InicioApuntes Y MonografiasLa marihuana ha sido liberada...
¿Quién escribe esto?

Es necesario que primero te diga quién soy y qué hice. Soy un empresario, un tipo exitoso desde la manera que ve el mundo las cosas. Tengo 41 años y dos hijos de doce y diez años y crié además dos hijas que no eran mis hijas de sangre. Compré la casa donde viven. Tuvieron una buena educación privada en el colegio que creí el mejor de Montevideo. Los cuatro estudian música y son músicos. Tengo un muy buen pasar pues tengo dos lindas librerías. Trabajo pocas horas al día, escribo, estudio canto, saco fotografías, hago videos, planifico hacer films, hice algo de teatro callejero, me sicoanalizo, construí dos ranchos, juego al fútbol, según el deportólogo Beterevide tengo físicamente 31 años, no sabe cómo, cocino mi propia comida pues soy un cocinero fantástico, tengo una editorial que edita éxitos rotundos, fui un sorprendente profesor de historia, feriante, leñador, agitador, vendí pastas puerta a puerta, vendí joyas, armé una muy buena librería en 18 de Julio, vendí mi parte, me compré un apartamento, y fumo marihuana de forma intermitente desde los dieciséis años.

Cada vez fumo menos, es cierto, no me gusta el sabor que tiene ahora y creo que le tiran algo. Prefiero la casera, aquella que fumé cuando tuve mis plantas a riesgo de pasar dieciocho años tras las rejas. Ya podrás apreciar por mi exposición si la droga ha estropeado mi capacidad de razonamiento.

¿Qué resultados ha tenido la prohibición de la marihuana?

Supongamos por un momento que fuera bueno que no se consumiera. Para lograr esto lo mejor es liberarla, despenalizar el tráfico, plantación y consumo. ¿Cómo sabemos que es lo mejor? Por el lamentable resultado de la prohibición centenaria. Si la prohibición busca eliminar el consumo no ha funcionado. No sirve. Pero hay algo peor, genera efectos nefastos. La Ley Seca dio mayor poder a la mafia. Un artículo prohibido es un artículo caro y un artículo caro da pingües ganancias, ganancias tan pingües que se puede comprar a los eventuales guardianes del orden, jueces, políticos, generales. Lo que todos sabemos que sucedió y sucede. Escobar llevaba siempre consigo un maletín con un millón de dólares. La prohibición del tráfico de cocaína lo proveyó de ese escudo. También lo proveyó de un ejército propio y de una red que unía todas las clases sociales. Las drogas ilegales son el negocio más rentable del mundo .

La prohibición genera aumento de precio, cárceles, contrabandistas, delincuentes, corruptos, mentiras, impuestos para financiar cárceles, jueces, policías y abogados y ningún control sobre la calidad del producto consumido. La prohibición genera mayor interés, de igual manera que una mujer medio vestida genera inicialmente un interés mayor que otra totalmente desnuda. La prohibición estigmatiza al consumidor. A las sociedades les gusta demonizar. Cuando no es el comunismo son los árabes y cuando no son los árabes son los judíos y cuando no son los judíos son los drogadictos y siempre se demoniza algo como forma de nuclear al resto, como forma de tenerlos unidos por el miedo. Ese miedo a lo desconocido que no es otra cosa que el miedo inmenso que sentimos por nuestro interior desconocido.

Las religiones que estigmatizan se nuclean en función de los excluidos. La sociedad también. Necesitan del mal, de una prohibición, una prohibición negativa para el consumidor y beneficiosa para todos aquellos que viven de ella. Ante el evidente fracaso de la penalización uno se pregunta ¿qué propósito oscuro persigue esta como mínimo imbécil, por no decir criminal, prohibición de algo que tanta gente consume a pesar de su prohibición?

¿Cuándo y por qué se prohibió la marihuana y las otras drogas?

