¿Que es un estereotipo? Es una idea que acepta un grupo de personas. ¿Porque lo aceptamos en forma pasiva? Porque no nos interesa si no nos afecta. ¿Porque los estereotipos funcionan como prejuicios? Porque se toma a una persona para describir a muchas. Algun tipo de prejuicio en un estereotipo Negro,Traidor,Bolita,etc Distintos tipos de estereotipos Religion:Judio,moro,polaco Regional:gallego,porteño,ponja Literatura:bruja es mala, la prinsesa es bella. ¿Porque la publicidad utiliza estereotipos? Para vender mas los productos. Los estereotipos negativos son una enfermedad social En una reciente visita a la ciudad de México, invitada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Rebecca Cook, especialista en derechos humanos internacionales y cuestiones de género, elaboró un interesante análisis de los estereotipos que imponen cargas morales a las personas o les niegan beneficios sociales. En esta entrevista, la catedrática de Leyes de la Universidad de Toronto describe la naturaleza de los prejuicios más comunes, su articulación a partir de estereotipos prescriptivos, restrictivos o negativos, y sugiere las formas idóneas de desmantelarlos con el fin de erradicar las prácticas discriminatorias que padecen diversos sectores de la sociedad, particularmente las mujeres y las minorías sexuales Profesora Cook, ¿cuáles son los estereotipos básicos que ubica usted en la sociedad y de qué manera pueden conducir a la discriminación? Entre los diversos tipos de estereotipos que existen en la sociedad, figuran los estereotipos prescriptivos que requieren que los miembros de dicha sociedad actúen de ciertas maneras. En lo que se refiere a las mujeres, cada sociedad maneja códigos de modestia, castidad y obediencia. Algunos de estos códigos son muy sutiles, otros son más explícitos. Por ejemplo, la sociedad musulmana exige que las mujeres se cubran la cabeza con un velo, otras sociedades piden que la mujer lleve zapatos de tacón alto con el fin de transformarlas en objetos sexuales. Cada sociedad espera entonces que la mujer se comporte de un modo determinado. Y cuando ellas no lo hacen, se exponen a menudo a una represalia. Pero estos estereotipos prescriptivos varían mucho según se trate de mujeres jóvenes, pobres, adolescentes o maduras. Hay por supuesto muchos tipos de estereotipos compuestos. ¿Qué consecuencias pueden tener estos estereotipos sobre las personas? Se habla de consecuencias cuando los estereotipos imponen una carga o niegan algún beneficio. Se trata entonces de formas de discriminación que las sociedades tiene la obligación de remediar. Bajo el convenio internacional que marca la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres, convenio que México ha firmado, existe la obligación de eliminar los estereotipos negativos que imponen una carga sobre las mujeres o le niegan beneficios. Por ejemplo, si una mujer no actúa de una manera determinada, puede llegar a tener alguna desventaja laboral. Esta es una forma en la que el estereotipo actúa en contra de las mujeres. ¿Se puede considerar que establecer estereotipos es parte de la naturaleza humana? Efectivamente, es parte de la naturaleza humana. Todos establecemos estereotipos o hemos sido estereotipados. Lo hacemos para describir, para generalizar, para juzgar muy rápidamente a las personas; sin embargo, la vida es mucho más compleja que eso. También tenemos estereotipos para prescribir identidades, como en el caso de las mujeres, de las que esperamos cierto tipo de conducta, tienen que actuar como madres, como amas de casa, y cuando no lo hacen se exponen al castigo de la sociedad. A los hombres también los castiga la sociedad cuando no actúan de acuerdo con el estereotipo de ser los proveedores del sustento en el hogar. Si los hombres desean quedarse en casa y cuidar de los niños, la sociedad lo reprueba. Esto quiere decir que cuando se actúa en sentido inverso a los estereotipos o a las normas de género, surge una reprobación social por ese tipo de conducta. Establecemos así estereotipos para describir, para prescribir y también para etiquetar a las personas, para señalarlos como “otros”. Cuando la gente es diferente a nosotros, lo que hacemos es marcar su “otredad”, los etiquetamos, los volvemos diferentes. Esto es un prejuicio y una acción malintencionada. Lo hacemos porque los juzgamos diferentes a nosotros, y para lidiar con ellos los colocamos en cajas negativas. ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en esta tarea de prescribir estereotipos y restringir los derechos de las personas? Los medios pueden jugar un papel muy importante en el desmantelamiento de los estereotipos. Pueden mostrar cómo hombres y mujeres, o subgrupos de mujeres, son tan humanos o valiosos como cualquier individuo o comunidad. Cuando los medios muestran, en cambio, a las mujeres en formas demasiado estereotipadas, les niega la posibilidad de actuar de modo no estereotipado. Por el enorme poder institucional que tienen en la sociedad, es importante que los medios promuevan la tolerancia, la dignidad, y una ética de respeto hacia las personas, y que también nombren e identifiquen los estereotipos negativos para mostrar con ello de qué manera la sociedad llega a etiquetar y marginar a las personas, y a promover prácticas discriminatorias. ¿Qué importancia tiene la televisión en la preservación de los estereotipos negativos? La televisión puede hacer algo más que perpetuar formas de violencia física e intelectual contra las mujeres. Puede proponer imágenes positivas de mujeres con capacidad de decidir, mujeres intelectualmente fuertes, mujeres profesionistas, mujeres lesbianas, mujeres maduras, mujeres de diversos orígenes étnicos y sociales. Mostrar esta diversidad femenina sería una forma de desmantelar los estereotipos negativos que afectan a las mujeres, y también a los hombres, y sería sin duda una gran contribución cultural a la sociedad. ¿Cómo percibe usted en México el contraste entre una capital con una legislación avanzada en materia de derechos reproductivos y sexuales, y el resto del país donde el marco legal aún sustenta, en muchos casos, las prácticas de discriminación y los estereotipos negativos? Me parecen muy interesantes los avances en la ciudad de México, desde la ley sobre el aborto hasta la del matrimonio gay y la adopción, leyes apoyadas por la Suprema Corte de Justicia. Se trata de ejemplos excelentes de promoción de la tolerancia que buscan garantizar que la gente de todas las procedencias pueda desarrollarse plenamente. Ignoro los detalles precisos de lo que sucede en Guanajuato con mujeres encarceladas por abortos involuntarios, pero en términos generales dicha situación corresponde muy bien a un triste modelo que prevalece en el mundo entero. El caso de Guanajuato ilustra la manera en que los estereotipos negativos afectan a mujeres pobres o indígenas que no pueden acceder a un proceso justo. Sus juicios son parecidos a los que sufren otras mujeres en diversos países, donde en especial las mujeres pobres no gozan de la garantía de una primera presunción de inocencia, sino que atraviesan una situación donde la evidencia se construye en contra de ellas, a partir de estereotipos negativos. Con el respaldo del Estado, se selecciona una evidencia en contra de ellas, cuando la ética legal requeriría que la defensa disponga de evidencias a favor de las mujeres, algo que a menudo no sucede. En el caso de los embarazos indeseados, existe ya un estigma que se refleja en la manipulación prejuiciada de evidencias negativas y en el manejo de estereotipos negativos. Un ejemplo emblemático es la decisión de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos en el caso del campo algodonero en Ciudad Juárez. Varias mujeres desaparecieron en esa ciudad y cuando sus madres solicitaron justicia se les respondió en formas muy estereotipadas. Cuando ellas pidieron que la policía investigara la desaparición de sus hijas, ésta les respondió de modo negativo. En una decisión del año pasado, La Corte Interamericana nombró e identificó los estereotipos negativos que manejó la policía cuando rechazó las quejas de las madres diciendo que dos de las tres mujeres desaparecidas y asesinadas en el campo algodonero habían actuado de manera promiscua. La policía decidió entonces no investigar. La Corte señaló que en ese caso la subordinación de las mujeres podía asociarse con prácticas basadas en la persistencia de estereotipos de género, mismos que se exacerbaban al incidir, implícita o explícitamente, en las políticas y prácticas de la policía. Un caso como éste muestra la manera en que los estereotipos negativos y hostiles impiden el acceso