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Cómo se declara una guerra democráticamente
La fracción no belicista del gabinete británico impone a Halifax, tras ardua discusión, que Henderson no pida su pasaporte, es decir, que no se produzca una ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania, al menos mientras los alemanes no respondan a la nota de última advertencia que se va a presentar.Kennedy, el embajador norteamericano, está furioso con Chamberlain, al que intentar reanimar -lleva varios días enfermo- Butler, Simón y Runciman (el del famoso pacto con nuestro país). A las 21:30, Henderson entrega la nota inglesa a von Ribbentrop. Media hora después lo hace Coulondre. Este -marxista notorio- no se entiende muy bien con su colega británico, demasiado pacifista a su gusto, y desobedece las instrucciones que le han sido enviadas por su superior jerárquico, el Ministro de Asuntos Exteriores. Algo sin precedentes. Pero todo es "sin precedentes" en este tenebroso asunto. Las dos notas terminan con un párrafo idéntico: "A menos que el gobierno alemán esté dispuesto a dar garantías satisfactorias de que ha suspendido toda acción agresiva contra Polonia y está dispuesto a retirar inmediatamente sus fuerzas del territorio polaco, el gobierno francés (inglés) cumplirá sin dudarlo sus obligaciones con respecto a Polonia". Neville Chamberlain
Los virtuosos del Derecho Internacional pueden sostener que no se trata de un ultimátum, amparándose en que para ser tal falta el plazo máximo para recibir una respuesta. Pero esto es jugar con las palabras: es un ultimátum, pues se dice que en caso de no cumplirse determinada demanda, inmediatamente (lo que es más que un "plazo" ), los Aliados procederán de un modo determinado. Ribbentrop se limita a decirles a Henderson y a Coulondre que transmitirá sus notas al Führer y les hará conocer su respuesta. El día 2 de Septiembre da comienzo con los peores augurios para Polonia. Su ejército está desmantelado, así como la mitad de su aviación. Los embajadores polacos en Londres y París exigen la ejecución de la ayuda que se les ha prometido. El propio Beck llama por teléfono a Londres, a París y a Washington, pidiendo ayuda. A las diez, Mussolini encarga a Attolico de llevar el siguiente mensaje al Führer: "A título de información, y dejando siempre la última decisión al Führer, Italia hace saber que cree tener la posibilidad de hacer pactar a Inglaterra, Francia y Polonia, una conferencia fundada sobre las siguientes proposiciones: a) Un armisticio que dejaría a los ejércitos en las posiciones que actualmente ocupan, b) La convocatoria de una conferencia que se celebraría en un plazo de dos o tres días, c) Una solución del conflicto germano-polaco que -dada la actual situación- sólo podría ser favorable a Alemania. Attolico le dice al Führer que Francia se ha mostrado de accuerdo con esa idea del Duce."Dantzig -le dice Attolico a HItler- ya es alemana, y el Reich tiene ya en manos garantías suficientes para asegurar la realización de la mayor parte de sus reivindicaciones. Además, ha obtenido una satisfacción moral. Si el Führer aceptaba ese proyecto de conferencia, obtendría la totalidad de sus objetivos evitando una guerra que, a juicio del Duce, sería larga y generalizada".Attolico se presenta en la Wilhelmstrasse a las 12:30 (Mussolini quiere seguir la vía normal, asando primero por el Ministro de Asuntos Exteriores, pero con el ruego de que transmitan a Hitler en el acto). En aquel mismo momento precisamente von Ribbentrop está redactando la respuesta -que es, por supuesto, negativa- a as notas que le entregaron el día anterior Henderson y Coulondre. El Ministro alemán, tras breve parlamento teléfonico con el Führer, está de acuerdo en considerar la propuesta italiana. El propio Attolico visita a Henderson y regresa veinte minutos después con la respuesta formal de este: la nota inglesa no es un ultimátum. Entretanto, desde Roma, el Conde Ciano telefonea a Bonnet: le informa de que Hitler no ha rechazado el proyecto italiano, que está de acuerdo en que Polonia participe en la Conferencia, pero que exige que se le notifique que las notas que recibió la víspera no tienen carácter de ultimátum. Ciano le dice a Bonnet que Henderson ya ha respondido en sentido deseado por Hitler. Lo que no le dice porque esto no se sabrá hasta más tarde, es que Halifax, al enterarse de la respuesta de Henderson, le ha querido destituir en el acto, pero sus