En realidad esto es el bosquejo del bosquejo del bosquejo... en fin, una sumatoria enorme de bosquejos, porque no es más que algunos pensamientos que se me ocurrieron después de una lectura. Los trato sin ningún rigor para facilitar la comprensión.
Tomemos la gran colisión, supuesta originaria de nuestro universo actual. Esta colisión es, acorde a la teoría, un proceso cíclico, que sería causa y efecto de dos procesos fundamentales y recíprocos: la dilatación y, como veremos después, la contracción del universo.
Dicha colisión es producto de la extrema contracción del universo. Para ilustrarla, podemos valernos de una de las hipótesis del porqué de las llamadas supernovas de tipo II. Según la hipótesis (la más difundida), las supernovas de tipo II serían producto de un colapso gravitacional en el núcleo de una estrella vieja. Imaginando un proceso similar a escalas inconmensurablemente mayores, podemos figurarnos algo así como toda la energía existente, siendo arrastrada por el tejido espacio-temporal que se contrae hacía cierto punto, en alguna instancia revienta, y dispara toda la energía de manera aleatoria (orientada, quizás, por como estaba formada). Entonces comienza el proceso de dilatación universal (en el cual nos encontramos ahora mismo).
Ahora bien, inmediatamente después de la gran colisión, y teniendo en cuenta que el universo se dilata con mayor lentitud conforme se aleja del hipotético centro, podemos conjeturar que dicho centro obedece a la gravitación de Newton, y ejerce una fuerza de atracción constante. El origen de esta fuerza permanece desconocido, aunque podemos conjeturar lo siguiente: es tanta la energía en el centro de la explosión, que el centro es por sí mismo la fuerza gravitacional más poderosa. Es decir, es lo que los científicos llaman agujero negro, pero en una escala inconmensurablemente enorme. De alguna manera, así nos es posible explicar, siquiera parcialmente, el fenómeno de la repulsión y la atracción, que en los comienzos sonaba como una petición de principio.
Conforme a esto, es natural suponer que, inmediatamente después del estallido, la energía saliera disparada a velocidades muy cercanas a las de la luz. Sin embargo, contradicciones obvias surgen aquí: ¿Cómo es posible que algo con menor velocidad que la luz escape a la fuerza gravitacional primigenia, la más poderosa? Una interpretación posible es que no lo hace, pues al fin y al cabo, vuelve a su origen, es decir, todo termina por ser engullido, y ese aparente escape, lo es tan sólo desde nuestra limitada imaginación. De este modo se repite el ciclo. La materia, completamente dispar (luego veremos por qué) disparada a velocidades cercanas a la de la luz puede, acorde a la relatividad general, puede generar la suficiente gravitación para formar un llamado “agujero negro masivo”, que serían la fuerza gravitacional formadora de galaxias. Obviamente, estas fuerzas, no son masivas si las comparamos con la primigenia, de la cual éstas salen disparadas a millares. De este modo, todas las galaxias serían revoltijos de materia y energía girando en torno a una fuerza atractiva que viaja a una velocidad cercana a la de la luz (aunque en constante disminución). Del mismo modo se formarían los sistemas más pequeños.
Ahora bien, en este primer proceso de expansión, la materia y la energía están completamente separadas, y son estás masas con extrema fuerza gravitacional las que hacen se encargan del proceso de conversión. El segundo principio de la termodinámica funciona desde este punto, y la entropía, que en un comienzo era cero (habían básicamente dos tendencias completamente separadas) comienza a crecer. Llegado a su punto máximo, la entropía termina por convertir al universo en puro equilibrio térmico. No nos es posible aventurar si tal suceso llegase a ocurrir antes del comienzo de la contracción, pero lo cierto es que cuando este proceso comienza, el universo funciona en reversa. La segunda ley se anula, y las moléculas tienden a ordenarse, siguiendo el perfecto orden que tenían primigeniamente. La materia y la energía se separan, y todo regresa a la fuerza gravitacional primigenia, hasta que ésta estalla nuevamente por su propia constitución.
