Amoniaco y Lavandina, una mezcla que puede resultar letal
En un capítulo de "Los Reyes de la Colina" Peggy Reyes en su afán periodístico publica un consejo para limpiar mezclando amoniaco y lavandina (o lejía dicho con más propiedad) teniendo Héctor que secuestrar todos los diarios para que tal fórmula no llegue a las amas de casa de la ciudad y se lastimen con el gas venenoso.
No creo que a la hora de realizar las tareas de limpieza de casa alguien nos haya dicho alguna vez no mezclemos amoniaco y lavandina, pero ¿por qué? ¿Qué ocurriría si los mezclásemos? Vamos a verlo a continuación.
Pero antes, conozcamos un poco más a los 2 protagonistas.
El componente activo de la lejía es el hipoclorito sódico (NaClO), y es el responsable del poder blanqueante y desinfectante de la lejía. La primera función es debida al alto poder oxidativo de la lejía (en concreto de las moléculas de cloro), la segunda es debida a la formación de radicales libres que origina una destrucción de los microorganismos adheridos a las superficies.
Por otro lado el amoniaco (NH3) se utiliza como producto de limpieza diluido en agua y es un potente desengrasante, siendo muy eficaz para eliminar las manchas difíciles. Además es capaz de quitar el brillo al barniz y la cera por lo que se utiliza en tareas de decapado de muebles y también podemos utilizarlo para eliminar las huellas de los dedos que suelen quedar sobre los muebles, así como las manchas de sangre, zumo o tejidos.
Una vez presentados los dos protagonistas, a la hora de limpiar algo que está muy sucio podemos pensar: si mezclamos lavandina y amoniaco se sumarán la acción desinfectante y de limpieza y podremos limpiarlo mucho mejor.
Pero aquí es donde interviene la química para rebatir nuestro razonamiento y advertirnos del peligro que corremos se realizamos esa mezcla.
Cuando se mezcla lejía con amoniaco, se produce un gas llamado cloramina.
NH3 (aq) + NaClO --> NH2Cl + NaOH
Este gas, al inhalarlo y mezclarse con agua (agua de la saliva, humedad de la garganta...) se descompone y origina ácido clorhídrico y radicales libres. El acido clorhidrico ademas de toxico es altamente corrosivo y crea graves quemaduras en la piel y mucosas. La presencia de radicales libres da lugar a destruccion de celulas y en altas cantidades son fuente de procesos cancerígenos.
Así, por ejemplo, una concentración ambiental de 3-6 ppm (miligramos en un litro) de cloramina produce un síndrome irritativo: lagrimeo, escozor en los ojos y nariz, dolor de garganta producido por irritación del esófago, tos irritativa, opresión en tórax, toser sangre, dolores de cabeza y sensación de falta de aire. En exposiciones prolongadas tiene efecto corrosivo sobre los dientes.
Una intoxicación grave por cloramina produce edema pulmonar tras un período de latencia de horas, con insuficiencia respiratoria aguda grave, pudiendo producir la muerte.
Por lo que nunca se les ocurra mezclar amoniaco y lavandina, es muy peligroso (y no es broma, ni una exageración).
En un capítulo de "Los Reyes de la Colina" Peggy Reyes en su afán periodístico publica un consejo para limpiar mezclando amoniaco y lavandina (o lejía dicho con más propiedad) teniendo Héctor que secuestrar todos los diarios para que tal fórmula no llegue a las amas de casa de la ciudad y se lastimen con el gas venenoso.
No creo que a la hora de realizar las tareas de limpieza de casa alguien nos haya dicho alguna vez no mezclemos amoniaco y lavandina, pero ¿por qué? ¿Qué ocurriría si los mezclásemos? Vamos a verlo a continuación.
Pero antes, conozcamos un poco más a los 2 protagonistas.
El componente activo de la lejía es el hipoclorito sódico (NaClO), y es el responsable del poder blanqueante y desinfectante de la lejía. La primera función es debida al alto poder oxidativo de la lejía (en concreto de las moléculas de cloro), la segunda es debida a la formación de radicales libres que origina una destrucción de los microorganismos adheridos a las superficies.
Por otro lado el amoniaco (NH3) se utiliza como producto de limpieza diluido en agua y es un potente desengrasante, siendo muy eficaz para eliminar las manchas difíciles. Además es capaz de quitar el brillo al barniz y la cera por lo que se utiliza en tareas de decapado de muebles y también podemos utilizarlo para eliminar las huellas de los dedos que suelen quedar sobre los muebles, así como las manchas de sangre, zumo o tejidos.
Una vez presentados los dos protagonistas, a la hora de limpiar algo que está muy sucio podemos pensar: si mezclamos lavandina y amoniaco se sumarán la acción desinfectante y de limpieza y podremos limpiarlo mucho mejor.
Pero aquí es donde interviene la química para rebatir nuestro razonamiento y advertirnos del peligro que corremos se realizamos esa mezcla.
Cuando se mezcla lejía con amoniaco, se produce un gas llamado cloramina.
NH3 (aq) + NaClO --> NH2Cl + NaOH
Este gas, al inhalarlo y mezclarse con agua (agua de la saliva, humedad de la garganta...) se descompone y origina ácido clorhídrico y radicales libres. El acido clorhidrico ademas de toxico es altamente corrosivo y crea graves quemaduras en la piel y mucosas. La presencia de radicales libres da lugar a destruccion de celulas y en altas cantidades son fuente de procesos cancerígenos.
Así, por ejemplo, una concentración ambiental de 3-6 ppm (miligramos en un litro) de cloramina produce un síndrome irritativo: lagrimeo, escozor en los ojos y nariz, dolor de garganta producido por irritación del esófago, tos irritativa, opresión en tórax, toser sangre, dolores de cabeza y sensación de falta de aire. En exposiciones prolongadas tiene efecto corrosivo sobre los dientes.
Una intoxicación grave por cloramina produce edema pulmonar tras un período de latencia de horas, con insuficiencia respiratoria aguda grave, pudiendo producir la muerte.
Por lo que nunca se les ocurra mezclar amoniaco y lavandina, es muy peligroso (y no es broma, ni una exageración).