Bueno les dejo la tercera parte de la historia que estoy inventando si gustan leer alguno de los capitulos anteriores aquí les dejo los link, espero sus comentarios
Parte 1
Parte 2
En la proximidad del valle se dibujaba una silueta alta y delgada que caminaba encorvada como si quisiera disimular su verdadera estatura, a su paso dispersaba a las luciérnagas que por ahí pululaban, en el cielo la luna ya se encontraba brillando de forma mortecina, todo parecía indicar que la silueta pertenecía a uno de esos raros vagabundos que caminaban por la noche sin preocuparse, como si quisieran suicidarse pues su comportamiento era muy estúpido ya que no tomaban ninguna precaución, ni camuflaje, lo raro del asunto es que al otro día podías verlos en medio de alguna plaza tomando el sol sin daño aparente. Esto era normal en las colonias más pobladas pero no en los alrededores de un pueblo que cuenta con apenas 134 habitantes.
En la localidad las madres ya habían ocultado a los niños debajo de las casas en sótanos diseñados para tal cometido esta era la costumbre cada noche, mientras que ellas terminaban de untarse una pasta compuesta de grasa de cerdo, tripas de venado y sudor de sus esposos o padres, esto para evitar que el aroma dulcecillo natural de la mujer atrajera invitados indeseables este proceso tenía que llevarse a cabo por lo menos 2 veces por semana si las mujeres eran casadas y no se encontraban menstruando, si eran vírgenes o sangraban por el proceso natural que les ayuda a la concepción o cualquier otra herida tenían que hacerlo diariamente pues así su olor se cubriría por completo. Los hombres ya vigilaban y tenían preparada una emboscada para cuando los “Ghoule o El Lamia” aparecieran, en los últimos meses todo había estado bastante tranquilo, no se había tenido contacto con ningún “Ghoule” y mucho menos con un “Lamia” del último encuentro con uno de ellos había pasado por lo menos 2 años, pero hoy el ambiente hedía a podrido y a muerte esto indicaba que alguna de las bestias estaba acechando; en la iglesia el padre Adonai bebía un poco de Whisky y jugaba con su “Taurus”, aun así no perdía de vista el exterior; mientras que en el puesto de francotirador se encontraba Jayah la única mujer que era considera para la defensa o el ataque estratégico en el pueblo, al principio prácticamente todos se opusieron excepto el viejo cazador argumentando que el mismo la había enseñado a tirar, entonces decidieron ponerla a prueba el resultado sorprendió a todos ya que con suma facilidad supero el rango de la mayoría de los nuevos reclutas, y aunque no pudo superar a ninguno de los veteranos se le acepto en el puesto ya que su habilidad no podía ser desperdiciada en tiempos como este, y aunque siempre había sido de las más atentas hoy no podía concentrarse ya que no dejaba de pensar en Zurie que se había marchado hace unos minutos por orden de Bukowski.
El resto de los hombres estaban distribuidos en grupos de tres, siempre dos veteranos al lado de un novato pues no se podía permitir que los jóvenes desperdiciaran su vida por una imprudencia, ya todos se encontraban en sus puestos listos para cualquier contingencia.
El puesto de vigía estaba ocupado por los hermanos Astori un par de hombres regordetes, con la piel bastante quemada por el sol y aunque apenas contabilizaban unos escasos 25 años ya eran unos profesionales en la materia, su más grande hazaña había sido matar a un “Ghoul” ellos solos, el menor llamado Adolfo estuvo a punto de morir pero su hermano le voló a tiempo la cabeza al monstruo con un certero machetazo aunque a Alberto no le gustaba mencionar esto; de esta hazaña habían pasado seis meses, su acompañante era un jovencito al que todos apodaron el “halcón” pues su vista era privilegiada, los tres siempre se encontraban cuchichiando sobre diferentes temas en especial sobre cómo era la vida antes del día “Damn”, pero esta noche todos estaban en silencio parecían preocupados sobre el resultado de la emboscada pues ni siquiera se habían preocupado por encender sus clásicos cigarros. La atmosfera a cada instante se volvía más tensa pues aún no se percibía nada por ningún lado mientras tanto en el granero el “torero” que era un hombre de unos 43 años bastante fornido se encontraba tendido sobre el tejado envuelto en su inseparable capa negra y con el rifle listo para disparar, por la ventana del mismo edificio se podía ver el brillo de dos pistolas mientras que en las sombras se ocultaba el flacucho “Jim” un texano bastante divertido que por lo regular se encontraba solo, por último el novato “Antonio” estaba dentro temblando con dos granadas en la mano y con una pistola en la cintura esperando cualquier señal para salir corriendo, dentro de las casas las mujeres ya decían sus plegarias con la esperanza de ser escuchadas por un dios que desde hace mucho no respondía, los esposos nerviosos tenían entre sus manos machetes, cuchillos o cualquier artefacto que medianamente les sirviera para proteger a su familia pues el Cura había sido muy explícito al decir que esta noche los demonios se aparecerían en la aldea obviamente esto los había puesto muy nerviosos, aunque en cierto modo confiaban en los mercenarios del pueblo ya que estos nunca habían fallado al protegerlos, pero apelando a la verdad por lo regular el lugar era poco frecuentado por extraños e intrusos muertos, aun así no se podían confiar.