En los principios del siglo XX los Estados Unidos vivían una fuerte emigración de chinos, irlandeses y mexicanos que amenazaba distorsionar una complicada unidad nacional. A esto se sumaba el empuje de la comunidad afronorteamericana recientemente liberada. El statu quo era atacado por estas subculturas. La respuesta inmediata fue prohibir las drogas que las caracterizaban: la cocaína de los negros, el opio de los chinos, el alcohol de los irlandeses y la marihuana de los mexicanos. Fue una excelentísima medida para constreñir a estos sectores. Desde el momento que se prohibía algo que les era más o menos inherente desde la nada se fabricaba algo para tenerlos a ralla. El resultado fue evidente: cárceles, asesinatos, mafia, Los Intocables, miles de corruptos, todo lo que ya sabemos por cientos de films que hemos visto y seguiremos viendo. Si lo que se buscaba era darle cuatro productos a la mafia para que se enriqueciera y fortaleciera, no se pudo buscar mejor medida. Aun hoy con todo su poder el Estado norteamericano con el FBI y todo lo que quieras intenta atenuar el poder de esa potencia desencadenada llamada mafia y coadyuvada por el Estado. El interés del Estado por eliminarla es relativo, depende de muchas circunstancias, pues la existencia de la mafia genera en nosotros el reclamo de un Estado más fuerte.

Amén de permitir la intervención en la casa de los negros, chinos, mejicanos e irlandeses, la prohibición de estas drogas ha permitido a los Estados Unidos la intervención en países. Estados Unidos es el principal consumidor de drogas ilegales del mundo . En el año 94 el pueblo norteamericano gastó US$ 150 millones para drogarse. Dieciséis años después suponemos que esta cifra debe ser mayor. ¿Cómo solucionan este problema?. La culpa es de los que producen la droga, entonces van y alegremente con este argumento invaden Colombia, Bolivia y donde les plazca. Todos aquellos santurrones bien intencionados amigos de prohibir al prójimo drogarse, allanan el camino de la intervención extranjera y este sí que es un daño bien probado.

No ha sido dicho por los historiadores de las drogas, pero tengo para mí que hubo un segundo motivo para su prohibición a principios de siglo. La inmigración a Estados Unidos no lo explica todo. En el resto del mundo también prosperó esta prohibición, y aunque fuera a beneficio de Estados Unidos no alcanza su preeminencia para explicarla. Por un lado esta prohibición fortaleció a los Estados y les dio un motivo más de existencia. Pero el motivo fundamental no estuvo allí. La cruzada anti liberal contra las drogas es un mecanismo más o menos inconciente de una sociedad en un momento de cambios. Pocos momentos en la historia han sido tan fermentales como los inicios del siglo XX y particularmente el fin de la primera guerra mundial. Basta con leer las memorias de la época. Hagamos un breve repaso: Teoría de la relatividad, La interpretación de los sueños, revolución rusa triunfante, revolución europea fallida, futurismo, dadaísmo, surrealismo, irrupción del tango, del jazz, el cine, el monólogo interior en la literatura. El orden tambaleaba. Demasiadas críticas y propuestas en un ambiente ardiente como pocos en la historia. El sistema utilizó todos los mecanismos posibles para aplacar esa rebelión y prohibió unas cuantas drogas. La sola idea de otro mundo es peligrosa para quienes temen que su mundo se venga abajo.

El Estado contra el Individuo

Una vez nadaba en una playa hacia el horizonte. Este placer fue castrado por los guardianes de la playa que me hicieron volver. No se puede nadar más allá de los doscientos metros. Lo dice el Estado. Tampoco uno se puede suicidar. Lo dice el Estado. Mucho menos ayudar al suicida. El Estado, lo dice el Estado, está para protegernos. Sin embargo yo pienso que uno se protege bastante bien y no veo quién me protege del Estado. He ahí el problema. El Estado es peor que la droga.

¿Siempre ha existido esta intervención del Estado en la vida del individuo? Primero que nada no siempre hubo Estado. El Estado es una invención reciente, de los últimos siete mil años de historia humana, de una historia de cuarenta mil años como mínimo, si sólo tomamos como humano al Homo Sapiens Sapiens. En caso contrario tendríamos que contar por millones de años. Desde que el Estado existe ha tenido un rol bastante macabro: guerras, intervenciones, prohibiciones, censuras, torturas, quemas de libros, silenciamientos, masacres y una constante y persistente intromisión en la vida privada de los individuos. Se nos quiere hacer creer que el Estado de las sociedades del pasado era mucho más intromisivo que el actual. Esto como mínimo es harto dudoso. Los Estados del pasado no contaban con el despliegue tecnológico con que cuentan los actuales ni mucho menos con sus herramientas de difusión de ideas. No había escuela, no había una escuela obligatoria, es decir, para todos. Los Estados del pasado reaccionaban por la fuerza ante el individuo. Los Estados actuales lo hacen sólo en última instancia, y por el camino han convencido o domesticado al individuo de tal manera que no debe apelar a la fuerza. El Estado actual ha internalizado al Estado en el individuo y ahí radica el peligro. Antes había más espacio, uno podía refugiarse en el bosque o en la pampa y vivir del bosque o de la pampa; hoy día seríamos detectados en pocos minutos con nuestra tarjeta, celular y todo lo demás y no tendríamos sitio a dónde ir.

