Cuando los primeros europeos arribaron a América (y volvieron para contarlo) se encontraron con una diversidad increíble de norte a sur del continente, pero con una ausencia marcada de sociedades complejas semejantes a las euroasiáticas. Solo dos grandes regiones: la Cordillera Andina y Mesoamérica, presentaban grandes y complejas poblaciones estructuradas jerárquicamente.
La gran particularidad de los Incas es la ausencia de la escritura. En su lugar, usaban unos nudos llamados quipus, que de acuerdo con varias fuentes de la conquista podían “leerse” usando las manos y servían para llevar las cuentas del imperio. Como los españoles jamás parecieron interesados en aprender dicho método (o, si lo hicieron, lo olvidaron), el secreto de los quipus se ha perdido para siempre y jamás sabremos la complejidad que llegaban a alcanzar. Puede que apenas sirvieran como “libros de cuentas”, o puede que fueran un sistema en toda regla que narrara las historias del Inca.
Es mucho lo que puede sorprendernos de la sociedad del Tahuantinsuyo. Desde sus métodos de construcción, increíblemente precisos, hasta su manejo de las aguas subterráneas, pasando por la edificación de verdaderos centros de experimentación agrícola sin parangón en el mundo antiguo. Sus tradiciones eran muy particulares, desde la momificación hasta los sacrificios a la Madre Tierra (Pachamama), pasando por las ceremonias de coronación y la creación de complejos calendarios solares y lunares. Pero también son muchas las cosas que no conocemos y sobre las que se han creado gran cantidad de leyendas. En los próximos artículos veremos algunas de estas historias y lo que se sabe (y lo que no) sobre ellas.