1. Visitar la Alhambra y el Generalife

Patrimonio de la Humanidad, el conjunto de la Alhambra y el Generalife es el monumento más emblemático, conocido y visitado de Granada.

Ciudad, fortaleza y palacio de los reyes de la dinastía Nazarí, sus salas y jardines son la máxima expresión del arte musulmán en Europa.

La gran extensión del complejo y la subyugante belleza de sus estancias hacen que la visita dure al menos dos horas y media. Es casi indispensable reservar con antelación la entrada, especialmente en épocas de gran afluencia de visitantes. La visita nocturna es una magnífica alternativa para quienes ya conocen el monumento con anterioridad y desean percibir los inéditos aromas, sonidos e imágenes que la noche despierta en La Alhambra.
El conjunto monumental está compuesto por la Alcazaba, ciudad militar amurallada; los Palacios, residencia real; y el palacio y los jardines del Generalife, residencia real de verano. El agua, bien escaso en el norte de África, de donde era originaria la dinastía Nazarí, está presente en las principales estancias del monumento: el famoso Patio de los Leones, el no menos conocido Patio de los Arrayanes, la Sala de dos hermanas, la de los Abencerrajes, los propios Baños reales...
De construcción posterior, pero ya integrado en el conjunto monumental, es el Palacio de Carlos V, iniciado en 1527 por el arquitecto Pedro Machuca en el más puro estilo renacentista.
Toda la historia de Granada ha pasado por delante de los muros de la Alhambra. Cuentan que hubo un jardín donde los monarcas, entre flores, perseguían a princesas. Cuentan los muros del Cuarto de los Secretos que no hay nada oculto a sus oídos. Cuenta la Medina que hubo tiempos de paz, y la Alcazaba que los hubo de guerra. La Puerta del Vino que hubo alegría y los calabozos que hubo tristeza.

“Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”, han escuchado sus muros. Restaurada día a día, y con esmero, la Alhambra ve maravillarse cada año a más de dos millones de visitantes.
2. Visitar el Parque de las Ciencias

Visitar el Parque de las Ciencias es entrar en un mundo diferente donde el visitante tendrá la historia de la ciencia en la punta de sus dedos.
Un lugar donde podrá participar de esa sabiduría a través de experimentos que realizaron las mentes más prodigiosas del planeta. Podrá comprobar el principio de Arquímedes, jugar con la luz y el sonido, experimentar con la electricidad y la erosión o comprender visualmente el movimiento de la Tierra.
El Parque de las Ciencias cuenta con una exposición permanente que ofrece propuestas tan interesantes como la Sala de la Biosfera, donde se puede aprender más sobre el ADN humano o como empezó la vida en el planeta. El visitante también podrá entrar en un caleidoscopio gigante en la Sala Percepción, experimentar la fuerza del viento en la Sala Eureka o conocer el legado de Al-Andalus en una sala especifica para la historia del estado hispanomusulmán que tendió un puente entre continentes y culturas.

Por supuesto hay también un lugar donde los más pequeños (de 3 a 7 años) podrán jugar y experimentar con la ciencia: la Sala Explora
Además, exposiciones de carácter temporal acercan al público el día a día de las ciencias de forma práctica y didáctica, así como interesantes propuestas biológicas y relacionadas con el medio ambiente.
Pero el Parque de las Ciencias no es solo esto. El Planetario tiene capacidad para 83 personas y está cubierto por una bóveda celeste de 10 metros de diámetro sobre la que se proyectan más de 7.000 estrellas, límite de la vista humana en una noche clara. Por si fuera poco, un jardín astronómico para seguir las trayectorias del sol y de los astros o un bello Mariposario convierten este complejo en el museo más visitado de Andalucía.
Para hacer esta experiencia completa, el museo cuenta con monitores y animadores para resolver cualquier duda que el visitante pueda tener. Además, los grupos concertados o centros escolares podrán ser recibidos en un salón de actos donde explicar los aspectos generales y organizar la visita.
3. Visitar los Barrios del Albaicín y el Sacromonte
El Albaicín (Patrimonio de la Humanidad) y el Sacromonte son dos de los barrios con más color, encanto e historia de la ciudad de Granada.
Pasear por el Albaicín es realizar un viaje a sus raíces moriscas además de un disfrute para los sentidos. Recorrer su laberinto de estrechas calles perfumadas de jazmín, contemplar los jardines de los cármenes (sus típicas viviendas) o acompañar un aromático té con un delicioso pastelillo árabe, son experiencias que el visitante no debe perderse. Las yedras y buganvillas se descuelgan por tapias encaladas. En su interior, bellos jardines, huertas y árboles frutales hacen de los cármenes pequeñas alquerías. En ellas se derrocha una exuberancia y un colorido del que participan todas sus calles. También desde este barrio se pueden contemplar unas preciosas vistas de la Alhambra, de la ciudad y de la Vega granadina, como podemos comprobar en, por ejemplo, los miradores de San Nicolás y de San Cristóbal.

