Como Siempre Saludando a toda la comunidad Taringera, y como siempre les traigo un Post conmemorativo Por el Aniversario del Titanic después de 100 Años. Sobre unos valientes caballeros y damas de procedencias latinoamericanas que eligieron pasar su última noche y así tambien las perosnas Procesendia Española, que tambien deciden pasar sus ultimas horas dell 14 al 15 de abril de 1912, escuchando los acordes que tocaba la orquesta mientras el lujoso transatlántico se hundía frente a las costas de Terranova. La Gran mayoría de estos personajes latinos fueron reconocidos como héroes en la actualidad, ya que en estos últimos años sale a flote más información sobre los pasajeros que viajaban en el Titanic, y tal ves algunos de estos personajes los hallan nombra en sus respectivos países, pero de todas maneras quisiera compartir esta información con Ustedes.
1. El primero de lospersonajes que voy nombrar es del Mexicano, Lic. Manuel Ramírez. Uruchurtu (12de Junio de 1872 Hermosillo, Sonora – 15 de Abril de 1912 ).
Miembro de una familia pudiente, el joven Uruchurtuviajó a la Ciudad de México para estudiar Licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma deMéxico . Contrajo matrimonio con su compañera de estudios, laaristócrata Gertrudis Caraza y Landero ,con quien tuvo siete hijos. Él y su familia se establecieron en la Ciudad de México . Su amistad con el estrategaporfirista Ramón Corral le brindó la oportunidad de sermuy conocido en la vida política del país. Sin embargo, la caída y destierro de Porfirio Díaz en 1911 afectó al ilustre abogado.
La revolución Mexicana tuvo un Pequeño papel en lavida de Este Personaje Mexicano y con las personas con las que serelacionaba. Luego de convertirse enDiputado Federal del Estado de Sonora, en 1912 decide ir a Francia a visitar a su amigo, el también desterrado RamónCorral. El 1 de marzo de ese año se efectúa el encuentro entre Manuel Uruchurtuy Corral. Cumplido su cometido, el sonorense adquiere su boleto para viajar el10 de abril de París de Cherburgo, Francia a Veracruz , México.
A finales de marzo o principios de abril de ese añoManuel Uruchurtu decide Hospedarse en Paris, Francia. Recibe la visita de Guillermo Obregón , yernode Ramón Corral y presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados.Obregón había pagado un poco más de £ 27 (hoy casi USD$ 100,000.00) por unboleto de primera clase que le permitiría navegar en el lujoso trasatlántico Titanic en su viaje inaugural, pero habíacambiado de parecer y deseaba intercambiar boletos.
El 8 de abril Manuel R. Uruchurtu fue invitado a unafiesta con los exiliados leales de Porfirio Díaz y el 10 de Abril, le envió a su madre, desde Hermosillo, una postal diciéndoleque la foto se trataba ni más ni menos que del barco en el que viajaría(Titanic) , que llegando a México la visitaría en Hermosillo para platicarletodo acerca del viaje en el famoso barco. Ese mismo día, en Cherburgo , él abordó el Titanic junto con 273 pasajeros más.
La noche en que el Titanic chocó contra el témpano de hielo, domingo 14 de abril,Manuel Uruchurtu fue subido al bote salvavidas número 11. Manuel R. Uruchurtuviajaba en el Titanic en calidad de diplomático por ello le otorgaron un lugaren el bote salvavidas al l hundirse el buque transatlántico; en el caos elsonorense logró captar el sufrimiento en una dama inglesa a quien de inmediatole cedió su lugar, y le pido que contara a su familia lo que realizo en elTitanic. Y como mencione ,,,,,, Entonces se apareció una dama, de nombreElizabeth Ramell Nye, quien imploró ser incluida en el bote salvavidas,alegando que su esposo e hijo le esperaban en Nueva York .Los oficiales se negaron a subir a alguien más al bote, ya que pondría enpeligro la estabilidad de éste.Manuel Uruchurtu se levantó, abandonó el botesalvavidas y cedió su lugar a la dama. Mas, adivinando su segura muerte, él lepidió visitar a su familia en Hermosillo para hacerles saber sobre sus últimosminutos en vida. Elizabeth Ramell Nye salvó su vida al ser rescatada; no asíUruchurtu quien falleció en el hundimiento del Titanic.
Tiempo después se descubrió que Elizabeth Ramell
habíamentido a Uruchurtu, ya que ni era casada ni tenía ningún hijo alguno. Noobstante, la mujer cumplió su promesa y en 1924 viajó a
Xalapa
, Veracruzy Hermosillo, Sonora a contar a la viudade Manuel R. Uruchurtu la historia de su esposo y la Gran Valentía por a verleDecido su Lugar.
2. Argentinatambién tuvo a 2 persona que estuvieron en el Accidente del Titanic.
El joven Edgardo Andrew y la Camarera y enfermera Violeta Constanza Jessop.
El joven de 17 años Edgardo Andrew, Rio Cuarto “Provincia de Córdoba”, Argentina (28 de marzo de 1895 – 12 de abril de 1912).
Edgardo era hijo de inmigrantes ingleses. Su padre, Samuel Andrew, y su madre, Annie Robson, se habían establecido en Córdoba en la década de 1870. Tuvieron ocho hijos. Edgardo era el menor.
A fines del siglo XIX, la ganadería se expandía y la Argentina se erigía en el "granero del mundo". Los nuevos terratenientes sabían poco del negocio, por lo que necesitaban mayordomos o administradores bien capacitados. El primer mayordomo de 'El Durazno' fue el padre de Edgardo, Samuel Andrew, quien junto a su esposa, Annie Robson, eran inmigrantes ingleses procedentes de Whitby, Yorkshire, y se habían establecido en la Argentina en la década de 1870. Tuvieron 8 hijos: Silvano Alfredo (nacido en 1883), Isabel Mercedes (1885), Wilfred (1887), Ethel Ana (1888), Hilda (1890), William Henry (1892) , Edgardo (1895) y John Vickers (1899), quien murió a los seis meses de edad, convirtiendo a Edgardo en el mas Jove de la familia.