¿Por qué el Estado se preocupa por nuestro cuerpo? Esta preocupación data de la Revolución Industrial. Nuestro cuerpo debe estar sometido al trabajo. Se considera la droga como peligrosa porque atenta contra el cuerpo del trabajador y erosiona el trabajo en el sentido que erosiona al capital, el cual se provee del trabajo. El capital es trabajo acumulado. El Estado debería intervenir sólo cuando un individuo o empresa ataque a los demás sin que estos puedan defenderse, y cuidando que con su intervención no lesione los derechos de todos.

La mayoría estamos de acuerdo con que la censura de ideas es negativa para el ser humano. ¿Quién establecería esta censura? No aceptamos que el Estado intervenga en ese sentido. La libertad de expresión está por arriba del Estado. Estamos de acuerdo con que lo mejor es que cada cual piense lo que quiera y que lo exprese libremente, pues confiamos en que el ser humano logrará elegir o pensar las ideas más convenientes. De igual forma deberíamos dejar que cada uno nade los metros que quiera por el mar, que vuele si puede volar, y si quiere jalar cocaína, fumar opio o marihuana, allá él. Si atropella a alguien drogado que vaya preso, pero si se droga tranquilamente sin meterse con nadie ¿con qué derecho una institución criminal como el Estado puede impedírselo?. Que el Estado se dedique a dictar leyes allí donde sea necesario, pero donde no que deje fluir la vida tranquilamente. No se precisan leyes para que crezcan los árboles y el sol se mueva.

Trabajo y placer

Reclamo el derecho a divertirme como quiera y a tener la sexualidad que quiera. Si estoy de acuerdo con mi amante por ahora el Estado no tiene derecho a intervenir. Aún no lo hemos dejado. Por un lado se establece una ley que genera mafia y cárceles y ningún buen resultado. Es una ley que no acerca el tratamiento al adicto. Por otro lado me prohíbe o pretende prohibirme lo que yo considero mejor para mí mismo. El Estado me dice lo que es bueno para mí. Somos todos unos nenitos del Papá Estado. Ya tuve padre y con uno es suficiente.

Ya te dije que trabajo y gano dinero. Gano dinero haciendo lo que me gusta. Me divierte ganar dinero. Divirtiéndome gano dinero. Muchas buenas ideas se me han ocurrido fumando marihuana. Ideas que dieron réditos económicos. No fumo para ganar dinero. Fumo por placer, por el sano propósito de alegrarme la vida. No se bien qué cosas me ha dado la marihuana, es difícil distinguirla del resto de las cosas de mi vida. Parece ser que ha ampliado mi percepción artística. He profundizado en la música. Con los ojos cerrados y fumando marihuana la música es más viva y nado por ella como nado en la oscuridad. Un film es más impactante. Una caricia puede ser todo un universo de placer. No creas que fumo cada vez que hago el amor. En esos momentos no se me ocurre armar un porro. No hay tiempo para eso, pero ha coincidido. También he hecho el amor semi borracho, cocainizado, o luego de haber mateado. He hecho el amor en un cuarto o en el campo, mirando el cielo o el horizonte. Hay que buscar un lugar sin gente, o tener un campo propio. Te lo recomiendo, algo le agrega el asunto de ver el cielo y el pasto. Si lo hacés parado o la recostás contra un árbol no necesitás más nada, ahora, si te gusta acostarte llevá una frazada pues siempre hay pinchos y abrojos y hormigas e insectos de todo tipo que se te acercarán apenas empieces el jueguito.