El barrio del Sacromonte es famoso por sus cuevas, en las que los gitanos continúan celebrando todas las noches sus fiestas flamencas de cante y baile. Aquí fue donde se instalaron los gitanos que acompañaban a las tropas de los Reyes Católicos cuando conquistaron la ciudad. Los artesanos trabajaban el mimbre, la forja y el cobre, y los artistas establecieron las raíces del flamenco. Aquí nació la tradicional zambra, con bailes y cantes autóctonos como la mosca o la cachucha.

El principal monumento del Sacromonte es su Abadía, donde se conservan reliquias y testimonios de los primeros cristianos de Granada y, entre ellos, el primer obispo de la ciudad: San Cecilio. El Centro de Interpretación del Sacromonte permite también conocer a fondo la historia del barrio.
4. Esquiar en Sierra Nevada
En el sur de España, una tierra bendecida por el sol, los 3.478 metros de las altas cumbres del macizo de Sierra Nevada garantizan la abundancia de nieve.

La estación más meridional y una de las más modernas y mejor equipadas de Europa, dispone de 103 pistas con diferentes grados de dificultad y una longitud total de 95 kilómetros, en los que se puede practicar tanto el esquí como el snowboard. Uno de los principales atractivos de Sierra Nevada es la posibilidad de esquiar de noche en una pista iluminada y especialmente acondicionada. Cuenta, además, con dos circuitos de 8,6 kilómetros para esquí de fondo, disciplina que también se puede practicar en la segunda estación invernal de la provincia, la de La Ragua.

Una gran infraestructura técnica garantiza el acceso de forma cómoda y rápida desde el área residencial y comercial de Pradollano. Dos telecabinas, 17 telesillas, dos telesquís, dos alfombras y una telecuerda pueden transportar hasta 47.000 esquiadores a la hora hasta las pistas. La estación cuenta, además, con más de 400 cañones para la fabricación de nieve, que garantizan su calidad y abundancia.

En el Puerto de La Ragua, en el límite de Granada y Almería, se ubica la segunda estación invernal de la provincia. La Ragua es conocida por sus excelentes condiciones para la práctica del esquí de fondo y por sus paseos en trineo tirado por perros. Huskis y samoyedos los encabezan, deslizándolos a toda velocidad por parajes nevados de gran belleza.
5. Bañarte en las playas de la Costa Tropical
Decenas de playas y pequeñas calas de aguas cristalinas. 320 días de sol al año.Y una temperatura media anual de 20 grados.

Éstas son las credenciales de la Costa Tropical, los 80 kilómetros de litoral de la provincia de Granada. Su nombre se debe a la excepcional bonanza del clima durante todas las estaciones del año, que le permitió hace dos siglos convertirse en el único lugar de Europa donde se cultivan frutos subtropicales como el mango, la chirimoya, el aguacate y la papaya. Nombres que evocan sabores y lugares exóticos y que, sin embargo, son propios de uno de los rincones más privilegiados de Andalucía.

Diecinueve municipios componen el ‘trópico de Europa’. Fundado por los fenicios unos mil años antes de Cristo con el nombre de Sexi, Almuñécar es un lugar cargado de historia que conserva restos de una fábrica romana de salazones, cinco tramos de acueducto y un castillo árabe. Este centro turístico acoge en verano un magnífico festival de jazz.
Motril es la mayor población de la provincia tras Granada. Entre sus monumentos destacan la Iglesia Mayor de la Encarnación y el Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, construido sobre el antiguo palacio de recreo de la reina Aixa, madre de Boabdil, el último monarca de la dinastía Nazarí.
Salobreña se convierte en la imaginación del visitante en una gran montaña de terrones de azúcar. Sus pequeñas casas blancas y cúbicas se arremolinan frente al mar alrededor de una colina coronada por un monumental castillo árabe. Desde la cima se pueden contemplar, en un solo golpe de vista, deliciosas panorámicas sobre Sierra Nevada, el Mediterráneo y una fértil vega.