Samuel Andrew falleció en 1906 y su hijo Wilfred se hizo cargo de la administración de la estancia. A principios del siglo XX, las clases sociales estaban bien diferenciadas y los Andrew, nada ajenos a las costumbres de época, pertenecían a la clase media rural. Para ellos era usual y casi obligado enviar a sus hijos a Inglaterra para estudiar y conocer a sus familiares. Así, al igual que lo habían hecho previamente sus hermanos Silvano, Wilfred y Ethel, en 1911 le tocó a Edgardo emprender el largo viaje. Sin embargo, él no iría a Inglaterra, sino a EE.UU., a visitar a su hermano Silvano Alfredo, que se encontraba allí por motivos de trabajo.
Edgardo no habría de permanecer en EE.UU. durante mucho tiempo. Dos meses después, Silvano Alfredo buscó una escuela en Bournemouth, Inglaterra, A sus 16 años, el joven fue enviado a Inglaterra para estudiar y conocer a sus familiares. Mientras estaba estudiando en Bournemouth. Durante un año. Recibió la carta de su hermano Alfredo (Depues de la Muerte de Edgardo su Hermano Alfredo se había convertido Así en una figura paterna o incluso como su padre). Invitándolo a la boda y además de enviarle dinero para el viaje. Pero nunca llegó a destino. Su historia se cerró ese abril de 1912, en las aguas heladas del océano.
El viaje de Edgardo a EEUU estaría pronto a concretarse. Sería el miércoles 17 de abril de 1912, día en que zarparía a bordo del vapor 'Oceanic'. Sin embargo, circunstancias aviesas tornarían su partida en un punto sin retorno. El destino de Edgardo había alterado su curso debido a la propuesta de su hermano; pero sucedió algo más que lo empujó hacia una zona velada, de incertidumbre y desazón, que terminaría por conducirlo a la fatalidad: fue una huelga de carboneros.
Debido a dicha huelga, la White Star Line canceló el viaje del 'Oceanic', en el que debía partir Edgardo, al igual que los de otros dos transatlánticos de la compañía, el 'Majestic' y el 'New York'; con el objeto de proveerle todo el carbón disponible a su rutilante estrella, el 'Titanic', cuya partida era impensable postergar dada la gran expectativa mundial que se había creado en torno de su viaje inaugural.
Si Edgardo esperaba el fin de la huelga, no llegaría a EE.UU. a tiempo para la boda de su hermano. No tenía más opción que acatar la realidad: debía embarcarse en el Titanic. Sin embargo, el célebre trasatlántico zarparía el 10 de abril, una semana antes que el ya cancelado viaje del Oceanic.
Este hecho representaba un problema inesperado: Josey Cowan, su amiga tan cercana, le había escrito pocas semanas atrás diciéndole que viajaría a Inglaterra, noticia que lo había colmado de alegría, pero su llegada sería algunos días después de esa fecha.
Debió haber sido un momento realmente difícil para Edgardo, ya que tendría que resignarse a perder la oportunidad de rencontrarse con la joven Josey después de muchos meses sin verla. No obstante, lo esperaban en EE.UU., y al tomar su decisión, aún con pesadumbre, su sentido del deber prevaleció sobre sus deseos más íntimos ('...así es el mundo', le escribiría a Josey en una conmovedora carta). El esplendor del Titanic no lo cegaba en absoluto, pero era hora de asumir que sería uno de los pasajeros del barco más grande y más lujoso del mundo. Y Al final le escribe una carta a su amada en la cual le menciona que ya no volvería a argentina a verla, que mas bien ya aria su vida en los EUA junto con su hermano.







PREMONICION de Edgardo 






El 8 de Abril, dos días antes de la partida del Titanic, en el poblado de Bournemouth, al sur de Inglaterra y tratando de mantenerse a flote en medio de la intimidad de su propio océano de emociones, Edgardo escribió la carta que se convertiría en el amargo epitafio de su relación con Josey Cowan.
Las palabras de Edgardo, escritas con la frescura de un muchacho de 17 años, son, de por sí, conmovedoras, pero llegan a estremecer profundamente desde la perspectiva de los acontecimientos posteriores.
Su escrito comienza tratando, de alguna forma, de no desanimar a Josey, pero es él quien no puede evitar mostrarse descorazonado desde el primer párrafo:
"No puede imaginarse cuanto siento el irme sin verla y tengo que marchar y no hay mas remedio..."
Sin embargo, la frase siguiente es un tanto más perturbadora, ya que fluye en ella una clara evidencia del contraste entre la inmensa felicidad que sentía Edgardo y la frustración ante la imposibilidad de materializar sus planes. Los momentos que podría haber compartido con Josey se le escaparían para siempre.
"Cuando recibí en su primer carta... -continúa escribiendo el joven Andrew- ...en donde me decía que pensaba venir á esta, estaba tan contento con la noticia que no podía pensar en otra cosa, y hacía cada programa... pero desgraciadamente mis anticipados programas no llegarán a realizarse."
Al explicarle a Josey acerca del azaroso cambio de boleto para viajar en el soberbio Titanic, la imagen recurrente de lo inexorable de su partida aparece una vez más. Como antes, esta frase va ligada a otra que evidencia la pena de Edgardo. Afiebrada, su letra se desliza sobre el fino papel:
"Realmente parece increíble que tenga que irme unos cuantos días antes de su llegada, pero que hacerle, tengo que marchar."
Hasta el momento había intentado infructuosamente encontrar las palabras justas que expresasen cómo se sentía en realidad y cuánto habría querido quedarse. Tenía que lograr que emergiesen sus torbellinos interiores.
Para imprimir en Josey la naturaleza de sus sentimientos con un sello indisoluble, se atrevió a imaginar la forma de librarse de lo único que se interponía entre ellos en ese momento: el Titanic.
En el tercer parágrafo escribe acentuando la tinta:
"Figúrese Josey que me embarco en el vapor más grande del mundo, pero no me encuentro nada de orgulloso, pues en estos momentos desearía que el Titanic estuviera sumergido en el fondo del océano."
Sin embargo, antes de zarpar, Edgardo pudo comprobar que la primera clase del Titanic era aún más lujosa que lo imaginado, cuando tuvo la oportunidad, junto a otros pasajeros de segunda, de visitar las comodidades de la clase más costosa.
Al asentarse la noche, las estrellas se insinuaban cual tenues candelas, extendiendo su fulgor hacia la calma del inconmensurable océano. Nada parecía presagiar la tragedia pero, de pronto, una silueta fantasmagórica esculpida en hielo y fatalidad dibujó su amenazante perfil desde la oscura quietud.
La voz del vigía Frederick Fleet se oyó clara y fuerte: "¡Iceberg al frente!"
Poco tiempo después todo sería caos y confusión, aunque cada pasajero tomaría conciencia del hecho en distintos momentos y bajo distintas circunstancias.
Edgardo, que se encontraba en su camarote, advirtió que algo sucedía. Al salir al pasillo se encontró con Winnie Troutt y juntos le preguntaron a un tripulante el motivo por el cual el vapor se había detenido.
"Fue sólo un iceberg" contestó.
El impacto casi no había sido advertido en las habitaciones de primera y segunda clase que se encontraban más arriba o más hacia la popa que la tercera, pero sí en las cubiertas inferiores y en las salas de máquinas.
Algunos pasajeros bromeaban por el tenor de las órdenes. Después de todo, creían realmente que el Titanic era 'insumergible'. Edgardo se había encontrado con Milling y, un momento más tarde, ambos fueron embestidos por Winnie, que se veía visiblemente perturbada.
"¿Cuál es el problema, Señorita Troutt?... ¿Qué significa todo esto?" preguntó Milling.
"Una muy triste despedida para todos nosotros... Este barco se va a hundir" contestó desconcertada.
"¡Imposible!" rió Edgardo. El, como muchos otros pasajeros, había subestimado la real dimensión del hecho.
Milling tomó las manos de Winnie para calmarla. Ella había visto a un grupo de la tripulación quitar el recubrimiento de lona de uno de los botes salvavidas, mientras otro era bajado a nivel de la cubierta. Su confianza en la invulnerabilidad del barco se había esfumado. Edgardo y Winnie dejaron a Milling hablando con otros pasajeros y se dirigieron a sus camarotes. El Titanic se estaba hundiendo. Era hora de aceptar la terrible verdad.
también, la última oportunidad que tuvo Edgardo de ejercer la cortesía. Sucedió en medio de la confusión reinante en cubierta. Al verla desesperada y sin su salvavidas, el joven Andrew no dudó en quitarse el suyo y cedérselo. Momentos después, una conmocionada Winnie veía como Edgardo saltaba a las heladas aguas. Sin embargo, su gesto heroico no fue decisivo en la supervivencia de la señorita Troutt: en el Titanic la única posibilidad era acercarse a un bote. La joven necesitaba además una razón para vivir. Siendo soltera, consideraba injusto salvarse en lugar de otras mujeres con esposos e hijos, así que se había resignado a su destino.
Mientras su bote se alejaba lentamente del gran transatlántico, Winnie presenció momentos de hondo dramatismo, al contemplar la visión casi surrealista del naufragio en medio de los gritos desesperados de quienes intentaban asirse a sus últimos instantes de vida, condenados por las mortales dagas de un mar congelado. Ese fue el Final del Gran Héroe y Joven Edgardo Andrew. Y la gran Ironia Y Dolor que les voy a comentares muy interesante y triste del Amor de su amada, En 1912 las comunicaciones eran lentas e imposibles de predecir. Las noticias podían recibirse en un orden que llegaba a convertir la realidad en algo casi irónico.Una carta escrita el 29 de Abril de ese año en la estancia 'El Durazno' testimonia que la familia de Edgardo aún no sabía que había abordado el Titanic, cuando hacía dos semanas que él ya no se encontraba en este mundo.
Josey Cowan llegó a Londres a bordo de un vapor inglés el 21 de abril para encontrar días después un sobre con su nombre, en casa de las tías, y un "Sin Dirección" estampado apresuradamente por Edgardo. No se sabe con certeza qué fue lo que recibió primero; si la noticia del hundimiento del Titanic, la paradójica carta del muchacho o la certeza de que él era una de las víctimas. Cualquiera haya sido la sucesión de los hechos, ya nada sería igual para ella. Desde entonces debería resignarse a que Edgardo fuese tan sólo un recuerdo. Y mucho más que eso, una profunda herida en su corazón.
La segunda persona que viajaba en el Titanic de Origen Argentino pero de padres Irlandeses era, Violeta Jessop (1 de octubre de 1887, Buenos Aires, Argentina - 5 de mayo de 1971, Suffolk, Reino Unido). Sobreviviente del Accidente del Titanic y de otros accidentes con otros barcos






. Cuarto para las 8
Es hija de inmigrantes irlandeses, y la mayor de nueve hermanos



. Durante su infancia contrajo tuberculosis, y a pesar de que los médicos le pronosticaron pocos meses de vida, logró sobrevivir a la enfermedad y al catástrofe del Titanic 
a otros cosas mas 
.
a familia regresó a Gran Bretaña tras la muerte de su padre; y fue asi como su madre tuvo que mantener a la familia trabajando como camarera en compañias navieras. Su madre también enfermó y obligó a Violeta a hacerse cargo de su familia. Ella eligió seguir el camino de su madre, convirtiéndose en camarera en 1908, trabajando para la Royal Mail Line con un sueldo escaso y 17 horas de trabajo. Tras dos años de trabajo, fue contratada por la White Star Line, para trabajar con la tripulación del RMS Olympic, el barco más grande y lujoso de su época. En el transcurso de uno de los viajes de este transatlántico, el 20 de septiembre de 1911, el RMS Olympic colisionó contra el HMS Hawke, y apesar de este incidente, ambos barcos lograron llegar a puerto sin víctimas



, Y todavía le falta el otro accidente, pero a unes es de destacar,, es que sobrevivió al accidente del Olympic.
El Titanic zarpó de Southampton el 10 de abril de 1912, Violeta fue solicitada para formar parte de la tripulación de este nuevo transatlántico, y a pesar de que ella deseaba quedarse en el Olympic, los consejos de familiares y amigos, sin mencionar la belleza y el lujo de este barco, la convencieron. Y Incluso yo también me Hubiese Emocionado y también hubiese aceptado instantáneamente.
Cuatro días después de haber zarpado, el Titanic colisionó con un iceberg, y se hundió en las profundidades del Océano Atlántico a unas 150 millas de Terranova, dejando un saldo de 1.523 muertos, de las 2.228 personas que viajaban a bordo. Violeta fue una de los 705 supervivientes, los cuales soportaron horas de frio y angustia, hasta ser rescatados por el RMS Carpathia.
La tercera creación de la White Star Line, el HMHS Britannic, fue lanzado al mar en 1915, pero un año antes había estallado la Primera Guerra Mundial y el HMHS Britannic fue convertido en barco hospital; Violeta se unió a la tripulación como enfermera.
El 21 de noviembre de 1916 el HMHS Britannic navegaba en el canal de Kea, en el Mar Egeo. Al amanecer de ese dia, se escuchó una gran explosión, causada por una mina marina, y momentos después la proa de la nave comenzó a hundirse a causa de los daños sufridos. "De repente oímos un ruido ensordecedor. Todo el salón se levantó de sus asientos. Me trajo recuerdos no tan distantes de la noche aciaga del Titanic", declaró Violeta. Logró ser rescatada por un bote salvavidas y 55 minutos más tarde, este barco hospital desapareció de la superficie.
Después de la guerra, siguió trabajando para la White Star Line, para luego trasladarse a la compañia Red Star Line y posteriormente regresar a la Royal Mail Line. A finales de la década de 1930 tuvo un breve matrimonio con un colega de trabajo, retirándose a vivir en la década de 1950, a Great Ashfield, Suffolk, Inglaterra.
Falleció el 5 de mayo de 1971, de insuficiencia cardíaca. Pero al momento en el que estaba ocurriendo esa catástrofe, la Señorita Jessop decidió ayudar a todo el personal a dirigirse a los botes salvavidas, y posteriormente ella también decide bajarse en los botes, y por ultimo solo le queda observar el hundimiento del barco más grande en la Historia.


3. Uruguay tuvo 3Personajes que tuvieron en los acontecimientos históricos respecto al Titanic.
Ramón Artagaveytia Montevideo, Uruguay ( Julio de 1840 – 12 de abril de 1912) También había sobrevivió a un Accidente de Otro Barco.


habia nacido en Montevideo (Uruguay), aunque sus raices eran españolas, ya que su padre (de Vizcaya) emigró alli cuando era joven. Cuando Ramón embarcó en el Titanic tenía 74 años. Gran aficionado a los viajes, los que le conocían le definian como un “dandy”. Su idea era llegar a Nueva York y desde alli hacer una ruta por las Americas, ya que poseia una gran fortuna y en esa época se dedicaba a viajar de un lado para otro.
Su madre se llamaba María Josefa Gómez y Calvo; su padre, Fermín Artagaveytia, fue un prestigioso comerciante de la época y también un respetado militar que llegó a ser Jefe de los Voluntarios del ex Presidente constitucional Manuel Oribe.
un poco dandy, ya que si bien logró amasar una fortuna en negocios e inversiones tuvo al mismo tiempo un sentido muy poético de la vida, razón por la cual hizo de la búsqueda de aventuras un ingrediente esencial del enriquecimiento de su espíritu.
Hacia 1871, cuando ya estaba radicado en Bs. As. por cuestiones de negocios –aunque viajaba seguido al Uruguay- Ramón Artagaveytia, decidió pasar la Navidad con su familia en Montevideo. A tales efectos, sacó los pasajes respectivos y
se embarcó el 23 de diciembre de ese año, a las 18 hs., en un vapor llamado “América”.
Se trataba de un barco muy conocido en el país. Según se sabe, en aquellos años apenas había dos o tres compañías que prestaban el servicio entre Bs. As. y Montevideo. Y entre ellas existía una gran rivalidad. Por esta razón, se sometían constantemente a todo tipo de disputas publicitarias con el propósito de ganar clientes. Una de las más famosas fue la de prometer la realización del trayecto hasta la bahía de Montevideo en un tiempo más corto que la competencia. Fue así que con el pretexto de ofrecer un mejor servicio, estas compañías habían llegado organizar entre sí verdaderas “carreras” a través del Río de la Plata. De ahí también, en consecuencia, que para designar a cualquiera de sus embarcaciones la gente hablara indistintamente del “Vapor de la Carrera”. Pues bien, el vapor “América”, en el que se había embarcado Ramón era por entonces, junto con otro llamado “Villa del Salto”, uno de los considerados más veloces.