colegas Vansittart y Hore Belisba le han persuadido de lo contrario, precisamente para que no traduzca que Inglaterra, en efecto, ha mandado un ultimátum a Alemania. Hay que cubrir las apariencias al máximo. El Plan Mussolini, pues, parece avanzar a trancas y barrancas, máxime cuando Bonnet confirma que la nota francesa no tiene carácter de ultimátum, pero por lo que se refiere a la Conferencia, dice que primero debe hablar con Daladier, que está en estado de consulta permanente con su Gobierno; Bonnet le dice a Ciano que le llamará por teléfono cuando sepa algo concreto pero, que personalmente, está de acuerdo con el Plan Mussolini de todo corazón. "Una guerra por Dantzig sería una idiotez". A las 14:45 el Conde Ciano habla por teléfono con Halifax, y le informa de la respuesta de von Ribbentrop y de las esperanzas que autoriza a suscitar, así como del asentimiento de Bonnet. Lord Halifax, en el tono de voz de quién recita una lección bien aprendida responde que "la oferta del Duce sólo podría ser tomada en consideración si las tropas alemanas reculaban hasta la frontera y evacuaban hasta la última parcela de territorio polaco". Ciano dice que Alemania no podrá aceptar tal propuesta. Halifax dice que informará a Chamberlain, que ha convocado a su Gabinete a las cuatro de la tarde, tras lo cual telefoneará a Ciano para hacerle conocer la postura inglesa.ultimatum
A las tres de la tarde, reunión del Parlamento francés. Daladier quiere obtener de las Cámaras el voto favorable al envío de un ultimátum oficial a Alemania. Se sobreentiende que el rechace del ultimátum significa la posibilidad de declarar la guerra al Reich. DE acuerdo con la Constitución de la República Francesa, hace falta el refrendo del Senado y de la Asamblea Nacional para una decisión "que podría llevar al país a la guerra". Daladier cree que obtendrá en el Senado una mayoría cercana a los tres cuartos, es decir, muy importante. Pero tiene muchas dudas en cuanto al resultado de una votación en la Asamblea Nacional. No sólo cree que habrá muchos votos en contra, sino que según como respondan los comunistas, puede haber una situación adversa. Daladier, al que a mediodía ha vuelo a visitar el infatigable Bullitt, incitándole a que no acepte el Plan Mussolini, quiere evitar un debate parlamentario al que debería seguir una votación. Para evitar ese debate, el Presidente de la Asamblea Nacional, Hérriot, habla con los presidentes de los grupos parlamentarios y obtiene, por mayoría de cinco votos contra cuatro, que no haya debate. Esto es anticonstitucional, pero se hace. Y para evitar la votación sobre si se enviaba un ultimátum es decir, si se admitía la posibilidad de una declaración de guerra a Alemania, Hérriot, viejo zorro de las "combinaisons" encuentra, con la bendición de Daladier, una salida: en vez de votar sobre la posiblidad ultimátum-guerra, se votará sobre si se aprueba o no un crédito de 75 mil millones de francos "para hacer frente a las obligaciones que resultan de nuestras alianzas". Hérriot hace adoptar la moción del gobierno a mano alzada, y sin pedir que, a su vez, alcen la mano los que se oponen. Dos viejos diputados, Frot y Piétri, que olfatean algo raro (no son normales las prisas; no es normal ese escamoteo de la sagrada aritmética democrática) piden a Daladier que prometa que "no considera esa votación como una autorización de la Asamblea para declarar la guerra a Alemania, y que él no la declarará, en todo caso antes de haber consultado al Parlamento, expresamente para ello". Daladier lo promete. Piétri insiste: "¿Promete su Señoría que nos e ha mandado ya un ultimátum a Alemania, o una especie de ultimátum?. Respuesta de Daladier: "Así lo prometo con mi honor". A continuación, sigue el previsto discurso de Daladier, que permite todas las interpretaciones: para un belicista, Daladier se propone enviar un ultimátum inaceptable (en realidad, como sabemos, ya ha mandado uno, contrarrestado por la intervención de Mussolini) y a continuación declarar la guerra. Para un pacifista, Daladier simplemente pide dinero para que Francia se arme para "hacer frente a los compromisos que derivan de sus pactos". Esto parece, por lo menos, sorprendente: un gran país, como Francia, contrae un compromiso susceptible de comprometerle en una guerra, -y cuenta de ello es que se pida un crédito para armarse adecuadamente- y cuando tal compromiso, grave compromiso de contrae, Francia se halla militarmente subequipada. Es