Mientras tanto en la entrada del pueblo estaba el “General” un viejo que había servido en la guerra de Irak, el tipo era bastante rudo pero siempre que se tenía una situación peligrosa se podía contar con él, su compañero de siempre era otro viejo pero este en su antigua vida había sido el capitán de un barco mercante y a pesar de que hacia bastante tiempo que no veía el mar de vez en cuando aún se le podía escuchar decir que podía sentir la brisa salina en el viento, el novato que los acompañaba era un chico que rosaba el 1.85 de estatura y una masa muscular parecida a la de los luchadores de antaño su nombre era Sasha y lo habían escogido por ser el mejor en lucha cuerpo a cuerpo en las pruebas. Ellos tres eran los que siempre se encargaban de vigilar la entrada debido a sus altas habilidades en combate y tiro, era raro verles nerviosos pero en su semblante se adivinada que no estaban nada cómodos, sobretodo el general que continuamente escupía a uno de sus lados.
Todos ellos se encontraban tensos como el acero dispuestos a disparar al menor ruido pero trataban de tranquilizarse pues sabían que un error sería fatal ya que delatarían sus posiciones ante los “Ghoul”, entre cigarros, tragos de Whisky y reflexiones el tiempo se iba consumiendo y a cada instante el ambiente se viciaba más pues el olor a putrefacto cada vez era más intenso y más insoportable, esto solo podía indicar que no se trataba de unos cuantos “Ghoul” más bien de un numero bastante considerable, posiblemente esta información es la que los hacía sentirse inseguros además sabían que Bukowski no intervendría a menos que las cosas se pusieran verdaderamente feas. Fue entonces cuando un chillido salvaje proveniente del mismísimo infierno rompió el silencio, el grito aún no había terminado cuando un disparo desgarro el viento impactándose contra el pecho de un hombre que se encontraba sentado tranquilamente en la fuente del centro de la plaza, debido a la fuerza de la bala su sombrero salió volando, él se levantó y lo recogió del suelo, le sacudió el polvo para volvérselo a acomodar, después de esto levanto las manos y grito:
-Hijos míos manifiéstense, vengan a alimentarse que esta noche yo los resguardare de estas ratas.
Entonces un pequeño ejército de “Ghoules” apareció, algunos por la entrada, otros saltando entre los techos, mientras que unos más simplemente salieron de entre las sombras, la lluvia de disparos no se hizo esperar venían de prácticamente de todos los ángulos, rápidamente las balas acribillaron a gran parte de las criaturas que intentaban forzar las puertas de las viviendas, los que aún no caían avanzaban rápidamente hacia donde provenían las balas intentando alcanzar a alguno de los tiradores, situación que fue imposible pues en cuestión de segundos su sangre había manchado todos los rincones del pueblo, esto sucedió tan rápido que en menos de cinco minutos la totalidad de bestias habían muerto, solo quedaba respirando el hombre del centro que aún seguía sentado como si nada ocurriera a su alrededor, parecía que todo terminaría con una ráfaga de balas en su cuerpo pero la voz del “General” lanzo una pregunta al aire.
-¿Dinos a que has venido?, yo no creo que vinieras a alimentar a tus criaturas pues si así fuera no lo hubieras hecho tan imprudentemente.
El hombre levanto la cabeza y miro hacia la luna, suspiro y contesto:
-Es obvio que no he venido aquí a hacer caridad alimentando a esas alimañas, nuestro objetivo es arrasar este pueblo y creo que ya te diste cuenta que sus balas conmigo no funcionan así que solo les queda hacer su mejor esfuerzo para tratar de detenernos.
