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¿Por qué?
¿Por qué se declaró esa guerra idiota?
Sí. ¿Por qué? ¿Por qué esa declaración de guerra? ¿Por qué Inglaterra y Francia, los dos mayores imperios coloniales del momento, se meten, sin preparación, en una guerra contra un país que no les pide nada, más aún, que les ofrece su amistad? ¿Por qué el Sionismo se erige súbitamente, en defensor de Polonia, el país de los progroms? ¿Por qué los paladines de la Democracia y del derecho de autodeterminación de los pueblos se oponen al derecho de autodeterminación de Dantzig y hacen una guerra por un ferrocarril y una carretera? ¿Por qué las plañideras internacionales que arman un escándalo espantoso por los excesos -indiscutibles- de la "Kristallnacht" (Noche de los Cristales Rotos), guardan distraído silencio ante las exacciones polacas contra su minoría alemana (4.5 millones de rehenes) y pasan, como sobre ascuas, sobre el crimen de Bromberg? ¿Por qué un ferrocarril y una carretera y, si se quiere, un pequeño territorio -Dantzig- con un máximo total de unos 80 kilómetros cuadrados es motivo de una guerra, mientras las anexiones soviéticas, anteriores y posteriores al 3 de Septiembre de 1939, y hasta el momento del ataque alemán a la URSS, que totalizan 6.349.000 kilómetros cuadrados poblados por más de 62.000.000 de habitantes, merecen el placer y la alianza de los campeones de la Democracia? ¿Por qué un ataque a Polonia desde el Oeste merece la guerra, mientras otro ataque al mismo país merece menos el aplauso de las Democracias por el mero hecho de haberse realizado desde el Este? Podríamos continuar inquiriendo por qués que, creemos, han quedado expresa y tácticamente contestados en las páginas precedentes. La guerra se hizo porque los poderes fácticos repetidamente aludidos y expresamente nombrados arrastraron a la misma a los poderes legales, a los gobiernos de Inglaterra y Francia. Por si no bastan los testimonios aducidos hasta ahora, vamos a añadir unos cuantos testimonios de parte contraria, absolutamente irrebatibles que remachan lo ya demostrado: que la Segunda Guerra Mundial fue desencadenada por los "BUENOS". Los "BUENOS" según la tesis masificadora e idiotizante de la "mass media".

En anteriores obras, ya hemos dicho quién forzó, obligó, a Chamberlain a dar el paso funesto del 3 de Septiembre de 1939; pero en el contexto de la actual considero imprescindible repetir una de las revelaciones más asombrosas de la Historia, entresacada del diario de James Forrestal, el Secretario de Defensa de los Estados Unidos.
"27 de Diciembre de 1945.- Hoy he jugado al golf con Joe Kennedy, embajador de Roosevelt en Gran Bretaña en los años inmediatos al estallido de la guerra. Le pregunté sobre la conversación sostenido con Roosevelt y Sir Neville Chamberlain en 1938. Me dijo que la posición de Chamberlain en 1938 era la de que Inglaterra no tenía que luchar y que no debería arriesgarse a entrar en una guerra con Hitler.
Opinión de Kennedy: Que Hitler habría combatido a la URSS sin ningún conflicto ulterior con Inglaterra, si no hubiese sido por la instigación de Bullitt sobre Roosevelt en el verano de 1939 para que hiciese frente a los alemanes en Polonia, pues ni los franceses ni los ingleses hubieran considerado a Polonia causa de una guerra si no hubiese sido por la constante presión de Washigton. Bullitt dijo que debía informar a Roosevelt de que los alemanes no lucharían; Kennedy replicó que ellos lo harían y que invadirían Europa. CHAMBERLAIN DECLARÓ QUE AMÉRICA Y EL MUNDO JUDÍO HABÍAN FORZADO A INGLATERRA A ENTRAR EN LA GUERRA.

Todo un Secretario de Defensa de los Estados Unidos da fe, de su puño y letra, de la confesión que le hizo uno de los tres hombres que, mecánicamente, intervinieron en el hecho de forzar a Inglaterra a entrar en la guerra; nada menos que Joe Kennedy, embajador norteamericano en Londres, personalidad política de primer rango y padre de un futuro presidente de los Estados Unidos.