de la mujer, sobre todo de la mujer pobre, a una buena impartición de la justicia. ¿Qué opina del estereotipo en la práctica judicial que hace de la víctima la responsable de la tragedia que padece, como el caso de una mujer violada a la que se responsabiliza del asalto sexual que ha sufrido? En Canadá tuvimos el caso de una mujer que fue molestada sexualmente durante una entrevista laboral, y la corte liberó al agresor. Al mismo tiempo, de modo contrario, un ministro de justicia en Québec nombró un tipo de estereotipo al señalar que las mujeres no viven en un estado de consentimiento perpetuo al sexo, por lo que es indispensable demostrar en casos de agresión sexual un consentimiento explícito al mismo. En otro caso, una mujer fue agredida sexualmente y el defensor acudió a la Suprema Corte, la que negó la liberación del agresor y reenvió la sentencia para que en un nuevo juicio se exigiera a los jueces que, al realizar su trabajo, se mantuvieran libres de prejuicios y estereotipos negativos. La reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia en México de autorizar la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo, abrió el debate sobre si era necesario proteger a los niños o si se debía reconocer la capacidad de estas parejas de educarlos convenientemente. En su opinión, ¿qué papel juegan los estereotipos en esta discusión? No sé de ninguna persona gay que no sea capaz de amar a un niño de la misma forma en que lo hace una pareja heterosexual. Una pareja gay tiene la misma capacidad, en ocasiones una capacidad mayor, que una pareja heterosexual para educar a un niño. Intentar fabricar estereotipos hostiles para las parejas gay sólo muestra una indisposición a entender su estilo de vida. Lo importante para un niño es vivir con una familia que le proporcione amor y cuidados, algo que las parejas gay pueden hacer de igual modo que cualquier otra. Un elemento más en el debate fue la idea de que los niños debían identificarse con roles sexuales establecidos y no apartarse de este modelo único, so pena de difuminar o perder su propia identidad. ¿Qué opina al respecto? Se ha argumentado a través de diversos estudios que un niño que crece en el seno de una familia ajena a los estereotipos negativos, será más liberal y libre de crecer como quiera, de hacer sus planes y tomar decisiones propias. En ocasiones el niño crecerá más libre en una pareja gay, y por regla general, mostrará más tolerancia y respeto hacia la vida de los demás. ¿Percibe usted un aumento o una disminución en la influencia de la religión organizada en la construcción de los estereotipos negativos o en las prácticas de discriminación? La decisión de algunas religiones organizadas de impedir que las mujeres puedan ser ordenadas obispos o sacerdotes, muestra simplemente el deseo de negarles el acceso a posiciones de liderazgo. No se les reconoce la capacidad de organizarse y ser líderes con otras mujeres que tienen fe, algo de lo que son perfectamente capaces. Se les niega de entrada, a partir del uso de estereotipos negativos, toda posibilidad de competir (en el sacerdocio, episcopado o papado) con otros hombres y gozar de los mismos derechos. Se habla también del interés de la jerarquía religiosa de oponerse a cualquier avance en materia de derechos sexuales. Es el caso de las jerarquías religiosas en muchos países que combaten los derechos sexuales y reproductivos. Es lo que yo llamo una inquisición de los tiempos modernos y que consiste en imponer a las mujeres ciertos roles de género, preservando para los roles masculinos ciertas parcelas de poder. Será interesante ver lo que sucederá en Inglaterra y saber si las mujeres pueden llegar ahí a ser obispos. Debo decir que me decepcionó enormemente la decisión reciente del Vaticano de castigar a quienes intentan ordenar a las mujeres como sacerdotes con la misma severidad con que se castiga a los sacerdotes que abusan sexualmente de los menores. Es algo escandaloso. ¿De qué modo pueden los estereotipos negativos representar un obstáculo para el libre acceso a los servicios de salud pública? Cuando, por ejemplo, las mujeres requieren de la autorización de sus esposos o de sus padres para tener ese libre acceso. El estereotipo señala que las mujeres son incapaces de tomar decisiones médicas, cuando en realidad son tan capaces de