Por Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica
Hace unos días estaba buscando en internet información sobre un tema científico a través de uno de los motores de búsqueda más populares en ciencia, el PUB-MED. Me llamó la atención un artículo en particular y procedí, como es lógico, a descargármelo. Cuál sería mi sorpresa cuando, tras leer el título, que estaba en inglés, me encontré con que el resto estaba escrito en polaco. En inglés me defiendo, pero no conozco el idioma polaco, por lo que me sentí bastante frustrado ya que el título era francamente sugerente.
Sin embargo, no me desanimé y me centré en las figuras y diagramas que presentaba el artículo. Tras unos minutos estudiando estas figuras, me pude hacer una idea bastante aproximada de lo que habían hecho estos investigadores. En los gráficos y esquemas había un lenguaje por encima de los lenguajes, unas ideas que podía entender porque estaban escritas en una lengua común a la comunidad científica, por lo menos a aquella que tiene que ver con mi área de conocimiento.
Es sorprendente ver cómo puede resultar bastante complicado intentar conseguir algo en un lugar remoto, algo tan sencillo como una aspirina, y sin embargo, si en ese lugar hay alguien que sabe de tu ámbito profesional, podríamos hablar sin el menor problema. Y no me refiero a cosas sencillas, sino a charlar de cosas bastante técnicas y sofisticadas.
¿Qué le pasa a la sociedad o, mejor dicho, a las sociedades? ¿Por qué es difícil hacerse entender entre lenguas alejadas entre sí? ¿Y por qué puedo hablar con un japonés de la glucolisis, la diabetes o un desarrollo matemático?
Las sociedades están diseñadas para conocer, comprender, dialogar y preguntarse por un sinfín de aspectos sociales y educativos intrínsecos a esa cultura. Dicho con otras palabras, sabemos entendernos entre nosotros al hablar de cosas habituales y afines al quehacer diario. Sin embargo, cuando queremos transmitir esas cosas a personas en India, por ejemplo, lamentablemente no funciona. Los idiomas son tan distintos que ni de broma me van a entender cuando intento hablar de una cosa alargada de color naranja… ¡Pero si yo solo quería decir que eso es una zanahoria! Paradojas de la vida, no podré explicarle al indio qué es una zanahoria, pero si sabe de ciencia, es muy probable que le pueda explicar lo apasionante que es el metabolismo y me pueda contestar lo mucho que le gusta.
Cuando aprendemos para la vida, aprendemos en nuestro caso el idioma español y, con suerte, alguno más. Cuando nos especializamos en un área de la ciencia, de la tecnología o de las ciencias sociales, sin querer estamos aprendiendo otro lenguaje, que en casos particulares nos permite relacionarnos con otras personas aunque no tengamos ni idea del idioma que hable el otro. Cuando estudiamos biología, derecho, matemáticas, historia… estamos aprendiendo un idioma sin saberlo. Un idioma con el que podremos comunicarnos con nuestros colegas de trabajo y profesión. ¿A que esos idiomas no los enseñan en ninguna academia?