La marihuana no me sirve para escribir. El mate y el café si. Es un hecho. Acaso la marihuana sirva para corregir el texto luego, pero tampoco es segura. Me pone ultra crítico y puedo terminar borrando todo. Tengo para mí, y estoy absolutamente convencido, que quita capacidad de concentración. No en el momento de fumar. En la primer media hora, normalmente, la mente viaja a una velocidad inusitada y con una profundidad increíble. Pero luego el efecto disminuye y viene un cansancio penoso, a no ser que esté uno por dormir y se vaya deslizando suavemente en el sueño con imágenes maravillosas. Al otro día se despertará bien dormido pero con la cabeza nublada. Al menos yo me despierto así. Esto ha hecho que cada vez fume menos. Pero cada tanto, ante la posibilidad de ver un film con amigos o en cualquier otro momento de fuerte excitación recuerdo que tengo marihuana y la fumo bajo la consigna: “La fuerza del placer acrecienta el deseo”. Normalmente cambio un buen presente por un futuro no mejor para nada pues al otro día estaré cansado. El cuerpo luego lo depurará. Es lo que se llama resaca y es el principal argumento en contra de la marihuana. Fumada en períodos prolongados resta capacidad de concentración y fuerza de voluntad. Muchos marihuanos negarán esto, pero ellos no probaron dejar de fumar un tiempo a ver qué pasa. Yo lo probé. Indudablemente te intoxica. Nada viene gratis. Te da y te saca. Un amigo dice que debería ser una medicina y fumarla cada tanto. Eso me suena a la voz de la sabiduría. Un amigo escultor sólo da una pitada en la mañana, lo mínimo para colocarse y así trabaja y produce todo el día. A él le funciona así. En un período de exámenes en que no podía concentrarme esa mínima pitada me permitía arrancar con la lectura y luego estudiaba toda la noche. Así que resta pero también da poder de concentración. El efecto en cada uno depende de muchas circunstancias.

Entre los placeres de la vida disfruto del placer del pensamiento. El pensamiento me ha traído siempre un grato placer. De los más intensos. Al momento de fumar, la marihuana ha dado mayor poder de asociación y profundidad. Pero no la he buscado sólo por esto. Me interesaba que me llevara a otro mundo . Las drogas me interesan en ese sentido. Es complicado establecer si te llevan a otro mundo . Creo que sólo permiten ver otro mundo si uno lo lleva dentro. El tema es que sabemos que existen otros mundos, por momentos todos los hemos vivido. La inspiración, por ejemplo, es otro mundo , nos convertimos en otro. Alguien viene desde algún lugar profundo y nos toma de la mano y nos lleva a lugares insospechados.

El conocimiento de estos mundos lleva al uso de las drogas. Siempre la humanidad usó drogas. Los animales, cuando la detectan, la consumen. Nadie es bobo en la naturaleza. Los pájaros vuelan hacia las semillas del cáñamo, el jabalí y otros mamíferos van hacia las frutas fermentadas por el sol, y yo tenía que esconder la marihuana de una perra que si se la dejaba a mano se la comía.

Salvo los protestantes, y acaso los musulmanes, todas las religiones que conozco usan drogas. Absolutamente todas. Como son todas menos estas últimas más recientes no vale la pena enumerarlas. Las que no usaban de alucinógenos en forma de hongos o flores han usado del cornezuelo de centeno a través de un pan enmohecido o han usado vino. La droga era un vehículo de la divinidad. La divinidad era la naturaleza y se usaba una parte de la naturaleza para ser parte de la naturaleza. La ayahuasca se consigue uniendo la flor femenina de una especie con la flor masculina de otra especie.

-¿Cómo descubrieron esto entre millones de plantas del Amazonas?, le preguntó un amigo a un indio ayahuasquero:

-“Las plantas nos hablan”

Parece que la búsqueda de otros mundos es típica de los artistas. Todos somos artistas. La única diferencia es que algunos lo saben y otros no. La búsqueda de otros mundos nos interesa desde el momento que tenemos sueños. ¡Qué cosa más rara son los sueños! El artista trabaja con el material de sus sueños, con el material de su vida consciente, con el material aportado por otros artistas y con todo lo que tenga a mano. No es difícil hacer una lista de grandes artistas que se hayan drogado. Lo difícil es hacer una lista de grandes artistas que no se hayan drogado. Javier Gil me dijo una vez en que hablábamos de esa familia espectacular que tiene: “la única diferencia entre mis hermanos y yo es que yo he probado las drogas”. Así y todo no creo que ésta se la clave, a no ser que incluyamos en la diferencia los motivos que llevaron a Javier a probar las drogas. Deberíamos incluir esa inquietud previa por conocer, por explorar, por arriesgar, aún a riesgo de quemarse. Esa es una condición innata del artista.

