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El complot de médicos, la última purga de Stalin

Ciencia Educacion1/14/2013
El complot de los médicos, la última “purga” de Stalin
El complot de médicos, la última purga de Stalin
El 13 de enero de 1953 se publicó en la primera plana del diario moscovita Pravda (órgano oficial del Partido Comunista) un artículo titulado “Bajo la máscara de médicos universitarios hay espías asesinos y criminales”, que afirmaba la existencia de un complot de médicos para eliminar a los principales dirigentes de la agrupación gobernante en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).


La nota periodística denunciaba una “conspiración de burgueses sionistas” organizada por el Congreso Judío Mundial y financiada por la CIA estadounidense.

Más aún, ese complot estaría operando bajo la dirección de once médicos -siete de ellos, judíos-, que habían usado sus tratamientos para asesinar a importantes miembros del Partido Comunista soviético (PCUS), como Andréi Zhdánov (muerto naturalmente en 1948) y su cuñado Aleksandr Scherbakov (muerto en 1945, tras años de alcoholismo crónico). Asimismo, acusaba a los médicos judíos de tramar la muerte de tres importantes líderes militares del Ejército Rojo, los generales Iván Kónev, Aleksandr Vasilevski y Leonid Góvorov.

complot

José Stalin (en la foto, delante de su ex aliado, el genocida nazi Adolf Hitler), quien durante más de 25 años dirigió la URSS con mano extremadamente firme, venía eliminando a aquellos que consideraba enemigos actuales o posibles mediante un proceso conocido como “purga”, en el cual se detenía a los acusados, se los interrogaba torturándolos hasta que “confesaban” y si no morían en esos momentos, se los sometía a un juicio sumario y secreto que culminaba con la condena del imputado a una pena que podía ser la muerte o la internación en “gulags”, campos de concentración en Siberia.

Las teorías sobre el porqué de la “purga de los médicos” son varias. Una dice que quería castigar de alguna manera al Estado de Israel, molesto con su dirigencia porque dejó de lado el apoyo que les brindara en 1947 en las Naciones Unidas cuando se resolvió la creación de un Estado judío y otro árabe en el territorio del Mandato Británico y lo había buscado en los Estados Unidos.

antisemitismo
Esta purga incluyó la elección y eliminación de la “inteligencia judía” existente en el Partido Comunista de la URSS y se extendió a algunos de los países que conformaban el denominado “Bloque Soviético”.

No se debe olvidar que eran los años de la “Guerra Fría” y que poco antes había culminado la Guerra de Corea.
Otros consideran que fue consecuencia de su disgusto con la independencia de criterios que tenía José Broz, el Mariscal Tito que gobernaba Yugoslavia, y que hizo que se reprimiera a los principales dirigentes del Partido Comunista checoslovaco cuando se produjo un intento de liberación de ese país de la tutoría soviética. Se los juzgó en el “Proceso de Praga”, en noviembre de 1952, y se condenó a muerte a 14 de ellos por fraguar un “complot titoísta”. Once de los ejecutados eran judíos; entre ellos, el ex líder del comunismo checo Rudolf Slánský.


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Hambruna artificial ordenada por Stalin en Ucrania.

Esta circunstancia fortaleció el antisemitismo en la URSS, alimentado por la propaganda oficial soviética que aprobaba las condenas, pese a que desde ese mismo año el antijudaísmo estaba oficialmente prohibido.
Están quienes afirman que desde los inicios de la década del ’50 Stalin sospechaba que Lavrenti Beria, el jefe de la NKVD (la policía secreta), conspiraría para matarlo o apartarlo del poder, y por lo tanto, el que existiera un “complot” como el de los médicos podía servir para “purgarlo” por incompetencia, pretextando que no lo había descubierto, y otorgarle sus cargos a su ambicioso lugarteniente, Viktor Abakúmov, quien aceptaría participar en ese ardid.


El complot de médicos, la última purga de Stalin
Pero quien ideó el “complot de los médicos” y la ola de antisemitismo reinante fue un subordinado de ambos, el jefe del Ministerio de Seguridad del Estado, Mijaíl Ryumin, quien le presentó la iniciativa a Stalin y logró que éste la aceptara.

El dictador soviético y el resto de los máximos dirigentes del partido pasaron las vacaciones en sus dachas de las afueras de Moscú. Al regresar, su médico particular, Vladimir Vinogradov, le practicó un estudio médico completo y le aconsejó que dejara de beber y fumar y que descansara más horas. Estas sugerencias ofendieron a Stalin, quien lo destituyó y empezó a pensar que lo “investigado” por Ryumin podía ser cierto.

