El 17 de Septiembre, cuando el 60% del ejército polaco ha sido puesto fuera de combate y el gobierno polaco, abandonando a los restos de su maltrecho ejército y a sus francotiradores ha huido a Londres, tres millones de soldados soviéticos inician la invasión de Polonia por el Este. Sikorski, Jefe del Gobierno polaco -Beck ha dimitido- tiene la humorada de pedir a los gobiernos inglés y francés, que no han movido un dedo para defender a Polonia contra el ataque alemán, que declaren la guerra a la URSS. Naturalmente, no hacen tal. Parece que la famosa garantía sólo garantizaba (ya se ha visto cómo) a Polonia contra un ataque viniendo del Oeste, pero no del Este.
En resumen, el tan traído y llevado cheque en blanco resultó ser un cheque sin provisión. Nueve días después se rendirá Varsovia.
El 19 de Septiembre, en Dantzig, con la reincorporación de Dantzig y el Corredor, Hitler daba la guerra por terminada, aún cuando quedaran algunos islotes de resistencia y la población civil, armada, en Varsovia. Hitler ofrece la paz. Nada pide a Inglaterra ni a Francia. A Polonia sólo se le va a arrebatar el territorio del "Corredor" (la llamada Pomeralia, o Prusia Central), históricamente territorio germánico. Dantzig, naturalmente, es reincorporado al Reich. Si la última propuesta a Polonia fue un ferrocarril y una carretera, ahora, tras la guerra, el Reich recobra el territorio del "Corredor". Se ha dicho que esto era una deslealtad y una falta de palabra. No es cierto. La última oferta (plebiscito en Dantzig, ferrocarril y carretera extraterritoriales) fue hecha antes de la ruptura de hostilidades. Luego vino la guerra. Es evidente que el precio ya no era, ya no podía ser el mismo. No obstante, el precio no había subido mucho. Sólo el "Corredor". No se habla para nada de Posen, ni de Sudaneau, ni siquiera de la Alta Silesia. Pero al rechazar Londres y París la oferta de paz de Hitler, la guerra continuó y era lógico que el precio continuara subiendo: los territorios antes mencionados, que en Versalles le fueron arrebatados al Reich, volvieron a la soberanía de éste. Con el núcleo racial polaco, alrededor del antiguo Gran Ducado de Varsovia, se constituyó, mientras duró la ocupación alemana, el llamado "Gobierno General de Polonia", con una cierta autonomía administrativa interna, pero, evidentemente, sujeto al Reich, en razón de la continuación de la guerra.
Una nueva propuesta de paz de Hitler, el 6 de Octubre de 1939, no fue siquiera contestada por Londres y París. Entretanto, la URSS que, interpretando el Pacto Ribbentrop-Molotoff a su manera, y considerando que "zona de influencia" significa "ocupación militar", e incluso "anexión", anuncia que el cuarenta por ciento del antiguo territorio polaco ha sido recuperado por la URSS. No hay protestas en las capitales occidentales. A continuación, la URSS se incorpora sucesivamente Estonia, Letonia y Lituania. Unos días después, Molotoff se desplaza a Bucarest. Cuatro millones de soldados soviéticos -diez veces más que la totalidad del ejército rumano- se colocan Junto a la frontera, mientras Molotoff negocia con el gobierno rumano.
Resultado de las negociaciones: la URSS se incorpora, sin disparar un sólo tiro, la Bukovina del
Norte y la Besarabia. El 30 de Noviembre, el Kremlin anuncia, en un insólito comunicado, que
Finlandia ha cometido un acto de agresión en Carelia y que, además, la proximidad de la frontera amenaza la seguridad de Leningrado. Lo primero es un burdo pretexto. Lo segundo una ridiculez. No sería más ridículo que España atacara a Andorra amparándose en que la proximidad de la frontera hispano-andorrana amenazaba la seguridad de Lérida. Demencial.
Pero en Londres y París se quedan tan tranquilos. No así en Washington. La colonia finesa en
los Estados Unidos es importante. Hay casi tantos finlandeses en la Unión americana como en la
propia Finlandia, y las elecciones se acercan. Roosevelt ha bautizado el ataque soviético a Polonia como una "acción tendente a impedir que todo el país fuera ocupado por los alemanes", mientras que la agresión incruenta contra Rumania ha sido presentado como un ataque contra una dictadura, cada vez más próxima, políticamente hablando, del Reich. Finlandia es diferente.