decir, Francia ha dado una garantía a Polonia a sabiendas de que no se hallaba en condiciones de cumplir esa garantía. Luego Francia ha engañado a Polonia. Y sin ese engaño, sin esa falsa garantía, no hay empecinamiento de Beck sobre una cuestión trivial, no hay sevicias contra cuatro millones y medio de rehenes alemanes, no hay política de estrangulamiento contra Dantzig, no hay Bromberg, y no hay guerra germano-polaca. Francia a engañado a Polonia. Pero el caso es que Inglaterra también le ha engañado. Y que Polonia, con sus ochenta aguerridas divisiones de retroceso, ha engañado a Inglaterra y a Francia. Todos se han engañado mutuamente. Los únicos que evalúan acertadamente la situación son los poderes fácticos, y la principal herramienta de estos, los comunistas. Pero volvamos a la Asamblea Nacional Francesa.chamberlainÉdouard Daladier
Jean Montgny dice: "La guerra fue votada, sin ser realmente votada, anónimamente y de matute". La doblez de la cuestión planteada por Daladier permitirá a los comunistas, que quieren la guerra, porque Stalin la quiere, alzar la mano con la mayoría". "Luego, los comunistas pretenderán que ellos sólo han votado unos créditos militares por imperativos de su patriotismo, pero que no han votado ni un ultimátum ni la guerra".Más tarde Daladier, pretenderá, olvidando o renegando su promesa, que esa votación le autorizaba a mandar un ultimátum a Alemania y a declararle la guerra. Así lo afirmará ante el Tribunal de Riom, acusado de haber metido a Francia en una guerra innecesaria, y perdida de antemano. Sus explicaciones no convencerán al tribunal ni a nadie. Cuando Daladier prometió con su honor al diputado Piétri y a Frot que no enviaría un ultimátum, ni declararía la guerra sin consultar previamente con la Asamblea Nacional, lo hizo en su calidad de jefe de gobierno. Luego Daladier fue, tanto a título privado como a título de jefe de gobierno, un perjuro. A causa de su perjurio, la guerra que Francia declararía el día siguiente a Alemania, no fue declarada legalmente, de acuerdo con los términos previstos por la Constitución. La infracción no es sólo legal, es decir, jurídica o formalista, es también de fondo. Daladier escondió, subutilizó, sustrajo al conocimiento de la Asamblea Nacional la propuesta italiana. Se lo escondió cuidadosamente a una opinión pública que se habría opuesto violentamente a la guerra. Volvamos ahora a Londres. Como la democracia inglesa debe ser más perfecta que la francesa, en la rubia Albión el gobierno no está constitucionalmente obligado a obtener la aprobación de las Cámaras para enviar un ultimátum y para declarar una guerra. Basta la mayoría de dos tercios entre los miembros del gobierno, y la ratificación del Monarca. No obstante, siempre Inglaterra ha ido a una guerra tras un debate parlamentario seguido de una votación favorable. Así lo quiere la tradición, y la Gran Bretaña es un país eminentemente tradicional, bien sabido es. Esta vez se producirá la excepción. No hay debate parlamentario. Se ha procedido, eso si, con refinada hipocresía. Se han guardado las formas. Se ha convocado una sesión extraordinaria de la Cámara de los Comunes para "estudiar la delicada situación internacional". Chamberlain, enfermo, habla durante diez minutos para decir cuatro banalidades y que "Inglaterra debe ser fiel a sus alianzas, pero que se deben apurar todas las posibilidades de paz". Luego se retira. La mayor parte de los oradores se muestran belicistas...hasta un cierto punto. En cambio, los que defienden la tesis de que "los electores nos pagan nuestro salario para defender al Imperio Británico, y no para defender Dantzig" son antibelicistas hasta el límite. En todo caso, la sesión se cierra con la ausencia del gobierno, que retira a deliberar en privado, pero con el convencimiento general de que, suceda lo que suceda antes de que lo irreparable se consume, volverá a ver convocara la Cámara. Y lo será, pero cuando ya se ha consumado la declaración de guerra, y para obtener una simple ratificación formal. Y mientras los parlamentarios ingleses, los egregios elegidos del pueblo soberano se imaginan gobernar, celebrando un torneo de oratoria, a las cinco de la tarde. Sir Alexander Cadogan, sub-secretario del "Foreign Office" informa a Bonnet que "el gobierno de Su Majestad no puede aceptar la conferencia propuesta por Mussolini a menos que Alemania comience por evacuar los territorios polacos que ya ocupa, incluido Dantzig". Añade