InicioApuntes Y MonografiasLas Conferencias Howison (1981) : IV.
LAS CONFERENCIAS HOWISON: 1981 .1 LA NATURALIZACIÓN DE LA METAFÍSICA: UNA PRETENSIÓN INCOHERENTE DESDE LA POSICIÓN INTERNALISTA DE PUTNAM. Dr. San Bruno de la Cruz, Lisardo . Siguiendo a Goodman, Putnam afirma la imposibilidad de diferenciar entre argumentos intuitivamente correctos e incorrectos usando pautas criteriales de carácter formal. Un criterio puramente formal no posibilita tal distinción porque “para cada argumento intuitivo correcto habría uno incorrecto de la misma forma”. Las diferencias que se muestran en los argumentos vienen marcadas por los predicados vertidos en tales razonamientos, la proyectabilidad o no-proyectabilidad predicativa no es un distingo de factura formal. Concebir una relación explicativa como gravitando hipostáticametne en el mobiliario del mundo, precisaría para su definición estipular un predicado que distinguiese propiedades-relaciones proyectables y propiedades-relaciones no-proyectables. Tal estipulación predicativa no sería puramente formal. Tal estipulación predicativa sería un instrumento inválido si se pretende que operen las magnitudes físicas fundamentales de nuestro mundo esencialmente, dado que en otros mundos posibles los contra-ejemplos se multiplicarían. Recordemos la célebre paradoja de Goodman, la “grue pardox”, la paradoja del verdul para ilustrar lo expuesto hasta el momento. En primer lugar, se estipula que todas las esmeraldas analizadas antes de una fecha determinada, la “fecha t”, son verdes. Luego, hasta la fecha t vertimos la hipótesis: Ha: “todas las esmeraldas son verdes”, existen muchos ejemplos positivos que avalan la hipótesis: E 1: La esmeralda 1 es verde E 2: La esmeralda 2 es verde E N: La esmeralda N es verde En segundo lugar, se incorpora un nuevo predicado, la adjetivación “verdul”, cuyo uso será el siguiente: 1. Todos los objetos analizados hasta una fecha t afirmamos que son verdules si son verdes. 2. Todos los objetos analizados después de la fecha t afirmamos que son verdules si son azules. Observar una esmeralda verde cualquiera “antes de la fecha t” nos permite aseverar: “Esta esmeralda es verdul”, siguiendo el uso estipulado en 1. Ahora bien, la observación de cualquier esmeralda azul “después de la fecha t” nos permite afirmar: “Esta esmeralda es verdul”, de acuerdo con la prescripción de uso establecida en 2. En tercer lugar, vertamos las siguientes hipótesis: H a: “todas las esmeraldas son verdes”. H b: “todas las esmeraldas son verdules”. Hasta la famosa fecha t, H a y H b cuentan con las mismas muestras positivas validatorias. Topamos con una esmeralda verde y aseveramos: “Esta esmeralda es verde”, con lo que poseemos una instancia positiva de H a. Ahora bien, esa misma muestra de esmeralda, y siguiendo la forma estipulada de aplicación de verdul hasta la fecha t, nos permite afirmar “Esta esmeralda es verdul”, con lo cual en este caso contamos con una instancia positiva de H b. H-a y H-b hasta la fecha t quedan confirmadas por las mismas muestras ejemplos positivos, pero nos enfrentamos a una situación lógica bastante incómoda: H-a y H-b validadas por las mismos ejemplos positivos , implican predicciones contradictorias. Después de la fecha t, H-a no puede validar la predicción de que la próxima muestra de esmeralda sea verdul, aunque hasta la fecha t, H-a y H-b quedasen confirmadas exactamente con los mismos ejemplos positivos. Así pues, H-a solo confirma ahora la predicción de la próxima instancia de esmeralda sea verde. La paradoja de Goodman puede agravarse mucho más aún si hubiéramos vertido otros predicados como por ejemplo, “verdojo”, la elección de verdul es una entre una multitud de predicados igualmente posibles. Acuñado verdojo y aplicado a todos los objetos verdes antes de la fecha t, y rojos después de la fecha t, H-b sería : “Todas las esmeraldas son verdojas”, cuyos ejemplos positivos serían exactamente los mismos que H- a. Las muestras objetivas-concretas podrían confirmar-validar una infinidad de hipótesis distintas realizadas sobre las esmeraldas, lo que desde la perspectiva lógico-formal nos imbrica en la situación paradójica. La clarificación del desconcertante caso expuesto por Goodman pasaría por asertar que H-a y H-b no quedan exactamente confirmadas por sus ejemplos positivos, porque términos como “verdul o verdojo” no son predicados proyectables, su uso imposibilita la predicción de casos futuros. La hipótesis H-b contiene un predicado carente de proyectabilidad para ser referido a casos futuros, luego, H-b “Todos las esmeraldas son verdules” no sería una hipótesis genuina tan solo sería una mera generalización accidental. Las proposiciones legaliformes o leyes y las meras generalizaciones accidentales se diferencia precisamente en la potencialidad predictiva Sea el enunciado: “Todo punto-masa sometido a dos fuerzas iguales