Una innovadora idea para explorar nuestro gemelo fallido.

Venus es un infierno. Con una temperatura media superficial de 460º C y una presión de 90 atmósferas no es el mejor lugar que uno pudiera imaginar para una sonda automática. Pero, a determinada altura, las condiciones extremas dejan paso a un ambiente mucho más benigno - tanto que podrían vivir seres humanos, o que incluso vivirían ahora bacterias extremófilas-, ideal para aeronaves como globos o aviones.
VAMP volando en Venus (Northrop Grumman)
Curiosamente, y a pesar de que el planeta cuenta con una atmósfera más que densa, la idea de mandar un avión a Venus nunca ha gozado de gran popularidad. Como comparación, no sólo se han propuesto multitud de misiones con aerostatos, sino que además algunas ya se han hecho realidad. Obviamente, esta diferencia se debe a que un globo es bastante más sencillo de diseñar que un avión. Pero, ¿y si unificamos ambos conceptos? Y no, no me refiero a un simple dirigible.
VAMP (Northrop Grumman).
En este sentido, uno de las propuestas más llamativas para explorar Venus con aviones ha sido concebido por la empresa Northrop-Grumman y se denomina VAMP (Venus Atmospheric Maneuverable Platform). VAMP utiliza un concepto denominado LIFT (Lifting Entry/Atmospheric Flight) que combina las mejores propiedades de los aviones y los globos en un nuevo tipo de aeronave que no es exactamente un dirigible. Al igual que un zepelín, VAMP poseerá un fuselaje rígido y se moverá mediante motores de hélice, pero la diferencia es que los tanques de hidrógeno -en Venus no hay problema en usar este gas puesto que no hay oxígeno- se usarán para inflar la estructura y que además tendrá alas como un avión.
Estructura de VAMP con los tanques de hidrógeno inflables (Northrop Grumman).
Lo más llamativo frente a otras propuestas de vehículos alados para estudiar Venus o Marte es que VAMP no viajaría dentro de un escudo térmico, sino que desplegaría sus alas antes de la entrada atmosférica. Gracias a su forma, VAMP realizaría una entrada de muy baja aceleración -unos 1,5 G- y con unas temperaturas relativamente suaves que no superarían los 1000º C. 46 minutos después del comienzo de la entrada VAMP ya se movería a velocidades subsónicas a 90 kilómetros de altura.
Secuencia de entrada atmosférica de VAMP (Northrop Grumman).
Dependiendo de la altitud, el porcentaje de flotabilidad generado por el fuselaje variaría entre un 10% y el 100%. VAMP se desplazaría a altitudes elevadas, del orden de 68 kilómetros, donde las condiciones de presión y temperatura son comparables a las terrestres (del orden de 15º C). Utilizaría unos paneles solares capaces de generar unos 8 kW para alimentar sus sistemas y, en caso de que alguno de los dos motores de hélice fallasen, la aeronave descendería hasta una altura de 50 kilómetros, donde la flotabilidad alcanzaría el 100% y por tanto se comportaría como un globo. Una vez corregido el fallo -con suerte-, el avión regresaría a la altura de crucero. Del mismo modo, de noche la sonda descendería hasta esta altura y entraría en ‘modo globo’ hasta que la luz del Sol volviese a iluminar los paneles solares.
Perfil de misión de VAMP (Northrop Grumman).
VAMP tendría una masa de 500 a 900 kg, una longitud de 15 a 25 metros y una envergadura de 55 metros, aunque también se han estudiado otras formas alternativas muy variadas. En cualquier caso, llevaría varios instrumentos científicos, incluyendo cámaras, una estación meteorológica y un espectrómetro de masas. Durante el día la velocidad media de VAMP sería modesta, de 36 a 108 km/h, pero suficiente para contrarrestar la mayoría de vientos zonales. Sin embargo, de noche la sonda se convertiría en un globo, así que resultado final es que VAMP daría una vuelta al planeta cada seis o siete días. Gracias a su diseño, la misión de VAMP podría prolongarse más de un año y durante ese tiempo se mantendría volando en el ecuador hasta lo 30º de latitud norte y sur.
Trayectoria de VAMP en Venus (Northrop Grumman).
Diseños alternativos de VAMP (Northrop Grumman).
VAMP es un concepto de misión arriesgado, de ahí que las probabilidades de que sea aprobada son muy bajas. Sin embargo, habrá que esperar a la próxima convocatoria de misión de tipo New Frontiers de la NASA, porque puede que nos llevemos alguna sorpresa. Quizá en el futuro una sonda de este tipo, o una muy parecida, pueda surcar los cielos de Venus y otros mundos con atmósfera como Titán o los gigantes gaseosos.
VAMP en pleno vuelo (Northrop Grumman).
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