La denominada “zona más feliz de la Tierra” fue sacudida la última semana por asesinatos, protestas masivas, sangrientas luchas entre pandillas y brutalidad policial. Todo esto sucedió en Anaheim, una ciudad de 340.000 habitantes ubicada al sur de Los Angeles, más conocida por ser la sede de Disneylandia .
Cerca del tradicional parque temático la policía mató a Manuel Díaz, de 25 años, que supuestamente quiso escapar de una requisa y que fue baleado por la espalda cuando estaba desarmado. Al día siguiente, fue el turno de Joel Acevedo, de 21 años, que fue alcanzado por las balas policiales cuando escapaba tras intentar robar un auto. Algunos testigos dicen que vieron al chico esposado y tirado en el suelo antes de aparecer con un tiro en la cabeza. La policía asegura que eran dos peligrosos pandilleros . De inmediato, se corrió la voz y miles de hispanos salieron a las calles a protestar. Hubo cuatro noches de quemas de cubiertas, piedrazos y heridos. El peor choque se produjo frente a la municipalidad, cuando unas mil personas acudieron a manifestarse con carteles que decían “Paren la violencia policial” y “Cerdos asesinos” . Se temió un nuevo levantamiento como el protagonizado por los negros tras el veredicto del caso de Rodney King, en los ‘90.
Lo que había aparecido en la superficie es la violencia contra los inmigrantes latinoamericanos que se viene corriendo desde otros estados y que ahora llega al sur de California. En Anaheim, el 53% es de origen hispano; el 28% son anglos y el 15% asiáticos. Pero todo es manejado por los blancos ricos que viven en enormes residencias colgadas de las colinas que miran al mar. Una campaña para acceder a la legislatura local cuesta al menos US$ 100.000 y los hispanos son en su mayoría inmigrantes recientes a los que les es muy difícil llegar a esa cifra. La organización hispana LULAC viene pidiendo, sin mayor éxito, una reforma distrital para que los hispanos tengan mayores posibilidades de ser electos. Por ahora, los latinos sólo siguen haciendo el trabajo sucio y muriendo en el feliz mundo de Disney.
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Cerca del tradicional parque temático la policía mató a Manuel Díaz, de 25 años, que supuestamente quiso escapar de una requisa y que fue baleado por la espalda cuando estaba desarmado. Al día siguiente, fue el turno de Joel Acevedo, de 21 años, que fue alcanzado por las balas policiales cuando escapaba tras intentar robar un auto. Algunos testigos dicen que vieron al chico esposado y tirado en el suelo antes de aparecer con un tiro en la cabeza. La policía asegura que eran dos peligrosos pandilleros . De inmediato, se corrió la voz y miles de hispanos salieron a las calles a protestar. Hubo cuatro noches de quemas de cubiertas, piedrazos y heridos. El peor choque se produjo frente a la municipalidad, cuando unas mil personas acudieron a manifestarse con carteles que decían “Paren la violencia policial” y “Cerdos asesinos” . Se temió un nuevo levantamiento como el protagonizado por los negros tras el veredicto del caso de Rodney King, en los ‘90.
Lo que había aparecido en la superficie es la violencia contra los inmigrantes latinoamericanos que se viene corriendo desde otros estados y que ahora llega al sur de California. En Anaheim, el 53% es de origen hispano; el 28% son anglos y el 15% asiáticos. Pero todo es manejado por los blancos ricos que viven en enormes residencias colgadas de las colinas que miran al mar. Una campaña para acceder a la legislatura local cuesta al menos US$ 100.000 y los hispanos son en su mayoría inmigrantes recientes a los que les es muy difícil llegar a esa cifra. La organización hispana LULAC viene pidiendo, sin mayor éxito, una reforma distrital para que los hispanos tengan mayores posibilidades de ser electos. Por ahora, los latinos sólo siguen haciendo el trabajo sucio y muriendo en el feliz mundo de Disney.
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