Es un país pulcramente liberal, por lo menos en la forma, pues en el fondo el viejo Mariscal Mannerheim ejerce una benévola dictadura, haciendo caso omiso del Parlamento. Pero Roosevelt no puede, él, hacer caso omiso de sus electores de origen finlandés. Además, hay que guardar un poco las formas ante la llamada "Opinión Pública". Por consiguiente, Roosevelt media entre soviéticos y finlandeses y en la Primavera de 1940 Finlandia capitulará cediendo sólo las islas Suursaari y la base naval de Viborg, en el Golfo de Finlandia, una rectificación fronteriza, a lo largo de 80 kilómetros, en Carelia y la región de Kualajaervi. En el Gran Norte, Finlandia debe ceder igualmente la base naval de Pétsamo, en el fjord de Varenger y el "Corredor" que conduce al mismo, por el que Finlandia podía asomarse al Océano Ártico. Alemania le quita a Polonia su ( ¿ su ? ) "Corredor" y Roosevelt se indigna. La URSS le quita a Finlandia el suyo y Roosevelt hace de abogado para legalizarlo. ¡Admirable!.
En Octubre de 1939, la Gran Bretaña decretó el bloqueo contra el Reich.
En virtud de tal bloqueo, todas las mercancías, de carácter bélico o no, destinadas a Alemania, quedaban confiscadas por los navíos británicos que pudieran tener acceso a ellas. Si los navíos neutrales transportando mercancías a Alemania se negaban a dejarse registrar por los buques patrulleros ingleses, podían ser hundidos. Igual suerte podían correr las mercancías alemanas destinadas a otros países, aún cuando viajasen bajo pabellón neutral. Esto era contrario al espíritu y a la letra de todas la leyes de la guerra, y en concreto de la Convención de Ginebra de 1929, de la que Gran Bretaña era signataria. Se registraron quejas de, por lo menos, los siguientes países: Argentina, México, Brasil, Manchukuo, Thailandia, Colombia, Ecuador, Chile, Perú, Uruguay, Portugal, Irlanda, Noruega, China, España, Turquía, Italia y el Japón. Sólo en los casos de Italia y el Japón se avino la Gran Bretaña a ceder, por ser esos países cofirmantes -con Alemania- del Pacto Tripartito y no desear Londres provocarles, anticipando su entrada en la guerra al lado del Reich. Si bien es cierto que Alemania respondió a estas medidas con el bloqueo contra el comercio inglés por medio de los ataques de sus submarinos, es un hecho que éstos se abstuvieron de molestar a los buques neutrales que se dirigían a las Islas Británicas. A finales de 1939 se registraron violentos combates navales en el Mar del Norte. La "Home Fleet" y la R.A.F. intervienen repetidamente para atacar a los buques de transporte que llevan el mineral de hierro sueco a Alemania, partiendo del puerto noruego de Narvik. Los barcos y aviones ingleses violaron repetidas veces las aguas territoriales noruegas y danesas, y los gobiernos de Oslo y Copenhague protestaron varias veces oficialmente contra esa violación de su neutralidad. En Febrero de 1940, el crucero británico "Cossack" penetró en el interior de un fiordo noruego y atacó al navío alemán "Altmark". El "Altmark" era un transporte y no iba armado. La protesta de Noruega fue muy fuerte. Tres semanas después otro mercante alemán, el "Hugo Stinnes" era hundido por aviones ingleses mientras viajaba por aguas jurisdiccionales noruegas. Entretanto, para coger del revés a las defensas antiaéreas alemanas, los aviones británicos violan centenares de veces el espacio aéreo noruego y danés, pero sobre todo el holandés y el belga.
A principios de Marzo de 1940, Churchill que, sin votación del "Pueblo Soberano" ha sido nombrado presidente, en substitución del viejo y enfermo Chamberlain -que morirá en Noviembre del mismo año- por sus compañeros del Partido Conservador, conferencia con su colega francés Paúl Reynaud a propósito de la invasión de Noruega por los Aliados. Así nos lo revela el propio Churchill en sus Memorias. Reynaud advierte a Churchill que, en opinión del Almirante Darlan, esto provocará una reacción de los alemanes, pero Churchill hace prevalecer su opinión de que "los alemanes no se atreverán a cruzar el Skáger-Rak, bloqueado por nuestra flota". Así se pone en marcha el titulado "Plan Stratford", para la ocupación anglo-francesa de los puertos noruegos de Narvik, Stavanger, Bergen y Trondheim. El 3 de Abril de 1940, Churchill ordena a su embajador en Oslo exija al gobierno noruego que impida el paso por sus aguas de los transportes alemanes procedentes de Narvik, donde cargan el mineral de hierro que llega por ferrocarril desde Suecia. La misma exigencia es formulada por el embajador francés. El gobierno noruego replica afirmando que Noruega es un país neutral y que por sus aguas pueden transitar los barcos extranjeros que recogen mercancías en su territorio; además, Noruega no reconoce la legitimidad del bloqueo comercial impuesto por los Aliados. El 5 de Abril, Churchill ordena que sean minadas las aguas jurisdiccionales noruegas; a consecuencia de ello un mercante de cabotaje y dos pesqueros noruegos son hundidos y 21 marineros noruegos pierden la vida. El mismo día Lord Halifax replica al embajador noruego que ha ido a visitarle para presentar una protesta diplomática, que Inglaterra desea obtener bases en las costas noruegas. Cuando Halifax hace esta insólita petición, ya está en marcha el "Plan Stratford", que debe iniciarse el día 7, con la ocupación de los puertos antes citados, amén de Oslo. En su concepción inicial, el "Plan Stratford" preveía la invasión aliada de Noruega para el día 5 de Abril, pero las objeciones del Almirante Darlan lo demoraron unos días y esto permitió a Hitler, informado del plan, dar un golpe anticipado. El Consejo Supremo Aliado ya había previsto llevar a cabo "Stratford" el 28 de Marzo, pero el mal tiempo hizo, también, demorar la maniobra. En el Memorándum de "Stratford" se declaraba textualmente que "la neutralidad de ciertos países es considerada por la Gran Bretaña y Francia como contraria a sus intereses vitales". La primera parte de "Stratford" preveía la invasión de Noruega y Dinamarca; la segunda parte, una vez consolidados los Aliados en los principales puertos de esos países, preveía la ocupación de la costa Sur de Suecia.
