El millonario duque que tiene Palestina
El millonario Munib al Masri es una institución en su tierra. Desde su imponente mansión en Nablus, lucha por el proceso de paz entre israelíes y palestinos. Fue muy amigo de Yasir Arafat.
Munib al Masri - duque de Palestina
David AlandeteDavid Alandete
Cuando se abren las cuatro puertas de la rotonda que corona el monte de la Misericordia, en la ciudad palestina de Nablus, al Norte se contempla el monte de las Maldiciones, al Oeste se adivina la costa mediterránea, el Sur apunta a la Meca y al Este se vislumbra en un día claro Jordania. En el centro, a 900 metros sobre el nivel del mar, el ojo de una cúpula baña en luz intensa una estatua de Hércules, que en esta casa recibe el apodo de "señor de Palestina", cuenta su dueño que por su fuerza, su resistencia y su tesón. Apoyado en su escultura, Munib al Masri ojea sus posesiones sin darles excesiva importancia. Tapices, muebles, cuadros y antigüedades son para él meras piezas de museo entre las que vive con un deseo que le consume: lograr la paz entre palestinos e israelíes.
No hay alma en Palestina que no conozca a Munib al Masri, de 79 años, apodado el Duque de Nablus. Desde los campos de refugiados de las playas de Gaza hasta las montañas de Cisjordania, Al Masri es padrino y santo patrono, abogado de la causa palestina, benefactor siempre dispuesto a ayudar en todo, desde la educación de los hijos de la familia más pobre hasta la gestión diplomática más delicada del presidente Mahmud Abbas. Para llegar a su casa, uno no se puede perder. Cualquier persona en Nablus señala la cima del monte donde su mansión reposa solemne.
Al Masri figura en las listas de los árabes más ricos del mundo. Suele ser el único palestino en ellas. Su fortuna se estima en 1.600 millones de dólares. Podría vivir donde quisiera, Nueva York, París o Ammán, pero decidió quedarse donde le ancla su corazón. "Soy un nacionalista", dice, sentándose en el sofá de su biblioteca. "Amo a mi país. Amo al mundo árabe. Y como Palestina es la que más me necesita ahora, estoy en Palestina. Mi héroe, (Yasir) Arafat, me trajo aquí. Yo acompañé su ataúd desde París hasta esta tierra. Nunca nos separamos".
Cientos de fotografías decoran esta mansión, a la que el propio Yasir Arafat bautizó como la Casa de Palestina. Muestran a Munib al Masri con actores, reyes y cantantes; con escritores, políticos y deportistas.
Pero hay, sobre todo, muchos retratos de Arafat. Arafat con su icónico pañuelo y su uniforme de teflón, o vestido de camisa y pantalón en tiempos remotos. En Oslo o en Ramala. Dando discursos y presidiendo actos militares. Y, sobre todo, Arafat y Munib, Munib y Arafat, en amistad eterna. Una de las fotos es especialmente llamativa. En ella, dos hombres transportan a Al Masri, desmayado, a una ambulancia.
"Sucedió en Ramala, en octubre de 2004. El helicóptero se llevaba a Arafat, que iba a recibir tratamiento en París. Yo iba a acompañarle, pero al verle allí me desmayé. No pude ir con él. Finalmente fui, y traje su ataúd de regreso a esta tierra", dice. El dolor se refleja en su cara e intenta despejarlo con un manotazo al aire. Arafat falleció el 11 de noviembre de 2004. Fue enterrado pasados unos días, pero en noviembre se exhumó su cuerpo, para tomar 20 muestras que están siendo analizadas. Muchos palestinos, incluido Al Masri, creen que fue envenenado por agentes israelíes.
Hace un mes, en una conferencia en el mar Muerto organizada por el Foro Económico Mundial, en la que se propuso un plan para dinamizar la economía de Cisjordania y relanzar el proceso de paz, hubo una frase repetida varias veces en el escenario: "Gracias a Munib". Le saludaron en señal de reconocimiento líderes de todo el mundo, desde el presidente Abbas hasta el secretario de Estado norteamericano, John Kerry. Quedaba patente el poder y la influencia de este hombre modesto, versado en los protocolos de la diplomacia y veterano hacedor de reyes. Muchos en Palestina consideran, por ejemplo, que al nuevo primer ministro, Rami Hamdalá, nombrado por Abbas, lo eligió él.
