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El plan del buque que transportó las bombas nucleares


El rápido y poderoso buque de guerra USS Indianapolis



Un HECHO que ignora la mayor parte del mundo es la planificada destrucción del buque USS Indianapolis, el cual transportó las bombas atómicas que desaparecieron las comunidades católicas de Hiroshima y Nagasaki y cuya extrañísima desaparición también significó la peculiarísima muerte de casi la totalidad de su enorme tripulación (1997 hombres), por una serie de “coincidencias” y traiciones del alto mando de la US Navy, el cual envió al Indianapolis al matadero y nunca autorizó el rescate de los tripulantes



 El USS Indianapolis era un crucero (CA- 35) de 9,800 toneladas de desplazamiento, construido en Camden, Nueva Jersey, y botado en Noviembre de 1932.
  El USS Indianapolis participó en frecuentes batallas navales con gran efectividad. A pesar de los repetidos ataques de los kamikazee y de haber sido averiado en dos ocasiones, siempre logró volver a puerto para reparaciones. Este crucero se movía a gran velocidad y poseía alto poder de fuego, por lo que fue elegido para cumplir una operación súper-secreta, que cambiaría el curso de historia.


El transporte secreto de las bombas atómicas



El 16 de julio de 1945, el USS Indianápolis zarpó el puerto de San Francisco con una carga ultra secreta: varios contenedores de madera forrados de plomo en su interior cargaban el resultado del Proyecto Manhattan, que no era otra cosa que Uranio-235, la bomba atómica. La misión era tan secreta que -si bien todos a bordo sabían que era bien importante- ni el mismo capitán conocía el verdadero contenido de la carga. La misión fue preparada con gran apoyo técnico y supervisada por altos jefes militares.
  El Indianápolis rompió el record de velocidad, al hacer 5,000 millas en diez días y un solo atraque para combustible en el puerto de Pearl Harbor antes de llegar a su destino, Tinian en las Islas Marianas; el aeropuerto escogido para el despegue los bombarderos que lanzaron las bombas atómicas, que darían fin a la guerra y causarían la destrucción de las únicas ciudades católicas de Japón,  Hiroshima y Nagasaki.


La versión oficial





Un extraño hundimiento con tiempo suficiente para lanzar las lanchas salvavidas, pero…



Después de unos días en Tinian, el USS Indianápolis zarpó el domingo 29 de Julio de 1945 CON LA ORDEN DE UNIRSE CON EL USS IDAHO y comenzar prácticas de puntería al día siguiente.
  Se descubrió que el USS Idaho nunca fue informado, y este error se revelaría como uno de los más fatales de la historia de la USS Navy”. (Luego se sabrá que el envío del Indianapolis a su encuentro con el Idaho fue una mentira para ponerlo dócil en la mira del submarino japonés).
  A las 00:14 horas, durante el cambio de turno y con toda la tripulación despierta, el Indianápolis recibió el ataque del submarino I-58 japonés, al mando del capitán Iko Machistura Hashimoto, “el cual a las 23:00 observó en el horizonte la extensa figura por un gran claro de la luna del crucero acercándose tranquilamente y sin zigzagear a la posición del submarino”.
  El capitán japonés ordenó la inmersión y puso a su submarino en posición, tenía 6 Kaiten y 6 tubos normales a su disposición y el crucero estaba en la posición perfecta para ser hundido. Y a las 00:14 dos torpedos impactaban en el casco del crucero que quedaba tocado y hundido de muerte.
  En sólo segundos, la nave resultó averiada gravemente. El primer torpedo impactó en proa y la desapareció, el segundo hizo impacto a estribor, inutilizando el sistema eléctrico de la nave con la explosión, eliminando cualquier posibilidad de enviar un SOS. El Indianápolis se hundió en quince minutos. De los 1197 hombres a bordo, aproximadamente 880 a 900 hombres sobrevivieron las dos mortales explosiones.
  Muchos hombres resultaron quemados y heridos de gravedad, pero el 95 % tenían sus chalecos salvavidas Kapock puestos cuando fueron lanzados a las quietas aguas del Pacífico. Había luna llena. Los sobrevivientes empapados en agua y gasolina, comenzaron a agruparse para auxiliarse unos a otros. A causa de la velocidad con la que se hundiera la nave, sólo estaban disponibles unas pocas balsas salvavidas.
  Al principio, los hombres no estaban tan preocupadosdebido a que esperaban ver aparecer alUSS Idaho. Sin embargo, el mando central de la marina estadounidense no tenía conocimiento del paradero del Indianápolis y en realidad nunca envió al Idaho a la zona.


