El alfajor, la golosina emblema de los kioscos argentinos, tiene una historia muy antigua. Los primeros en producirlo fueron los árabes, que lo llevaron consigo cuando en el siglo VIII invadieron la Península Ibérica. De hecho la palabra alfajor proviene del hispanoárabe al-hasú, que significa “relleno”. Originalmente se hacía a base de pasta de nueces, almendras y miel.
Se cree que el alfajor llegó a América de la mano de los inmigrantes andaluces y se adaptó a los dulces locales, como el dulce de leche. En 1869, el químico francés, radicado en Buenos Aires, August Chammás le dio la forma redonda que conocemos hoy (hasta ese entonces eran cuadrados). Pero es a mediados de la década de 1950 cuando los alfajores se vuelven realmente populares, gracias a la producción en masa que realizaron empresas como Havanna y Balcarce.
Los alfajores, al igual que las empanadas, tienen sus variantes. Como sea y para que no queden dudas de su aceptación, en la Argentina se comen más de seis millones de alfajores por día. ¿Casi nada, eh?
Havanna
Cachafaz
Vauquita
Capitan del Espacio
Terrabusi
Jorgito