Mis plantas de marihuana

Con un hermano nos dedicamos a plantar a ver qué pasaba. Crecieron unas plantas espectaculares. Fue hermoso verlas crecer. Tiramos las semillas en tierra húmeda y un día surgió un brote verde, encorvado. En seguida se irguió y aparecieron dos hojas redondeadas. Luego, a medida que el tallo crecía aparecieron dos hojas más, estiradas y como recortadas, en sentido perpendicular a las primeras. Cada par que aparecía lo hacía en sentido perpendicular, con noventa grados con respecto a las otras. Las primeras dos hojitas cayeron pero la planta crecía día a día. En un momento comenzaron a aparecen hojas de tres puntas. Si se desarrollaba un tallo por la izquierda al mismo tiempo surgiría un tallo por la derecha. La planta se desarrollaría siempre en forma perfectamente simétrica. De las tres puntas pasaron a cinco, luego siete y al fin nueve. Y crecía en tamaño. Sobrepasó el techo y corríamos el riesgo de que se viera desde la calle. La calle era nada menos que Avenida Italia casi Propios. Se veía el penacho de una planta, pero no nos importaba. Nadie iba a cortar esa planta, la más grande, la que había recibido más tierra y mejor, y más sol. Eso fue determinante. Y estaba al lado de mi cuarto, recibía música y todo el amor mío, de mi novia y de muchos amigos que venían a conocerla. Fue hace mucho. Nadie tenía plantas. A un amigo que vivía en frente le venía un ataque cada vez que oía la sirena de un patrullero. “¡Van por Marcelo!”. Decía que yo estaba loco. Yo estaba chocho de la vida con mi plantita. Un día floreció. Las plantas macho florecían en el tallo central, cual si fuera un racimo, y las plantas hembras florecían en los extremos de los tallos de los costados. Los pétalos de las flores de los machos eran de un verde más tenue y amarillento. Se abrían y el viento las dispersaba. Se juntaban en los recodos del patio. Íbamos y agarrábamos esos pétalos y los fumábamos. ¡Por dios! Había tanto que hice experimentos y lo puse en el mate ¡Dios mío! Me viene nostalgia al recordarlo. Una vez mi madre me pidió uno de estos mates y la convidé. De hecho se quedó con termo y mate y se lo tomó todo. Al otro día me dijo que había dormido maravillosamente. Reí interiormente, pero no le confesé mi secreto hasta mucho después. Se rió. Una tarde que fumaba en el living con mi pipa se acercó su novio. Estaba muy concentrado en lo mío y vino a hablarme de sus cosas, las cuales me interesaban relativamente. Lo convidé con mi pipa. Él pensó que era tabaco. Me contó toda su vida. No era en sí particularmente original. Lo interesante era la comunidad emocional que estábamos viviendo.

Tenía marihuana para tirar para arriba. Regalaba a diestro y siniestro. Ya te dije que tengo facilidad para hacer dinero. Vendí marihuana. Me convertí en un traficante. Hice bastante dinero. Como el tema de las drogas lo venía estudiando desde hacía algunos años y me sobraba marihuana me largué a fabricar haschís. Es muy fácil. Tiraba unas puntas florecidas a un tacho de agua con un poco de manteca y lo hacía hervir cuidando que no hierva del todo pues es altamente combustible. La manteca es importante pues el tetrahidrocanabinol está como encerrado en un globito y sólo es roto ese globito, que yo sepa, por el fuego o la manteca. Cuando apenas quedaba una humedad en el fondo me comía lo que quedaba. A veces lo colaba. Primero lo hice con los pétalos de la planta macho. Estaba en una casa en Carrasco con mi novia. Empezaba a caminar y cuando quería darme cuenta estaba corriendo. Estaba extremadamente enérgico. Tuve la misma alucinación que una vez había iniciado un pésimo mal viaje con hongos alucinógenos. Me asusté. Mi novia una vez más me salvó. Realmente no estaría aquí si no existiera esa mujer y no estaríamos aquí si no existieran las mujeres. Suena a Perogrullo, pero es una verdad muy profunda. Los hombres deberían arrodillarse y agradecer a las mujeres y después cogerlas con alma y vida por el bien de ambas altas partes contratantes. Bien, mi novia me acarició, de alguna manera con su realidad me sacó de aquella realidad y me llevó a su mundo , que era el mundo del sexo. Aquella mujer tenía en el sexo el principal motor de su vida. Hicimos el amor. En un momento me convertí en mono, me vi como un mono e hice el amor de una forma absolutamente bestial.

