Siempre la mujer. El proverbial y constatado desde hace más de 5000 años: La mujer madura para todo psicofísicamente a los 18 y el hombre, tal vez, comienza a hacerlo a los 30 o nunca, siempre se cumple: Una experimentada camarada soñadora y acechadora me ha dicho que las planchas de Elsa huelen a "macho" por todos sus poros. En todos los órdenes la mujer supera al hombre en caleidoscópica y súbita decodificación no lingüística y todo tipo de percepciones y perspicacias. jajajajaja..... Lo que pasa, Mario, es que hay cosas muy sutiles que se os escapan y os delatan a los hombres cuando os quereis hacer pasar por mujeres... Abrazos hypatia El hombre es mente que piensa… La mujer es intuición que inspira. Pensar es tener cerebro... Intuir es tener corazón… El cerebro ora, el corazón adivina (Mago JEFA – Poderes) Guaraní Si eres hombre, debes divinizarte por la mujer.. Si eres Dios, debes humanizarte por ella. Ella es el camino en la ida y en la vuelta. El hombre se diviniza por la mujer, Ella manifiesta la divinidad en él. (Mago JEFA – de su obra “Poderes”) No conocía esa obra de JORGE ADOUM. Lo leí bastante hasta el 76 y por el 78 conocía, particularmente, a uno que lo seguía al pie de la letra, en cuerpo y alma. Habíamos compartido el cuento EL PUÑAL de LEOPOLDO LUGONES que dramatiza este tema enseñado y practicado por FEDERICO II y todos los FIELES DE AMOR; Ibn Arabi, Rumi, Ezra Pound, etc. de que así como el que llega a Allah sin haberse conocido a sí mismo es rebotado a más atrás de donde había comenzado, también el que no ha asumido, realizado, servido a la Mujer y vuelto a nacer por Ella será rechazado y verá cómo se le desmoronan todas sus construcciones y realizaciones como si fueran castillos de naipes... (...)Y no me vengáis diciendo que es un flaco argumento enjuiciar las cosas invocando su nombre, pues sabemos bien que el soberano Creador de las cosas y de sus nombres ya las conocía antes de asignarles un nombre, y El, que no puede equivocarse, asignó los nombres en la medida en que servían para expresar la naturaleza, propiedad y uso de cada cosa. En efecto, y según atestiguan las leyes romanas, la verdad de los nombres antiguos consiste en ser conformes con las cosas, dándoles una significación clara. (…) Por consiguiente, y según este derecho, recurrimos por argumentación a la interpretación del nombre, e incluso a la fuerza de la palabra y del vocablo. Invocamos además la etimología del nombre, su sentido y el lugar que ocupan las palabras, pues ambos derechos observan con atención el significado de los nombres a efecto de extraer de ellos alguna interpretación. (...) En cuanto a mí, ya que no puedo contar con tamaño privilegio ni me será permitido forjar según mi sentimiento la etimología del nombre Eva para honor del sexo femenino, permitidme decir cuanto menos que según los secretos y misterios de los cabalistas, el nombre propio de la mujer tiene mayor afinidad con el nombre inefable de la omnipotencia divina, nombre que se escribe con cuatro letras, pues el del hombre no guarda concordancia con el nombre de Dios ni en cuanto a caracteres, ni en cuanto a figura, ni en cuanto a número. (...) Debo confesar que en más de una ocasión y en mi fuero interno mi audacia tuvo que combatir contra mis escrúpulos. Pues si querer abrazar en un único discurso los innumerables méritos de las mujeres, sus virtudes y su absoluta superioridad es un plan enteramente ambicioso y audaz, pretender acordarles, además, la preeminencia sobre los hombres ya es completamente chocante, colmo de la vergüenza y cosa propia, al parecer, de espíritus afeminados; quizás por esta razón tan pocos autores se aventuraron a dejar por escrito la alabanza de las mujeres, sin haberse atrevido a afirmar ninguno de ellos, hasta el día de hoy, su superioridad sobre los hombres. (...) ¿Acaso no sería poco razonable o absurdo pensar que Dios terminaría tan magnífica obra con una cosa imperfecta? Ya que el mundo fue creado por Dios como un anillo de perfección absoluta, consideró necesario que éste quedara cerrado con un elemento que fuera como un eslabón capaz de reunir a la perfección, el principio y el final del círculo. Por eso, y aunque la mujer fuera la última en ser creada según el tiempo y dentro del conjunto de las cosas, el espíritu divino la concibió en primer lugar, tanto por su prestigio como por su dignidad; en este sentido el profeta ha escrito: Antes de que los cielos fueran creados, Dios ya la había escogido entre todas. Es lugar común entre los filósofos decir (y lo cito en sus propios términos): el fin siempre es el primero en la intención y el último en la ejecución. La mujer fue la última obra de Dios y El la introdujo en nuestro mundo como regente de un reino que fue dispuesto para ella, íntegro y perfecto en todo. Por tanto, es justo que toda criatura la ame, la honre y la respete, y justo es que toda criatura le esté sometida y la obedezca, pues es la reina de todas las criaturas, su fin, la perfección y la gloria completa de todo. Por eso el sabio dijo de ella: Ha hecho brillar su noble origen viviendo con Dios, pues el Señor de todas las cosas la ama. La superioridad de la mujer sobre el hombre, en cuanto a nobleza de origen y en razón del lugar a partir del cual fue creada, también queda sobradamente demostrada en las Santas Escrituras. En efecto, la mujer fue formada, igual que los ángeles, en el Paraíso, lugar enteramente colmado de nobleza y delicias, mientras que el hombre fue creado fuera del Paraíso, en el campo y entre las bestias salvajes, para ser más tarde conducido al Paraíso a fin de que la mujer pudiera ser allí creada. (...) Prosigamos ahora con nuestro discurso: si consideramos la materia de su creación, la mujer es superior al hombre, pues su creación no exigió una materia inanimada o un limo vil, sino una materia purificada, dotada de alma y vida, esto es, un alma razonable, partícipe de la divina inteligencia. A esto cabe añadir que Dios creó al hombre tomando una tierra que, por su propia naturaleza y mediando la influencia celeste, produce animales de toda especie, sin embargo a la mujer la creó Dios mismo, al margen de toda influencia celeste y de toda acción espontánea de la naturaleza, sin contribución de fuerza alguna; y si en ella se descubre una cohesión absoluta, entera y perfecta, veremos que el hombre tuvo que perder la costilla que sirvió para crear a la mujer, Eva. Y esto aconteció durante el sueño de Adán, sueño tan profundo que ni siquiera notó que le había sido sacada una costilla, costilla que Dios sacó del hombre para dársela a la mujer. En consecuencia, si el hombre es una obra de la naturaleza, la mujer es una creación de Dios. Y cabe decir que, por lo general, la mujer es más visitada por el esplendor divino que el hombre, y con frecuencia es más colmada del mismo, como se puede constatar si consideramos su primor y extraordinaria belleza. (...) Así pues, vosotros, hombres fuertes y robustos, y vosotros, cabildos de la escolástica, gordos de ciencias y ligados por tantas fajas, id ahora y probad con otros tantos ejemplos esa tesis opuesta a la mía, que la iniquidad del hombre es mejor que las buenas acciones de la mujer. De ningún modo podréis sostenerla, a menos que recurráis a las alegorías, en las que el prestigio de la mujer igualará al del hombre. (...) Sin embargo, Dios no muestra ninguna preferencia por nadie, pues en Cristo no hay ni sexo masculino ni sexo femenino, sino una criatura nueva. CORNELIUS AGRIPPA
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