El Alto Mando Alemán, que conoce el plan inglés, se anticipa y ocupa Dinamarca en unas horas. El Gobierno Danés protesta pero ordena a sus tropas que no ofrezcan resistencia. El Gobierno Noruego ordena a sus tropas, como es lógico, resistir a los invasores alemanes, aunque una fracción de dicho gobierno es partidaria de no ofrecer resistencia. No es éste el lugar para reseñar, ni siquiera muy someramente, la campaña de Noruega. Si lo es el mencionar la buena labor de los servicios británicos de propaganda, que en unas horas deben alterar todos sus planes de "guerra psicológica"; ahora ya no se trata de justificar ante el mundo la invasión de unos países neutrales que comercian con Alemania, sino de criticar la invasión de dos pequeños países indefensos por la misma Alemania. En todo caso, el ejército expedicionario inglés se presenta inmediatamente en Noruega y tras encarnizadas batallas, deben reembarcar al cabo de unas semanas.
Pero los ingleses no sólo reembarcan. También desembarcan. Para "impedir que las ocupen los alemanes" lo hacen en las islas de Jan Mayen y de los Osos, pertenecientes a Noruega, y en el archipiélago de las Far Oer, pertenecientes a Dinamarca. También ocupan, los ingleses, Islandia, nominalmente unida a Dinamarca, pero prácticamente independiente. Los islandeses serán gobernados por los ingleses hasta 1941 en que los aún neutrales Estados Unidos enviaran a sus "marines" para relevar a los "tommies".
Evidentemente, no es políticamente rentable ser un pequeño país que se encuentra en medio de un conflicto entre dos grandes potencias. Cuando se llega a una situación límite, los pulcros principios del Derecho Internacional son dejados de lado, y a lo máximo que pueden aspirar los neutrales implicados es a sufrir lo menos posible. Ni los anglo-franceses, como decía la Gran Prensa Mundial, fueron a Noruega a "defender un pequeño pueblo agredido". ni los alemanes "ocuparon el país como uno de sus primeros pasos para dominar el mundo", como aseveraba muy seriamente la Propaganda Aliada. La Verdad carecía de estos oropeles maniqueos: simplemente consistía en que las potencias occidentales trataban de estrechar el bloqueo contra Alemania, desde las bases noruegas, danesas y suecas, y Alemania se adelantaba a conjurar ese golpe peligrosísimo para su seguridad nacional, salvando, de paso, sin proponérselo, a Suecia, que figuraba en la lista de víctimas preparada por los anglo-franceses.
La víctima de esta lucha entre dos colosos era un pequeño país, pero ninguno de los dos bandos
tenía un interés específico en él; ni para atacarlo ni para protegerlo. Nada menos que el ex-Primer Ministro, Lloyd-George reconoció entonces: "El fiasco noruego no es un caso aislado; es una serie de fiascos ininterrumpidos. Cuando decidimos que era esencial para nuestra protección invadir las aguas territoriales de Noruega, a pesar de las protestas noruegas, debiéramos haber previsto que los alemanes iban a reaccionar. ¿ Qué esperaba Churchill ? ¿ Que Hitler le dejara ocupar Noruega por las buenas ?
Tras el fracaso noruego, la acción de Inglaterra contra los neutrales toma un nuevo rumbo a mediados de Abril de 1940. Se amenaza a Rumania con el bloqueo económico si no cesa de vender petróleo a Alemania. También se amenaza a Turquía, Hungría, Portugal, España y Yugoeslavia por comerciar con el Reich por vía terrestre. Ante el aluvión de protestas de países
neutrales que llegan al "Foreign Office", Churchill declara que "Inglaterra no reconoce como neutrales los actos que, directa o indirectamente puedan favorecer a Alemania, es decir, el comercio, aunque se ajusten a las normas del Derecho Internacional". Repetimos: AUNQUE SE AJUSTEN A LAS NORMAS DEL DERECHO INTERNACIONAL. ¿ En qué quedamos, pues ?.