Chamberlain, el hombre que técnicamente cursó la declaración de guerra -¡si lo sabrá él!- afirma que quienes le forzaron a ello fueron "América y el mundo judío". De las dos entidades aludidas por el Premier Británico, una, el mundo judío, es de fácil identificación: el Sionismo. Pero... ¿América? ¿A qué América podía referirse Chamberlain? No, ciertamente, al EEUU real, no ciertamente a su pueblo, cuya actitud conocemos por los resultados de las encuentas Gallup y Roper (de oposición completa a una nueva guerra mundial). Por "América" sólo podía entender Chamberlain al gobierno estadounidense de entonces, y no creemos que esa interpretación constituya un juicio temerario. Pues bien, aparte Roosevelt, cuya ascendencia judaica ya se ha mencionado, y su Brain Trust, cuya aplastante mayoría de miembros eran igualmente judíos, aparte del omnipresente Bullitt, en París y en todas partes a la vez, aparte Davies, en Moscú, aparte los dos tercios de los ministros norteamericanos, hebreos SIONISTAS, debía contarse con el formidable poder del Dinero, el Money Power. La Finanza Internacional, hostil por motivos económicos, políticos y raciales a la Alemania Nacionalsocialista. Esta era la "América" aludida por Chamberlain.
No podía ser el "EEUU real", el de los descendientes de dignos emigrantes europeos, que inequívocamente quería la paz, como lo demostraba al dar sus votos al candidato que, como

La "otra América (sic)" fue la que forzó a Inglaterra a declarar la guerra. Creemos es imprescindible traer a colación unos testimonios típicos, como siempre, de parte contraria, que reforzarán este aserto que creemos haber ya demostrado, en esta obra y en las precedentes.
Por ejemplo, en ocasión de ofrecer una medalla del Instituto Nacional de Ciencias Sociales a Bernard M. Baruch, el apodado "Procónsul de Judá en América", en Mayo de 1844, el General George Marshall dijo a los asistentes que "ya en 1938 Baruch me dijo que íbamos a destrozar a ese fulano, a Hitler. No se saldrá con la suya". Entre los asistentes se encontraban cinco ministros del gobierno. Quien hacía la sensacional revelación era nada menos que el General Marshall, Jefe del Alto Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos. El mismo Baruch, en Septiembre de 1939, tras una conferencia con Roosevelt hizo la siguiente manifestación a la prensa: "Si mantenemos nuestros precios bajos, aún perdiendo dinero, no hay ninguna razón para que no podamos quitarles sus clientes a los beligerantes. De tal modo, el sistema alemán será destruído. Hace años que luchamos para conseguirlo. Habrá costado una guerra, pero lo habremos logrado"

Hitler ponía en práctica el patrón-trabajo, opuesto al patrón-oro. En sus relaciones comerciales internacionales preconizaba el barter (intercambio) y estaba dispuesto a no aceptar préstamos bancarios extranjeros (la banca alemana había sido embridada y puesta al servicio del Reich). Esto era fatal para la Alta Finanza Internacional, no ya por el hecho de haber perdido el importante mercado alemán, sino por el peligro que representaba el Reich en su doble vertiente de su expansión económica y de ejemplo para otros países que desearan romper las cadenas de la Kapintern.