hacerlo como los hombres. Lo único que las mujeres requieren es disponer de una información científica apropiada para tomar sus propias decisiones en temas tan delicados como los derechos reproductivos. Bajo un código de ética, se debe respetar la libertad de las personas y su autonomía, y no tomar como pretexto la pretendida vulnerabilidad de las mujeres para negarle el acceso a situaciones médicas como la interrupción voluntaria del embarazo. ¿Piensa usted que las personas que viven con VIH son hoy menos vulnerables que hace diez años y que pueden enfrentar con mayor éxito situaciones de estigma o discriminación? La discriminación persiste y las sociedades tienen mucho qué hacer para poder desmantelar los estereotipos hostiles. Estos estereotipos siguen muy vivos y tenemos que esforzarnos por impedir que obstaculicen el acceso de las personas con VIH/sida a los servicios de salud pública. En Canadá se discute en la Suprema Corte de Justicia la conveniencia de proporcionar agujas limpias para prevenir la infección por HIV entre usuarios de drogas intravenosas. Quienes se oponen a esta estrategia de salud pública lo hacen a partir precisamente de estereotipos negativos. Finalmente, ¿cuáles son las formas idóneas para poder desmantelar estos estereotipos? Estas formas tienen que ver básicamente con la educación que nos permite incrementar nuestra conciencia respecto a los estereotipos. Es preciso nombrarlos y articularlos, e identificar sus consecuencias dañinas, tanto en la familia como en el sector educativo, en el del empleo y la salud. No es necesario esperar a que una Corte Interamericana nombre los estereotipos negativos (como en el caso del campo algodonero de Ciudad Juárez) para combatirlos. Uno puede hacerlo desde ahora y mostrar de paso hasta qué punto son una violación a los derechos humanos y, en última instancia, una verdadera enfermedad social. ¿Afectan estereotipos sociales en los deportistas? Mientras socialmente existen unos cánones, el mundo de la alta competición se rige por otros que, en ocasiones, coinciden pero muchas otras no.En las dos últimas décadas diferentes investigadores (Brace-Govan, Cashmore, Grenleaf, Kane, Snoeyenbos, Weiller y Higgs,etc) han estudiado la influencia de los estereotipos sociales en el comportamiento de los deportistas. Sobre todo en las atletas. Durante décadas, esa herramienta de educación pasiva de masas conocida como cine, se ocupó de lanzar mensajes al gran público acerca de modas, estereotipos, gustos, tendencias y algo mucho más importante que todo eso, se ocupó de evangelizar a los espectadores con sus recatadas y maniqueas concepciones del bien y del mal. Comoquiera que ese cine provenía en una abrumadora mayoría de los Estados Unidos, la cultura que transmitían las producciones cinematográficas era la esencia misma de la forma de pensar, y del estilo de vida estadounidenses. El más breve repaso mental a cuantas películas seamos capaces de recordar, nos dará una ligera idea de la interminable lista de estereotipos prefabricados a los que, según gustos e ideologías estadounidenses, debíamos, adorar, odiar, seguir o perseguir. Pero ese repaso también nos dejará ideas preconcebidas que, al encenderse las luces de la sala de cine, se quedan en eso, en ideas preconcebidas, esto es, no basadas en hechos o datos reales. Así que, según la “cultura” transmitida por Estados Unidos a través de su cine, entendemos que: —Todos los presidentes de gobierno estadounidenses son un compendio sobrehumano de cualidades y virtudes, físicas y metafísicas. Como si las elecciones presidenciales fueran una especie de concurso de Míster Universo, en el que el vencedor acaba haciendo públicos sus mejores deseos: “paz para todos y que se acabe el hambre en el mundo”. En realidad sería necesario reunir a no menos de 10 personas para sumar tal surtido de adornos, eso sin contar con que los presidentes estadounidenses de las películas carecen por completo de defectos. —Por extensión, cualquier personaje de origen estadounidense destaca de largo por encima de quienes no “disfrutan” de tal pedigrí. Quienes hemos tenido la mala suerte de no nacer en los Estados Unidos, no somos tan cultos, tan sensibles, tan aseados, tan altruistas o tan atléticos como los naturales del imperio. Esta idea preconcebida que tienen de sí mismos los