Devorados por los tiburones



 Al amanecer, comenzaron a acercarse los tiburones. Los marineros comenzaron a sentir pánico al ver estos monstruosos tiburones tigre que les acechaban y empujaban con sus morros. Cuando los gigantes de 20 pies de largo olfatearon la sangre de los heridos, comenzaron a atacarles, despedazándoles. El olor de la sangre atrajo más tiburones.
  Según relatos de los testigos, entre doscientos y trescientos tiburones masacraron durante horas a los desvalidos náufragos. Los aterrorizados sobrevivientes se tomaron de las manos y formaron círculos grandes para tratar de defenderse, pero los tiburones continuaron atacando el exterior de los círculos, desmembrándolos uno a uno. Flotaban pedazos de brazos y piernas por doquier. Hubo muchos que no soportaron más y, desprendiéndose de sus chalecos salvavidas, preferían ahogarse a morir descuartizados. La masacre se extendió días. Los tiburones se retiraban por tres o cuatro horas, para regresar aún más feroces y emprenderla con los sobrevivientes.
  Muchos murieron durante los tres primeros días, de hambre y deshidratación, el resto estaba siendo cazado implacablemente y sufrir una lenta y horrible muerte. Casi 400 hombres fueron devorados por estas despiadadas bestias marinas. La experiencia de ver cómo un hombre es devorado vivo sin poder hacer nada para evitarlo tiene que ser horrible y brutal para cualquier persona.Sólo trescientos diecisiete hombres sobrevivieron la horrible masacre, que había durado cinco días.


Un rescate audaz



Ventura PV-1



El rescate de los 317 sobrevivientes resultó ser casi increíble. El teniente Chuck Gwinn, piloto de un bombardero naval Ventura PV-1 fue quien mientras iba en su misión de patrulla anti-submarinadivisó por pura casualidad a los sobrevivientes. Gwinn se encontraba reparando un problema con su antena cuando descubrió una mancha de petróleo en el océano. Para él, una mancha así era indicación de que un submarino se estaba sumergiendo. El teniente pensó que sería un submarino enemigo y se dispuso a lanzar cargas de explosivos de profundidad desde la popa de su avión, así que dio vuelta a la aeronave y se dirigió hacia la mancha.
  Cuando estaba a punto de lanzar las cargas, miró por su ventanilla y distinguió un grupo de hombres flotando en el agua, que agitaban sus brazos y trataban de atraer la atención del piloto. Gwinn se elevó y contactó a la base por radio de las coordenadas exactas de los náufragos. El mando central no podía dar crédito a su informe, y tardaron dos horas en reconocer la urgencia del caso, tiempo perdido nuevamente por la USS Navy y que permitió a los tiburones atacar de nuevo. La aeronave se estaba quedando sin combustible pero Gwinn continuaba insistiendo. Finalmente, tuvo que regresar a la base, pero el mando central había decidido despachar hacia la zona del naufragio, un avión de reconocimiento, el hidroavión PB-Y Catalina, pilotado por el teniente Marks.


Nunca se autorizó el rescate




Avión pequeño que sirvió para salvar a los últimos sobrevivientes

 “La Marina conocía que el submarino que nos hundió estaba en nuestra ruta. No se lo comunicaron al capitán McVay. Nos enviaron al camino del peligro, a continuación se les olvida, son estos y muchos más ejemplos de negligencia”.- Michael N. Kuryla Jr, superviviente del USS Indianapolis.

Mientras volaba hacia el área del desastre, el teniente Marks divisó por casualidad al crucero US Cecil Doyle, y le informó por si acaso por radio de la localización de los sobrevivientes. El capitán del US Cecil Doyle, sin esperar la oportuna autorización que no llegaba del mando central se dirigió a la zona del desastre. El piloto llegó a lazona y comenzó a arrojar balsas salvavidas y provisiones a los náufragos. Le comunicó al mando central de la confirmación del informe de Gwinn, y fue ordenado regresar a la base ya que los hombres serían rescatados por el Cecil Doyle. Cuando se disponía a alejarse, su tripulación descubrió la mancha de tiburones que atacaban a los sobrevivientes, arrancando pedazos de sus cuerpos. Ignorando las órdenes recibidas, decidió acuatizar en medio del océano. Logró colocar el hidroavión junto a los náufragos y perdió unos remaches en el intento, pero sin otro percance comenzó a cargar a los extenuados y aterrorizados hombres en su avión, sobra las alas y sobre el fuselaje.
  Cincuenta y seis hombres estaban a salvo de los ataques de los fieros dientes de los tiburones sobre el fuselaje y las alas del hidroavión, que sirvió esa noche de refugio contra una terrible muerte. De madrugada el US Cecil Doyle llegó a la zona del desastre y apagó sus maquinas para no dañar con su hélices a los supervivientes. Despreciando su seguridad encendió los focos para ayudar a los aterrorizados y agotados naufragos a llegar al barco y a las naves salvavidas que llegaban al rescate a ubicar el lugar exacto en la noche.