El millonario Munib al Masri es una institución en su tierra. Desde su imponente mansión en Nablus, lucha por el proceso de paz entre israelíes y palestinos. Fue muy amigo de Yasir Arafat.
Munib al Masri - duque de Palestina
David AlandeteDavid Alandete
Cuando se abren las cuatro puertas de la rotonda que corona el monte de la Misericordia, en la ciudad palestina de Nablus, al Norte se contempla el monte de las Maldiciones, al Oeste se adivina la costa mediterránea, el Sur apunta a la Meca y al Este se vislumbra en un día claro Jordania. En el centro, a 900 metros sobre el nivel del mar, el ojo de una cúpula baña en luz intensa una estatua de Hércules, que en esta casa recibe el apodo de "señor de Palestina", cuenta su dueño que por su fuerza, su resistencia y su tesón. Apoyado en su escultura, Munib al Masri ojea sus posesiones sin darles excesiva importancia. Tapices, muebles, cuadros y antigüedades son para él meras piezas de museo entre las que vive con un deseo que le consume: lograr la paz entre palestinos e israelíes.
No hay alma en Palestina que no conozca a Munib al Masri, de 79 años, apodado el Duque de Nablus. Desde los campos de refugiados de las playas de Gaza hasta las montañas de Cisjordania, Al Masri es padrino y santo patrono, abogado de la causa palestina, benefactor siempre dispuesto a ayudar en todo, desde la educación de los hijos de la familia más pobre hasta la gestión diplomática más delicada del presidente Mahmud Abbas. Para llegar a su casa, uno no se puede perder. Cualquier persona en Nablus señala la cima del monte donde su mansión reposa solemne.
Al Masri figura en las listas de los árabes más ricos del mundo. Suele ser el único palestino en ellas. Su fortuna se estima en 1.600 millones de dólares. Podría vivir donde quisiera, Nueva York, París o Ammán, pero decidió quedarse donde le ancla su corazón. "Soy un nacionalista", dice, sentándose en el sofá de su biblioteca. "Amo a mi país. Amo al mundo árabe. Y como Palestina es la que más me necesita ahora, estoy en Palestina. Mi héroe, (Yasir) Arafat, me trajo aquí. Yo acompañé su ataúd desde París hasta esta tierra. Nunca nos separamos".
Cientos de fotografías decoran esta mansión, a la que el propio Yasir Arafat bautizó como la Casa de Palestina. Muestran a Munib al Masri con actores, reyes y cantantes; con escritores, políticos y deportistas.
Pero hay, sobre todo, muchos retratos de Arafat. Arafat con su icónico pañuelo y su uniforme de teflón, o vestido de camisa y pantalón en tiempos remotos. En Oslo o en Ramala. Dando discursos y presidiendo actos militares. Y, sobre todo, Arafat y Munib, Munib y Arafat, en amistad eterna. Una de las fotos es especialmente llamativa. En ella, dos hombres transportan a Al Masri, desmayado, a una ambulancia.
"Sucedió en Ramala, en octubre de 2004. El helicóptero se llevaba a Arafat, que iba a recibir tratamiento en París. Yo iba a acompañarle, pero al verle allí me desmayé. No pude ir con él. Finalmente fui, y traje su ataúd de regreso a esta tierra", dice. El dolor se refleja en su cara e intenta despejarlo con un manotazo al aire. Arafat falleció el 11 de noviembre de 2004. Fue enterrado pasados unos días, pero en noviembre se exhumó su cuerpo, para tomar 20 muestras que están siendo analizadas. Muchos palestinos, incluido Al Masri, creen que fue envenenado por agentes israelíes.
Hace un mes, en una conferencia en el mar Muerto organizada por el Foro Económico Mundial, en la que se propuso un plan para dinamizar la economía de Cisjordania y relanzar el proceso de paz, hubo una frase repetida varias veces en el escenario: "Gracias a Munib". Le saludaron en señal de reconocimiento líderes de todo el mundo, desde el presidente Abbas hasta el secretario de Estado norteamericano, John Kerry. Quedaba patente el poder y la influencia de este hombre modesto, versado en los protocolos de la diplomacia y veterano hacedor de reyes. Muchos en Palestina consideran, por ejemplo, que al nuevo primer ministro, Rami Hamdalá, nombrado por Abbas, lo eligió él.