Este de arriba es el mapa actual de Europa y gran parte de Asia. La parte verde corresponde a los países Musulmanes, la amarilla a los no musulmanes y la pequeñita, en rojo, marcada con una flecha, corresponde a Israel. Durante los últimos cinco años, Israel ha vivido una extraña y discordante realidad. Por muy diferentes razones el mundo árabe se encuentra en un estado de crisis avanzado. Un número de estados fuertes han dejado práctica y efectivamente de existir. Hoy en día, Siria, Irak, Libia, Afganistan, Yemen son meros nombres de las zonas geográficas en las que las milicias sectarias luchan entre sí. El caso de Siria se ha transformado en las últimas semanas, con la intervención directa de Rusia en un polvorín extremadamente peligroso, en dos años de guerra ha ocasionado más de 300.000 muerto y se calcula que 4.000.000 de refugiados. Rusia tiene aún muy presente a las milicias chechenas independentistas. Pero aún le preocupa más los 27 millones de musulmanes que viven en Rusia y que ya han dado muestras de agitación. Estos estados Árabes se han derrumbado a lo largo de líneas divisorias étnicas y sectarias sin ninguna contención. Los resultados han sido cruentos, terriblemente sangrientos y todavía no han terminado. Sin embargo, al margen de todo esto, el área entre el río Jordán y el mar Mediterráneo se ha mantenido en calma. Una anomalía? Una extravagancia geográfica?, Un lugar tranquilo, fresco y apacible dentro de la caldera de un volcán, como puede ser? Esta anomalía se verifica porque se trata del único lugar de soberanía no musulmana entre Europa y la India. Es como una especie de barrera. Con solo mirar el mapa con el que comienza este post lo podemos entender. Israel es una centésima parte de todo lo que lo rodea, es como un par de metros cúbicos de tranquilidad dentro de un volcán. La existencia de una zona soberana defendida con éxito por los judíos -un grupo tradicionalmente despreciado, maltratado y ridiculizado por los musulmanes- ha sido durante mucho tiempo una fuente de rabia, ofensa y humillación tanto para los sunitas como para los chiís. ¿Por qué, entonces, en una época en la que la identidad religiosa y sectaria está rompiendo en todas partes la delgada membrana de la lealtad "nacional" y "estatal", momento en que los radicales musulmanes dejan de reconocer las fronteras de sus países que se han mantenido por buena parte del siglo XX y sueñan con el Gran Califato que abarque desde el Indico hasta el Atlántico. Todavía se mantiene esta área de soberanía no musulmana y a pesar de estar en el medio se ha librado de esa lucha fundamental? Cuatro razones: En primer lugar, el Estado judío, a pesar de su pequeñísimo tamaño, disfruta de una gran ventaja militar y tecnológica sobre sus vecinos/enemigos. Cualquier fuerza islamista que desee hacer la guerra a Israel necesita tener en cuenta que el resultado probable será la devastación de su propio bando, frente a los escasos frutos en términos de daños infligidos al odiado enemigo. Dos poderosas milicias islamistas, Hamas y Hezbollah, han sido disuadidas en gran medida en los últimos años mediante esta ecuación. En segundo lugar, los árabes suníes palestinos observan la marcha de los acontecimientos en la región, y esto actúa en sí mismo como un elemento de disuasión contra la idea de actuar en contra de Israel. Aquellos que tienen ciudadanía israelí se benefician enormemente de los niveles occidentales de la organización social y libertad en Israel. Los que están en Cisjordania pueden vivir con un nivel de tranquilidad y confort absolutamente inimaginable para los habitantes de, digamos, Irak o Siria. Esto da a la pausa para la reflexión. En tercer lugar, la Segunda Intifada no fue hace tanto tiempo. Las estructuras armadas que la procesaron en nombre de los palestinos están en gran parte quebradas y sólo ahora están reconstruyéndose. La población recuerda el caos y el sufrimiento, y nuevamente tiene motivos para pensar dos veces antes de apoyar el retorno a aquellos días. En cuarto lugar, los dirigentes de la Autoridad Palestina (AP) entienden que no van a ser los beneficiarios de un giro hacia la calle. Su liderazgo y sus familias viven bien y pacíficamente en Ramallah. Las Fuerzas de Defensa de Israel (Tzáhal) los mantienen a salvo de los demonios regionales y locales. El beneficiario político de la Segunda Intifada fue Hamas. Esta vez, las fuerzas que surgirán en la calle son propensas a ser ligadas o inspiradas por el ejemplo de los jihadistas suníes, actualmente florecientes en Siria e Irak. Sin embargo, esa tranquilad ha sido objeto de un estremecimiento en las últimas semanas. La tercera Intifada no está aún aquí, pero el impulso hacia la misma se está construyendo paso a paso. La furia del volcán se puede tragar ese pequeñísimo lugar de paz y tranquilidad que separa Occidente de la furia musulmana. Si eso pasa, el mapa probablemente se transforme todo en verde.
La verdad sobre Medio Oriente Sin que te ´´hagan el relato´´
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