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El cadáver que fue Papa de Roma

El cadáver que fue Papa de Roma
[i]El Papa Formoso y Esteban VI, pintado por Jean-Paul Laurens.

edad media

El Vaticano posee un registro oficial de aquellos que fueron cabeza de la Iglesia Católica, o al menos aquellos a los que considera oficialmente como tales, ya que muchos antipapas de los belicosos siglos medievales no aparecen inscriptos.

El nombre numero 75 de la lista de vicarios cuyos restos reposan en el Vaticano es el de Formoso, uno de esos Papas que a la iglesia le gustaría olvidar. Y no por los actos propios del Vicario durante su pontificado, que fue realmente muy corto, sino por el violento y bizarro final de que fue víctima y de los ultrajes que recibió después de muerto. Su historia es el fiel reflejo del salvajismo que imperaba incluso en los niveles más altos de la política del viejo continente durante lo que erróneamente se llama Edad Media.

Formoso fue Sumo Pontífice entre los años 891 y 896, cuando ya estaba cerca de los 80 años de edad, si damos fe a un cronista de la época. Esos eran años convulsionados y violentos en Europa. El Imperio Carolingio, que había sido un respaldo fundamental al poder de la Iglesia, se había disgregado a apenas 50 años de su creación. Los emperadores descendientes de Carlomagno eran títeres de papel. El poder se encontraba cada vez en manos de los señores guerreros (barones, condes, etc) y eclesiásticos. La propia Basílica de San Pedro era arena de sus luchas. La Iglesia Católica estaba todavía lejos de adquirir el inmenso poder y autonomía del poder terrenal que iba a poseer en siglos posteriores.

Antes de ser Papa, Formoso había sido Obispo en Francia (se desconoce su verdadero nombre) y se había visto envuelto irremediablemente en las encarnizadas luchas políticas entre los tataranietos de Carlomagno, que se disputaban con los nobles las antiguas tierras del Imperio Romano en Italia (Lotaringia), y que en ese momento eran dominio de la Iglesia. Ya siendo Papa, Formoso alentó la invasión de Roma por el rey Alemán Arnulfo, contra la terrible regente Agiltrude, que poco pudo resistir en la ciudad. Arnulfo ingresó triunfalmente en Roma y fue coronado Emperador por Formoso en 896. Pocas semanas después el Pontífice moría de causa natural. Pero lo insólito del caso es que aun no finalizaba su participación en la historia.

A poco de ser coronado, Arnulfo sufrió una parálisis que no le permitió continuar con su empresa en Italia. La salud era un bien muy escaso en aquellos tiempos, aún entre los reyes. Lo cierto es que Agiltrude recuperó su influencia en Roma (gobernando a través de su hijo Lamberto de Spoleto) y que, además de despiadada, era inmensamente vengativa con sus enemigos. Ni aún muertos podrían escaparían a su furor.

El Papa que sucedió a Formoso fue Bonifacio VI, y solo vivió 15 días. Agiltrude apoyó al ambicioso Esteban que, a principios de 897 fue elegido Papa con el nombre de Esteban VI. La rencorosa Agiltrude instó a Esteban a representar uno de los episodios mas insólitos y macabros de la historia del papado: el juicio al finado Formoso. Este hecho paso a la historia como “El sínodo del cadáver”. Ya habían transcurrido nueve meses de la muerte de Formoso cuando se exhumó su cadáver para investirlo con los atavíos papales y, sentado en el trono, hacerlo oír las acusaciones de la boca de Esteban. Un diácono respondía en nombre del finado, aunque sin mucho esfuerzo en la defensa, por supuesto. Se declaró indigno del papado a Formoso, por no haber sido nunca Obispo de Roma. Todos sus actos y medidas tomadas fueron anulados y todos las ordenes que le fueran conferidas declaradas inválidas. Se le arrancaron del cuerpo las vestiduras papales, se le cortaron los tres dedos de su mano derecha que había utilizado en consagraciones y el cadáver fue arrojado a una tumba en el cementerio de extranjeros, de donde debía sacarse unos días después y ser arrojado al Tíber, como efectivamente se hizo. No solo habían violado su cadáver sino que se le vedaba la cristiana sepultura, la cual merecía por sus propias creencias.


historia

macabro

(su epitafio en el Vaticano)


Poco duró el pontificado de Esteban VI y también el de su sucesor. Tiempos revueltos aquellos. Ese año de 897 conoció tres Sumos Pontífices. Fue Teodoro II, otro efímero Papa, quien anuló lo dispuesto en el macabro sínodo cadavérico y ordenó que se enterrase nuevamente el cuerpo de Formoso en la Santa Sede. Este había sido rescatado de las aguas del río por un monje y, según la Iglesia, fue enterrado nuevamente con honores de Pontífice. Hoy el nombre de Formoso está grabado en el mármol que conmemora a todos los Papas que descansan en el Vaticano.


Sin embargo, ese nombre nunca dejó de ser maldito para la Iglesia. En 1464 el cardenal Pietro Barbo fue elegido Papa y quiso ser conocido como Formoso II (no tanto para homenajear a su lejano predecesor sino porque Formoso significa “hermoso” en latín, y el nuevo Pontífice se consideraba un hombre muy atractivo), pero los demás cardenales lo convencieron de adoptar el nombre de Pablo II.
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