Para ambientar la lectura:
Se me cayó algo que nunca fue importante
Tenía planeado levantarme a las seis en punto de la mañana, pero como suele suceder, me levante más tarde (veintinueve minutos, para ser exactos). La emoción y las ansias de conocer nuevos espacios y personas fueron mi café esa mañana. Cuidadosamente me acicalé, quería estar bien presentado y dejar una buena imagen. Así trascurrió la mañana, con emoción y entusiasmo.
Llegué al ansiado lugar rápidamente. Mis pasos eran rápidos y mi zancada larga ya que iba un poco tarde, sin embargo conservaba la calma que me proporcionaba el entusiasmo de conocer lo descocido.
Al llegar, para mi sorpresa, la actividad no había comenzado aún, lo cual me dio tiempo para calmarme y contemplar el entorno, tan bello y acogedor. Era un edificio de más o menos tres pisos, rodeado de jardines propios de la auténtica naturaleza. Al entrar, en el centro, se encontraban las escaleras y en las paredes se observaban diferentes grafitis que expresan diferentes ideas e ideologías.
Pasó el tiempo. La charla fue entretenida y muy enriquecedora. Ya era momento de marcharme y salí sintiéndome algo extraño. A cada paso que daba, sentía que me faltaba algo. Revisé mi bolsillo, mi maleta, miré atrás a ver si se me cayó algo pero no, todo estaba en su lugar.
Al llegar a mi casa, noté otra cosa diferente: mi actitud. Definitivamente estaba más alegre, me sentía con más energía. Entendí entonces que era lo que me “faltaba” o más bien lo que hace mucho tiempo significó una gran peso en vida, algo me era nocivo y no me dejaba vivir: la inseguridad. Me di cuenta que, desde el primer instante en que pise ese lugar, esta se había caído y seguramente hizo mucho ruido, pero nadie escuchó el impacto, porque en realidad era un peso imaginario que me atormentaba.
Llegué al ansiado lugar rápidamente. Mis pasos eran rápidos y mi zancada larga ya que iba un poco tarde, sin embargo conservaba la calma que me proporcionaba el entusiasmo de conocer lo descocido.
Al llegar, para mi sorpresa, la actividad no había comenzado aún, lo cual me dio tiempo para calmarme y contemplar el entorno, tan bello y acogedor. Era un edificio de más o menos tres pisos, rodeado de jardines propios de la auténtica naturaleza. Al entrar, en el centro, se encontraban las escaleras y en las paredes se observaban diferentes grafitis que expresan diferentes ideas e ideologías.
Pasó el tiempo. La charla fue entretenida y muy enriquecedora. Ya era momento de marcharme y salí sintiéndome algo extraño. A cada paso que daba, sentía que me faltaba algo. Revisé mi bolsillo, mi maleta, miré atrás a ver si se me cayó algo pero no, todo estaba en su lugar.
Al llegar a mi casa, noté otra cosa diferente: mi actitud. Definitivamente estaba más alegre, me sentía con más energía. Entendí entonces que era lo que me “faltaba” o más bien lo que hace mucho tiempo significó una gran peso en vida, algo me era nocivo y no me dejaba vivir: la inseguridad. Me di cuenta que, desde el primer instante en que pise ese lugar, esta se había caído y seguramente hizo mucho ruido, pero nadie escuchó el impacto, porque en realidad era un peso imaginario que me atormentaba.
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