El haschís elaborado con las flores de la planta hembra daba resultados diferentes. No solo no me encontraba corriendo, no podía caminar aunque quisiera. De esta manera la consumíamos con el genial poeta Julio Inverso. Subíamos a la azotea de su casa en Salto y Cebollatí llevando dos colchones. Descolgábamos el teléfono. ¡Que nadie nos interrumpiera!. El pegue transcurría mientras mirábamos el cielo. El universo era maravilloso y lo recreábamos y vestíamos con nuestra conversación. Transcurrían hondos y prolongados silencios que terminaban con una catarata de diamantes hechos con nuestras palabras. El único inconveniente era orinar. Levantarse e ir al baño era la Odisea, la Ilíada, la Eneida, la Divina Comedia con su purgatorio e infierno, El Quijote de la Mancha y Lady Macbeth. Para la segunda experiencia estábamos munidos con sendos bidones de abertura considerable que hicieran de orinar un placer más de la vida. Resuelto este inconveniente con nuestra prodigiosa imaginación todo era perfecto. Salvo que vinieran a sacarnos de nuestro paraíso artificial. Me río sólo de imaginar nuestras miradas de espanto si alguien se hubiera acercado a decirnos: “salgan de acá drogadictos hijos de puta”. No hubiéramos podido complacerlo, ni tampoco hubiéramos podido movernos aunque un fuego apocalíptico se hubiera desatado. Nos hubiéramos dejado consumir por las llamas alegremente.

Al fin hube de cosechar aquella planta. En cinco meses había desarrollado todo su poder. Es una planta estacional. Lo aprendí ahí. Aprendí con ella muchísimo sobre plantas, sobre naturaleza y sobre matemáticas en la naturaleza. Utilicé todos los recursos que me habían dicho para curarla: dejarla en orín, dentro de una caña. Pura basura. La mejor forma de curarla es dejarla secar a la sombra. Lo ideal hubiera sido arrancarla y ponerla boca abajo, pues la savia cae de los tallos y se concentra en las hojas y poco a poco se va secando y tornándose crocante. Pero por razones de seguridad la metí en mi cuarto. No entraba. La puse en forma diagonal a la fuerza y doblándola. Conviví tres días con esta planta ocupando todo el cuarto. La coseché con las manos, que quedaban resinosas. Por eso dicen que quienes cosechan marihuana en las plantaciones de India o Colombia se raspan luego el sudor mezclado con esta resina y fuman un haschís espectacular. Luego de cosecharla con mis manos la puse bajo un buen peso por unos días y luego, ya reducida a su mínimo tamaño saqué una buena dosis para consumir ese mes y el resto lo enterré. Decenas de personas estaban enterados de esa planta pero nadie me denunció. Mi novia ninfómana me dijo:

-“Otra vez te saliste con la tuya”

Ella no era del todo partidaria de aquella planta, y eso que desconocía que había hecho el amor con un australopitecus. Sea como sea, todas las sirenas de patrulleros que pasaban por Avenida Italia irían por otros criminales. Mi amigo, el que vivía enfrente, se convenció de que yo tenía un dios aparte. Aquel era el Montevideo de las razzias. Hoy día se fuma en la calle tranquilamente, por eso te digo que ya está liberada.

La ley llega siempre tarde

¿Quiénes hacen las leyes? No las hacen los especialistas en el tema. Así es nuestra democracia. Las hacen quienes fueron más hábiles para llegar al parlamento, entre ellos quienes hayan elegido la mejor empresa de marketing para ganar las elecciones. ¡Vaya sabiduría! Tampoco harán las leyes necesarias. Se harán las leyes en función de la reelección. Si algo es necesario hacerlo pero eso generaría un inmediato descrédito nadie lo hará. He ahí el problema que tenemos con la mitad de los funcionarios públicos y con la mentalidad del funcionario público.