Fue entonces cuando cuatro hombres más saltaron desde el techo de la casa más alta para posarse al lado del que estaba hablando hasta ese momento nadie se había percatado de su presencia, el solo verlos imponía respeto pues todos iban vestidos con impecables trajes negros y lo que más llamaba la atención es que venían armados con revolverse y catanas, el que parecía el líder se esfumo entre las sombras, mientras que los otros cuatro comenzaron a avanzar hacia los puntos de vigilancia a paso lento…
Parte 1
Parte 2
"Ángelos"
Capitulo III
“Loomad”
Capitulo III
“Loomad”
En la proximidad del valle se dibujaba una silueta alta y delgada que caminaba encorvada como si quisiera disimular su verdadera estatura, a su paso dispersaba a las luciérnagas que por ahí pululaban, en el cielo la luna ya se encontraba brillando de forma mortecina, todo parecía indicar que la silueta pertenecía a uno de esos raros vagabundos que caminaban por la noche sin preocuparse, como si quisieran suicidarse pues su comportamiento era muy estúpido ya que no tomaban ninguna precaución, ni camuflaje, lo raro del asunto es que al otro día podías verlos en medio de alguna plaza tomando el sol sin daño aparente. Esto era normal en las colonias más pobladas pero no en los alrededores de un pueblo que cuenta con apenas 134 habitantes.
En la localidad las madres ya habían ocultado a los niños debajo de las casas en sótanos diseñados para tal cometido esta era la costumbre cada noche, mientras que ellas terminaban de untarse una pasta compuesta de grasa de cerdo, tripas de venado y sudor de sus esposos o padres, esto para evitar que el aroma dulcecillo natural de la mujer atrajera invitados indeseables este proceso tenía que llevarse a cabo por lo menos 2 veces por semana si las mujeres eran casadas y no se encontraban menstruando, si eran vírgenes o sangraban por el proceso natural que les ayuda a la concepción o cualquier otra herida tenían que hacerlo diariamente pues así su olor se cubriría por completo. Los hombres ya vigilaban y tenían preparada una emboscada para cuando los “Ghoule o El Lamia” aparecieran, en los últimos meses todo había estado bastante tranquilo, no se había tenido contacto con ningún “Ghoule” y mucho menos con un “Lamia” del último encuentro con uno de ellos había pasado por lo menos 2 años, pero hoy el ambiente hedía a podrido y a muerte esto indicaba que alguna de las bestias estaba acechando; en la iglesia el padre Adonai bebía un poco de Whisky y jugaba con su “Taurus”, aun así no perdía de vista el exterior; mientras que en el puesto de francotirador se encontraba Jayah la única mujer que era considera para la defensa o el ataque estratégico en el pueblo, al principio prácticamente todos se opusieron excepto el viejo cazador argumentando que el mismo la había enseñado a tirar, entonces decidieron ponerla a prueba el resultado sorprendió a todos ya que con suma facilidad supero el rango de la mayoría de los nuevos reclutas, y aunque no pudo superar a ninguno de los veteranos se le acepto en el puesto ya que su habilidad no podía ser desperdiciada en tiempos como este, y aunque siempre había sido de las más atentas hoy no podía concentrarse ya que no dejaba de pensar en Zurie que se había marchado hace unos minutos por orden de Bukowski.
El resto de los hombres estaban distribuidos en grupos de tres, siempre dos veteranos al lado de un novato pues no se podía permitir que los jóvenes desperdiciaran su vida por una imprudencia, ya todos se encontraban en sus puestos listos para cualquier contingencia.
El puesto de vigía estaba ocupado por los hermanos Astori un par de hombres regordetes, con la piel bastante quemada por el sol y aunque apenas contabilizaban unos escasos 25 años ya eran unos profesionales en la materia, su más grande hazaña había sido matar a un “Ghoul” ellos solos, el menor llamado Adolfo estuvo a punto de morir pero su hermano le voló a tiempo la cabeza al monstruo con un certero machetazo aunque a Alberto no le gustaba mencionar esto; de esta hazaña habían pasado seis meses, su acompañante era un jovencito al que todos apodaron el “halcón” pues su vista era privilegiada, los tres siempre se encontraban cuchichiando sobre diferentes temas en especial sobre cómo era la vida antes del día “Damn”, pero esta noche todos estaban en silencio parecían preocupados sobre el resultado de la emboscada pues ni siquiera se habían preocupado por encender sus clásicos cigarros. La atmosfera a cada instante se volvía más tensa pues aún no se percibía nada por ningún lado mientras tanto en el granero el “torero” que era un hombre de unos 43 años bastante fornido se encontraba tendido sobre el tejado envuelto en su inseparable capa negra y con el rifle listo para disparar, por la ventana del mismo edificio se podía ver el brillo de dos pistolas mientras que en las sombras se ocultaba el flacucho “Jim” un texano bastante divertido que por lo regular se encontraba solo, por último el novato “Antonio” estaba dentro temblando con dos granadas en la mano y con una pistola en la cintura esperando cualquier señal para salir corriendo, dentro de las casas las mujeres ya decían sus plegarias con la esperanza de ser escuchadas por un dios que desde hace mucho no respondía, los esposos nerviosos tenían entre sus manos machetes, cuchillos o cualquier artefacto que medianamente les sirviera para proteger a su familia pues el Cura había sido muy explícito al decir que esta noche los demonios se aparecerían en la aldea obviamente esto los había puesto muy nerviosos, aunque en cierto modo confiaban en los mercenarios del pueblo ya que estos nunca habían fallado al protegerlos, pero apelando a la verdad por lo regular el lugar era poco frecuentado por extraños e intrusos muertos, aun así no se podían confiar.