La verdad siempre acaba por salir a la superficie. Así, un año después de iniciada la guerra, nada menos que el Times londinense -y el Times, en Inglaterra es, por múltiples razones, bastante más que un simple periódico, como expresión de los poderes fácticos de la Isla- publicó estas reveladoras líneas: "Una de las causas fundamentales de esta guerra ha sido el esfuerzo permanente hecho por Alemania desde 1918, y agravado desde 1933, para asegurarse importantes mercados extranjeros y fortalecer así su comercio, eliminando el paro interno (había casi 7 millones de desempleados antes de 1933 en Alemania), al mismo tiempo que sus competidores se veían obligados, a causa de sus deudas, a adoptar el mismo camino. Era inevitable que se produjeran fricciones, dado que los productos alemanes eran más baratos y estaban bien hechos".
En otro artículo, el mismo periódico hizo la siguiente sorprendente revelación: "En plena guerra, en Alemania, no se habla de la necesidad de aumentar los impuestos, ni de estimular el ahorro ni de lanzar enormes empréstitos de guerra. Muy al contrario. Recientemente acaba de abolirse un importante impuesto. El dinero es tan abundante que, desde nuestro punto de vista no tiene explicación. Hitler parece haber descubierto el secreto de trabajar sin un sistema financiero clásico y haber puesto en marcha un sistema basado en el movimiento perpetuo".
segunda guerra mundial
El Times, el órgano de la Finanza inglesa -o radicada en Inglaterra- sabía por qué había estallado la guerra. Se sabe, por ejemplo, que Baruch dijo a Hopkins (llamado la "mano derecha de Roosevelt" ) que "estaba plenamente de acuerdo con su amigo, Winston Churchill en que la guerra llegará pronto. Pronto estaremos de lleno en ella y los EEUU también, más pronto o más tarde. Tú (Baruch) dirigirás el cotarro en EEUU, y yo (Churchill), en Inglaterra).

Churchill le decía esto a Baruch en 1937, cuando no era ni ministro, sino simplemente un miembro del Partido en el poder, el Conservador, pero opuesto a la política ofocial de dicho partido. Churchill no era ni siquiera un jefe de la Oposición. No era nada. Pero él y Baruch sabía que uno dirigiría el "cotarro de América" (como realmente lo hizo, antes y después de Roosevelt) y que el otro lo haría en Inglaterra (como así fue, mientras fue necesario). Churchill era de los buenos hasta que los poderes fácticos dejaron de necesitarlo y lo echaron por la borada, tras otorgarle un ridículo Premio Nobel de Literatura. Hoy en día, ser churchilliano en Inglaterra es símbolo de "fascismo reaccionario".

Pero volvamos a los azarosos tiempos de la preguerra, en que Churchill, el todopoderoso político que nunca fue votado por el pueblo británico, le decía al General Robert Wood, en Noviembre de 1936, que "Alemania se está haciendo demasiado fuerte y deberemos aplastarla otra vez". Esto lo atestiguó bajo juramento ese general norteamericano ante una comisión investigadora del Senado de su país. Algo similar le dijo Churchill al propio von Ribbentrop, cuando este era embajador en Londres, pero no lo aducimos como testimonio por no ser de parte contraria. Churchill era el hombre de la Finanza Internacional en Inglaterra y amigo personal de Baruch; él era el instigador de Chamberlain, apoyado en tal menester por el embajador Joe Kennedy, por el "itinerante" Bullitt, y naturalmente, por la majestuosa influencia de la Casa Rothschild.

Mucho se ha hablado de los "negocios de guerra" y de los beneficios de los fabricantes de armamento, pero esta es una causa circunstancial. La razón principal siempre estribó en que la política financiera de Hitler significaba, a la corta o a la larga -y más a la corta que a la larga- el fin de lo que actualmente se denomina el Establishment: la Finanza Internacional. Añádase a esto los mesianismos sionistas y, en menor grado, los intereses circunstanciales de los pequeños nacionalismos, a su vez explotado por los grandes nacionalismos, igualmente explotados o embridados por los Poderes Fácticos. Esta es la respuesta al "¿Por qué?" del epígrafe. No hay otra.

La guerra idiota

Creemos útil relacionar tres citas de Churchill que darían un tono grotesco a este debate si todo no hubiera terminado tan trágicamente para Occidente, y en definitiva, para el mundo entero.

1) "El presidente Roosevelt me dijo un día que iba a solicitar públicamente que le fuera sugerido el nombre que convenía dar a esta guerra. Yo le proporcioné inmediatamente la respuesta: la guerra que no era necesaria. Pues no existió jamás otra guerra más fácil de evitar que la que acaba de derruir lo que quedaba de un mundo tras el conflicto precedente".