Yendo al tema de la droga el legislador no se ha dado a pensar en los efectos venenosos de la prohibición. Si se le preguntara a los especialistas, incluyendo a los consumidores, eliminarían esta ley en un periquete. Si les preguntaran a los narcotraficantes se opondrían con toda el alma y apelarían a la salud de los consumidores, la religión y la santa cena. Y si usted fuera un narcotraficante ¿no haría terrible campaña contra las drogas y en contra de su despenalización? ¿No financiaría esos grupos de adaptación de drogadictos a la sociedad haciendo de paso una propaganda terrorista?

Pero nosotros no somos narcotraficantes. Somos consumidores. No nos conviene el precio alto y no nos gustan los mafiosos. Nos gusta el sabor de la marihuana y casi siempre sus efectos. Fumamos en cualquier lugar abierto idóneo. Ya la hemos liberado. ¿Por qué motivo ser tan tardío, tan tarado y esperar otros veinte años para liberar algo ya liberado? ¿Qué se busca? ¿Desprestigiarse aún más? ¿Que la gente vea cada vez más al Estado como algo ajeno y enemigo? ¿No es el momento que Uruguay, como Holanda, de una lección al mundo ? Uruguay hasta se podría beneficiar económicamente de esta liberación. De toda América y de todo el mundo miles de personas vendrían a Uruguay como se viaja a Holanda a probar todas las posibles marihuanas plantadas. Sería una marihuana sana, además. Tendríamos mayor control sobre ella. Ya te dije que algo raro le ponen. Lo confirmé el otro día que volví a probar una marihuana natural. ¡Nada que ver! Me despejó la mente. Bien, volviendo a las virtudes de su liberación desde el punto de vista turístico te cuento que un montón de jóvenes y viejos, con altísimo porcentaje de artistas y de gente pacifista (nada que ver con algunos belicosos borrachos) vendría a dejar sus divisas aquí. Ya lo hacen, te lo digo. Solo que serían más y eso cambiaría nuestro país para bien y le quitaría en parte cierto carácter provinciano harto dudoso. El carácter del provinciano que está preocupado por lo que piensen los demás, el que hace que en nuestro país se suiciden tres jóvenes por semana. Estos alegres turistas dejarían sus divisas en hoteles y comercios, incluyendo los comercios donde se venda la marihuana. Esos comercios le darían trabajo a una cantidad de desocupados. Podríamos agarrar cualquiera de esas tierras que no se trabajan y destinarlas a la plantación de marihuana así el Estado hace unos mangos y atenúa los impuestos. Mejor no. Todo lo que agarra el Estado lo corrompe. Que el que quiera plantar marihuana pues al no estar liberada en los países vecinos logrará una interesante rentabilidad (superior en un principio a la rentabilidad de cualquier otro producto agrícola) que lo haga.

Con esta medida no sólo evitaremos a la mafia, la mentira, el contrabando, los corruptos, juicios, problemas. Le bajaremos el precio a los consumidores. Le brindaríamos un mejor producto. Le enseñaríamos botánica a una cantidad de gente, pues aprendería considerablemente plantando su propia planta, y como si esto fuera poco ayudaríamos a solucionar el problema de la desocupación y atraeríamos turistas interesantes al país. Nuestro país cambiaría culturalmente. Todas ventajas y ninguna contra considerable. Algún marihuano imbécil viajará, por supuesto. Imbéciles hay en todas partes.

No debemos hacer nada. Sólo debemos eliminar una ley que no sabemos quién la decidió, que no sabemos qué estudió el que la decidió, y que rutinariamente aceptamos sin considerar un segundo. El Estado terminará liberando la marihuana como hizo con el juego clandestino cuando oficializó las Quinielas. Como vio que no podía contra eso decidió liberar el juego y ganar impuestos.