Cadogan que el gobierno británico se propone entregar, inmediatamente, un ultimátum a Alemania en el sentido de que si no retira inmediatamente sus tropas de Polonia, las hostilidades comenzarán a partir de medianoche. A las 18:40 esta decisión es comunicada telefónicamente por Lord Halifax al Conde Ciano. Minutos después es Bonnet quien telefonea a Ciano para comunicarle que el gobierno francés pone como condición a la conferencia propuesta por Mussolini la retirada previa de todas las tropas alemanas de territorio polaco, incluido Dantzig. Ciano responde que, en tales circunstancias puede adelantarle que el Duce estima que no puede transmitir tal proposición al Führer. La conferencia de Mussolini, última esperanza de paz, había nacido muerta.belicistasAlexander Cadogan
No obstante, aún Chamberlain intenta, cual si se tratara de un puro reflejo de un pugilista a punto de ser derribado, un último recurso para ganar tiempo. Hace ver a Halifax y a Cadogan que el plazo del ultimátum, medianoche, es demasiado corto. No se deja tiempo para una respuesta y el mundo puede acusar al gobierno inglés de haber precipitado la guerra. En efecto, las noticias que llegan de Polonia son desastrosas, y Chamberlain -creemos- especula con el desplome polaco para jugar sobre el "hecho consumado" que haría inútil el ultimátum.Sostenido por los escasos fieles que le quedan, sobre todo Runciman, que sostiene un vivo altercado con Halifax, mantiene la tesis de que Inglaterra debe alinearse junto a Francia, y puesto que Bonnet acaba de comunicar que Gamelin le ha hecho saber que el ejército francés todavía no está dispuesto para actuar, propone que Inglaterra espere los dos o tres días que pide Francia. Su tesis parece imponerse, pero Halifax se ausenta unos momentos. ¿Qué hace? Nadie lo sabe, pero al cabo de un momento el embajado norteamericano Kennedy llama por teléfono. Chamberlain contesta con monosílabos, y cuelga. Hay unos momentos de viva tensión. Finalmente el Gabinete decide que Henderson, en Berlín, presente el ultimátum de guerra al día siguiente, el 3 de Septiembre de 1939, a las nueve de la mañana. El plazo de expiración del ultimátum son las once de la mañana del mismo día. Chamberlain se vuelve atrás tras una llamada del embajador norteamericano. ¡Inaudito!. Gamelin, que pedía dos o tres días, informa que "todo va a mejor; que la movilización mejora, que las carreteras y las estaciones están menos abarrotadas y que en vez de dos o tres días, le basta con unas horas". A las cinco de la tarde del mismo 3 de Septiembre, el ejército francés estará dispuesto. Daladier coge el teléfono y se lo comunica a Chamberlain. Inglaterra dará, sola, el primer paso. Francia seguirá unas horas después.daladierNeville Henderson
A las 9 horas del 3 de Septiembre, Sir Neville Henderson se presenta en la Wilhemstrasse. Von Ribbentrop le hace recibir por un subordinado. Henderson le entrega el ultimátum, que el Dr. Schmidt lleva al despacho del Führer, que le espera allí con von Ribbentrop. A las 11:30, es decir, media hora después de la expiración del ultimátum, Henderson es convocado en la Wilhemstrasse. Ribbentrop le entrega una nota redacta en tonos harto duros para el lenguaje diplomático, que empieza con estas palabras: "Ni el Gobierno del Reich ni el pueblo alemán están dispuestos a recibir de Inglaterra notas con carácter de ultimátum y, menos aún a hacer caso de ellas". La entrevista es muy breve. Henderson dice que la Historia juzgará de qué lado se encuentran los verdaderos responsables. Ribbentrop responde que la Historia ya ha juzgado; que naqdie ha trabajado con más interés que Hitler para establecer buenas relaciones. Henderson pide, entonces, sus pasaportes, y se retira. A las 11:15, ante la Cámara de los Comunes, Chamberlain lee el texto del ultimátum enviado a Alemania. A las 11:30, el propio Chamberlain anuncia por radio que "la Gran Bretaña y Alemania se encuentran en estado de guerra, ya que el gobierno del Reich no ha respondido al ultimátum inglés antes de las once". A las 12:30 Coulondre (el embajador francés) es recibido por von Ribbentrop. El embajador comunica al Ministro alemán que si las tropas alemanas no se retiran del territorio polaco, Francia se encontrará en estado de guerra con el Reich a partir de las cinco de la tarde. A continuación, pide sus pasaportes. Ribbentrop le dice que, en tal caso, Francia será agresor. Coulondre responde que la Historia juzgará, tras lo cual, se retira.