Rescate no autorizado de los pocos sobrevivientes del USS Indianapolis

 Hasta el último instante, los tiburones siguieron atacaron a los hombres y les arrancaban pedazos a dentelladas, hasta que lograban sacarles totalmente del agua.

Persecusión contra el capitán y rescatistas




  El capitán del Indianapolis, Charles Butles Macvay III, sobrevivió al naufragió y fue sometido a un juicio marcial por la corte del alto mando naval.
  Se le acusó de no navegar en zig-zag como mandaba la doctrina y a actuar negligemente en la evacuación (última acusación nada pausible debido a que el crucero apenas tardó 15 minutos en hundirse).
  Durante el juicio declaró como testigo el propio capitán Iko Machistura Hashimoto, quien desmintió a los acusadores declaró a favor de Macvay.
  Pero a pesar de los testimonios y de la excelente hoja de servicios, Macvay fue condenado, caso único en la USS Navy.
  Aunque muchos años después un tribunal militar rectificó el fallo la sanción sigue presente en su expediente, ya que la propia legislación militar americana impide que se levante. El fallo del tribunal militar “es infalible”… y en 1968, el capitán Mac Vay “se suicidó”…
  El comandante del hidroavión Adrian Marks a punto estuvo de ser procesado por amerizar en mar abierto, circunstancia que al final no se produjo porque un avispado administrativo se dio cuenta de la proeza realizada por el piloto y el resultado satisfactorio de dicha “desobediencia”


 El Gobierno, verdadera culpable de la tragedia

  Lo cierto es que la verdadera culpa del desastre es del alto mando de la US Navy, que perdió el rastro de su propio crucero y durante días no quiso localizarlo, nunca comunicó su posición al Idaho como debía haber hecho en un principio y luego obstaculizó rescate, al no acudir prestos a la indicación del primer piloto.
  El resultado de fallos sin cadenas fue la brutalidad del ataque de tiburones que devoraron vivos a la mayoría de los tripulantes del barco que transportó el material indispensable para armar a Litle Boy y Fat Man.
La verdad se desvela tarde o temprano

  Aunque los primeros pasos para limpiar el nombre del capitán Mcvay se dieron en la década de los 60 al constituirse la asociación de supervivientes del USS Indianapolis, no fue hasta la segunda mitad de las década de los 90 cuando, de forma indirecta Steven Spielberg, consiguió sin querer que la figura del malogrado capitán fuese rehabilitada y exonerada de cualquier culpa. La explicación suena increíble:
  Un chaval de 11 años, Hunter Scott, natural de Pensacola, Florida, vio la película “Tiburón” y como muchísimas personas más se quedo impresionado con la escena en la que se comenta el ataque de los tiburones a los náufragos del USS Indianapolis. Esta situación no hubiese pasado de simple anécdota si el muchacho no hubiese perseverado en la investigación de los hechos; se reunió con los supervivientes del hundimiento, todos unánimemente le comentaron que el capitán Mcvay no tuvo culpa alguna de lo acaecido, y ninguno justificó la necesidad de realizar el consejo de guerra posterior. Lógicamente la juventud del chico junto con la presión de los supervivientes llamarón la atención en primer lugar de los medios y a continuación de Joe Scarborough, Representante del Congreso de los Estados Unidos.
  Joe Scarborough prometió llevar un proyecto de ley para exonerar al capitán McVay en el año 1998. Scott y un grupo de supervivientes viajaron a la capital con intención de apoyar dicho proyecto; se reunieron con representantes del Congreso y del Senado instando al indulto presidencial del capitán.
  Involuntariamente, no tuvieron en cuenta el hecho que el almirante Nimitz en 1946 ya había indultado al capitán Mcvay por lo que Scarborough, Scott y los supervivientes dieron una vuelta de mas sobre el tema pidiendo entonces que “ el consejo de guerra sobre el capitán Mcvay fue moralmente insostenible y su condena un acto voluntario de injusticia”.
  Para ejercer mayor presión se persuadió al senador Bob Smith para que presentase en el Senado una medida idéntica, tras varios meses, aproximadamente 100 representantes del congreso y 16 senadores se habían unido a las respectivas iniciativas.
  El espaldarazo final se produjo cuando el senador Smith persuadió al senador John Warner, presidente de la Comisión de Servicios Armados del Senado, a celebrar una vista de la resolución. La audiencia se inicio el 14 de septiembre de 1999 y fueron las declaraciones elocuentes y emotivas de los supervivientes así como la incapacidad de los testigos de la Marina lo que llevaron a buen término todas las alegaciones presentadas tras meses de comparecencias.
  Hubo reticencias de la Marina en introducir en el informe final palabras tales como consejo de guerra moralmente insostenible o condena injusta pero sí que apareció de forma clara que “el capitán McVay se halla exonerado de la pérdida del USS Indianapolis” (“he is exonerated for the loss of the USS Indianapolis”).


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