Una sociedad determinada es la suma del quehacer cotidiano de quienes lo conforman. Y que el problema real no radica en los hijos de puta que desde las cúpulas de poder manipulan, engañan y dominan sino en aquellos que se dejan manipular
Las mentes maquiavélicas no dejan de ser mas que un puñado. Los estúpidos -en cambio- son mayoría demográfica y reproducen su estupidez de manera exponencial. Son capaces de luchar contra sus aliados o emancipadores y pelear a muerte por ideas que no son suyas sino de sus capataces. Se encuentran por todos lados y no conformes con eso, se enquistan en sitios estratégicos donde pueden hacer más daño. Y encima tuitean que da gusto.
Las leyes básicas de la estupidez humana son añejas, pero el tratado más completo sobre el tema es reciente. Lo publicó en 1976 un economista italiano y se titula “Leyes básicas de la estupidez humana”. Carlo M. Cipolla impartió clases en varias universidades italianas y durante muchos años fue profesor de la Universidad de California, en Berkeley. Además escribió libros y estudios sobre relojes, armas de fuego, política monetaria, depresiones, la fe, la razón, y por supuesto –siendo economista—, el dinero. Su ensayo sobre la estupidez abarca todos esos temas, y posiblemente toda la experiencia humana.
Cipolla enunció las leyes en lenguaje llano. Son, como las leyes de la naturaleza, una característica esencial del Universo. Helas aquí:
1.- Siempre e inevitablemente se subestima el número de tontos que andan por ahí.
2.-La probabilidad de que un individuo sea tonto es independiente de cualquier otra característica
del individuo.
3.-Estúpido es el que causa pérdidas a otros individuos o grupos sin sacar ningún provecho, y posiblemente incluso sufriendo pérdidas él mismo.
4.-Las personas que no son tontas siempre subestiman la capacidad de hacer daño de los estúpidos.
5.-En particular, las personas que no son tontas siempre olvidan que tratar con estúpidos o asociarse con ellos de la manera que sea siempre es un error costoso.
En su ensayo, Cipolla ofrece un análisis de lo que distingue a un país en ascenso de uno en declive. Los países pujantes, como todos los demás, tienen inevitablemente su dotación de idiotas, pero también tienen “una proporción insólita de gente lista” cuyas acciones, en conjunto, superan con creces el efecto de los tontos. Los países en decadencia, en cambio, tienen “una profusión alarmante” de gente lista cuyo comportamiento “inevitablemente refuerza el poder destructivo” de sus compatriotas tontos.
Cipolla distingue dos grupos nocivos: los “sinvergüenzas” que buscan posiciones de poder para su provecho personal, y las personas sin poder que van por la vida suspirando por creer que no hay nada que hacer. Cipolla murió en 2000, apenas un año después de que dos psicólogos de la Universidad Cornell publicaran un estudio titulado “Inhábiles y sin saberlo: la dificultad de reconocer la incompetencia propia conduce a autoevaluaciones exageradas”
Por último, la estupidez es incurable, pues se trata una enfermedad que el estúpido no sabe que padece y para la que nunca tomará un antídoto cuya fórmula, también hay que decirlo, tarda años en producirse y algunos tantos más en hacer efecto
Las mentes maquiavélicas no dejan de ser mas que un puñado. Los estúpidos -en cambio- son mayoría demográfica y reproducen su estupidez de manera exponencial. Son capaces de luchar contra sus aliados o emancipadores y pelear a muerte por ideas que no son suyas sino de sus capataces. Se encuentran por todos lados y no conformes con eso, se enquistan en sitios estratégicos donde pueden hacer más daño. Y encima tuitean que da gusto.
Leyes eternas de la estupidez
Las leyes básicas de la estupidez humana son añejas, pero el tratado más completo sobre el tema es reciente. Lo publicó en 1976 un economista italiano y se titula “Leyes básicas de la estupidez humana”. Carlo M. Cipolla impartió clases en varias universidades italianas y durante muchos años fue profesor de la Universidad de California, en Berkeley. Además escribió libros y estudios sobre relojes, armas de fuego, política monetaria, depresiones, la fe, la razón, y por supuesto –siendo economista—, el dinero. Su ensayo sobre la estupidez abarca todos esos temas, y posiblemente toda la experiencia humana.
Cipolla enunció las leyes en lenguaje llano. Son, como las leyes de la naturaleza, una característica esencial del Universo. Helas aquí:
1.- Siempre e inevitablemente se subestima el número de tontos que andan por ahí.
2.-La probabilidad de que un individuo sea tonto es independiente de cualquier otra característica
del individuo.
3.-Estúpido es el que causa pérdidas a otros individuos o grupos sin sacar ningún provecho, y posiblemente incluso sufriendo pérdidas él mismo.
4.-Las personas que no son tontas siempre subestiman la capacidad de hacer daño de los estúpidos.
5.-En particular, las personas que no son tontas siempre olvidan que tratar con estúpidos o asociarse con ellos de la manera que sea siempre es un error costoso.
En su ensayo, Cipolla ofrece un análisis de lo que distingue a un país en ascenso de uno en declive. Los países pujantes, como todos los demás, tienen inevitablemente su dotación de idiotas, pero también tienen “una proporción insólita de gente lista” cuyas acciones, en conjunto, superan con creces el efecto de los tontos. Los países en decadencia, en cambio, tienen “una profusión alarmante” de gente lista cuyo comportamiento “inevitablemente refuerza el poder destructivo” de sus compatriotas tontos.
Cipolla distingue dos grupos nocivos: los “sinvergüenzas” que buscan posiciones de poder para su provecho personal, y las personas sin poder que van por la vida suspirando por creer que no hay nada que hacer. Cipolla murió en 2000, apenas un año después de que dos psicólogos de la Universidad Cornell publicaran un estudio titulado “Inhábiles y sin saberlo: la dificultad de reconocer la incompetencia propia conduce a autoevaluaciones exageradas”
Por último, la estupidez es incurable, pues se trata una enfermedad que el estúpido no sabe que padece y para la que nunca tomará un antídoto cuya fórmula, también hay que decirlo, tarda años en producirse y algunos tantos más en hacer efecto