estadounidenses gracias a su cine, alimenta como pocas cosas esas expresiones del estilo “república bananera” para referirse a todo aquello que representa cualquier otro estilo de vida y, en última instancia, para referirse a todos aquellos países en los que gobierna alguien a quienes ellos no habrían votado nunca, entre otros motivos porque en un país como Estados Unidos solo se pueden presentar dos tipos de candidatos, los que prometen bajar los impuestos a los ricos y los que prometen no subírselos. Cualquier otro tipo de pretendiente del poder debe asumir que no caerá muy bien en círculos como la Asociación de Amigos del Rifle, con los riesgos que ello conlleva. —El glorioso ejército estadounidense ha librado, está librando y librará por siempre jamás al mundo de todo tipo de cadenas, que no sean, claro está, las genuinas cadenas estadounidenses, y que han dividido al mundo en dos grandes grupos, los “aliados” y los “enemigos del mundo libre”. No en vano, es esa una de las expresiones más repetidas en la cinematografía estadounidense “el mundo libre”, asociado sin excepciones al mundo que ellos representan. Además, cabe mencionar que, aunque sea por necesidades del guión, siempre existe un personaje que representa exactamente lo contrario de lo bueno, al 100%. Este tipo de personajes no son más que un contenedor de todo lo considerado impuro desde el imperio estadounidense. Al personaje malvado en cuestión le cabe “querer acabar con el mundo libre”, de lo que al espectador le cabe colegir que quienes están o estén a su favor sufrirán como mínimo cadena perpetua. También le cabe al malvado “querer dominar el mundo”, algo que en la mente del espectador debe quedar en las antípodas de las verdaderas intenciones de los Estados Unidos para con el resto del mundo. Cualquier persona con dos dedos de frente se dará cuenta inmediatamente de la burda y cada vez más ridícula manipulación de esa realidad. Además, el malvado personaje es tildado en infinidad de ocasiones de “comunista”, quedando asociada de oficio tal ideología a los más perversos y condenables instintos humanos que, cuando se dan en un personaje estadounidense, se opta por tachar al personaje de “traidor amigo de los comunistas” o bien por recalificar dichos instintos que pasan a ser llamados, sin el más mínimo pudor, “patriotismo”. —El glorioso ejército estadounidense abrió todas y cada una de las puertas de todos y cada uno de los campos de concentración nazis al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Liberando a cientos de miles de judíos de las garras del fascismo (y de paso de las del comunismo, por supuesto). Ningún civil sufrió tanto o se murió más veces en dicha guerra, que el de religión judía. Por más que estos representaran más o menos el 10% del total de bajas, lo que deja aproximadamente unos 54 millones de víctimas católicas, ortodoxas, musulmanas, budistas, sintoístas y hasta ateas que, según el cine, nunca merecieron tanto honor, respeto o recuerdo. ¿Es que una víctima injusta es más honorable en función de las creencias de su verdugo?, ¿cómo de honorables son las actuales víctimas palestinas a manos del nada piadoso ejército israelí? Tampoco en cuestión de cifras los judíos sumaron el mayor subconjunto de víctimas de la Segunda Guerra Mundial, superados por los más de 10 millones de chinos y los más de 13 millones de rusos. Según la estructura mental de quienes promovían tal “cultura” cinematográfica, si el chino o el ruso muerto era comunista “merecido se lo tenía” y si no era comunista, simplemente se contaba como un inocente más que, en último término no era judío. Si la víctima rusa no era comunista, entonces era víctima del comunismo, aunque hubiera muerto a manos de un soldado alemán. Y en el caso de ser judío, era esta y no otra característica la que otorgaba a la víctima un lugar de honor en los libros oficiales de bajas. —Los malvados personajes “enemigos del mundo libre”, los comunistas, son disléxicos, o pronuncian mal “nuestro idioma”, habría que ver, por ejemplo, el nivel de idioma ruso que tienen los estadounidenses. Los comunistas de película son torpes mentales que han sido engañados por su malvado líder, además son torpes físicamente. El rígido esquema de jerarquía les impide pensar por sí mismos, lo que según el cine, les llevaría con toda seguridad