InicioCiencia EducacionQuien fué Saburo Sakai



En el Pacífico un solitario Cero que retorna a su base es interceptado por 15 Hellcats. Se libra un insólito combate en que los superiores cazas norteamericanos no pueden derribar a un simple Cero de inferiores performances. Una y otra vez el piloto japonés con una finta o una hábil maniobra se sacaba a su enemigo de la cola, esquivaba los ataques frontales con golpes de pedal saliendo de la trayectoria de las balas. Ingeniosamente en sus media vueltas y salidas iba llevando a todo el grupo hacia Iwo Jima donde las baterías antiaéreas abrieron fuego a los azules aviones para defender al avión blanco. Libre de sus atacantes el avión perseguido pudo aterrizar. De la cabina de ese Cero sin un solo impacto bajó Saburo Sakai …. el ultimo Samurai
Saburo Sakai llegó a ser una leyenda viviente en el Japón de la Segunda Guerra Mundial. Sus hazañas eran el comentario de todos los pilotos de su tiempo.





Saburo Sakai padeció heridas atroces y un sufrimiento cercano a la agonía durante la batalla aérea en Guadalcanal, en agosto de 1942. En esa ocasión, y presentando a causa del combate lesiones que le paralizaban el brazo y la pierna de su lado izquierdo, comprometida la visión de su ojo izquierdo y enceguecido su ojo derecho, con afilados trozos de metal clavados en su pecho y espalda, y con importantes fragmentos de dos proyectiles calibre .50” en su cráneo, se esfuerza pese a todo pudo retornar a Rabaul en su caza averiado. Rompió el vidrio de sus instrumentos para que en los momentos de ceguera pudiera mantener estable el vuelo tocando con los dedos las agujas. Este hecho representa sin duda uno de los más grandes episodios épicos de la lucha en el aire, y considero se tornará legendario entre los aviadores.





Estas heridas hubieran bastado para poner fin a los días de combate de todo soldado. Era un piloto de guerra con su visión reducida a un sólo ojo. Pese a eso volvió al Cero ya obsoleto ante la aparición de los nuevos y superiores cazas americanos “Hellcats”.



Nuevamente se une a la contienda. No sólo reafirma sus cualidades de piloto, sino que abate cuatro aviones enemigos más, llevando su marca personal a un total de 64 derribos confirmados.
Saburo Sakai nunca recibió un reconocimiento por parte de su gobierno en forma de medallas o condecoraciones. El otorgamiento de medallas o menciones honoríficas era desconocido para el piloto japonés. El homenaje era rendido solo póstumamente. Mientras que los ases de las demás naciones eran honrados con largas filas de medallas, Saburo Sakai y sus compañeros pilotos volaron en interminables combates sin siquiera eperimentar la satisfacción de tal reconocimiento.
La historia de Saburo Sakai nos permite por primera vez observar la intimidad del “otro bando. Sakai representa a una clase de japoneses a quienes nosotros, poco conocemos y menos aún comprendemos. Se trata de los célebres Samurai, guerreros profesionales que dedicaban sus vidas al servicio de su país...




La propaganda bélica de entonces por parte de los Estados Unidos distorsionó la imagen del piloto japonés hasta convertirlo en una caricatura irreconocible: un hombre que se movía con poca agilidad en el aire, que poseía una visión deficiente, y que se mantenía en vuelo sólo por la gracia de Dios.


Esta imagen absurda resultó fatal en demasiadas ocasiones. Saburo Sakai fue tan prodigioso en el aire como los mejores pilotos de cualquier nación; y se halla entre los más grandes de todos los tiempos. Sesenta y cuatro aviones cayeron frente a sus armas; y de no haber sido por sus graves heridas, de seguro la cifra hubiese sido mucho más alta.



El diario personal de otro piloto, el capitán Saito, presenta un listado detallado del número exacto de aviones japoneses que regresaban o nó de sus casi diarias incursiones sobre Nueva Guinea. Este registro, en ocasiones, contradice por completo los abultados reclamos de derribos de muchos de los pilotos de EEUU. El capitán Saito sobrevivió a la guerra.