Éste buscaba prestigiarse ante Stalin y reemplazar a Abakúmov, para lo cual le presentó al dictador un informe que afirmaba que el cardiólogo que había atendido al fallecido Khorlogiin Choibalsan, quien estaba al frente de la República Popular de Mongolia, era el mismo que años antes había hecho lo propio con otros dirigentes que murieron prematuramente, en base a lo cual concluyó que era evidente que existía tal conspiración.

El 1º de diciembre de 1952, durante una reunión del Politburó del Partido, Stalin aseguró en su discurso: “Todo sionista es agente del espionaje estadounidense. Los nacionalistas judíos piensan que su nación fue salvada por los Estados Unidos, allá donde pueden hacerse ricos y burgueses. Piensan los judíos que tienen una deuda con los estadounidenses. Entre los médicos hay numerosos sionistas”.


Stalin

Luego de la publicación del artículo en Pravda, la NKVD inició una gigantesca campaña de detenciones de médicos -principalmente, judíos-, que luego se amplió a personal sanitario de varias especialidades, incluidos farmacéuticos de renombre, mientras varios centenares de judíos eran expulsados de sus puestos de trabajo en la industria y la administración.

A fines de enero de 1953 parecía evidente que la acusación de Stalin se centraba desproporcionadamente en los judíos, lo cual hacía sospechar de otra purga masiva, lanzada esta vez contra una minoría étnica.
Al mes siguiente, la campaña antijudía se inició en los países satélites de la URSS en Europa Oriental.


El 9 de febrero estalló un explosivo dentro de la embajada soviética en Tel Aviv, la URSS rompió relaciones con Israel dos días después y al día siguiente la hermana del presidente de Israel, Jaim Weizmann, Maria, fue arrestada en Moscú.

En tanto, el primer día de ese mes Stalin sufrió una hemorragia cerebral en su residencia de las afueras de Moscú y murió dos días después, si bien a la población se le informó de su fallecimiento el 5 de marzo, fecha en que su sucesor, Georgi Malenkov, ordenó que cesaran las persecuciones y detenciones de médicos.

Veintitrés días después se indultó a todos los detenidos y se reconoció que la “conspiración de los médicos” no había existido.
Ryumin, entonces jefe de investigación (y torturas) de la NKVD, fue destituido en abril y ejecutado en julio, cuando se restablecieron las relaciones diplomáticas con el Estado judío.


En 1956, durante el XX Congreso del PCUS, el nuevo líder soviético, Nikita Jruschov, admitió que el “complot de los médicos” era una falsedad inventada por Stalin como pretexto para efectuar una violenta purga dentro del Partido, con sus consiguientes asesinatos masivos, y que no pudo completarla sólo porque “no tuvo tiempo para darle término”


Itongadol



Al respecto esta es una investigación sobre la muerte misteriosa de Stalin


Últimos meses y muerte de Stalin

A partir de 1950 la salud de Stalin, que ya tenía 70 años de edad, empezó a desmejorar. Su memoria fallaba, se agotaba fácilmente y su estado general empeoró. Vladímir Vinográdov, su médico personal, le diagnosticó una hipertensión aguda. Vinográdov propuso un tratamiento a base de pastillas o inyecciones y recomendó a Stalin que abandonase o al menos redujese sus funciones en el gobierno. Sin embargo, Stalin se negó a tomar ningún tipo de medicamento, a dejar ninguna tarea y además despidió a Vinográdov.

En octubre de 1952 se celebró el XIX Congreso del PCUS. En él Stalin insinuó sus deseos no belicistas y no intervencionistas en el resto del mundo, tal y como ya habría publicado en su anterior Nota. Sin embargo, Malenkov hizo un discurso oficial en el cual reafirmaba que para la URSS era vital estar presente en todos los conflictos internacionales apoyando las revoluciones socialistas. Por primera vez en muchos años, el Congreso apoyó las intenciones de Malenkov y no las de Stalin. Jean Paul Sartre afirma que Stalin, sin alterarse, clausuró el Congreso con un breve discurso cuyo epílogo fue "¡Abajo los fomentadores de la guerra!".24

Si bien este revés político era demasiado modesto como para amenazar su poder, tras el XIX Congreso Stalin tomó la determinación de reanudar las purgas. Su paranoia, adormecida tras la II Guerra Mundial, aumentó tras recibir una carta de la doctora Lidia Timashuk, una especialista del Policlínico del Kremlin. En esta misiva, la doctora Timashuk acusaba a Vinográdov y a otros ocho médicos de origen judío de estar recetando tratamientos inadecuados a altos mandos del Partido y del Ejército, a fin de acabar con sus vidas. Sin esperar a recibir ninguna otra prueba, Stalin ordenó el arresto de los nueve médicos y aprobó que fuesen torturados hasta confesar. Dos de los acusados fallecieron durante los interrogatorios y los siete supervivientes acabaron firmando el texto que sus interrogadores pusieron sobre la mesa. Además Stalin hizo publicar en el diario Pravda que los servicios de seguridad habían estado "torpes" en descubrir lo que bautizó como el Complot de los médicos, y que había sido él mismo quien la había desactivado.