a no ejecutar determinadas órdenes de su perverso líder. ¿Quién no ha visto alguna vez una escena en la que la rígida cadena de mando del ejército estadounidense lleve a todos sus eslabones a contener su propio pensamiento, sacrificándolo a la voz del superior, y este a su vez a la del subsiguiente superior hasta acabar en el mismísimo y ultra-super-hiper cualificado y sensible presidente de los Estados Unidos de América? La única diferencia visible entre ambas cadenas es que esta última está formada por eslabones y la primera, la de los rusos de película por “eslavones”. Es decir, en ambos casos son integrantes de una cadena de mando militar, solo que la de los estadounidenses está en posesión de la verdad absoluta y la de los “malvados comunistas” solo persigue el mal, incluso para sus propios seguidores. —La tecnología no estadounidense es, como mínimo, poco fiable, propensa al fallo, además de antigua, austera y “demasiado” simple, y no resiste comparación alguna con la brillante tecnología estadounidense. Por solo mencionar un dato crudo para estos fabricantes de estereotipos, se puede decir que entre las 10 marcas más fiables de automóviles, es decir, las que menos visitan el taller, solo hay una estadounidense, Ford, y está en el puesto 10, por cierto, entre las 10 siguientes solo hay otra estadounidense. A otro nivel, hoy por hoy solo la tecnología rusa garantiza acarrear hasta las estaciones espaciales las grandes magnitudes en peso y volumen que su mantenimiento y suministro requieren. —La culturilla del cine estadounidense también nos muestra el estereotipo de la ciudad estadounidense como objetivo preferido por meteoritos, terremotos y volcanes, nada que ver con lugares reales como Haití o Indonesia. En caso de amenaza natural, ésta siempre se da “contra” el estilo de vida “americano”, que pasa a convertirse automáticamente en el objetivo supremo a salvar. Aunque hay que reconocer que en las producciones más recientes, los desastres también alcanzan a lugares como París, Londres o Pekín, para dar una idea de la magnitud del desastre, pero desde donde esperan ansiosos órdenes estadounidenses para ser salvados y sin las cuáles pueden estar seguros de que no lo contarán. En resumen, algunos de los estereotipos más importantes que se nos han repetido una y otra vez, son: —Que todos los presidentes estadounidenses fueron, son y serán estereotípicamente sapientísimos y bondadosos, aunque todos hemos oído hablar de un tal George W. Bush. —Que todos los estadounidenses son buenos y muy sabios, aunque eligieran por dos veces al tal George W. Bush —Que todos los militares estadounidenses pueden pensar y decidir como entes individuales, y sin embargo deciden seguir la estricta cadena de mando que acaba en el homo sapientísimo presidente, aunque éste (o los intereses económicos a los que representa) les lleve a lugares como Afganistán o Irak donde se producen más bajas por suicidio que por acciones militares. —Que ningún héroe ha nacido fuera de los Estados Unidos. Y quienes estamos en contra del dominio estadounidense somos terroristas. —Que los Estados Unidos nunca han deseado colonizar, explotar y dominar el mundo. —Que todos los nazis eran seres despreciables, aunque el gobierno estadounidense se las arreglara para que el peso de la justicia no cayera sobre más de 1.000 científicos que sirvieron a las órdenes de Hitler, y que fueron reclutados por los Estados Unidos para dar forma a sus programas espaciales y de cohetería. Entre ellos el famoso Wernher von Braun, padre del cohete nazi V2, integrante de las SS y responsable durante décadas de los más avanzados proyectos de cohetería de la NASA. —Que no existían más campos de concentración que los nazis. Aunque una perla del propio cine, que pasó sin pena ni gloria por la taquilla, y que llevaba por título “Mientras nieva sobre los cedros” nos recordara que durante la Segunda Guerra Mundial existieron, en suelo estadounidense, campos de concentración para 120.000 individuos de etnia japonesa, la mitad de ellos ciudadanos estadounidenses. Y sin ir tan lejos en el tiempo, la misma existencia de lugares como Abu Ghraib y Guantánamo puede dar una idea aproximada de la manipulación del concepto “campo de concentración” que el cine ha intentado inculcarnos. —Que en los campos de concentración nazis solo