Mientras tanto en la entrada del pueblo estaba el “General” un viejo que había servido en la guerra de Irak, el tipo era bastante rudo pero siempre que se tenía una situación peligrosa se podía contar con él, su compañero de siempre era otro viejo pero este en su antigua vida había sido el capitán de un barco mercante y a pesar de que hacia bastante tiempo que no veía el mar de vez en cuando aún se le podía escuchar decir que podía sentir la brisa salina en el viento, el novato que los acompañaba era un chico que rosaba el 1.85 de estatura y una masa muscular parecida a la de los luchadores de antaño su nombre era Sasha y lo habían escogido por ser el mejor en lucha cuerpo a cuerpo en las pruebas. Ellos tres eran los que siempre se encargaban de vigilar la entrada debido a sus altas habilidades en combate y tiro, era raro verles nerviosos pero en su semblante se adivinada que no estaban nada cómodos, sobretodo el general que continuamente escupía a uno de sus lados.
Todos ellos se encontraban tensos como el acero dispuestos a disparar al menor ruido pero trataban de tranquilizarse pues sabían que un error sería fatal ya que delatarían sus posiciones ante los “Ghoul”, entre cigarros, tragos de Whisky y reflexiones el tiempo se iba consumiendo y a cada instante el ambiente se viciaba más pues el olor a putrefacto cada vez era más intenso y más insoportable, esto solo podía indicar que no se trataba de unos cuantos “Ghoul” más bien de un numero bastante considerable, posiblemente esta información es la que los hacía sentirse inseguros además sabían que Bukowski no intervendría a menos que las cosas se pusieran verdaderamente feas. Fue entonces cuando un chillido salvaje proveniente del mismísimo infierno rompió el silencio, el grito aún no había terminado cuando un disparo desgarro el viento impactándose contra el pecho de un hombre que se encontraba sentado tranquilamente en la fuente del centro de la plaza, debido a la fuerza de la bala su sombrero salió volando, él se levantó y lo recogió del suelo, le sacudió el polvo para volvérselo a acomodar, después de esto levanto las manos y grito:
-Hijos míos manifiéstense, vengan a alimentarse que esta noche yo los resguardare de estas ratas.
Entonces un pequeño ejército de “Ghoules” apareció, algunos por la entrada, otros saltando entre los techos, mientras que unos más simplemente salieron de entre las sombras, la lluvia de disparos no se hizo esperar venían de prácticamente de todos los ángulos, rápidamente las balas acribillaron a gran parte de las criaturas que intentaban forzar las puertas de las viviendas, los que aún no caían avanzaban rápidamente hacia donde provenían las balas intentando alcanzar a alguno de los tiradores, situación que fue imposible pues en cuestión de segundos su sangre había manchado todos los rincones del pueblo, esto sucedió tan rápido que en menos de cinco minutos la totalidad de bestias habían muerto, solo quedaba respirando el hombre del centro que aún seguía sentado como si nada ocurriera a su alrededor, parecía que todo terminaría con una ráfaga de balas en su cuerpo pero la voz del “General” lanzo una pregunta al aire.
-¿Dinos a que has venido?, yo no creo que vinieras a alimentar a tus criaturas pues si así fuera no lo hubieras hecho tan imprudentemente.
El hombre levanto la cabeza y miro hacia la luna, suspiro y contesto:
-Es obvio que no he venido aquí a hacer caridad alimentando a esas alimañas, nuestro objetivo es arrasar este pueblo y creo que ya te diste cuenta que sus balas conmigo no funcionan así que solo les queda hacer su mejor esfuerzo para tratar de detenernos.
Fue entonces cuando cuatro hombres más saltaron desde el techo de la casa más alta para posarse al lado del que estaba hablando hasta ese momento nadie se había percatado de su presencia, el solo verlos imponía respeto pues todos iban vestidos con impecables trajes negros y lo que más llamaba la atención es que venían armados con revolverse y catanas, el que parecía el líder se esfumo entre las sombras, mientras que los otros cuatro comenzaron a avanzar hacia los puntos de vigilancia a paso lento…