Tomemos la gran colisión, supuesta originaria de nuestro universo actual. Esta colisión es, acorde a la teoría, un proceso cíclico, que sería causa y efecto de dos procesos fundamentales y recíprocos: la dilatación y, como veremos después, la contracción del universo.
Dicha colisión es producto de la extrema contracción del universo. Para ilustrarla, podemos valernos de una de las hipótesis del porqué de las llamadas supernovas de tipo II. Según la hipótesis (la más difundida), las supernovas de tipo II serían producto de un colapso gravitacional en el núcleo de una estrella vieja. Imaginando un proceso similar a escalas inconmensurablemente mayores, podemos figurarnos algo así como toda la energía existente, siendo arrastrada por el tejido espacio-temporal que se contrae hacía cierto punto, en alguna instancia revienta, y dispara toda la energía de manera aleatoria (orientada, quizás, por como estaba formada). Entonces comienza el proceso de dilatación universal (en el cual nos encontramos ahora mismo).
Ahora bien, inmediatamente después de la gran colisión, y teniendo en cuenta que el universo se dilata con mayor lentitud conforme se aleja del hipotético centro, podemos conjeturar que dicho centro obedece a la gravitación de Newton, y ejerce una fuerza de atracción constante. El origen de esta fuerza permanece desconocido, aunque podemos conjeturar lo siguiente: es tanta la energía en el centro de la explosión, que el centro es por sí mismo la fuerza gravitacional más poderosa. Es decir, es lo que los científicos llaman agujero negro, pero en una escala inconmensurablemente enorme. De alguna manera, así nos es posible explicar, siquiera parcialmente, el fenómeno de la repulsión y la atracción, que en los comienzos sonaba como una petición de principio.
Conforme a esto, es natural suponer que, inmediatamente después del estallido, la energía saliera disparada a velocidades muy cercanas a las de la luz. Sin embargo, contradicciones obvias surgen aquí: ¿Cómo es posible que algo con menor velocidad que la luz escape a la fuerza gravitacional primigenia, la más poderosa? Una interpretación posible es que no lo hace, pues al fin y al cabo, vuelve a su origen, es decir, todo termina por ser engullido, y ese aparente escape, lo es tan sólo desde nuestra limitada imaginación. De este modo se repite el ciclo. La materia, completamente dispar (luego veremos por qué) disparada a velocidades cercanas a la de la luz puede, acorde a la relatividad general, puede generar la suficiente gravitación para formar un llamado “agujero negro masivo”, que serían la fuerza gravitacional formadora de galaxias. Obviamente, estas fuerzas, no son masivas si las comparamos con la primigenia, de la cual éstas salen disparadas a millares. De este modo, todas las galaxias serían revoltijos de materia y energía girando en torno a una fuerza atractiva que viaja a una velocidad cercana a la de la luz (aunque en constante disminución). Del mismo modo se formarían los sistemas más pequeños.
Ahora bien, en este primer proceso de expansión, la materia y la energía están completamente separadas, y son estás masas con extrema fuerza gravitacional las que hacen se encargan del proceso de conversión. El segundo principio de la termodinámica funciona desde este punto, y la entropía, que en un comienzo era cero (habían básicamente dos tendencias completamente separadas) comienza a crecer. Llegado a su punto máximo, la entropía termina por convertir al universo en puro equilibrio térmico. No nos es posible aventurar si tal suceso llegase a ocurrir antes del comienzo de la contracción, pero lo cierto es que cuando este proceso comienza, el universo funciona en reversa. La segunda ley se anula, y las moléculas tienden a ordenarse, siguiendo el perfecto orden que tenían primigeniamente. La materia y la energía se separan, y todo regresa a la fuerza gravitacional primigenia, hasta que ésta estalla nuevamente por su propia constitución.