se recluía y asesinaba a judíos, y a valerosos soldados "aliados" que luchaban por su libertad mientras se preguntaban por qué luchaban los presos rusos que querían volver a su país, si en su país había socialismo. —Que los soviéticos solo eran capaces de desear el mal ajeno, arrasar aldeas y violar mujeres. —Que los ciudadanos estadounidenses de origen latino o afroamericano solo están un escalón por encima de la infame categoría de “extranjeros” en la que engloban a los nacidos fuera de las fronteras del imperio. —Que los hispanos, todos los hispanos sin excepción, somos de o vivimos en alguna pequeña provincia de México o Argentina, y que todos podemos viajar a Estados Unidos en tren, incluidos los españoles. —Que tener todo el dinero del mundo no te hace mala persona si posees el antídoto anti-todo de la nacionalidad estadounidense, mientras cabe sospechar qué cosas malas harás con el dinero si no has tenido la suerte de nacer estadounidense. O lo que es lo mismo, “viva la propiedad privada” si hablamos de la estadounidense, ya que tú, extranjero, lo más seguro es que no sepas muy bien qué hacer con ella y, por lo tanto, no la merezcas tanto como yo. —Que gritar “soy ciudadano estadounidense” es un conjuro que protege al protagonista de todo tipo de males e injusticias que los demás personajes quieren cometer contra él, seguramente por la envidia que todos debemos sentir hacia los ciudadanos estadounidenses. —Que gritar “yo pago mis impuestos” le confiere al protagonista un halo de bondad que dispersa los fantasmas de cualquier otro tipo de delito que pueda haber cometido. Tal vez si Lee Harvey Oswald hubiera visto más cine y hubiera estado más atento, habría gritado en su defensa "soy ciudadano estadounidense y pago mis impuestos". Tal vez eso hubiera hecho que las autoridades volcaran sus esfuerzos en buscar a los verdaderos asesinos de Kennedy. —Que los personajes con nacionalidad estadounidense vomitan y sufren convulsiones cuando presencian la ejecución de otro personaje… de su misma nacionalidad. Nótese que esta reacción difícilmente tiene lugar si el personaje ejecutado no es estadounidense, o si quien lleva a cabo la ejecución es estadounidense, en cuyo caso se le otorga a tal ejecución la calidad de “ajusticiamiento”, algo que, al parecer, solo pueden impartir los ciudadanos estadounidenses. Por tanto, la idea de “injusticia” es estrictamente unidireccional en el sentido “extranjero-estadounidense”, calificándose de “justicia” cuando se da en el sentido opuesto de “estadounidense-extranjero”. —Que salvo el todopoderoso presidente de los Estados Unidos (y eventualmente el primer ministro de Gran Bretaña), el resto de gobernantes del mundo son perfectamente corruptibles. No digamos pues el grado de corrupción que pueden alcanzar, pongamos por ejemplo, los funcionarios de aduanas retratados en las películas, cuyos sentimientos solo florecen al calor de los billetes verdes ofrecidos por los protagonistas. Nótese que lo que se intenta resaltar es la debilidad moral de quien acepta el soborno pero nunca la de quien lo ofrece. Justo al contrario ocurre cuando quien intenta el soborno no es estadounidense y su objetivo sí lo es, aquí se resalta la fortaleza moral del ciudadano estadounidense que no acepta el soborno, así como la bajeza moral de quien lo ofrece. —No quiero acabar sin destacar la bondad demostrada por los estadounidenses acogiendo en reservas a los verdaderos nativos del norte de América, salvando así a los pocos individuos que quedan de aquellas culturas milenarias que fueron arrasadas durante la cimentación del imperio, en aras de una vida mejor, aunque no para ellos. Estoy seguro de que muchos otros estereotipejos llaman a las puertas de la memoria de los lectores, les invito pues a que los revivan y los ubiquen en el lugar que se merecen, polo negativo de toda realidad constatable. Puede que solo sean impresiones mías, pero creo que un poco de sensatez nos permitirá darnos cuenta de que toda esta sarta de ideas preconcebidas, artificiales e interesadas, solo puede provenir de lo más profundo y arcaico de las mentes cuyas cuentas bancarias financian cada proyecto, lo que es suficiente para entender su alta nocividad.
Datos archivados del Taringa! original
20puntos
1,056visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos: