La luz del Sol es muy intensa y en determinadas circunstancias podría causar
daño en los ojos.
Si no se usan instrumentos ópticos
Algunas veces nos podemos encontrar de forma más o menos inesperada con
el Sol frente a nosotros. Podrían ser ejemplo de esta situación el momento de
levantar la persiana de la habitación o el giro del vehículo en una curva durante
un viaje. Los movimientos reflejos actúan en estos casos, de forma que
instintivamente cerramos o apartamos los ojos, giramos la cabeza, bajamos un
parasol, etc. No se ha producido ninguna situación de riesgo.
La situación peligrosa se produce cuando alguien de forma totalmente
voluntaria, decide inhibir estos movimientos reflejos y seguir manteniendo la
mirada fija en el Sol.
Una comparación aclarará estos hechos: Tenemos tendencia instintiva a dejar
o tirar un objeto caliente que hemos cogido descuidadamente o que haya caído
en nuestras manos; pero en ocasiones (por ejemplo, llevando a la mesa un
vaso o un plato más calientes de lo esperado) podemos inhibir durante unos
instantes este movimiento instintivo, porque pensamos que es preferible llegar
hasta la mesa que derramar el contenido del vaso o plato calientes y no hay
lugar cercano donde dejarlos. Aplicando la comparación, el riesgo no está en
un rayo fortuito de Sol; el riesgo está en esforzarse en mirar deliberadamente al
Sol, venciendo la tendencia natural a apartar la vista de él.
En el caso particular de días de eclipse de Sol los riesgos están en pretender
observar el fenómeno sin filtros, manteniendo la mirada a pesar de la
sensación de un cierto dolor o en usar protecciones no adecuadas. Ejemplos
de estas protecciones no adecuadas son vidrios ahumados, placas
radiográficas o viejos carretes de fotografía, etc. .
daño en los ojos.
Si no se usan instrumentos ópticos
Algunas veces nos podemos encontrar de forma más o menos inesperada con
el Sol frente a nosotros. Podrían ser ejemplo de esta situación el momento de
levantar la persiana de la habitación o el giro del vehículo en una curva durante
un viaje. Los movimientos reflejos actúan en estos casos, de forma que
instintivamente cerramos o apartamos los ojos, giramos la cabeza, bajamos un
parasol, etc. No se ha producido ninguna situación de riesgo.
La situación peligrosa se produce cuando alguien de forma totalmente
voluntaria, decide inhibir estos movimientos reflejos y seguir manteniendo la
mirada fija en el Sol.
Una comparación aclarará estos hechos: Tenemos tendencia instintiva a dejar
o tirar un objeto caliente que hemos cogido descuidadamente o que haya caído
en nuestras manos; pero en ocasiones (por ejemplo, llevando a la mesa un
vaso o un plato más calientes de lo esperado) podemos inhibir durante unos
instantes este movimiento instintivo, porque pensamos que es preferible llegar
hasta la mesa que derramar el contenido del vaso o plato calientes y no hay
lugar cercano donde dejarlos. Aplicando la comparación, el riesgo no está en
un rayo fortuito de Sol; el riesgo está en esforzarse en mirar deliberadamente al
Sol, venciendo la tendencia natural a apartar la vista de él.
En el caso particular de días de eclipse de Sol los riesgos están en pretender
observar el fenómeno sin filtros, manteniendo la mirada a pesar de la
sensación de un cierto dolor o en usar protecciones no adecuadas. Ejemplos
de estas protecciones no adecuadas son vidrios ahumados, placas
radiográficas o viejos carretes de fotografía, etc. .