Luchaba Inglaterra por el Derecho Internacional, como pretendían sus apólogos, o no le importaba un comino el Derecho Internacional cuando su aplicación podía favorecer a Alemania ? La respuesta nos la dan los hechos y las palabras de Churchill. Inglaterra luchaba por interés, como es lógico. Ahora bien ¿ por qué interés ? ¿ Por el interés de Inglaterra, acaso ?
Durante el período llamado por los ingleses phony war", y por los franceses la drôle de guerre, ciertos políticos ingleses partidarios de la paz, intentaron aprovechar la calma absoluta en el frente germano-francés para llegar a un acuerdo de cese de hostilidades. El propio Chamberlain, naturalmente sin dar la cara y sin comprometerse, y otros conservadores incluyendo a Butler y Runciman animaban discretamente esas iniciativas. Pacientes negociaciones extraoficialmente se llevaron a cabo entre representantes de ambos gobiernos y a punto estuvieron de verse coronadas por el éxito. Los alemanes aceptaron todas las propuestas inglesas: limitación de las anexiones alemanas en Polonia al "Corredor", amén de la anexión de Dantzig, renunciando definitivamente a Posen, la Alta Silesia, Sudaneu y Pomerelia, y firma de un convenio germanopolaco regulando la cuestión de las minorías alemanas en Polonia. El acuerdo parecía probable; incluso los comunicados oficiales de la época suavizaron notoriamente su tono, poniendo de relieve ciertos actos de generosidad de la Wehrmacht en Polonia. Pero las negociaciones deberían fracasar porque, una vez obtenido el acuerdo de principio, los negociadores ingleses fueron informados por su gobierno de dos condiciones suplementarias -y últimas - que debían ser sometidas a los negociadores alemanes. Las dos condiciones de última hora, que malograrían el acuerdo al no aceptarlas Alemania, eran que Alemania renunciara a su autarquía económica y adoptara el Patrón-Oro, reincorporándose al sistema librecambista. Además, Alemania debía autorizar la reapertura de las logias masónicas, clausuradas por Hitler. En otro lugar mencionamos que fué el Coronel J. Creagh Scott, diplomático bien conocido, quien denunció públicamente estos hechos y no fue jamás desmentido. Creagh Scott, que tomo personalmente parte en las conversaciones con los emisarios alemanes, acusó públicamente al gobierno británico, en una conferencia pronunciada en el Ayuntamiento de Chelsea, de haber provocado y prolongado la guerra únicamente para defender el Patrón-Oro y la Masonería, dos "instrumentos sionistas", según él. De manera que Inglaterra no hacía la guerra por el interés propio, toda vez que Alemania no le pedía nada más que la paz. Hacía la guerra, según alguien bien calificado para saberlo, por el Patrón-Oro e, incidentalmente, por la recalificación de una secta calificada por la misma persona de "instrumento sionista".
Churchill no se desanima por el fiasco noruego y decide reactivar las operaciones contra Alemania. Sus bombarderos no pueden, ahora, llegar al Reich atravesando el espacio aéreo
danés o noruego, erizado de baterías de defensa antiaérea, de manera que los vuelos sobre Holanda y Bélgica se multiplican. Estos países que, en un principio, habían protestado por tales violaciones de su soberanía, ya no protestan. Saben que no serviría de nada; les consta que están
emparedados entre dos potencias de primer rango y que hay unas leyes de dinámica política
contra las que nada pueden los Convenios Internacionales, firmados en tiempos de paz. No ignoran que existe, en tiempo de guerra, una fatalidad de las zonas débiles, y que es una "desgracia" geográfica ser un pequeño país neutral de interés estratégico.
Esto es particularmente aplicable al caso de Bélgica, que Inglaterra literalmente se "inventó" tras el Congreso de Viena, cogiendo un trozo de Francia y otro de Holanda y dándole un nombre derivado de una tribu germánica que habitaba aquella región en el siglo V. Como no habían "belgas" entonces -1830- Inglaterra convenció al Príncipe Leopoldo de Saxe-Coburg, un alemán, para que aceptase el trono de la nueva nación, bajo el nombre de Leopoldo I. A Inglaterra le convenía debilitar a Francia, su rival en el Continente, y a Holanda, su adversario comercial en Ultramar; al mismo tiempo quería impedir que Prusia o Austria-Hungría, jóvenes potencias en alza, se asomaran al Canal de la Mancha (que en Inglaterra llaman English Channel, es decir, Canal Inglés). Y así nació Bélgica, por conveniencias imperiales de Inglaterra.
Era lógico que Bélgica fuera, tradicionalmente, un país anglófilo, y no por gratitud, virtud rarísima entre los humanos y prácticamente inexistentes en Política, sino por aplicación automática del viejo principio Protego ergo obligo" (Te protege, luego te mando ). En cuanto a Holanda, con motivos históricos justificadísimos para no ser precisa- mente anglófila, albergaba, desde siglos, una poderosa Colonia Israelita, la cual, por motivos de solidaridad racial, era antialemana. En todo caso, una cosa es cierta: entre los dos beligerantes se establece una carrera para ocupar estos países.
