InicioApuntes Y MonografiasLa miseria de los nuestros (parte 1)
"Axis" caminaba rápidamente entre los túneles del subte, preocupado por sigo mismo y aquel morral que colgaba a su derecha; sea quien sea que viese dentro de su bolso, hubiese visto una gran cantidad de paquetes de metanfetaminas y –en mayor medida- grandes fajos de dinero. El hombre, estaba sumido en un estado de alerta, mirando detrás en cada momento y frotándose su melena rubia. “Ahora que mierda hago con toda esta puta mierda” pensaba, mientras sus ojos se humedecían “¡Dios! ¡Dios!, puta vida, me cago en todos los dioses… ¿Cómo terminé en esto?”. En un intento por aplacar su nerviosismo y angustia, sacó un cigarrillo y lo encendió, pese a las advertencias y carteles que lo prohibían. Seguía deambulando por los pasillos, yendo con rumbo hacia el andén. Tenía que salir de allí. Un policía, lo pescó -¡Ey!, ¡Ey!, vos el de la campera negra- Gritaba el oficial. Pensando que lo descubrieron llevando drogas, Axis tiró el cigarro y se dio a la fuga. Corrió con todas sus fuerzas, dejando al cabo lejos de él; entonces, por una cuestión del destino, encontró a una formación que estaba a punto de partir y apeándose de toda la velocidad que podía, subió unos segundos antes de que se cerrasen las puertas. Otra vez había evadido la ley. El policía se quedó atónito ante la extraña actitud de aquel joven, solo iba a decirle “Acá no se puede fumar”, antes de que saliese corriendo. Era imposible decir cuanta gente había dentro del vagón, pero era suficiente para pensar “Esto está lleno hasta las bolas”. El caudal de personas era tan, que uno apenas podía moverse. Mientras el subte se movía con velocidad por debajo de Buenos Aires, Axis intentaba recrear lo sucedido hace minutos, mucho antes de la persecución y mucho antes de bajar al subterráneo… …Intentar rememorar, lo llevaba obligatoriamente a la mañana de aquel día viernes. Él, estaba durmiendo mientras el sol se ponía sobre toda la ciudad y desplegaba sus rayos encima de los habitantes porteños. Sus preocupaciones por aquellas horas eran nulas, puesto que tenía “franco” y no iría a trabajar. Lánguidamente fue abriendo los ojos, mostrando dentro una aureola verde oscura que se cernía entorno a sus pupilas. Durante varios minutos estuvo ahí, mirando al panorama urbano que se podía apreciar desde la ventana, prestaba atención hacia la rama que chocaba contra el vidrío. Se movía de un lado a otro, de un lado a otro, dejándose mecer por el suave viento invernal de agosto. Aburrido ya de mirar las ramas, se levantó haciendo uso de toda su fuerza de voluntad. Desde el borde de la cama, echó una mirada por encima del hombro, para ver su celular, que marcaba las ocho de la mañana. Bostezó antes de pararse y “caminar” –más bien, arrastraba los pies como si fuese un zombi- hacia el baño. Su reflejo mostraba una faceta somnolienta de sí mismo, su pelo amarillo enrulado, completamente despeinado y enmarañado; unas líneas negras surcaban por debajo de sus ojos, lo que algunos acostumbran llamar “ojeras”; y por alrededor de sus ojos verdes, se veía un tenue rojo en donde debería haber blanco. “Si así estoy a mis veintiocho, no quiero imaginarme a los cuarenta…En fin, nada que un baño pueda arreglar” y así fue, pasada una rápida ducha, volvió a tener un aspecto mejor. “más civilizado”. Mientras estaba en la cocina tomando un té –a falta de café- acompañado de unas galletitas de agua, pensaba en lo que haría en el resto del día…Su mente se iluminó al instante y corrió hacia su pieza, donde en una cajita debajo de la cama, tenía unos cuantos cigarrillos de marihuana. Tenía esos “fasos” para cuando se sentía deprimido o necesitaba inspiración para su trabajo, ser “diseñador gráfico” llega a ser uno de los empleos más exigentes en cuanto el ingenio o la imaginación que se requiere. Entonces, agarro uno y, comenzó a fumar frente a la ventana… …”¿Y luego qué?, que pasó después de que me despierte…Tengo que acordarme, pero me cuesta. ¿Cómo es que terminé teniendo tanta plata y tanta droga?”, vamos, tengo que pensar… …Después de unas cuantas horas riéndose a solas y viajando por mundos imaginarios, Axis, se había quedado dormido, otra vez. Cercana la tarde, sonó el timbre de la puerta, se escuchaba un continuo “riiing, riiing” que lo despertó. Caminaba hacia la puerta, con llave en mano, vociferando en voz alta –¡Ya voy!, ¡Ya voy!-. Abrió. Una figura estaba parada en el umbral, esperando fuera. -¿Hola?- dijo el dueño de casa -Ah, hola…Estaba…Estaba de paso y…Pasé a verte, chabón ¿Cómo estás Martincho?- Respondió titubeando el visitante, como si estuviese mintiendo o nervioso… …”Me acuerdo que esta mañana todavía no había adoptado el apodo “Axis”, eso vino mucho después. Hasta aquel momento, solo era Martín Hernández”… -Me agarraste ocupado Hugo, estaba haciendo algo, hubieses llamado y preparaba algo - Y a lo mejor hubiese tirado un perfume para ocultar el olor a “maría”, para no parecer un maldito drogón…¿Por qué mierda no avisaste? Adentro, sentados en la mesa, y alrededor de un cálido mate, hablaban tranquilamente: -Che, aca hay olor a algo raro…Tipo…No sé, es como a cigarrillo pero… -Es que hay veces donde se tapa el inodoro y salen ciertos “aromas” del baño, me disculpo por ello, intento conseguir un plomero- Mintió Martín interrumpiendo al otro, y cambiando de tema, agregó- ¿Qué andabas haciendo por aca?, ¿no deberías estar en el trabajo? -Estaba…Caminando -¿Caminando? ¿Por este lugar, tan lejos de tu casa? -Emm…-Lanzó un suspiro y reveló sus verdaderas intenciones- Tengo un problema y necesito que…
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