Aquella tarde de diciembre el “América” y “Villa del Salto” zarparon al unísono hacia el puerto de Montevideo. Pocos datos se registran sobre el último de esos barcos. Del “América”, dónde viajaba Artagaveytia, se sabe que llevaba ciento catorce pasajeros de primera clase, veinte de segunda y treinta de clase popular, además de la tripulación. Se sabe también que era un barco chico pero muy lujoso y que tenía como capitán a un italiano llamado Bartolomé Bossi, un hombre que aquella vez, por alguna enigmática razón, estaba dispuesto a todo con tal
de ganar la carrera.
un poco dandy, ya que si bien logró amasar una fortuna en negocios e inversiones tuvo al mismo tiempo un sentido muy poético de la vida, razón por la cual hizo de la búsqueda de aventuras un ingrediente esencial del enriquecimiento de su espíritu.
Hacia 1871, cuando ya estaba radicado en Bs. As. por cuestiones de negocios –aunque viajaba seguido al Uruguay- Ramón Artagaveytia, decidió pasar la Navidad con su familia en Montevideo. A tales efectos, sacó los pasajes respectivos y
se embarcó el 23 de diciembre de ese año, a las 18 hs., en un vapor llamado “América”.
Se trataba de un barco muy conocido en el país. Según se sabe, en aquellos años apenas había dos o tres compañías que prestaban el servicio entre Bs. As. y Montevideo. Y entre ellas existía una gran rivalidad. Por esta razón, se sometían constantemente a todo tipo de disputas publicitarias con el propósito de ganar clientes. Una de las más famosas fue la de prometer la realización del trayecto hasta la bahía de Montevideo en un tiempo más corto que la competencia. Fue así que con el pretexto de ofrecer un mejor servicio, estas compañías habían llegado organizar entre sí verdaderas “carreras” a través del Río de la Plata. De ahí también, en consecuencia, que para designar a cualquiera de sus embarcaciones la gente hablara indistintamente del “Vapor de la Carrera”. Pues bien, el vapor “América”, en el que se había embarcado Ramón era por entonces, junto con otro llamado “Villa del Salto”, uno de los considerados más veloces.
Aquella tarde de diciembre el “América” y “Villa del Salto” zarparon al unísono hacia el puerto de Montevideo. Pocos datos se registran sobre el último de esos barcos. Del “América”, dónde viajaba Artagaveytia, se sabe que llevaba ciento catorce pasajeros de primera clase, veinte de segunda y treinta de clase popular, además de la tripulación. Se sabe también que era un barco chico pero muy lujoso y que tenía como capitán a un italiano llamado Bartolomé Bossi, un hombre que aquella vez, por alguna enigmática razón, estaba dispuesto a todo con tal
de ganar la carrera.
A punto de entrar a la bahía de Montevideo, los dos buques iban cabeza a cabeza. Intentando forzar una ventaja, el capitán Bossi le ordenó a su fogonero que aumentara la provisión de carbón en la caldera. El fogonero, más prudente que su capitán, advirtió que las máquinas estaban trabajando al rojo vivo y que aquello podría ser peligroso. Pero Bossi permaneció inflexible. Entonces la orden fue cumplida y como era tristemente predecible, hacia la una de la madrugada -mientras la mayoría de los pasajeros dormía- la caldera explotó por los aires, provocando que el América se partiera en dos mitades y que pronto el buque comenzara a hundirse a unas pocas millas de Punta Espinillo, sobre la costa uruguaya.
Cuando comprendió que el buque se iba a pique, Artagaveytia no lo dudó un instante y luego de quitarse la camisa se arrojó a las ennegrecidas aguas del río, dispuesto a luchar por su vida. Lo primero que hizo fue sujetarse a una silla de cubierta que andaba a la deriva. Pensaba permanecer a flote sujetado a ella hasta que alguien viniera a rescatarlo, pero el tiempo pasaba y nadie acudía a socorrerlo. Para colmo, un obstáculo imprevisto le dificultó la tarea: de pronto otro náufrago, que ya comenzaba a ahogarse, lo atrapó de una pierna y, en su afán de salvarse, comenzó a arrastrarlo hacia abajo. Como la silla no aguantaba el peso de los dos, Ramón no tuvo más remedio que sacarse los pantalones y dejar que el otro desventurado se ahogara.
Repuesto de esta dificultad, y convencido de que nadie vendría a rescatarlo, decidió nadar valerosamente hacia la costa y pocos minutos más tarde se encontraba sano y salvo en tierra firme. De esta forma, Ramón Artagaveytia eludió por primera vez lo que parecía ser una muerte segura en las aguas del Río de la Plata.
Otra especie inquietante de esta historia es que cuando el América se hundía, el Villa del Salto, que pasaba muy cerca, ni se detuvo un sólo segundo, ni aminoró su marcha, ni prestó ningún tipo de socorro a los náufragos de la compañía rival. Y eso que el América, como los pitos de vapor no funcionaban porque la caldera estaba rota, había izado dos luces de auxilio en el mástil. Apenas sesenta y cinco personas lograron sobrevivir a aquella tragedia, entre cuyos muertos figuraban incluso dos pequeños hermanitos parientes de Ramón.
El hundimiento del América conmocionó a toda la sociedad uruguaya. Pero el accidente fue especialmente significativo para Ramón, quien, según se dice, ya no volvió a ser el mismo. El recuerdo de aquella tragedia lo atormentó y lo persiguió durante toda su vida. Casi perdió la razón por lo ocurrido en ese viaje. Años más tarde, en una de sus cartas, y refiriéndose a aquella catástrofe, escribió lo siguiente:
“…el hundimiento del América fue terrible. Las pesadillas siguen atormentándome. Aun en los viajes más tranquilos, me despierto en mitad de la noche con horribles pesadillas y siempre oyendo las mismas funestas palabras: ¡fuego!, ¡fuego!, ¡fuego! He llegado al punto en que me encuentro a mí mismo parado en cubierta con el salvavidas puesto”.
A tal punto quedó marcado por este accidente que Artagaveytia llegó prácticamente a retirarse de la escena pública del Uruguay, pese a que era un personaje muy conocido en el país por aquellos años.