Los franceses, con razón, temen que se repita la "Ofensiva Schlieffen" de la I Guerra Mundial y los alemanes les cojan de revés (esto es, la invasión de Francia a través de Bélgica). Si ésto vuelve a ocurrir ahora, la Línea Maginot no servirá de nada. Recíprocamente, piensan los alemanes que si los anglo-franceses les atacan a través de Holanda y Bélgica -cuya neutralidad ha sido violada, hasta ahora, exclusivamente por la aviación británica- de nada les servirá a ellos su Línea Sigfrido. En Bruselas y La Haya se evalúa la situación, se cree en una victoria final anglo-francesa y se decide, mientras sea posible, permanecer neutrales, pero inclinándose hacia Francia e Inglaterra. Esto es un error. La "neutralidad" con "simpatías" hacía uno de los bandos es un equilibrio que raras veces sale bien y, en todo caso, no depende exclusivamente del equilibrista. Una vez tomada su decisión, belgas y holandeses empiezan a fortificar sus fronteras con Alemania y a concentrar en las mismas el grueso de sus ejércitos; pero, en cambio, los belgas no toman medidas similares en su frontera con Francia. Se arguirá que un país está en su perfecto derecho de fortificar una de sus fronteras y desproteger la otra. Es cierto, es un derecho, pero también es derecho de la potencia ante cuyas fronteras se concentra un ejército extranjero -y sólo ante las suyas- sentirse amenazada y obrar en consecuencia. Alemania protesta repetidas veces ante el gobierno de Bruselas por permitir que, a través del espacio aéreo belga, los aviones ingleses bombardeen Alemania. Pero aún hay más: "En el Ministerio de Defensa Belga ya se tienen estructurados los planes en los cuales se indica que carreteras deben ser reservadas para dejar el paso libre a las tropas francesas e inglesas." Los regimientos franceses ya saben, desde Abril de 1940, el itinerario que deben seguir en territorio belga. Los estados mayores de las neutrales Bélgica y Holanda se reúnen con los enviados de los estados mayores inglés y francés. Mientras la frontera alemana está prácticamente cerrada, constantemente van llegando oficiales de enlace franco-británicos a Gante, Amberes, Beerschot y Lieja. Esto, reconocido por Paul Reynaud, Jefe del Gobierno francés, es reconocido igualmente por Churchill. Según los máximos responsables políticos de los Aliados, pues, Holanda y Bélgica se habían colocado, por su propia voluntad, y automáticamente, dentro de la contienda. Alemania conocía la presencia de tropas anglofrancesas en Bélgica, y había protestado enérgicamente. La realidad, empero, es que holandeses y belgas aceptaban algunas unidades francobritánicas en su suelo muy a regañadientes, convencidos de que aquéllo podía complicarles en la guerra; por eso muestran algunas reticencias cuando el Generalísimo Gamelin decide enviar cinco divisiones para proteger Bélgica y tres para proteger Holanda, a parte las unidades especiales que ya se encuentran allí acantonadas. He aquí, pues, la situación: los alemanes temen un ataque anglofrancés contra Renánia y Westfalia a través de Bélgica y Holanda, ataque que cogería a contrapié a las tropas alemanas concentradas tras la Línea Sigfrido, y tampoco dejan de ver que Bélgica es el pasaje ideal para atacar a Francia por el Norte y coger del revés a la Línea Maginot.
Los anglosajones temen que a pesar de todas las facilidades que están recibiendo de los gobiernos belga y holandés unos y otros intenten mantenerse no -beligerantes. Para prevenir tal eventualidad se planeó la invasión de Bélgica por los anglo-franceses. Esto se haría público cuando, el 24 de Junio de 1940, los servicios especiales de la Wehrmacht se incautaron de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores y del Estado Mayor Conjunto Interaliado, en la Charité-sur-Loire, donde encontraron un plan detallado para la invasión de Bélgica.
Pero de nuevo Hitler toma la delantera a sus rivales y, el 10 de Mayo de 1940 ordenará el ataque general a lo largo de todo el frente francés, así como la invasión de Bélgica, de Holanda y del Gran Ducado de Luxemburgo, éste último por motivos puramente geopolíticos y por hallarse en el mismo centro de la ofensiva. ¡ Agresión alemana ! exclamarán los oráculos de la Gran Prensa Internacional, controlada por los poderes fácticos. Sí, técnicamente, es indudable, Alemania ha agredido a tres pequeños países, formalmente neutrales. De hecho, el único auténticamente neutral es Luxemburgo. También el espacio aéreo luxemburgés ha sido violado por los anglofranceses, pero una protesta luxemburgesa ante los dos primeros imperios coloniales de la Tierra suena a broma. Luxemburgo ha debido sufrir, primero, la violación de su espacio aéreo por unos; luego, la ocupación de todo su territorio (ocupación, por otra parte, incruenta) por otros.