2) "La segunda tragedia capital de esta época fue el desmembramiento completo del Imperio Austro-Húngaro por los tratados de Trianon y de Saint-Germain. Durante siglos, esta viviente reencarnación del Sacro Imperio Romano y Germánico había aportado, en el contexto de una vida en común, numerosas ventajas, tanto desde el punto de vista económico como desde el de la seguridad, a muchos pueblos ninguno de los cuales tenía, en nuestra época la pujanza y la vitalidad necesaria para resistir, por sí mismo, a la presión de grandes imperios vecinos. Ni una sola de las naciones, ni una sola de las provincias que formaron parte de los Habsburgo ha obtenido, con su independencia, nada más que las torturas que los poetas y los teólogos de antaño reservaban a los condenados. Viena, la noble capital, hogar de una cultura y una tradición largamente defendidas, punto de reunión de tantos caminos, de tantos cursos fluviales y encrucijada de vías férreas... Viena fue entregada al hambre y al terror, como un gran mercado vacío en medio de una región empobrecida, cuyos habitantes habían sido casi todos dispersados".
alta finanza internacional
3) Las cláusulas económicas del Tratado de Versalles eran vejatorias, y habían sido concebidas de manera tan necia que se iban convirtiendo en inoperantes... No se encontró ni una sola persona en las alturas, con la suficiente influencia, lo bastante preservado de la idiotez general, para decir estas verdades esenciales en su brutalidad... Los Aliados triunfantes continuaron pretendiendo que iban a exprimir a Alemania "hasta que las pepitas rechinen". Pero todo esto produjo un efecto desastroso sobre la prosperidad del mundo y sobre la actitud de la raza germánica.

poderes facticos

No; en efecto. No se encontró ni una sola persona en las alturas, con la suficiente influencia, ni lo bastante preservado de la idiotez general... ¡Ni siquiera Churchill!
Moraleja: Mr. Churchill juzgado y condenado por sí mismo a ingresar en el inmenso pelotón de la idiotez general.
Conclusión: no existe hoy en día, ni una sola nación, ni una sola provincia que hubiera formado parte, antaño, del Imperio de los Habsburgo a la que, bajo una pretendida independencia (¿de quién? ¿de la URSS acaso? ) la Pax Soviético que dio fin a la guerra no les haya aportado nada más que "las torturas de los poetas y los teólogos de antaño reservaban a los condenados".

Y no estará de más añadir que en esas "torturas" Churchill, Roosevelt, Stalin, Daladier y la larga compañía de los que forzaron y declararon esa guerra idiota que hizo morir a 55 millones de personas (al menos) para llegar a ese resultado. Y que, en este mundo desquiciado continuamos sin que aparezca "una sola persona en las alturas, con la suficiente influencia, lo bastante preservado de la idiotez general para decir esas verdades esenciales en su brutalidad".