Muy bien, estimado lector. Me duele la espalda de estar escribiendo. Escribí todo esto de un tirón. No planifiqué del todo lo que escribía y lo hacía a vuelo de pensamiento y ahora es el momento que recuerdo un elemento más. O dos. Soy partidario de liberar todas las drogas. Incluyendo la pasta base. Una súper basura, aunque no la he probado ni probaré jamás. He visto sus efectos y con eso me basta. Por eso mismo soy partidario de liberar su uso. La prohibición no sirve. Es preocupante el consumo de pasta base. Es preocupante que se esté utilizando esa droga para eliminar un segmento de la población de forma predeterminada. He probado la cocaína y básicamente la considero una droga estúpida. Viví en Bolivia tres meses. Consumí la maravillosa hoja de coca y la cocaína de allá. Alguna vez con una sola jalada me daba para escribir toda la noche pero otras veces necesitaba una segunda jalada y esa segunda me llevaba a la tercera y pasaba dependiendo del consumo de esa basura. Tuve mis buenos momentos. Recuerdo que estaba con una australiana, un norteamericano y una española alrededor de un espejo y nos mirábamos sonrientes en el reflejo. Los cuatro sabíamos que era un momento inolvidable.

La cocaína tiene por momentos algo de falso y no me simpatiza mucho. La consumo muy raramente y si lo hago le doy un buen y único saque y nada más y observo que me pega mejor que al resto. No logro convencer a los demás de que hagan esto. Allá ellos. Probé ácidos, codeína, hongos, antitusígenos, es decir, opioides, anfetaminas, floripón, todo lo que tuve a mano o pude conseguir o elaboré. Nada de eso me interesa actualmente. Tuve algunos malos viajes. Te los regalo. Son el infierno. Pero los sobreviví. No dudo que uno pueda quedar loco en uno de esos malos viajes. Hay que tener mucho cuidado. Tengo un amigo que ha muerto de sobredosis. No fue culpa de las drogas. El quería suicidarse. Acaso no lo hubiera hecho ese día. Sea como sea fue incrementado la dosis a sabiendas del peligro que generaba, estaba en quinto año de medicina. La droga no lo mató. El eligió una droga pesada para matarse.

No digo “de esa agua no beberé”. ¿Quién sabe? Me reservo una posibilidad de fumar opio, pues probé opiáceos y opioides y si alguien, aquí o en la India me ofrece una pipa, y si son las condiciones adecuadas, de seguro que aprovecharé para tener esa experiencia. No le temo a lo que pueda encontrar.

Me queda por decirte algo que tiene que ver con la palabra de la droga. Uno consume también todo lo que la cultura agregó sobre esa cosa. Es el poder de sugestión. Se ha comprobado al dar una pastilla a alguien diciéndole que era tal cosa y era sólo azúcar. En un buen porcentaje de gente generaba el efecto del remedio, el efecto placebo. Si comemos gusanos vomitamos y para otras culturas son un manjar. Y no es un problema genético, es un problema cultural. Uno consume la palabra asociada a la droga en sí. Toda esa propaganda, toda esa demonización también puede ser consumida. Uno puede consumir la transgresión. Ese es otro argumento para la liberación. El efecto cambiará en algo cuando cambie el discurso de la cosa consumida.

Ahora si, querido lector, debo culminar mi razonamiento. Debo ir a pagar la escuela de música de mis hijos. A ellos les conté un día que fumaba marihuana. Me hicieron mil preguntas. Les conté que me drogué con miles de cosas, me piden a veces que les cuente mis experiencias, sobre todo las experiencias tenebrosas, las ridículas y las cómicas. Cuando viajo con ellos entablan libremente en los aviones y barcos conversaciones con mexicanos, venezolanos, argentinos, brasileños y norteamericanos. Me han dicho abriendo los ojos:

-¡Qué inteligentes son tus hijos!

Yo les respondo, un poco para que mis hijos escuchen pues presté oídos atentamente al diálogo y presencié cómo la gente quedaba acorralada con sus mentiras ante sus preguntas hiper afiladas, y otro poco por el bien del interlocutor y de sus futuros hijos, les respondo siempre lo mismo:

-Son inteligentes pues entre otras cosas ni la madre ni yo les mentimos. Cuando preguntan les contestamos la verdad.

Ante esto me quedan mirando como desde kilómetros y siglos sin saber qué contestar, y ahí agrego sonriendo:

-Simplemente, no les miento. El mundo puede cambiar a partir de eso. La mentira se vuelve en contra de uno, y la verdad es una medicina a la que aún no le reconocemos todos sus poderes.
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