A tal punto quedó marcado por este accidente que Artagaveytia llegó prácticamente a retirarse de la escena pública del Uruguay, pese a que era un personaje muy conocido en el país por aquellos años. Pero además -y esto es quizás lo más significativo en el caso de un hombre como él- comenzó también a experimentar un cierto temor por el agua en general y por los viajes marítimos en particular. Vale decir: un forzado rechazo hacia lo más adorado de su vida. Síntoma de esta profunda transformación es el hecho de que hacia 1905 ya hacía un buen tiempo que Ramón casi había abandonado sus actividades comerciales marítimas y manejaba sus negocios desde tierra firme, retirado a una estancia propiedad de su familia en Guaminí, en la Pampa de Argentina.
El tiempo transcurrió, sin embargo, y cuando contaba sesenta y cinco años de edad Ramón Artagaveytia decidió que ya había trabajado e invertido lo suficiente a lo largo de su vida y que había llegado el momento de pasarla bien, tan lujosamente bien como podía pasarla un aristócrata en aquellos felices días del novecientos. Tenía muchas ganas, en especial, de viajar a Europa. El único problema era que para llevar a cabo éste propósito no tenía más remedio que embarcarse en una travesía marítima, posibilidad que lo sumía en un profundo nerviosismo. Es que, a pesar de que el transcurso del tiempo había logrado disipar algunos de sus malos recuerdos, su miedo al mar no había desaparecido por completo.
Este miedo se disipó como por arte de magia un buen día del año de 1912, cuando Ramón contaba ya setenta y dos años de edad y estaba planificando un viaje para visitar a un sobrino suyo que era el líder del Consulado uruguayo en Berlín. Entonces, unos amigos le dejaron saber la noticia acerca de un modernísimo navío de lujo que acababa de ser construido con infalibles medidas de seguridad y que se aprestaba a inaugurar sus servicios. Ramón ya tenía pasajes comprados en otro buque cualquiera, pero como la novedad de subirse a un buque creado exclusivamente para–no-hundirse era para él poco menos que un sueño hecho realidad (además de la cuota de snobismo que involucraba realizar una travesía en una máquina de aquellas características, en que habría de codearse con lo más selecto de la aristocracia mundial) sacó también pasajes de primera clase en éste barco, feliz de la vida.
Tan entusiasmado estaba con la posibilidad de volver a navegar sin necesidad de sentir miedo que poco tiempo más tarde, desde la cubierta de aquel barco, Ramón escribió una carta a su primo Enrique Artagaveytia que vivía en Montevideo en dónde explicaba, precisamente, que en este viaje por fin no iría con temores, sino muy tranquilo, con todas las garantías de subirse a una máquina que había sido construido con la mejor tecnología del momento. En aquella carta, Ramón celebraba, por sobre todo, una maravilla de la embarcación: el telégrafo, que permitiría mandar mensajes de auxilio con rapidez en caso de que algo ocurriera:
“No te puedes imaginar, Enrique, la seguridad que da el telégrafo. Cuando el América se hundió justo delante de Montevideo, nadie contestó las señales de luces solicitando ayuda. Ni siquiera el barco Villa del Salto respondió a nuestras señales de luces. Ahora, con un telégrafo a bordo, eso no volverá a suceder. Podemos comunicarnos instantáneamente con cualquier lugar del mundo…”.
Como pasajero de primera clase, Ramón tenía derecho a una plaza en uno de los botes salvavidas. Sin embargo, decidió no subirse al bote y fue visto por varios pasajeros en la cubierta del barco junto a otros dos paisanos, los Carrau.
Las últimas horas de Artagaveytia concluyen con un enigma. Cuando identificaron su cuerpo, se halló entre sus ropas un reloj de bolsillo, con sus agujas fijas en una hora diferente a la del naufragio (02.25 horas).
Nota: Según hay constancia en registros oficiales, que el Titanic se hundió el 15 de abril de 1912, a las 02: 20 hs. de la madrugada, al quinto día de zarpar.



Ahora les Presento Los señores Francisco Carrau de 28 años y José Pedro Carrau de 17 años, ambos de Origen de Montevideo, Uruguay. Eran tío y sobrino, embarcaron en Southampton en el Titanic en un camarote de primera clase, según la Enciclopedia Titánica. La familia Carrau, de origen catalán, fundó una de las compañías más antiguas de Uruguay, Carrau & Cía, que en la década de 1910 ya estaba "fuertemente consolidada en el mercado, contando como engranaje básico a Francisco Carrau Rovira", según la página en internet de la empresa. Lamentablemente de ellos. No encontré mucha historia o Biografía de ellos. Pero puedo dejarles los videos para que tal ves entiendan un poco mas de su gran historia en el Titanic.
4. De orígenes españoles y tratando de vivir y/o en radicar en la habana Cuba, la Pareja de Julián Padro Y Florentina Duran. Aquí tal ves voy a poner a los Países España Y Cuba, por que algunos historiadores dicen que nacieron en Cuba pero Viajaron a Cuba y posteriormente Deciden vivir en cuba, pero como dije no hay datos que afirmen sus Orígenes de “nacimiento”. Pero si garantizo que Vivian en España.
Por fortuna de los 2, se vuelve a encontrar en el bote que estaba rescatando a todos. Pero desde el momento que estaba ocurriendo el accidente, se separan y los 2 estaban pensado lo peor de cada uno.
Ojo también,,, voy a hablar de las Personas españolas que viajaban en el Titanic.
Víctor Peñasco y María Josefa Pérez de Soto
Víctor Peñasco y María Josefa Pérez de Soto contraen matrimonio el día 8 de diciembre de 1910 en Madrid y, como era habitual entre las parejas de recién casados de las clases adineradas, emprenden una larguísima luna de miel por las principales capitales europeas, un romántico itinerario que se va a prolongar durante casi un año y medio. Los felices esposos irán acompañados por el mayordomo de Víctor, Eulogio, pero van a necesitar una doncella. María Josefa conoce a una costurera que le merece gran confianza y le hace el ofrecimiento. Se llama Fermina Oliva Ocaña y tiene instalado su modesto taller de costura en una vivienda de la madrileña calle Regueros.