y opuestas queda en equilibrio”. Se trata de una proposición legaliforme porque posibilita la predicción en casos futuros. Aseveremos ahora el siguiente enunciado: “Todos los hombres de este edificio son argentinos”. En este caso, estamos ante una generalización accidental, porque tal edificio puede albergar en un futuro no muy lejano a individuos de otras nacionalidades; no posibilitan las generalizaciones accidentales predicciones para casos futuros. La hipótesis H-b: “Todas las esmeraldas son verdules” sería una generalización accidental, dada la no-proyectabilidad del predicado “verdul”, pero la cuestión es que las mismas instancias confirman-evidencian H-a y H-b, y no sabemos cuál es la razón que nos permite trazar la distinción entre proposición legaliforme y generalización accidental. El distingo entre H-a y H-b ha de residir en la distinción entre la proyectabilidad o no- proyectabilidad predicativa. Las proposiciones legaliformes habrán de contener para ser tales leyes predicados proyectables esta clase de proposiciones sí quedarían evidenciadas-validadas por sus instancias positivas, ya que están aliadas a predicados proyectables. H-a: “Todas las esmeraldas son verdes” y H-b “Todas las esmeraldas son verdules” son indistinguibles atendiendo a su forma, ambas poseen la forma de leyes o proposiciones legaliformes. No obstante, podría observarse que el adjetivo “verdul” es un predicado un tanto peculiar porque alía en su significado temporalidad, temporalidad que no parece anidar en el predicado “verde”, tal objeción carece de fuerza en tanto re-definamos el predicado “verde” asignándole también un transcurso temporal. Estipulamos que una esmeralda es verdul si era verde antes de la fecha t, y era azul después de la fecha t. Pues bien, tomemos azuerde y definamos este nuevo predicado como sigue: una esmeralda es azuerde si es azul antes de la fecha t, y es verde después de la fecha t. De este modo, se nos permite ahora asertar que una esmeralda es verde si es verdul antes de la fecha t, y azuerde después de la fecha t; con lo cual re-definimos el predicado verde con carga de temporalidad. El distingo entre H-a y H-b no puede sustentarse en un matiz formal semántico, sino en la aplicación - uso operada sobre predicados como verde, verdul al habérnoslas con la formulación y verificación de hipótesis. La diferencia en la gradación en la proyectabilidad predicativa ha de buscarse en los usos pretéritos de tales predicados, “verdul” es un predicado carente de historicidad, de aplicabilidad en casos pasados, “verde es un predicado más y mejor atrincherado enraizado en usos pretéritos. Para Goodman, es necesario rastrear las aplicaciones pretéritas de los predicados para decidir la gradación de su enraizamiento atrincheramiento. “Verde es un predicado susceptible de ser proyectado en tanto el sujeto reune sobre él creencias de fondo, un re-conocimiento de lo que Putnam denomina “condiciones de fondo”. Asertaríamos que “las esmeraldas son verdes” basándonos en nuestra batería credencial previa; dicho de otro modo, estamos en posesión de un conocimiento suficiente de los objetos-esmeralda que nos posibilita rechazar H-b “todas las esmeraldas son verdules” como una proposición legaliforme. La elección entre H-a y H-b presupone considerar la batería credencial previa, condiciones de fondo sobre tal o cual particular, y sobre tales conocimientos se deciden las cuestiones relativas a la proyectabilidad predicativa y a la validación de hipótesis. La mera caza lógico-formal de H-a y H-b las hace no- distinguibles, intereses y saberes previos en conjunción holística canalizan la distinción. Algunos realistas metafísicos han sugerido la imposibilidad de reducir la noción de `causa´ a términos lógico - formales habilitando la afirmación que defiende la estofa primitiva de “causa”. Putnam advierte en esto una posible doble lectura: En primer lugar, podría interpretarse como la no-razonabilidad de definir `causa´ en términos de las ciencias físico- matemáticas. Bajo esta interpretación, aún existe la pretensión del realista metafísico de reducir propiedades y/o relaciones, dada un lenguaje L, que admita expresiones de amplitud infinita o cuasi-infinita , en una “extensión infinitaria de la física”. En segundo lugar, el realista metafísico podría estar abrazando la pura primitividad-no-reductibilidad de causa, allende de cuestiones de extensionalidad sintáctico-formal de un lenguaje L. Infinito o cuasi infinito. El interrogante putnamiano, en este segundo sentido de irreductibilidad del fenómeno de la relación de causalidad, es si un fisicalista que admita esto sigue siendo un tal fisicalista stricto sensu. Para un realista metafísico la noción de `causa total´ analizada anteriormente no entra en juego como causa o explicación de un evento físico. La micro-estructura del azúcar, por ejemplo, sería un “poder causal”; esto es, explica en término causales el hecho de la solubilidad del azúcar en el agua, pero la micro estructura no es la causa total del evento explicado. Podrían darse condiciones en que el azúcar no se disuelve en el agua. En parágrafo de Putnam: “Los poderes causales son propiedades que explican algo, dadas unas condiciones de fondo y ciertos cánones de importancia y relevancia”. (13). En esta tesitura, la relación de causalidad, la explicación causal yacen en el mundo formando la imagen de la realidad que hemos recibido de la tradición metafísica realista. Estas metafísicas realistas vierten en la naturaleza una noción de explicación causal atrincherada en la tradición de conocimiento institucionalizada, una “institución de conocimiento” que estipula condiciones de fondos y parámetros variables relevantes. El verter en la naturaleza las causas o poderes explicativos no es más que una proyección de lo estipulado en la “institución del conocimiento” en el mobiliario estructural de la realidad. Esta estructuración causal de lo real consitutiría la explicación del buen funcionamiento de la institución del conocimiento, porque la exitosidad cognitiva que se ha institucionalizado se debe a que sus explicaciones representan fielmente la estructura causal mundana. Putnam advierte, no obstante, que predicados como “relevancia” emanan subjetual no objetualmente. Los predicados como `relevancia´ no forman parte del mobiliario del mundo, son atribuciones que los sujetos inyectamos en los eventos naturales. Las metafísicas realistas se encuentra en una situación paradójica al tratar de proyectar elementos subjetuales en un cosmos nouménico, creando un híbrido onto-gnoseológico incoherente de difícil yuxtaposición: idealismo objetivo cum materialismo. Tendríamos un mundo susceptible de ser representado en el léxico de las ciencias físico-matemáticas de forma exhaustiva, más una ardua adición nocional en la que ciertos sucesos físicos explicarían de forma esencial intrínseca a otros sucesos físicos. En léxico putnamiano: “Si ciertos sucesos explican intrínsecamente a otros, si hay importancias, relevancias, cánones sobre lo que son las condiciones `normales´ . . . dados en el mundo mismo independientemente de la mente, entonces, el mundo es, en muchos aspectos, como una mente, o esta investido de algo muy similar a la razón. Y si eso es verdad, el materialismo no puede ser verdad”. (14). Imaginemos ahora una situación contrafáctica y analicemos con Putnam sus posibles sentidos. El deseo de dejar de fumar de Jones le impulsa a deshacerse de su mechero y lanzarlo por un precipicio. Lo que nos interesa en este ejemplo no son los deseos de nuestro protagonista de ficción, sino simplemente qué hubiera sucedido si hubiera decidido no despedirse de su lujoso encendedor y tuviera que haberlo usado por algún motivo que no resulta relevante para nuestros propósitos. Jones podría haber afirmado que si hubiera tenido el encendedor lo habría podido encender. Esta aseveración contrafáctica parece obvia, digamos, sería verdad probablemente. La aserción de Jones es verdad siempre y cuando se siga de las leyes físicas que si Jones usa su mechero este se encenderá. Se ha de suponer que previamente se han dado un listado de las leyes físicas intervinientes en el suceso del encendido del mechero. La cuestión es que la enumeración de parámetros variables relevantes en un suceso físico tan simple como encender un mechero nunca queda estipuladas de forma exhaustiva, siempre hay variables relevantes que pasan inadvertidas. Repasada nuestra lista de leyes físicas que han de cumplirse para proceder al encendido del mechero y con un adiestrado manejador de encendedores, nos hallamos en condiciones de afirmar que el mechero se encenderá si lo usamos, y “todo lo demás es normal”. La introducción del predicado “normal” nos sume en ciertas perplejidades, puesto que si no logramos encender el famoso mechero de Jones es que nos encontraríamos en una situación de condiciones no- normales, y seguimos sin saber qué significa condiciones normales. Si se conciben como condiciones medias en el instante de proceder al encendido, ha de precisarse que las condiciones medias son “rara avis”. Enumerada la lista de leyes físicas intervinientes también podría afirmarse: Si Jones usa su mechero este se encenderá, siempre y cuando permanezca todo lo demás como estaba en aquel momento. Explicación que tampoco clarifica nada sobre el particular, porque las circunstancias físico químicas no pueden ser “realmente” idénticas a como eran en el instante en que hubiéramos encendido el mechero. _Batería de notas habilitadas en el presente trabajo : _13. Putnam, H.: Racionalidad y Metafísica. Ob. cit. pág. 28. En la edición inglesa citada puede encontrarse este parágrafo en las págs. 215 - 216
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