que nuestro Sol. Así, Kepler.438b orbita su estrella cada 35 días y Kepler-442b cada 112 días.
“La mayoría de estos planetas tienen bastantes posibilidades de ser rocosos como la Tierra”, explica Guillermo Torres, líder del estudio. Y es que, según los cálculos de los científicos, el primero de ellos tiene un 70% de probabilidad de ser rocoso mientras que el segundo, Kepler 442-b, tiene una un 60% de posibilidades de tener rocas.
“En nuestros cálculos optamos por adoptar los límites más amplios posibles que podrían llevar plausiblemente a condiciones adecuadas para la vida. No sabemos con certeza si algunos de los planetas de la muestra son habitables, pero son candidatos prometedores”, explica Torres.
Los cálculos han sido llevados a cabo gracias al programa informático BLENDER que se ejecuta desde el superordenador Pléyades de la NASA.
Los cinco exoplanetas en los que podríamos vivir
Se denomina planeta extrasolar o exoplaneta a un planeta que orbita una estrella diferente al Sol y que, por tanto, no pertenece al Sistema Solar. Los planetas extrasolares se convirtieron en objeto de investigación científica en el siglo XX. Muchos astrónomos suponían su existencia, pero carecían de medios para identificarlos. La primera detección confirmada se hizo en 1992. Se han descubierto 1164 sistemas planetarios que contienen un total de 1855 cuerpos planetarios, 473 de estos sistemas son múltiples y 43 de estos planetas están por encima de las 13 MJ (1 MJ es la masa de Júpiter) por lo que muy probablemente sean enanas marrones. La mayoría de planetas extrasolares conocidos son gigantes gaseosos igual o más masivos que el planeta Júpiter, con órbitas muy cercanas a su estrella y períodos orbitales muy cortos, también conocidos como Júpiteres calientes. De acuerdo con la actual definición de "planeta", un planeta tiene que orbitar una estrella. Sin embargo, se considera posible la existencia de cuerpos planetarios no ligados a la gravedad de ninguna estrella. Tales cuerpos habrían sido expulsados del sistema en el que se formaron y en la literatura científica se los denomina frecuentemente como planetas errantes o planetas interestelares. El exoplaneta confirmado más similar a la Tierra descubierto orbitando dentro de la zona habitable es, hasta enero de 2015, Kepler-438b, con un índice de similitud con la Tierra del 88%. KOI-4878.01, un candidato a planeta, posee un IST mayor (98%). De confirmarse su presencia, sería un posible análogo a la Tierra.
Gliese 581g
Situado en la constelación de Libra, este exoplaneta reúne condiciones de habitabilidad que le hacen ser el primero de la lista. Tiene un radio de 1,4 veces la Tierra y se encuentra a 20,2 años luz de nosotros.
Foto: The Planetary Habitability Laboratory @ UPR Arecibo (phl.upra.edu)
Gliese 667Cc
Tiene una temperatura superficial de 27 grados, y un radio de 1,9 veces el de la Tierra. Se encuentra en la constelación de Escorpio.
Foto: The Planetary Habitability Laboratory @ UPR Arecibo (phl.upra.edu)
Kepler 22b
Fue descubierto en 2011 por un equipo internacional de científicos de Estados Unidos, Dinamarca, Reino Unido, Australia, Países Bajos y Francia. Se encuentra a 535,9 años luz de la Tierra.
Foto: The Planetary Habitability Laboratory @ UPR Arecibo (phl.upra.edu)
HD 85512b
En la constelación Vela se encuentra este gigante con una masa estimada de cuatro veces la de la Tierra y una temperatura superficial de 78 grados.
Foto: The Planetary Habitability Laboratory @ UPR Arecibo (phl.upra.edu)
Gliese 581 d
Más frío que su compañero Gliese 581 g, se estima que la temperatura de este astro es de -37 grados. Ambos son el primer caso conocido de dos exoplanetas potencialmente habitables que orbitan alrededor de la misma estrella.
Foto: The Planetary Habitability Laboratory @ UPR Arecibo (phl.upra.edu)