Entusiasmados, Víctor y María Josefa deciden embarcarse en el Titanic. Pero Fermina se sentía inquieta. «A mí de pronto me dio miedo y no quise ir —relataría años después—. Me acordaba del hundimiento del Reina Regente y tuve un mal presentimiento». La madre de Víctor también había presagiado algún peligro y había rogado a la pareja que no navegasen. «Viajad a donde queráis, pero no toméis ningún barco», les suplicó. Serán sólo dos de las muchas premoniciones que hubo de la catástrofe.
Obviando las recomendaciones de Purificación, Víctor y María Josefa compran los pasajes para el Titanic en la agencia que la White Star tiene abierta en París, en el número 9 de la rue Scribe, justo en frente del Palacio de la Ópera. Adquieren un billete conjunto con la numeración 17.758 por el que abonan 108 libras esterlinas y 18 chelines, una suma elevada para la época, y que incluye dos cabinas, una para el matrimonio y otra para Fermina. Eulogio se quedará en la capital francesa.
Para no preocupar a su madre, Víctor ha urdido un divertido plan. Dejarán escritas unas cuantas postales y el mayordomo se encargará de enviar a Madrid una cada día. Con este ocurrente ardid, Purificación creerá que continúan en París mientras ellos ponen rumbo a Nueva York. A primera hora de la mañana del miércoles 10 de abril, Víctor, María Josefa y Fermina toman un taxi en dirección a la estación ferroviaria de Saint-Lazare para coger el tren que les llevará hasta el puerto de Cherburgo, donde embarcarán en el Titanic. Felices como siempre, están muy lejos de sospechar el trágico destino que les aguarda.
Escoltados por decenas de mayordomos, los pasajeros de primera clase atraviesan los largos pasillos de madera blanca lacada para acomodarse en sus aposentos. Víctor Peñasco y María Josefa habían reservado un compartimento en la cubierta C, sólo tres niveles por debajo de la cubierta superior. La espléndida cabina C-65 estaba situada en el sector de proa de estribor y tenía vistas al mar. Como todos los camarotes estándar de primera clase era espacioso, confortable y refinado, con paredes paneleadas con ricos tapices y entelados y profusión de molduras, una tendencia decorativa inspirada en la ornamentación del Palacio de Versalles, que era una constante en la mayoría de las estancias del buque. Un elegante mobiliario en estilo Luis XV completaba el conjunto. Fermina Oliva se aloja casi enfrente del matrimonio, en la cabina C-109, en dependencias destinadas al personal doméstico, muy agradables y acogedoras. En total, el barco transporta a 2.222 personas, entre pasaje y tripulación. A la una y media de la tarde, el Titanic leva anclas y pone rumbo hacia su primera travesía transatlántica.
En la cabina C-65, el matrimonio Peñasco se dispone a descansar después de disfrutar de una deliciosa velada nocturna a bordo del Titanic. Aquel domingo había sido un día muy especial en el buque y la joven pareja se había retirado a su camarote más tarde de lo habitual, alrededor de las once de la noche, cuando ya las luces de los pasillos estaban apagadas y sólo cuatro mayordomos cumplían guardia para atender a los pasajeros más trasnochadores. Al otro lado del corredor, en la cabina de enfrente, Fermina está cosiendo con mimo uno de sus corsés antes de acostarse. Nada más tenderse sobre la cama, Fermina percibe una inusual vibración que recorre la nave. El leve desconcierto inicial se transforma en una inquietud creciente cuando, minutos después, se percata de que el barco se ha detenido. La parada de motores en un gran transatlántico en alta mar genera un silencio turbador que inspira la sensación de que algo no funciona de la manera correcta.
Atemorizada, sale de su habitación y golpea con los nudillos en el camarote de sus señores. María Josefa ya está en la cama y Víctor abre la puerta mientras se desabotona la chaqueta. Por la galería apenas transita nadie y los escasos mayordomos les aseguran que no existe motivo de preocupación. «No es nada, no es nada, decían los empleados», recordará Fermina. No obstante, María Josefa y su doncella se sienten nerviosas y Víctor decide subir a cubierta para investigar qué está ocurriendo.
Cuando alcanza la cubierta superior, observa cómo los marineros corren apresurados de un lado a otro retirando las lonas que cubren los botes salvavidas. Aunque, como todos los viajeros a bordo, Víctor es ajeno a esta espantosa realidad, al averiguar que el Titanic ha colisionado contra un iceberg, se alarma y desciende a la cubierta C tan deprisa como le es posible irrumpiendo en la cabina donde, ansiosas, esperan noticias María Josefa y Fermina. «¡Que se hunde, que se hunde!», exclama. En esos momentos, una escuadrilla de mayordomos va recorriendo los pasillos, ya profusamente iluminados, y llamando a las puertas de los camarotes con fingida calma. «Todo el mundo a cubierta con los chalecos salvavidas», resuena como un eco por las galerías.
...] Es inútil intentar salvar algo del equipaje. No hay tiempo. «Yo sólo cogí una estampa de San José que tenía encima de la cama, me la metí bajo el salvavidas y me encomendé a él —relatará Fermina—. Nunca me arrepentí de haber sabido elegir esa estampa entre tantas cosas que hubiera podido llevarme». Tras abandonar sus cabinas, y dando por hecho que no han logrado entrar en los atestados ascensores, giran a la derecha en dirección a la gran escalera principal, que se encuentra muy próxima. Procurando no extraviarse entre la cada vez mayor afluencia de pasajeros que circula por los pasillos, ascienden tres pisos hasta alcanzar la cubierta superior. Al final de la escalera, doblando de nuevo hacia la derecha, acceden al vestíbulo adyacente de primera clase y, desde allí, desembocan en el mismo borde del bote número 8.