Robert Coulondre
Todavía se hizo una última tentativa para llegar a un compromiso con Inglaterra, a última hora, alrededor de las once, es decir, cuando vencía el ultimátum. Dahlerus telefoneó al "Foreign Office", ofreciendo un alto el fuego alemán, mientras Göring se desplazaría, personalmente, en avión, a Inglaterra, para entrevistarse con Halifax y Chamberlain. Hitler personalmente autorizó esas gestiones. Dahlerus incluso anticipó que los alemanes no aumentaban sus demandas con respecto a Polonia: o sea, libre comunicación terrestre, por ferrocarril y autorruta extraterritorial, con Prusia Oriental y Dantzig, previo refrendo plebiscitario. Se respondió a Daherus que no era deseable el vuelo de Göring y que la alternativa para Alemania era obtemperar ante el ultimátum inglés, o la guerra. Mientras Dahlerus -que, junto a Pío XII, fue el personaje neutral que más hizo para salvar la paz- insistía desesperadamente, la comunicación telefónica se cortó.A la una de la tarde, el Führer firmaba la "Directiva número 2 para la conducción de la guerra".El últimátum enviado por Inglaterra a Alemania presenta dos características insólitas. Una se refiere al contenido y la otra al plazo.a) El contenidoPonemos a la Historia por testigo. En toda la historia de las guerras no se registra ni un sólo ejemplo de un armisticio solicitado poniendo como condición a tal armisticio la retirada de las tropas del eventual vencedor ANTES de que se hayan iniciado las conversaciones en vista de la cesión de hostilidades. Al fin y al cabo, es lógico. El alto el fuego, o la tregua se hace con los dos ejércitos inmovilizados sobre el terreno, y dichas tropas no se retiran hasta que se ha firmado la convención de armisticio y según un plan previsto por la misma. No se conoce excepción alguna a esa regla. Además, la excepción es inconcebible: un armisticio no es la paz. Las negociaciones pueden fracasar y la guerra continuaría; en ese caso, el bando perdedor, en cualquier guerra, sólo debería solicitar un armisticio precedido de la retirada de las tropas adversarias, y al discutirse las condiciones, hacer unos planteamientos inaceptables y volver a comenzar las hostilidades... empezando de nuevo como si nada hubiera sucedido. Cuando a mediados de 1940, el Mariscal Pétain, jefe del gobierno francés, pidió el armisticio a Alemania, ni se le ocurrió la peregrina idea de exigir que, antes de sentarse a discutir las condiciones, el ejército alemán diera media vuelta y volviera a cruzar al Rhin en sentido inverso. Por consiguiente, no creemos sea incurrir en pecado de juicio temerario el afirmar que si la retirada de las tropas alemanas a su punto de partida era la condición previa puesta por el gobierno inglés a cualquier continuación de negociaciones quedaba excluida toda la posibilidad de éxito, pues ni HItler ni ningún estadista, en ninguna parte del mundo, antes o después, habrían aceptado tales condiciones, absolutamente inaceptables. El condicionante impuesto por Inglaterra significaba, lisa y llanamente, que no se quería continuar negociando. Los acontecimientos se habrían desarrollado, sin duda, de otra manera, si en vez de mandar la nota del 1 de Septiembre, que era, en realidad, un ultimátum, los gobiernos inglés y francés hubieran presentado una protesta diplomática, una propuesta de alto el fuego, seguida de la conferencia sugerida por Mussoini que, en realidad, no era más que una variante de la que ya había propuesto anteriormente Pío XII. El alto el fuego, en la circunstancia que nos ocupa, habría beneficiado militarmente, a los polacos, que estaban perdiendo en el campo de batalla. De los anteriormente expuesto creemos se deduce que el cripto-ultimátum (el 1 de Septiembre) se mandó en unas condiciones de hacer aparecer a los destinatarios de tal ultimátum como responsables del estallido de las hostilidades.Pero hay más. Como en el curso del día 2 de Septiembre, las febriles gestiones de Attolico y Dahlerus parece van a conseguir, pese a todo, un alto el fuego, para remachar más el clavo y hacer imposible que la cuenta atrás hacia la guerra se detenga, en el segundo y definitivo ultimátum del día 3 de Septiembre, los ingleses exigen, también, que los alemanes se retiren, no sólo del territorio polaco conquistado, sino incluso de Dantzig. Recordemos, por enésima vez, que Dantzig no era una ciudad polaca, sino una "ciudad libre", y que fue el Senado, teóricamente soberano de esa ciudad libre, el que decidió unirse nuevamente con el Reich por plebiscito. Una vez más, apelamos al testimonio de la Historia, para que certifique que el ultimátum inglés del 3 de Septiembre contiene un elemento absolutamente inédito en las relaciones entre los estados: una potencia, Inglaterra, sal en defensa de otra potencia, la "Ciudad Libre de Dantzig", contra la voluntad expresa de esta. No hubiera sido más absurdo que Hitler, a su vez, mandara un ultimátum a Chamberlain diciéndole que si no retiraba de Escocia a las fuerzas armadas británicas allí acantonadas Alemania declararía la guerra a Inglaterra.b) El Plazo:El definitivo ultimátum, el oficial, enviado por Inglaterra a Alemania, el 3 de Septiembre, lo entrega Sir Neville Henderson a las 9 hs, y su plazo de expiración se fija a las 11 hs, dos horas después. Berlín dio (antes de iniciar hostilidades con Polonia) treinta horas a Polonia para enviar a un plenipotenciario. Cuarenta y ocho horas después de que Varsovia se declarase dispuesta a negociar, tras seis meses de pedírselo, en vano, el gobierno alemán. Lo hemos dicho ya y lo repetimos todo el asunto polaco es de una incongruencia impar. Los ingleses, que pensaban que al dar treinta horas a Polonia para enviar un plenipotenciario era un plazo demasiado corto, no encuentran, luego, anormal de no dejar a Alemania más que dos horas para responder a un ultimátum. Apenas el tiempo material para leer y estudiar la nota inglesa, estudiar y redactar la nota alemana y convocar al embajador inglés.Personalmente, no creemos que el plazo de expiración del ultimátum hubiera variado el resultado final: la guerra. Aunque cabía la posibilidad de que, con un plazo normal en estos casos (de tres a cinco días) Polonia se desplomara y que, en tal caso, los gobierno francés e inglés no pudieran pretender ante sus respectivos pueblos que hacían la guerra por proteger a alguien que había dejado de existir. Además, hombres como Dahlerus, como Mussolini y sobre todo, como Pío XII podían, apoyándose en hombres que no querían la guerra, como el Bonnet y el propio Chamberlain, forzar una solución negociada del problema. Las prisas de los belicistas en desencadenar la guerra se manifiesta en una insólita premura del plazo dado a Alemania. ¡DOS HORAS! Este fue el plazo de ultimátum más corto de la Historia. La Segunda Guerra Mundial debía ser insólita, en sus planteamientos, hasta en los más mínimos detalles.
FUENTES:
1) LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS de Joaquín Bochaca
2) EL SUICIDIO DE EUROPA de Michel Sturdza
hitler
3) LA HISTORIA DE LOS VENCIDOS de Joaquín Bochaca
4) DIARIO de Conde Galeazzo Ciano
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LOS INVITO A PASAR POR MIS POSTS ANTERIORES, GRACIAS A TODOS POR PASAR POR ESTE![/url]Cómo se declara una guerra democráticamente
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