antisemitismo

Stalin multiplicó en estas fechas sus apariciones en público, visitaba las sedes del partido, hablaba con responsables de los distintos departamentos y nunca dejaba traslucir sus pensamientos. A finales de enero de 1953 su secretario privado desapareció sin dejar rastro. Poco después, el 15 de febrero, el jefe de sus guardaespaldas fue ejecutado sumariamente en lo que se dijo había sido una "muerte prematura". Este comportamiento aterrorizó a los miembros del Politburó, sobre todo a los más veteranos, que quedaron convencidos de que una nueva purga estaba ya en marcha. A partir de aquí, existen dos versiones sobre la muerte de Stalin.

La primera de ellas, versión oficial y hasta ahora la más verosímil, relata que la noche del sábado 28 de febrero de 1953 Stalin celebró una reunión en Kúntsevo con su círculo interno, formado por Beria, Malenkov, Jrushchov y Nikolái Bulganin. En dicho encuentro los cinco hombres vieron una película y después disfrutaron de una tardía cena. Los invitados se retiraron a las cuatro de la madrugada, cuando Stalin se fue a dormir.

La otra versión, defendida por historiadores como Iliá Erenburg y Víktor Aleksándrov, indica que esta reunión no tuvo nada de amistoso. A ella habrían sido invitados también Lázar Kaganóvich y Voroshílov, que se habrían enzarzado en una discusión con Stalin exigiéndole la liberación de los médicos. Supuestamente Stalin respondió gritandoles que eran unos traidores. Los dos miembros del Politburó habrían roto entonces sus carnés del partido y Stalin, fuera de sí, habría abandonado la reunión para encerrarse en su dormitorio.

Sea como fuere, la realidad es que al día siguiente Stalin no salió de su cuarto y no llamó ni a los criados ni a los guardias. Nadie se atrevió a entrar en su habitación hasta que, sobre las diez de la noche del domingo 1 de marzo, su mayordomo abrió la puerta y lo encontró tendido en el suelo, vestido con la ropa que llevaba la noche anterior y sin apenas poder hablar. Se llamó a los miembros del Politburó, que lentamente fueron acudiendo a la dacha de Stalin, pero nadie llamó a un médico. Finalmente, pasadas 24 horas, Beria hizo venir a algunos doctores que dictaminaron que Stalin había sufrido una apoplejía y había caído fulminado.

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La agonía de Stalin se alargó varios días más. En ocasiones abría los ojos y miraba furibundamente a quienes lo rodeaban. Se cuenta que en estos momentos Beria le cogía de la mano y le suplicaba que se recuperase, pero cuando volvía a desvanecerse lo insultaba y le deseaba una dolorosa muerte. El día 4 aparentó una súbita mejoría y una enfermera comenzó a darle de beber leche con una cuchara, lo que hizo que el enfermo señalase un cuadro que había sobre la cabecera de su cama, donde una niña daba leche a una oveja. En ese momento, sufrió un nuevo ataque y entró en coma. Los médicos que atendían a Stalin le practicaron reanimación cardiopulmonar en las diversas ocasiones en que se le detuvo el corazón, hasta que finalmente a las 22:10 del día 5 de marzo no consiguieron reanimarlo. Según algunos testigos [¿quién?], los enfermeros siguieron esforzándose hasta que un lacónico Jrushchov dijo: «Basta, por favor... ¿No ves que está muerto?».


El complot de médicos, la última purga de Stalin

La mañana del 1 de mayo de 1953 en Berlín.

Muchos años después de la caída de la Unión Soviética se han vuelto a estudiar las circunstancias que rodearon la muerte de Stalin. No faltan autores como el historiador ruso Vladímir P. Naúmov o Jonathan Brent (catedrático de Historia en Yale), que afirman que fue envenenado por Beria, quien al poco de su muerte llegó a decir ante el Politburó: «Yo lo maté, lo maté y os salvé a todos», según relata el propio Nikita Jrushchov en sus memorias. Sin embargo, esta tesis nunca ha sido demostrada ni reconocida, como tampoco la del posible enfrentamiento final entre Stalin y el Politburó. De este modo, la causa oficial de su muerte sigue siendo una apoplejía provocada por su hipertensión.

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