Si la Segunda Guerra Mundial fue objetivamente idiota -en calificativo churchilliano que suscribimos sin reservas- también le fue desde un punto de vista subjetivo. Es decir, teniendo en cuenta a los individuos que, mecánicamente, la declararon, tras hacer cuanto estuvo en su mano para poner a sus pueblos en el disparadero de la guerra. En efecto, ¿qué calificativo cabe, si no, aplicar a un Beck, a un Lipski?. Incluso a un Churchill, anticomunista -al menos, subjetivamente- toda su vida, para acabar arrastrando, o contribuyendo a arrastrar, a la guerra, a un Chamberlain enfermo y chantajeado, para mayor gloria y beneficio del Imperio Comunista. Guerra de idiotas, y guerra de enfermos, de tarados. Según su propio médico, Lord Morand, Churchill era un alcohólico, un enfermo de los pulmones y del hígado. Roosevel, aún más enfermo, a pesar de que sobre sus males se haya procurado mantener un misterio, precisamente en razón del papel que él jugó en el desencadenamiento de una guerra a la que los multimedios internacionales quieren mantener a toda costa su carácter de sagrada. Se habló de poliomelitis. La Enciclopedia Larousse afirma que se trataba de una parálisis generalizada que empezó a manifestarse en las piernas; en todo caso, se sabe que ese sólido dictador democrático, desde la edad de 39 años, se vio obligado a desplazarse constantemente en una silla de ruedas. Sólo se mantenía trabajosamente en pié para los fotógrafos de la prensa y su enfermedad le hizo adelgazar de tal modo que en 1939 no era más que una sombra de sí mismo. En Yalta era un cadáver ambulante. Cuando se piensa en algunas de sus monumentales "gaffes" diplomáticas uno está tentado de darle la razón a Mussolini, que lo consideraba un enfermo mental. Y no podemos por menos que preguntarnos si tal vez el Larousse tiene razón y cuando Roosevelt llegó al poder su enfermedad, tras haber abrumado su cuerpo, empezaba ya a minar sus nervios y su cerebro. Muchas cosas se explicarían entonces, sobre todo su acuerdo con Churchill, otro enfermo grave, según su propio médico, y la desmedida influencia de su esposa -a la que von Ribbentrop calificaba de "comadre" - , así como la absoluta dependencia en que le tenía su entourage hebreo. Casi podríamos decir que, en una época tan azarosa, el destino del mundo se encontró entre las manos de dos enfermos físicos, y, a partir de ahí, también mentales, como Churchill y Roosevelt. Y junto a Roosevelt y Churchill, cúantos individuos ambiguos.

¡Guerra de idiotas y de enfermos! ¡Guerra de disminuidos físicos y mentales!. Que los progenitores de la Guerra Idiota engendrarán explicaciones igualmente idiotas para tratar de justificar, ex post facto, su idiotez, nada tiene de extraño. Así, por ejemplo, se ha llegado a juzgar y condenar, a los artífices de la Línea Sigfrido, que Hitler mandó construir en 1936. Esto es sencillamente demencial. PORQUE LA LÍNEA SIGFRIDO SIMPLEMENTE SE ENFRENTABA A LA LÍNEA MAGINOT, QUE LOS FRANCESES HABÍAN TERMINADO EN 1931, DOS AÑOS ANTES DE LA LLEGADA DE HITLER A LA CANCILLERÍA DEL REICH.
rothschild
Otro modelo de idiotez: los titulados Protocolos de Hossbach, los cuales, según los apólogos del banco vencedor de la pasada guerra, demuestran que Hitler preparaba la guerra. En efecto, el 5 de Noviembre de 1937, Hitler sostuvo una conferencia con sus más destacados generales; el contenido de tal conferencia nos es conocido por el documento titulado "Hossbach", nombre del edecán de Hitler que lo redactó. Digamos para empezar, que el documento Hossbach es un documento muy discutible, ciertamente solicitado, es decir, con añadidos, y sobre todo, con cortes, y que incluso su autor fue incapaz de garantizar su absoluta autenticidad: Hossbach redactó sus notas a mano y lo que exhibió triunfalmente el Tribunal de Nüremberg no era el texto original, que no se ha podido encontrar, sino una "copia" escrita a máquina y no firmada; copia que no era de Hossbach y de la cual dijo este que "no puedo decir si el documento es una reproducción absolutamente exacta y literal de mi redacción original". En todo caso, ¿qué se dice en ese famoso documento? Se dice que es posible que, dadas las circunstancias, el Reich se vea obligado a entrar en guerra bien con la URSS, bien con las potencias occidentales, empujadas estas por el Sionismo, y que tal guerra estallará probablemente hacia 1943. También se dice que deben llevarse a cabo maniobras en terrenos de orografía similar a la de Polonia, Rusia y Francia. Creemos que se impone comentar tres puntos:

1) Incluso si admitimos que el documento Hossbach establecía indiscutiblemente la voluntad de guerra deliberada por parte de Hitler desde el 5 de Noviembre de 1937, lo que sí es indiscutible es que esa no es la guerra en que se vio forzado a participar; esa no es la guerra que él concebía, puesto que el documento establece expresamente que tendría lugar en 1943. De manera que se trabaja de "otra guerra". No de la que tuvo lugar, realmente, a partir de Noviembre de 1939.

