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La «adicción al porno» no es una enfermedad

Ciencia Educacion2/14/2014
Ningún estudio ha demostrado que las personas que consumen pornografía de forma habitual tengan más riesgo de disfunción eréctil u otras enfermedades sexuales No existe la adicción al porno. Al menos no consta como tal en el Diagnostic and Statistical Manual (DSM) de enfermedades mentales que acaba de ser revisado y, por ello no puede ser considerada una enfermedad a pesar de que es frecuente ver el término «adicción al porno» en artículos de prensa e incluso en informes psicológicos o psiquiátricos. Sin embargo, el psicólogo clínico David Ley, señala en Sexual Health Reports que no hay ninguna investigación científica sólida que muestre que este tipo de adicciones en realidad existe. Después de una exhaustiva revisión de artículos científicos sobre esta materia, se puede afirmar que menos de dos de cada cinco artículos de investigación (37%) sobre un comportamiento sexual de alta frecuencia lo describen como una adicción. Sólo el 27% ( 13 de 49 artículos) contenía datos reales. La revisión pone de manifiesto que la mayoría de los estudios sobre el tema de la adicción a la pornografía se basan en diseños experimentales muy pobres que carecen de rigor metodológico y pecan de falta de especificación del modelo de estudio. Y afirma que existen muy pocas evidencias, o ninguna en absoluto, para apoyar a algunos de los efectos secundarios negativos que se le suponen a la adicción a la pornografía, descartando totalmente la relación de la disfunción eréctil con el excesivo consumo de porno. Además, insiste Levy, a pesar del gran furor por los efectos de la exposición infantil a la pornografía, «el uso de material sexualmente explícito explica muy poco la variación en los comportamientos sexuales de los adolescentes». Estos, señala, se explican y predicen mejor por otras variables individuales y familiares. De hecho Levy va un poco más lejos y sugiere algunos efectos beneficiosos de la pornografía. «Puede mejorar ciertas actitudes hacia la sexualidad, aumentar la calidad y la variedad de los comportamientos sexuales e incrementar el placer en las relaciones a largo plazo». En su trabajo Levy asegura que, de alguna manera, el porno «proporciona una salida legal para comportamientos o deseos sexuales ilegales», y su consumo o disponibilidad se ha asociado con una «disminución en los delitos sexuales, especialmente el abuso de menores». Falsos tratamientos Además, en su artículo recuerda que los médicos deben ser conscientes que las personas que reportaron «adicción» es probable que sean varones, con una orientación no heterosexual, una libido elevada y que tienen valores religiosos que están en conflicto con su conducta y deseos sexuales. «Pueden estar usando visualmente estimulante de imágenes para hacer frente a los estados emocionales negativos o satisfacción con la vida disminuye». Y concluye Levy que harían falta mejores métodos para «ayudar a las personas que luchan con este problema, pero siempre sin ‘patologizar’». Y recuerda que hay terapias, «pseudocientíficas» y lucrativas que rodean el tratamiento de la llamada adicción a la pornografía. En lugar de ayudar a los pacientes que pueden tener problemas para controlar la visualización de imágenes de carácter sexual, el concepto de adicción a la pornografía parece alimentar una industria con intereses económicos». Por una buena salud sexual ¿Qué es una buena salud sexual? Aquella que permite mantener relaciones sexuales satisfactorias y plenas para los dos miembros de la pareja. ¿Cómo mantenerla y potenciarla? Ello implica dos aspectos: el físico, intentando controlar todos aquellos factores que pueden inducir alteraciones en el ámbito anatómico: dieta, ejercicio físico regular, moderar la ingestión de alcohol, eliminación del tabaco, control de hipertensión arterial, diabetes, alteraciones colesterol-triglicéridos, alteraciones testosterona. Y el aspecto emocional, en tanto que la relación sexual implica habitualmente a dos personas y un adecuado entendimiento y comprensión mutua del deseo y necesidades. ¿Cómo prevenir los posibles problemas? Mantener unas normas de vida saludables, controlando como se ha expresado anteriormente los factores de riesgo, acudiendo al médico para chequeos periódicos y siguiendo las normas de tratamiento de las enfermedades diagnosticadas. Y por otro lado, acudiendo rápidamente para explicar de manera completa al médico cuando aparecen los primeros síntomas: pérdida del deseo sexual, problemas para conseguir rigidez completa o para mantenerla en el caso del varón o alteraciones específicas en la mujer. La disfunción sexual, masculina o femenina no debe ocultarse ni debe asumirse como una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Todas las personas pueden y tienen derecho a mantener una vida sexual satisfactoria. Ello contribuye a mejorar la calidad de vida. ¿Qué tratamientos hay ante un problema? Normas generales de dieta, evitación del sedentarismo y de tóxicos (tabaco-alcohol), control de los factores de riesgo vascular. Si estas medidas no son suficientes, la recomendación de fármacos (inhibidores de fosfodiesterara tipo 5 (sildenafilo, vardenafilo, tadalafilo) – inyecciones intracavernosas). Finalmente, cuando las medidas farmacológicas no producen ningún resultado puede plantearse a los pacientes varones la posibilidad del implante de una prótesis de pene, que permite obtener en los pacientes y sus parejas un alto grado de satisfacción en las relaciones sexuales. No debemos olvidar la psicoterapia: las disfunciones sexuales pueden tener una causa funcional pura, en algunos casos (ansiedad, estrés, estados depresivos, etc) o inducir alteraciones psicológicas secundarias que empeoren o mantengan el problema. En el caso de las mujeres, cada vez son más frecuentes las unidades de disfunción sexual femenina, con especialistas capaces de entender y tratar los problemas propios y específicos de su sexualidad. Mitos más frecuentes La sexualidad plena de la pareja no depende del número de orgasmos obtenidos, la duración del encuentro sexual o las dimensiones de los órganos genitales. Es un aspecto magnífico de la vida de los seres vivos, que proporciona una mayor calidad de vida. El verdadero mito es hallar aquella sexualidad que permita satisfacer plenamente a las dos personas y que es completamente peculiar, personal e intransferible. Más emocional o más física, o ambas, cada individuo tiene la suya. Un proceso con aspectos orgánicos y psicológicos. Una fórmula completamente magistral, especialmente cuando cumple su función bidireccional. Enrique Lledó García, del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y Jefe de la Unidad de Urología del Hospital Vithas Nuestra Señora de América, Madrid
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