Justo al lado, la orquesta del Titanic está interpretando ritmos alegres. La banda acaba de trasladarse desde el salón-comedor de primera clase hasta la cubierta de botes en una tentativa de crear una atmósfera de frágil optimismo en una situación tan inverosímil como aquella. Erigiéndose casi por encima de ellos, la monumental segunda chimenea de proa expele estrepitosas nubes de vapor. Pero los vals y las melodías ligeras se abren paso entre el fragor de las chimeneas que protestan iracundas desde que el capitán Smith ha ordenado apagarlas.
En la precipitación de la huida, Josefa ha olvidado sus joyas más preciadas en el camarote. En especial, le preocupa su magnífico collar de perlas de cuatro vueltas. Víctor decide retornar a la cabina para recuperarlas. Desamparadas y casi ocultas tras el bote 8, las dos solitarias mujeres aguardan mientras Fermina procura serenar a su señora, que se ve incapaz de contener el llanto. A medida que avanzan los minutos, se deja notar una ligera escora por proa y una progresiva desazón se va apoderando de los pasajeros. A las doce y veinticinco de la noche, el oficial Lightoller, encargado de supervisar la evacuación por la banda de babor, da la orden de embarcar a las mujeres y los niños. Aislados de la muchedumbre, María Josefa, Fermina y Víctor, que ya ha regresado a cubierta, permanecen juntos al amparo del bote 8. Cuando María Josefa comprende que sólo podrán embarcar las mujeres y los niños se abraza a Víctor entre afligidos sollozos y se niega en rotundo a despegarse de su lado. Los esfuerzos de Víctor para persuadirla resultan infructuosos.
Muy cerca, La condesa de Rothes y Gladys Cherry presencian la terrible escena de la separación de los recién casados.



.Lastima el señor Víctor Peñasco no logro sobrevivir, pero por fortuna su Esposa si pudo.
Y ahora tal vez valla un poco mas de infomacion con estos personaje, ya que realmente no enocontre mucha informacionde ellos, como sus acontecimeintos o sus Biografías para ser mas específico, pero si llegan a acontrar datos importantes de los personajes o de los otros que acabo de mencionar, por favor diganmelo en los comentarios, Ó solo envien un MP a mi cuenta



para que compartan su informacion y si llegan a econtrar cualquier despecfecto del post.
Servando Oviés (Murió)
Empresario textil de origen asturiano radicado en Cuba, Servando viaja constantemente a Europa en busca de contratos con proveedores. Siempre elige los mejores barcos, se aloja en primera clase y lleva consigo importantes cantidades de dinero. Su mujer no viajó con él en el Titanic porque estaba embarazada de su primer hijo. Servando falleció en la catástrofe. Oficialmente, su cuerpo reposa en el cementerio canadiense de «Mount Olivet», tras ser ser exhumado de una fosa común e identificado por un primo. Pero existen muchas dudas sobre si realmente se trata de él. Así que esto mas Bien se lo dejo a su Criterio O Su Opinión.
Fermina Oliva Ocaña (Sobrevivio)
Embarco de casualidad en el Titanic y se salvo de milagro. ASí de capricho fue el destino de Fermina Oliva Ocaña, una de los siete supervivientes Españoles de aquellas catastrofes. Otros tres compatriotras fallecieron. En víspera del centenario del hundimiento, la Odisea que vivio Fermina era una Humilde costura madrileña que fue contratada como sirvienta por una pareja de recien casados en una interminable luna de miel que duro año y medio. Pero Fermina termino montando en el Titanic. Y Cuando el barco chocó con un Iceber, y esntando a punto de de no entrar en uno de los botes: - A mí me dejaron fuera. Pero empece a gritar, deseseperada, y no tuviera mas remedio a llevarme. Me hecharon como un saco de Paja desde un metro de altura, cuando ya la barca bajaba, ¡Que horrible fue!. Al menos vivio para contarlo. Los otros 3 españoles no tuvieron tanta suerte.
A 2 dias antes de subirse al Titanic


Juan Monros (Murió)
Hijo de unos emigrantes catalanes residentes en París, Juan Monros apenas puede creer la extraordinaria suerte que ha tenido. Ni siquiera es camarero y, gracias a la recomendación de un amigo, logra enrolarse con solo 20 años en la élite gastronómica de la época: nada menos que el restaurante a la carta del Titanic. El día antes de zarpar, el único tripulante español envía su última misiva. Es una postal dirigida a su madre: «Contéstame a Nueva York y yo también os daré noticias mías desde allí». Monros falleció en el Titanic al momento del Hundimiento.
Julián Padró, Emilio Pallás, Florentina Durán y Asunción Durán (Sobrevivieron)
Julián y Emilio, dos pequeños hosteleros de Barcelona, deciden dejarlo todo y hacer las Américas para establecerse en Cuba con escala en Nueva York. Embarcan en el Titanic junto a Florentina, prometida de Julián, y la hermana de esta, Asunción. La noche del hundimiento, ellas logran montarse en el bote 12. A ellos no les dejan entrar, y saltan in extremis al bote 9. Emilio (en la imagen) se disloca una rodilla y pierde el conocimiento, pero sobrevive. Asi es, Julian y Emiliano eran 2 amigos

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Emilio Pallas
Buenoya seria el final del Post, espero que les haya sido de su agrado y Gusto. Aaclarando que este post lo realice con el fin de compartir la intesesantehistoria de los Latinos y Españolws que viajaban en el Titanic. Y Ademas quepara mi Punto de vista fue realmente Fascinante leer e investigar las historiasde estos personajes. Y Muchas gracias por tener la paciencia de a ver pasadopor el Post y tambien solo recordando que sepan valorar mi trabajo y midesempeño en este Post. Muchas Gracias.