Junto a las playas de estas localidades existen infinidad de pequeñas y tranquilas calas situadas en Albuñol, Castell de Ferro-Gualchos y La Mamola-Polopos. Cerca se encuentran los municipios de Albondón, Ítrabo, Jete, Lentejí, Los Guájares, Lújar, Molvízar, Murtas, Otívar, Rubite, Sorvilán, Turón y Vélez de Benaudalla, rodeados de una exuberante naturaleza.

Los frutos tropicales pueden degustarse en ensalada o de postre, en una comida en la que no pueden faltar los pescados de roca como el pargo y el sargo y mariscos como la quisquilla. Y con el café, el ron de caña que también se elabora en la zona.
6. Conocer la arquitectura de La Alpujarra

Conocer la arquitectura alpujarreña es hacer un viaje en el tiempo hasta encontrar sus orígenes en las tribus bereberes que poblaron estas tierras.
Construcciones de similares características se hallan en el Rif y en otros lugares a lo largo del arco mediterráneo.

Su estilo se adapta al entorno montañoso, siguiendo sus accidentes geográficos. Las casas se disponen de forma escalonada, con una orientación sur o a espacios abiertos para aprovechar la bonanza climática. En la actualidad todos los pueblos lucen encalados, pero en otras épocas sus materiales se camuflaban perfectamente con el paisaje, consiguiendo una integración total. Las casas están construidas con piedra, barro, pizarra, launa y madera de castaño. Materiales del entorno que se integran perfectamente con las laderas y con las condiciones climáticas, lo que da lugar a una vivienda absolutamente bioclimática.

Las casas están dispuestas unas sobre otras, de forma escalonada, siguiendo la pendiente de la montaña, dándole a las calles un trazado sinuoso y caótico. Otro rasgo típico de la arquitectura alpujarreña son las chimeneas, rematadas con un sombrero formado por una laja y una piedra castigadera.
Situada entre Sierra Nevada y el mar Mediterráneo, es una comarca casi virgen, ideal para el turismo rural y la práctica de deportes de aventura. El Barranco de Poqueira, con sus pueblos blancos, ha cobrado gran prestigio como destino turístico. Destacan también localidades como Lanjarón, Trevélez, Cádiar, Órgiva y todas las situadas en el verde y fértil Valle de Lecrín.
7. Dormir en una casa cueva

Dormir en una casa cueva es una experiencia que sumerge al visitante de lleno en la cultura y en la forma de vida de más de 3.000 familias granadinas.

Excavadas en las entrañas de la tierra, estas casas constituyen un magnifico ejemplo de la integración del hombre con la naturaleza y el paisaje.

Los alojamientos en cuevas son típicos de las comarcas de Guadix y El Marquesado, en Baza-Huéscar: El Altiplano, y en el granadino barrio del Sacromonte. Una treintena de establecimientos están reglados y catalogados como alojamientos turísticos en cuevas. El denominador común de todos ellos es el servicio de calidad y el respeto al medio ambiente. En ellas el huésped se sentirá como en casa, pues todas cuentan con las comodidades exigibles a un alojamiento turístico de calidad.

Cada una de las cuevas es diferente a las demás y en ellas se puede observar cómo la arquitectura popular se adapta a las características del medio físico donde se encuentran. Las tierras duras y resecas que, sin ofrecer resistencia a ser excavadas, resultan compactas e impermeables dan como resultado estancias frescas en verano y cálidas en invierno.
8. Probar el caviar de Riofrío y recorrer los pueblos del Poniente Granadino

La extrema pureza de las aguas de Riofrío, en Loja, ha dado lugar a uno de los productos estrella de la gastronomía granadina: el caviar ecológico.
Una piscifactoría de esta localidad ha conseguido criar la mayor población del mundo de esturiones en cautividad. 400.000 ejemplares de Acipenser Nacarii nadan en sus aguas. Especie en peligro de extinción cuyas hembras guardan en sus entrañas el caviar de mejor calidad: el beluga.

Durante tres décadas de investigación y ensayos esta empresa ha llegado a ser la única que desarrolla su producción ecológica al cien por cien en todos sus productos. Su oferta abarca, además del beluga, la trucha y el esturión frescos, congelados o ahumados en caliente, así como cremas y patés de los mismos. Todos ellos pueden ser degustados en los numerosos restaurantes de Riofrío.
Pero el beluga no es el único atractivo del Poniente Granadino. Comarca situada al oeste de la provincia, es cuna de ancestrales culturas y su historia se refleja en sus monumentos. Sus principales poblaciones son Loja, Alhama de Granada, Montefrío, Íllora y Moclín. Cuenta con un vasto legado árabe que se advierte en todas sus calles y en las numerosas alcazabas construidas durante el reinado de la dinastía nazarí.