2) El documento Hossbach cita tal guerra como "probable" y, en todo caso, como "eventual", e incluso se menciona que Hitler tiene la esperanza de poder lograr una solución política al problema alemán.

3) El que Hitler ordenase que se llevasen a cabo maniobras militares en terrenos de orografía lo más similar posible a las de Polonia, Rusia y Francia no indica necesariamente que Hitler planease una agresión contra esas tres potencias. Todos los ejércitos del mundo llevan a cabo maniobras. Su misión es combatir, y a menos de tratarse de guerras coloniales, siempre se combate contra vecinos. Una vez más solicitamos perdón al lector amigo por escribir tamañas perogrulladas, pero a ello nos obliga el responder adecuadamente a esa acusación infantil. Si un ejército siempre combatirá -cuando combate- contra su vecino, es lógico que los supuestos tácticos de sus maniobras se adecúen a la orografía del vecino en cuestión. Es lógico que la Wehrmacht se entrenase sobre terrenos parecidos, en su orografía, a los escenarios naturales de Rusia, Polonia y Francia. Lo absurdo hubiera sido que el Führer hubiera ordenado que las maniobras tuvieran lugar en territorios parecidos a la orografía de Paraguay, Argelia o Afganistán. ¿De qué supuestos tácticos parten los Estados Mayores de la OTAN, o del Pacto de Varsovia?

¿Acaso alguien se imagina que dichos ejercicios se realizan sobre el supuesto de una intervención militar contra Suiza o contra la República de Monomotapa?. Todo lleva a creer que esa conferencia del 5 de Noviembre de 1937 no tuvo más finalidad que hacer presión sobre Fritsch para que este acelerara el programa de rearme. Tal es la opinión de Göring, de Raeder, de von Blomberg y del propio Fritsch. Es más, es documento Hassbach no constituyó nunca una base de trabajo para el Oberkommando de la Wehrmacht, que ni siquiera lo registró oficialmente, y ningún plan de campaña se basó sobre su contenido. El historiador belga, De Launay, dice que "los únicos que tomaron en serio el documento Hassbach fueron los jueces de Nüremberg". Esta observación, desde luego, no es muy halagadora para los jueces.

Que el 21 de Abril de 1938 Hitler ordenara a Keitel que preparara un plan de intervención militar en Checoeslovaquia previendo tal intervención, lo más tardar, para el 1 de Octubre no atestigua, como se ha pretendido, que deseara la guerra y que previera que la desencadenaría en tal fecha. El Führer pensaba, como demuestran todos sus discursos y todos sus actos, que el problema checoeslovaco se resolvería de la misma forma que había resuelto el Anschluss o la remilitarización de Renania. Pero la doctrina de todos los estados es, y siempre ha sido, la vieja máxima romana "si vis pacem, para bellum" (Si quieres la paz, prepara la guerra).

Le era preciso ser fuerte para disuadir a sus adversarios de hacer la guerra a él, al Reich. Si, como era lícito suponer, los Sudetes conseguían imponer la tesis de la unión con Alemania antes del 1 de Octubre, el Reich debía estar preparado a reacciones, por parte de sus adversarios, que le obligarían a intervenir militarmente. Por consiguiente, debía estar preparado. Todos los jefes de estado, antes, durante y después de HItler, han hecho lo mismo. No podían hacer otra cosa. Así es la Política. Así es la vida. Siempre ha sido así. Siempre será así, y no puede ser de otra manera.

FUENTES:
1) LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS de Joaquín Bochaca
2) THE FORRESTAL DIARIES de James V. Forrestal
roosevelt
3) LA HISTORIA DE LOS VENCIDOS de Joaquín Bochaca
4) ROOSEVELT & HOPKINS de Robert Sherwood

5) MEMORIAS de Winston Churchill
segunda guerra mundial
6) MI VIDA de Erich Raeder
alta finanza internacional
7) LOS RESPONSABLES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL de Paul Rassinier
poderes facticos
8) LES GRANDES CONTROVERSES DE L´ HISTOIRE CONTEMPORAINE de De Launay
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