Sakai después de la guerra hizo serias acusaciones a la prensa de EEUU por colocar noticias de que los tripulantes de un B-17 que regresaba averiado a una base norteamericana se lanzaron en paracaídas y los Ceros los atacaron cortándoles las piernas con sus hélices. Saburo que participó en ese ataque llevaba una cámara Leica y mostró las fotografías de toda la tripulación en el suelo sacándose los paracaídas sanos y salvos



Sakai ha sido el mayor as con vida del Japón en la postguerra. Él consideraba simplemente una cuestión de buena fortuna el hecho de haber sobrevivido a las devastadoras batallas aéreas que tuvieron lugar a partir de 1943, cuando la guerra ya se inclinaba desfavorablemente para Japón. Muchos otros ases japoneses como Nishizawa, Ota, Takatsuka, Sugita, y demás, lucharon hasta que las implacables condiciones de combate acabaron con sus vidas.




Este es el propio testimonio de Sakai de posguerra:

“En la Marina Imperial Japonesa aprendí sólo un oficio: cómo operar un avión de guerra y matar a los enemigos de mi patria. Lo hice por casi cinco años, en China y en el Pacífico. No conocí otro tipo de vida; fui, simplemente, un guerrero del aire.”



“Con la rendición, fui expulsado de la Marina. A pesar de las heridas sufridas en el frente y de mis largos años de servicio, no hubo posibilidad de una pensión. Nosotros éramos los vencidos, y las pensiones o subsidios por discapacidad eran percibidos sólo por los veteranos del país vencedor.”
“Las leyes dictadas por la ocupación me prohibieron aún sentarme al control de un avión, sin importar de qué tipo se tratara. Durante los siete largos años de la ocupación de Japón por los Aliados, desde 1945 a 1952, me fue prohibido el acceso a cualquier cargo público. El motivo era claro y simple. Había sido piloto de combate durante la guerra. Punto”




“El fin de la Guerra del Pacífico solo abrió una nueva, prolongada, y amarga lucha para mí, una lucha aún más cruenta que cualquiera que haya conocido en el frente. Había nuevos y más temibles enemigos: la pobreza, el hambre, la enfermedad, y todas las formas de la frustración. También se alzaba constantemente frente a mí la barrera impuesta por las autoridades de ocupación, que me impedía el acceso a cualquier puesto público. Hubo una única alternativa, y me aferré a ella con firmeza: dos años del más arduo trabajo manual, con una vivienda precaria, vistiendo harapos y alimentándome con lo mínimo para subsistir.”
“Al final, después de años de privación autoimpuesta, reuní el dinero necesario como para montar un pequeño negocio de imprenta. Trabajando día y noche, me fue posible lograr un sustento, y aún prosperar un poco.”





“Afortunadamente, las cosas cambiaron. Ha pasado ya más de una década desde que la guerra acabó. Nuestro negocio ha continuado creciendo, y las personas que trabajan en él se encuentran nuevamente en una buena posición económica.”
“Estos últimos años han sido realmente extraños. He subido como invitado de honor a bordo de portaaviones y demás buques de guerra norteamericano, y las diferencias entre los jets de hoy día, y los viejos cazas Cero y Hellcat es realmente asombrosa. He conocido en persona a hombres contra los que luché en el aire, me he sentado y conversado con ellos, he trabado amistad. Es el hecho que más me ha impresionado; aquellos mismos hombres que fueran el blanco de mis armas tiempo atrás, me han ofrecido sinceramente su amistad.”
“En distintas ocasiones me han ofrecido un nombramiento dentro de la nueva Fuerza Aérea de Japón. He declinado cada uno de estos ofrecimientos. No deseo regresar a la vida militar y revivir todo lo acontecido.”





“Pero volar es como nadar. No se olvida fácilmente. He permanecido en tierra por más de diez años. Sin embargo, si cierro mis ojos puedo sentir nuevamente la palanca de control en mi mano derecha, el acelerador en la izquierda, y los pedales bajo mis pies. Puedo experimentar la sensación de libertad y de lo inmaculado, y todas aquellas cosas que sólo un piloto conoce.”


Su vida privada muy humilde. Su vida de guerrero una de las más brillantes...



















Saburo Sakai 1916 - 2000
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