Pero Bélgica y Holanda, empujadas sin duda por las circunstancias, han elegido un campo: el campo anglofrancés. Esto les costará la ocupación militar durante la guerra...y la pérdida de sus vastos imperios coloniales después de su ( ¿su? ) victoria.
Todo el frente occidental Aliado se hunde en poco más de cinco semanas. Francia debe pedir el Armisticio. Considerando cuan apabullante ha sido la derrota francesa, y que fue Francia quien declaró la guerra a Alemania, las condiciones de dicho Armisticio son extremadamente suaves. Alemania no impone desorbitadas contribuciones de guerra, ni arrebata territorios a Francia, ni exige siquiera la devolución de las colonias que ésta le arrebató en Versalles (Camerún y Togo). No pide, siquiera, la entrega de la flota de guerra, casi intacta aún y que constituye, por calidad y tonelaje, la tercera fuerza naval armada del mundo. Tampoco se obliga a Francia que rompa sus relaciones normales con Inglaterra. Únicamente se exige la ocupación temporal -mientras dure la guerra con Inglaterra- de la costa atlántica de Francia y de territorios del Norte del país, incluyendo la capital, París (356). El Gobierno francés se instala en Vichy, presidido por el Mariscal Pétain, y es inmediatamente reconocido por todos los países del mundo -exceptuando Inglaterra, que reconoce un gobierno en el exilio formado por el General, a título provisional, Charles De Gaulle- incluyendo los Estados Unidos y la Unión Soviética, que mantienen relaciones diplomáticas normales con él. Ello es lógico. Al dimitir Paul Reynaud como Jefe del Gobierno, el Presidente de la República, Albert Lebrun, cree que sólo una recia personalidad militar como el Mariscal Pétain podrá sacar al país del atolladero. Pétain es regularmente votado como Jefe del Gobierno por la Asamblea Nacional. Su gobierno es, pues, absolutamente legal y democrático, mientras el "gobierno" de De Gaulle en Londres, con sus tres docenas de viejos politicastros y algunos pilotos y marinos que lograron huir a Inglaterra cuando la "bolsa" de Dunkerque, aún cuando se le vayan, en el curso de la guerra, uniendo algunas tropas coloniales, no representa a nada ni a nadie, ni le ha votado nadie. Sólo Inglaterra, siguiendo, como es lógico, su interés político, reconoce la "Francia Libre" de De Gaulle.
Poca ayuda práctica podrá aportarle éste, pero le servirá de coartada para proclamar que "el Gobierno de Vichy" no representa a Francia, y asestar duros golpes al aliado de la víspera. Escuadrillas inglesas con base en Gibraltar reciben orden directa y personal de Churchill para atacar a la flota francesa, fondeada en Mers-el-Kébir (Argelia). Los barcos franceses, anclados, atacados por sorpresa, no tienen oportunidad de defenderse; varios de ellos son hundidos; muchos otros, averiados; mil doscientos marinos franceses pierden la vida, otros dos mil quinientos son heridos. El 8 de Julio de 1940, cinco días después del ataque a Mers-el-Kébir, unidades de la R.A.F. y de la "Home FIeet" atacan a una flotilla francesa estacionada en Dakar (Senegal) y tratan de desembarcar, pero son rechazadas con graves pérdidas. Churchill, en los Comunes, justifica su agresión contra Francia afirmando que Inglaterra "no puede permitirse el lujo de que exista la posibilidad de que un día la flota francesa sea presa de los alemanes". Para impedir tal posibilidad, se ataca a la flota en Mers-el-Kébir, se intenta el desembarco en el Senegal y posteriormente se ocupan Madagascar, Siria, el Líbano, la Guayana Francesa, la Somalia Francesa, las islas francesas del Caribe y Nueva Caledonia. El motivo invocado es siempre el mismo: se ocupan esos territorios de un país neutral, ex-aliado al que no se prestó ayuda militar alguna cuando se produjo la ofensiva alemana, para evitar que caigan en manos alemanas. La excusa puede ser válida para el caso del Líbano y Siria, cuando, tras la entrada de Italia en guerra, el Mediterráneo se convierte en campo de batalla, pero ¿ Madagascar, la Somalia, la Guayana, la Martinica o la Nueva Caledonia se encontraban amenazadas por Alemania ?. ¿ No será mis lícito suponer que tales anexiones de facto se llevaron a cabo para explotar los recursos de esos territorios y, de paso, recomponer un poco el prestigio inglés, tan maltrecho tras su ininterrumpida serie de reveses militares ?.