De Loja, también conocida como ‘Ciudad del agua’ por sus más de dos mil manantiales, es destacable la Alcazaba árabe, la Iglesia Mayor, la dedicada a Santa Catalina, la de San Gabriel, el Convento de Santa Clara y el Pósito Nuevo. También en la comarca del Poniente, impresiona el magnífico conjunto monumental que forman en Montefrío la fortaleza árabe y la Iglesia de la Villa, emplazados en la cima de un peñón en un audaz alarde arquitectónico.
9. Ir de compras por Granada
Granada es un lugar ideal para ir de compras y dejarse llevar recorriendo sus calles visitando tiendas y mercadillos.
Es una forma atractiva y colorista de entrar en contacto con su cultura y con su gente. Tierra de artesanos, los granadinos son expertos en la fabricación de productos como las guitarras artesanales, la alfarería y la taracea, labor de lujosa y detallista ebanistería que consiste en decorar muebles, cajas o cualquier objeto con dibujos geométricos formados con centenares de minúsculos trozos de hueso, plata, y maderas nobles. El arte nazarí ha quedado reflejado en algunas de sus técnicas de fabricación, como se puede apreciar en estuches, bargueños, marcos, sillas, mesas, cofres, etc. La alfarería conserva algunas artes nazaríes y andalusíes, que se plasman en jarras, platos y cántaros decorados con verdes y azules. El barrio del Albaicín es la zona de Granada que concentra a más artesanos.
En la capital, sus calles más céntricas son idóneas para ir de compras: Alhóndiga, Ángel Ganivet, Gran Vía, Mesones, Plaza de Bib-Rambla, Recogidas, Reyes Católicos y Zacatín, por citar algunas. En Granada existen modernos y amplios centros comerciales con numerosas tiendas.
Una forma divertida y pintoresca de ir de compras es acercase a los mercadillos. El de la Plaza Larga se encuentra en el Albaicín, entre la Cuesta de la Alhacaba y la calle Panaderos. Allí, entre terrazas de bares y bancos con buena sombra, se monta diariamente un mercadillo de flores y frutas. El del barrio de La Chana se celebra todos los miércoles por la mañana y en él se venden flores, frutas y ropa. En el Zaidín, el barrio más populoso de la capital, se organiza todos los sábados un amplio mercado callejero. Y el de la Cartuja, en el polígono Almanjayar, es cada domingo por la mañana, y se pueden encontrar frutas, verduras, ropa y zapatos.
10. Disfrutar de las tapas y la cocina granadina

Caracoles guisados, patatas a lo pobre, pescados rebozados, migas y pinchos de carne desfilan constantemente por los barras de bares y tascas.

Las tapas constituyen una muestra de la cocina del lugar con la que se obsequia a los clientes al pedir una caña o un chato de vino. Auténtica cocina en miniatura, constituye una sabrosa y variada alternativa para cenas o almuerzos informales. Y es que, ir de tapeo con los amigos es una de las costumbres más arraigadas en la provincia.

Ir de tapas cautivará también al visitante. Callejear por el casco antiguo, un bello escenario histórico, mientras se degustan las tapas en castizos locales, es una actividad llena de cultura y arraigo. El Albaicín, Campo del Príncipe o la calle Elvira son paradas obligadas si se quiere conocer el tapeo granadino.
Las tapas son solo una pequeña muestra de lo que la gastronomía granadina ofrece. A lo largo de los siglos las creaciones y recetas tradicionales de las culturas judía, árabe y cristiana se han ido fusionando para dar lugar a una cocina original y llena de matices. Así, miel, especias y frutos pasan a condimentar y a acompañar carnes y pescados, dando lugar a sabrosos manjares como el cordero con manzanas, las gachas con miel, el pollo con almendras o la trucha con granadas. Además, existe una amplia variedad de platos que tienen en común su toque ‘al ajillo’.

Otras de las especialidades de la zona son las ensaladas y sopas frías, acordes con las agradables temperaturas de la zona. Gazpachos, pipirranas, ajoblanco (con harina de habas), ensaladas de naranja y bacalao son algunas de ellas. Sin olvidar los excelentes embutidos que se obtienen de la tradicional ´matanza´. Todo ello hace que la gastronomía granadina pueda satisfacer a todos los gustos.

Gracias por pasar, saludos a tod@s
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