Plan Manstein`'
Hitler hizo otras dos ofertas de paz a Inglaterra. Nuevamente ofertas de "paz-empate". Una tras la retirada del Cuerpo Expedicionario Inglés de las playas de Dunkerque, y otra después del desplome de Francia. Ambas fueron desoídas. El gobierno británico estaba decidido a continuar la lucha a pesar de que, coincidiendo con el derrumbe francés, y corriendo en socorro de la victoria, Italia había declarado la guerra "a las democracias reaccionarias y plutocráticas de Occidente", según frase de Mussolini. Inglaterra se hallaba sola, aunque con los recursos de su enorme Imperio, aumentado de hecho en más de un millón y medio de kilómetros cuadrados de territorios arrebatados a Francia. Roosevelt, además, ayudaba cuanto podía, como veremos más adelante. Es curiosa esta situación: Inglaterra ha recibido golpes tremendos en Noruega, en los Países Bajos, en Bélgica y ha debido expatriarse en Dunkerque.
También ha sufrido espectaculares derrotas en el mar. Alemania, victoriosa, le ofrece la paz repetidamente, sin pedirle nada. El 14 de Julio de 1940, Hitler declaró en una entrevista concedida a un reportero de la "United Press" que estaba dispuesto a aceptar la mediación de quien fuera con tal de llegar a un acuerdo, sobre bases honorables, con Inglaterra, y que entonces Alemania se retiraría inmediatamente de todos los territorios ocupados. Cinco días después, el 19 de Julio, nueva propuesta de Hitler, en un discurso pronunciado en el Reichstag: ofrece la paz, con vuelta las fronteras de 3 de Septiembre de 1939, en Occidente, mientras en el Este se llegará a un acuerdo honorable con Polonia. Nuevo rechazo de Churchill. Y nada menos que Joseph E. Davies, el varias veces citado magnate, miembro del "Brain Trust" de Roosevelt, y judío, declaró, en un discurso pronunciado en el Ayuntamiento de los Ángeles, el 22 de Enero de 1943, que Alemania ofreció, a mediados de 1940, la dimisión de Hitler, si con ello Inglaterra se avenía a aceptar una paztablas. Esta oferta se hizo a través del Vaticano. Según Davies, Churchill rechazó esa proposición sin consultar siquiera con su Gobierno. Y aún se harían por entonces dos tentativas más para obtener la paz, ambas inicia- das por Alemania, por conducto de Suecia y del Vaticano, con el mismo negativo resultado.
Churchill quiere la guerra y, tenazmente, prepara un nuevo golpe. Así se fragua la "Operación Katherine" descrita por el entonces Primer Ministro Británico en sus "Memorias" como una "operación para forzar el paso de la Home Fleet por el Báltico y poder, así, extender la mano hacia Rusia, en forma que ejercería, seguramente, un efecto decisivo". " Katherine "prevé la ocupación por los británicos de los puertos suecos de Estocolmo, Smogen, Gotemburgo y Malmoe. Londres contaba ya con la prometida colaboración de los soviéticos, que habían colocado a una masa de cinco millones de hom- bres en Polonia Oriental y los Países Bálticos. El mando alemán -como luego veremos- conocía las intenciones de la URSS, de atacar a Alemania tan pronto como ésta se viera envuelta en un largo conflicto militar en el Continente. Pero "Katherine" no pudo llevarse a la práctica por no contar todavía la R.A.F. con la suficiente fuerza para apoyar una acción de tal envergadura. Pero en Londres se contaba ya con el apoyo soviético, siempre y cuando se lograra distraer las fuerzas de Alemania en otras operaciones secundarias, bien creando un puente naval hacia Rusia en el Báltico, bien provocando nuevos conflictos entre Alemania y otros países neutrales.
Entonces empezaron las manióbras de la hábil diplomacia inglesa para lograr la creación de un frente terrestre en el Continente, que permitiera a los soviéticos descargar el primer golpe. Belgrado, Atenas, Sofía y Estambul son teatro de innumerables intrigas diplomáticas. El fracaso de las gestiones de los diplomáticos ingleses en Turquía y Bulgaria queda compensado por el éxito obtenido en Grecia. El gobierno griego cede bases en su territorio nacional para ser utilizadas por la " Home Fleet " y la R.A.F. Esto constituye una amenaza tremenda para Italia, que inmediatamente protesta ante Atenas. Ribbentrop aconseja a Ciano que Italia no tome medidas militares contra Grecia pues un frente terrestre en el Continente en tales momentos, con el ejército soviético agazapado para dar el golpe, es altamente inconveniente. Hitler, temiendo una extensión del teatro de operaciones, se propuso entrevistarse con Mussolini para disuadirle de su propósito, pero éste, sin previo aviso a Berlín, declaró la guerra a Grecia el 28 de Octubre de 1940, atacándola desde el protectorado italiano de Albania. Simultáneamente, en Belgrado, el gobierno yugoeslavo se ve sometido a fuertes presiones de la diplomacia inglesa, norteamericana y soviética. Campbell, el embajador británico, no cesa de intrigar para crear un conflicto germano-yugoeslavo. Churchill nos dice en sus "Memorias" que mandó a Campbell un mensaje ordenándole: "Continué molestando y hostigando al Rey Pablo y a sus ministros. Indíqueles, si es preciso, que los alemanes están preparando la invasión del país". No obstante, el gobierno de Cvetkovic firma un pacto de Amistad y No-Agresión con el Reich, el 24 de Marzo de 1941.
Pero apenas han transcurrido veinticuatro horas cuando se produce un sorprendente golpe de teatro. Fresca aún la tinta de las firmas del Pacto, así como de la adhesión de Yugoeslavia al Pacto Tripartito, se produce un cuartelazo, organizado por la embajada británica y contando con la probada colaboración de las células comunistas serbias. El gobierno, democráticamente elegido, es derrocado; el Príncipe Regente Pablo es obligado a dimitir, y el Rey Pedro, menor de edad, es elevado al trono. El Pacto Germano-Yugoeslavo es denunciado, y la adhesión de Belgrado al Pacto Tripartito retirada. Cvetkovic es detenido y tropas británicas procedentes de Grecia cruzan la frontera y se dirigen a la frontera germano-yugoeslava. El nuevo gobierno, presidido por Simovic, un israelita, firma un Tratado de Asistencia Mutua con la URSS y otro con Inglaterra. En las calles de Belgrado las células comunistas organizan manifestaciones antia- lemanas. El embajador alemán advierte al nuevo gobierno yugoeslavo que si permite la instalación de tropas inglesas en su territorio, el Reich lo considera- rá un peligro para su seguridad. Pero las tropas inglesas continúan afluyendo desde Grecia. El 6 de Abril de 1941, la Wehrmacht se lanza al ataque atravesando la frontera yugoeslava. En una impresionante "guerra relámpago", el ejército yugoeslavo capitula en once días de lucha. Simultáneamente, la Wehnnacht ataca a Grecia por Macedonia, lo cual alivia la crítica posición italiana en Albania. En ocho días, Grecia capitula. Los ingleses deben repetir el "número" de Noruega, de Holanda, de Bélgica y de Dunkerque, concentrando sus tropas en la isla de Creta, de donde son desalojadas por unidades de paracaidistas alemanes.
Es, precisamente, tras la victoria de Creta y coincidiendo con una victoriosa contraofensiva de Rommel con su "Afrika Korps" en África del Norte, cuando Hitler, antes de iniciar la campada de Rusia quiere hacer una enésima tentativa de paz con Inglaterra. El 10 de Mayo de 1941, Rudolf Hess, lugarteniente del Führer arriesgó su vida para lograr la paz. Pilotando un "Messerschmitt" logró burlar la vigilancia de las patrullas de la R.A.F. y aterrizó en Escocia, con el propósito de entrevistarse con el Duque de Hamilton, antiguo amigo suyo y muy influyente en la Corte. Hess contaba con que el Duque le ayudaría a conseguir una entrevista con el Rey Jorge VI y con Churchill, para convencerles de que "el Führer no quiere continuar esta guerra insensata" y de que "el verdadero enemigo está en Rusia". En garantía de que el Reich cumpliría lo pactado -la tantas veces pedida "paz empate"- el mismo Hess se ofrecía como rehén. Pero Hess no consiguió entrevistarse con el Rey, ni con Churchill, que lo mandó encarcelar. Llama la atención que a un emisario que se presenta libremente, por su propia voluntad, a proponer la paz, no se le deje regresar a su país y se le encarcele. Esta ha sido la costumbre desde hace, por lo menos, cincuenta siglos, y la han practicado todos los pueblos, incluyendo los más incivilizados. El Duque de Hamilton, rompiendo, por fin, un silencio que te fue impuesto durante veinte anos dijo que "ciertamente la guerra hubiera podido terminar en 1940, pero la mejor oportunidad la proporcionó el vuelo de Hess, en Mayo de 1941". Es curioso que Churchill, cuyas autoacusadoras "Memorias" debieran, en buena lógica, hacer renegar de la Democracia a cualquier lector provisto de un mínimo de sentido crítico manifestara "no ser directamente responsable de la manera cómo se trató a Hess". Ahora bien, si Churchill, Primer Ministro con más poderes que muchos dictadores ( ¿ se imagina alguien a Churchill destituido y encarcelado por su Rey, como le sucedió a Mussolini con el suyo ? ) no fue directamente responsable del trato a Hess, ¿ quién lo fue ?... ¿ Quién tenía más poder que Churchill en asunto de tal gravedad ?... ¿QUIEN MANDABA EN INGLATERRA ?.
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4) La meta fue Moscú (2da parte);
5) Cómo se declara una guerra democráticamente
6) La historia de Rudolf Hess
FUENTES:
1) LOS CRÍMENES DE LOS BUENOS de Joaquín Bochaca
2) THE FORRESTAL DIARIES de James V. Forrestal
3) LA HISTORIA DE LOS VENCIDOS de Joaquín Bochaca
4) ROOSEVELT & HOPKINS de Robert Sherwood
5) MEMORIAS de Winston Churchill
6) MI VIDA de Erich Raeder
7) LOS RESPONSABLES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL de Paul Rassinier
8) LES GRANDES CONTROVERSES DE L´ HISTOIRE CONTEMPORAINE de De Launay
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